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Las redes sociales evidencian que existe en México un sector de jóvenes politizados. Sin embargo, no hemos imaginado las vías para incidir en la toma de decisiones de nuestro país.

El movimiento “Yo soy 132” de las elecciones pasadas evidenció a un sector que se creía dormido en el país: el “ala” juvenil de la nación, la cual parecía aletargada, desinformada, distraída. Sin embargo, el flujo de reacciones que dio origen al movimiento se esparció rápidamente, lo suficiente para que la élite comprendiera que tenía que protegerse de un fenómeno que hasta entonces no sabían que existía ­-por lo menos en las dimensiones en que apareció-. Jóvenes politizados “armados” de internet.

La reacción crítica ante grandes medios de comunicación, y la incredulidad de la supuesta renovación del PRI, fueron las principales causas de expansión del movimiento. Sin embargo, lo interesante, es que no se trataba de “críticas aprendidas”, los jóvenes demostraban estar  informados, además de tener capacidad de comunicación gracias a la expansión de uso y dominio de la Red.

Pero, ¿Qué sucede con temas relevantes de agenda en este caso reformas específicas que afectan directamente a los jóvenes, como la reforma laboral? No se requiere de un análisis profundo para comprender que dicha reforma facilita la contratación, y por lo tanto genera más oportunidades de empleo, pero también facilita el despido, lo cual atenta contra la estabilidad laboral, aumentando la vulnerabilidad de los empleados –con las repercusiones psicosociales que esto implica-.

Existieron intentos por parte de sectores relativamente organizados, entre ellos el ya mencionado movimiento “Yo soy 132”, para promover debates alrededor de la reforma. Sin embargo, la ley fue publicada a finales del años pasado.

¿Qué herramientas, además de las marchas, existen para incidir realmente en la agenda pública? No hemos logrado imaginar, y me incluyo, mecanismos efectivos de influencia. Esperar reformas estructurales que doten de herramientas de empoderamiento a la ciudadanía mexicana, para decidir qué leyes se aprueban en nuestro país, es un mecanismo lento. Inicialmente tendremos qué imaginar cómo incidir, desde el sector civil, en la toma de decisiones -de lo contrario seguirá sucediendo lo que ocurrió con la reforma política, en la cual se intentó dotarnos herramientas de participación que finalmente resultaron acotadas-.

Es un ejercicio que nos corresponde a todos. Si bien las marchas y la crítica en redes sociales son  medios de presión, hace falta imaginar cómo formular mecanismos para influir directamente en asuntos que nos conciernen. Internet es un terreno con enorme potencial, y la imaginación aunada a la existencia de jóvenes politizados – algo ya demostrado en las elecciones pasadas-, son dos insumos que hace falta aterrizar en procesos de incidencia. La estrategia está en el aire, nos corresponde a todos reflexionar cómo podríamos construir este cause de injerencia.

El reciente “Pacto por México”, acuerdo realizado por las élites partidistas del país para promover legislaciones puntuales durante el sexenio, no incluyó a la ciudadanía en su elaboración. Se trata de una agenda en la que valdría la pena identificar nuestras inquietudes, y el cómo podríamos materializarlas -por ejemplo identificando y localizando hasta el cansancio a nuestro legislador-.

Si bien la crítica encausada vía las redes sociales y las manifestaciones públicas, puede traducirse en instrumento de presión pública, es necesario que incidamos de manera tangible en la agenda legislativa: recordemos que más allá de quién sea el presidente, es ahí donde se deciden las leyes que afectan directamente nuestra vida.

Twitter del autor: @AnaPauladelaTD

Más de cuarenta años convierten a este caricaturista en testigo y narrador gráfico de la historia política mexicana con un estilo ético e inteligente

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Rogelio Naranjo fue uno de los creadores gráficos de los carteles emblemáticos del movimiento estudiantil del 68 en México. Fue también crítico ante las masacre de estudiantes cuando la mayoría de los medios callaban lo sucedido. Más de cuarenta años “provocando”, como el mismo lo califica, a una clase política que entre ensayo y error, torpeza o malicia, han originado catástrofes nacionales y uno que otro avance.

La exposición titulada “Vivir en la raya” que actualmente se encuentra montada en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco, donde hasta finales de mayo, reúne un selecto número de caricaturas, además de otros trabajos, evidencia una personalidad congruente y una postura ética ante la realidad nacional. Un verdadero ‘desfiladero `de políticos podemos encontrar a lo largo del recorrido de su obra, que al contemplarla nos incita sentimientos de simpatía  y rechazo ante lo absurdo o lo injusto, pero siempre con un toque crítico inteligente.

Para las generaciones que hemos sido testigos de los acontecimientos de los últimos veinte años, resulta una interesante experiencia el conocer sus gráficos, y es que un buen caricaturista logra dar forma no solo a los aspectos físicos de los actores públicos, sino que recoge características de sus personalidades y, lo más importante, los sentimientos del pueblo ante los acontecimientos que esos actores protagonizan. Visitar la exposición o simplemente recorrer el trabajo de Rogelio Naranjo, resulta completamente enriquecedor para entender la realidad política y social que ha vivido México desde la mitad del siglo pasado. La historia se cuenta día a día, y que mejor ejemplo de lo anterior que aquellos personajes que han dado vida a la crítica mediante el humor y la reflexión, como lo son los buenos caricaturistas. 

Twitter del autor: @anapauladelatd