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El Swallowable Perfume parece ser una alternativa para el perfume o el desodorante tradicional, haciendo que el cuerpo transpire moléculas aromáticas

¿Te da pereza aplicarre diariamente desodorante en spray o barra? Ahora podrás simplemente tomar una pastilla y olvidarte del tema de los percances oloríferos que una vida activa lleva (¿es esto un comercial?) (las pastillas, esa solución para todo). Es más, podrás presumir tu sudor, frotárselo a las chicas o a los chicos, con olor a flores o  plantas eróticas —cascadas de miel—, todo gracias al efecto casi mágico de una pastilla fragante que altera la transpiración. 

El Swallowable Perfume es una creación de la artista Lucy McRae y el biólogo de Harvard Sheref Mans, y supuestamente permite a sus usuarios "comunicar su  forma única de ser y expresar su individualidad".

 "Una vez absorbida, la cápsula permite que la piel sea una plataforma, un atomizador, una segunda piel biológicamente aumentada y sintetizada directamente de los procesos naturales del cuerpo. Moléculas de fragancia son excretadas por la superficie de la piel durante la transpiración, dejando pequeñas gotas doradas que emanan un olor único", dice McRae en una poética descripción que realmente no explica bien cómo funciona esta  pastilla.

McRae dice que la fuerza del olor es determinada por varios factores, incluyendo la habilidad individual de aclimatarse a temperaturas, estrés, ejercicio y excitación sexual. Habrá que ver si se trata solamente de una obra conceptual o tiene aplicaciones reales, lo que podría ayudar a personas que tienen alergias a los desodorantes o a los perfumes.

Por otra parte usar ciertos perfumes, al igual que tomar la píldora del día después, es tomar el riesgo de verse atraído a una persona que no tiene la compatibilidad genética que el cuerpo busca por naturaleza, ya que el olor corporal de un hombre o una mujer emana moléculas aromática que indican lo que se conoce como "complejo mayor de histocompatibilidad ", una serie de genes involucrados en respuestas inmunológicas. En cierta forma el olor de una persona es un casting de sus genes y de la compatibilidad que pueden tener si se reproducen. Una fragancia de feromonas que no son producidas por el mismo cuerpo puede alterar la capacidad de una persona de detectar esta compatibilidad.

 

“¿Qué es un jardín sino la celebración de nuestro lugar en el universo?”, dice Charles Jencks, creador de un paraíso terrenal en el que se conjugan el amor por la naturaleza con la especulación metafísica y matemática y la curiosidad hacia los grandes misterios del universo.


(Estructura del ADN)

 Hay quienes piensan que una de las muestras más refinadas de la civilización humana es el jardín, ese espacio en el que conviven naturaleza y ser humano unidos por algunos de los ideales más altos de los que es capaz nuestra especie: amor, conservación, belleza, armonía y quizá algunos otros afines siempre al cultivo, tanto en sentido literal (el cultivo de la tierra) como metafórico (el cultivo del espíritu).

Por esta razón el jardín nos ha acompañado a lo largo de la historia en diversas manifestaciones, desde los grandes jardines de los palacios imperiales —sea en Babilonia o en París— hasta los modestos pero no menos primorosos de personas comunes y corrientes que en todas las poblaciones del mundo, en cualquier época, han mantenido con esfuerzo y cuidado una parcela íntima destinada al descanso o al regocijo.

Sin embargo, existe en Escocia un jardín que sin bien pudiera considerarse armonioso o estético, quizá no sea del todo apacible como tantos otros. Al menos no en el sentido habitual del término. Se trata del llamado “Jardín de la Especulación Cósmica”, construido en 1989 a instancias de Charles Jencks y su esposa Maggie Keswicky. Su peculiar nombre se debe a que a las artes de la disposición natural sus creadores sumaron las de la imaginación matemática y celeste.

Ubicado en la localidad de Portrack House, Dumfries, este recinto se diseñó primero según algunos de los principios de la ancestral jardinería china, con largos y curveados caminos que guían sutilmente al paseante por los mejores panoramas del lugar. A este proyecto inicial, sin embargo, pronto y como por misterioso azar, vino a añadirse una segunda intención, la de emular la perfecta armonía del cosmos proyectándola en ese ínfimo terreno, acaso con el deseo secreto de mostrar que esa suprema belleza es asequible también en este mundo (“como arriba es abajo”):

“Cuando comenzamos con el jardín, no me interesaban los grandes asuntos del cosmos. Pero con el tiempo saltaron más y más a la vista y sin darme cuenta los usaba para pensar acerca de la naturaleza y para contemplar y especular sobre los orígenes del universo. A este respecto, este jardín es parte de una extensa tradición histórica: los jardines zen japoneses, los jardines-paraíso persas, los jardines ingleses y franceses del Renacimiento, representan todos ellos la historia del cosmos tal y como se entendía entonces. Así que la idea de un jardín como un microcosmos del universo es bastante común. De hecho, creo que este es el motivo más acucioso para crear un jardín. ¿Qué es un jardín sino la celebración de nuestro lugar en el universo?”.

("La cascada del universo": 25 series de escalones representan cómo el universo se desarrolló durante millones de años, en cada nivel hay distintos objetos que el paseante descubre solo si mira con cuidado)

 Con semejante elocuencia y sentimiento describe Charles Jencks la obra que ha levantado en colaboración con su pareja. Jencks piensa además que todo jardín debe ser como un rompecabezas para el entendimiento, con algunos de sus elementos demasiado obvios y con otros ocultos. En el caso del Jardín de la Especulación Cósmica el enigma a resolver se relaciona con la especulación metafísica (el misterio de la muerte y el del nacimiento, el problema del mal), la matemática (la teoría de los sistemas complejos, fractales, la secuencia de Fibonacci), la biología (especialmente la estructura helicoidal del ADN) y quizá algunos otras piezas que invitan a sumergirse en el armonioso caos de la reflexión, esa paradójica introspección que nos lleva de lo aparentemente más apartado de nuestra realidad a lo más íntimo de nuestro ser, y de vuelta.

Un camino recíproco y paralelo que acaso muestra cómo entre los misterios del cosmos y la naturaleza también tienen cabida los de la humanidad.

"Cielo-Infierno": la dualidad unida e indivisible en cada paso que damos. 

Otras representaciones del ADN. 

"Hoyo negro" 

(ídem)

"El montículo del caracol" o "Montículo caracoleado", basado en los números de Fibonacci.

 

*Imágenes del usuario “Paulus Maximus!” de Flickr y también de Helen J Nicol.

[Environmental Graffiti]