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The Guardian retoma el tema de la deificación de Steve Jobs como un héroe del bien planetario, siendo probablemente el primer CEO en recibir un culto de esta magnitud, ayudado por una poderosa estrategia de marketing antes y después de la muerte.

Ya escribimos sobre este tema: el exagerado lamento masivo ante la muerte de Steve Jobs. Ahora el diario británico The Guardian y el New York Times recogen el asunto y expanden esta interesante discusión, cuyo trasfondo es el culto al materialismo y la exaltación del consumo (más allá de que la pérdida de una mente como la de Jobs sea una tragedia para la humanidad o no).

En The Guardian Tanya Gold escribe un irónico artículo sobre cómo Jobs es ahora la Princesa Diana de Estados Unidos (ya que Michael Jackson es demasiado raro para expresar admiración sin freno políticamente correcta y, por supuesto Bono y Bill Clinton, tenían que estar en su funeral). Gold señala que esta es la primera vez que vemos que las masas se conmueven por la muerte de un CEO, un hombre fundamentalmente dedicado a hacer dinero, y dice mordazmente que Steve Jobs es una exitosa app post mórtem.

«¿Podría ser que las bendiciones a Jobs sean una nueva expresión de materialismo puro? No es suficiente que amemos nuestros productos; cuando las personas que los crearon mueren, es requerido que entremos en una especie de declive espiritual. ¿Qué significa llorar por el inventor del iPhone? Para mí este es el más grande triunfo de marketing de Apple y justo lo opuesto de una experiencia espiritual».

Que las personas amen sus iPhones es algo que el columinsta del New York Times, Martin Lindtrom, comprobó, haciendo un estudio de resonancia magnética durante la exposición a estos productos. En el cerebro al menos, una persona responde al sonido de su iPhone "como respondería a la proximidad  de su novio o novia". Amar a alguien no parece ser algo fácil ni común en este mundo, pero (¿por suerte?) amar un gadget parece ser algo muy accesible.

De manera seguramente controvertida, Mike Daisey está montando, desde antes de la muerte de Jobs, una obra de teatro llamada The Agony and The Ecstasy of Steve Jobs, en la que toca algunos lados no tan amables de esta figura consagrada recientemente. Luego de viajar a China y visitar las fábricas donde se hacen los iPhones y las iPads, en donde tuvo que hacerse pasar como un hombre negocios para obtener información, Daisey relata: "Lo que fue realmente perturbador fue el nivel de deshumanización implementado por las corporaciones estadounidenses en colusión con  sus proveedores". Y concluye que si bien Jobs cambió al mundo en varias formas, escogió no hacerlo al permitir que sus productos se elaboraran bajo condiciones que van en contra de la más básica integridad humana. Esto es algo que entre el estupor mediático no debe pasar desapercibido. Podríamos alabar a Jobs por sus aportación al desarrollo tecnológico de la humanidad, pero consideramos que participar de manera voluntaria en la explotación de miles de personas —dándole mayor valor al dinero que a la vida humana— es algo que si bien no cancela sus logros, sí hace seriamente cuestionable su idolatría, la hace, justamente, como ocurre con el marketing, un engaño y una enajenación. Quizás sea justicia (¿poética?) que a su muerte Jobs se haya convertido en un producto más dentro del sistema de consumo que tanto alimentó.

Recomendamos a los lectores interesados en este debate sobre la figura de Steve Jobs que lean los comentarios a nuestro artículo "Steve Jobs no era dios", seguramente más interesantes que el artículo mismo, con todo tipo de posturas y datos sobre la vida de Jobs.

 

La Administración Estatal de Radio, Cine y Televisión del gobierno chino decidió restar el tiempo que programas de entretenimiento tienen en su transmisión diaria, sugiriendo que debe sustituírseles por otros que promuevan mejores valores sociales.

Luego de que los jerarcas del Partido Comunista chino consideraran necesarias ciertas reformas culturales para balancear el rápido ingreso del país en una economía de mercado, la Administración Estatal de Radio, Cine y Televisión acordó reducir a un máximo de 90 minutos diarios el tiempo destinado a los programas de entretenimiento en la señal televisiva, incluyendo emisiones como los reality shows, programas de citas y de concursos.

En un comunicado la AERCyT agregó además que muchos de esos programas tiene “un contenido excesivo de entretenimiento y son vulgares”, sugiriendo a las emisoras que los sustituyan por otros que promocionen la “armonía, la salud y la cultura predominante”.

Teniendo en cuenta que mucho de este contenido está destinado para un público joven, el descontento ha venido de este sector de la población. Según la Televisión Central China, una joven del país declaró: “En estos días los jóvenes enfrentan mucha presión. No tenemos tiempo suficiente para salir y divertirnos. Esos programas de entretenimiento son una opción para nosotros. Pero hay un montón de programas demasiado falsos y sin autenticidad. No apoyo el límite pero tampoco me opongo. Soy neutral”.

La posible consecuencia de esta prohibición será que quizá el tiempo quitado al entretenimiento se ocupe con noticieros y otro tipo de programas afines que por estar también regulados por la autoridad son, en esencia, propaganda a favor del gobierno chino y sus acciones.

[Infobae]