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Trabajador se arroja a un tanque lleno de ácido para salvar a su compañero

Sociedad

Por: pijamasurf - 05/10/2012

En un acto profundamente heroico, un trabajador en Nueva Jersey se arrojó a un tanque de ácido para salvar a un compañero suyo que cayó en el interior desde una altura de 12 metros.

En un acto de profundo heroísmo que incluso parece increíble, un trabajador Estados Unidos se arrojó a un tanque lleno de ácido nítrico para salvar la vida de un compañero que había caído en su interior.

Los hechos ocurrieron en la planta Swepco Tube ubicada en Clifton, Nueva Jersey, cuando uno de los obreros, Martin Davis, de 44 años de edad, cayó desde una altura de 12 metros directamente al contenedor de ácido. Inmediatamente Rob Nuckols, de 51, se metió al ácido para rescatar a su compañero, sin importarle que la sustancia cubriera su cuerpo hasta la cintura.

Como consecuencia de ambos incidentes, Davis resultó con la fractura de una costilla, un pulmón perforado y quemaduras de diversa consideración en las piernas y el costado. Por su parte Nuckols recibe tratamiento por las quemaduras que le produjo el ácido.

[La Vanguardia]

Un revelador e histórico experimento muestra con ridícula claridad cómo nuestra individualidad se diluye ante la conducta multitudinaria y cedemos fácilmente ante la presión social, aunque esta nos haga ir en contra de la más elemental lógica: el comportamiento de masas es profundamente irracional

En 1962 el reconocido psicólogo social Solomon Asch se confabuló con el equipo del programa Candid Camara para demostrar como las personas se conforman a la norma. La facilidad con la que una persona modifica su conducta para conformarse con la de un grupo hace pensar en que se trata de un truco o una broma --que es una farsa. Pero esto sólo ocurre porque observar cómo se diluye la individualidad resulta cómico y francamente ridículo cuando no estamos dentro de ese grupo --si un individuo ve este video en un grupo en el que nadie ríe, probablemente ese individuo no reirá.  Tomamos conciencia al observar desde fuera nuestra conducta grupal que la realidad colectiva, la del experimento o la de fuera del experimento, es la farsa de la individualidad.

Este mismo experimento fue replicado en la Universidad del Sur de Florida con los mismos resultados: una persona en el elevador ante la amenaza de marginarse del grupo actúa conforme a la norma, aunque la conducta que imita sea anormal. 

El poder que tiene la presión social para transformar nuestra conducta fue investigado por Solomon Asch en una serie de experimentos que dieron lugar a lo que se conoce como "el paradigma de conformidad Asch". En otro experimento una serie de participantes fue colocado en un grupo en el que había entre 5 y 7 confederados (personas que sabían el verdadero propósito del experimento). A los participantes se le mostró una tarjeta con  una línea seguida de otra tarjeta con tres líneas A, B y C.  Luego se les pidió a los participantes que dijeran  cuál de las tres líneas en la segunda trajeta coincidía con las que se les había mostrado primero. Los participantes "reales" respondían al final. En la primera fase  los confederados daban respuestas correctas, las cuales eran obvias. En la siguiente fase los confederados empezaron a responder equivocadamente. En el grupo de control, solo un participante de 35 dio una respuesta incorrecta. En el grupo en el que los confederados dictaron, 75% de los participantes dieron respuestas incorrectas.

Este interesante experimento muestra que fácilmente vemos la realidad como la ven los demás, aunque su visión sea completamente errónea. No se necesita ser muy perspicaz para descubrir las implicaciones y extrapolaciones que tiene esto sobre nuestra experiencia cotidiana psicosocial. La realidad que experimentamos es más el resultado de una suma colectiva  (de percepciones y creencias) que de un análisis objetivo del mundo fenomenológico. El experimento del elevador se repite en microdosis constantemente en nuestra cotidianidad y a lo largo del tiempo crea una imagen que substituye al mundo. Vemos con todos los ojos que han visto.  Y nos movemos hacia donde se mueven todos antes. Es parte de nuestro deseo de pertenencia, y de nuestro entrelazamiento como especie: ¿pero acaso no quieres ser el único que mira hacia el frente cuando todos dan la espalda?

 Twitter del autor: alepholo