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"Song of the Machine": un virus que puede hacer al ser humano ver en infrarrojo

Buena Vida

Por: pijamasurf - 06/29/2011

En un excelente video que conjuga la ciencia y el arte, Superflux nos presenta un nuevo desarrollo teórico de la optogenética que permite a los seres humanos obtener una visión electromagnética de mayor espectro y conectar el ciberespacio con la realidad cotidiana.

Los ojos son nuestros primeros procesadores de la realidad, el córtex visual recibe al mundo en una "canción neural" de diferentes voces (las voces son las distintas gamas del espectro electromagnético). Nuestra codificación está diseñada o limitada a solamente "escuchar" algunas de estas frecuencias de luz. Sin embargo algunos animales son capaces de ver en ultravioleta (como los renos o las abejas) y hasta en infrrarojo (como las serpientes). ¿Podemos modificar nuestro cuerpo para acceder a estas dimensiones invisibles de la luz?

Esto es lo que sostiene en un ejercicio de ciencia ficción —que podría convertirse en una próxima realidad— el equipo formado por el neurocientífico Patrick Degennear y la firma de diseño Superflux.

El camino a tomar es el de la optogenética: más que el implante de electrodos en los ojos y en el cerebro, inyectar un virus que introduzca nuevas células nerviosas fotosensibles.Luego se usaría una interfaz (unas gafas electrónicas) que registra impulsos, interpreta la escena visual y envía códigos de pulsos de luz a la retina. Esta información podría amplificar "la canción neural" de nuestro córtex visual.

La interfaz visual también permitiría acceder al ciberespacio en una realidad aumentada, accediendo a ríos de datos sobre los ríos de luz natural y luz eléctrica, feeds de información in situ, geotags... fusionar la canción de natura con la electro-canción de la máquina en una sinestesia digital de información incesante.

[Superflux]

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La época dorada de la cocaína: entre el lujo y el estímulo

Buena Vida

Por: pijamasurf - 06/29/2011

Alguna vez la cocaína gozó de un considerable prestigio público, al grado que una firma promocionaba exóticos y artesanales utensilios hechos de marfil africano para hacer de la inhalación una experiencia, por encima de todo, suntuosa.

«¡Adelante… lo mereces!» era la frase destacada en un anuncio publicitario que promocionaba elegantes pajillas hechas de marfil diseñadas para inhalar cocaína.

Podría decirse que la cocaína siempre ha gozado de un estatus singular en el muestrario contemporáneo de las drogas más conocidas y populares. Al menos desde las últimas décadas del siglo XX, la cocaína conserva en torno suyo un cierto halo de suficiencia monetaria, de adinerado y recién adquirido glamour que otras drogas no poseen —y quizá también el mal gusto del arribista, ese que no podrá evitar nunca que lo cataloguen dentro de los nuevos ricos.

Aprovechando esa personalidad que parece tener la llamada “caspa del diablo”, este nose candy que poco tiene de infantil, hubo una época en que la compañía L. Bandel puso a la venta exóticos aspiraderos fabricados artesanalmente en genuino marfil africano («la superficie ideal para la coca»), haciendo ver su producto como una recompensa más que merecida para el businessman, el bon vivant que no repara ni escatima en lujos ni calidad con tal de obtener un producto digno de su categoría y clase. Aquí el texto íntegro con que L. Bandel ponderaba sus artículos:

«Cuando usted trabaja muy duro y con éxito, disfruta a veces comprar algo simplemente por su belleza. Para aquellas personas que aprecian la belleza por la belleza misma, L. Bandel presenta Ivory Snow [“Nieve de Marfil”]

»Cada una de nuestra cucharas exóticas, pajillas y viales ha sido delicadamente tallado por hábiles artesanos en los más finos cortes centrales de marfil africano importado... la superficie ideal para la coca. Ideal porque ahí la humedad no se condensa, ninguna partícula se adhiere a su superficie. La calidad única, junto con la exquisita belleza de cada diseño tallado a mano, hace que cada pieza valga su peso en nieve».

En contraste con los años en que la cocaína y sus efectos todavía estaban por descubrirse y estos últimos en que parece no haber ningún tipo de tregua para ninguna de estas sustancias socialmente estigmatizadas, la época de L. Bandel y sus aditamentos dan la impresión de pertenecer a una nevada Edad de Oro de la cocaína.

[Dangerous Minds]