*

X

Impresionismo erótico: parejas hacen el amor con pintura y lienzos

Arte

Por: pijamasurf - 03/02/2013

Alex Esguerra sacude el mundo de los retratos al producir pinturas que celebran el amor y el arte al presentar a parejas teniendo sexo sobre un lienzo.

El proyecto "Love and Painting" de Alex Esguerra

El proyecto “Amor y Pintura” de Alex Esguerra es una celebración del amor y el arte. La idea nació porque el artista quería capturar el acto físico de hacer el amor sin recurrir a tecnologías como la fotografía o grabaciones, explica: “Después de la experiencia que tuve una noche me pregunté: ¿Sería hermoso? ¿Qué pasaría si esto se hiciera con pintura? ¿Contaría una historia? ¿Sería abstracto? ¿Sería una gran experiencia?” La experiencia fue un encuentro casual con una mujer que conoció en una noche de fiesta. A la mañana siguiente, cuando ella se había marchado el artista vio el desorden creado por ambos. Intentó recordar que había sucedido, en dónde habían estado sus cuerpo y como habían interactuado, fue así que quiso entender la relación entre el cuerpo humano haciendo el amor y el espacio que nos rodea.

Fue con esa idea que comenzó a incluir a otras parejas en su arte, al inicio eran principalmente amigos, o amigos de sus amigos, compañeros y vecinos.  El artista los llevaba a su estudio donde les explicaba el proceso, les mostraba las pinturas (que no son dañinas o nocivas) y los dejaba a lo suyo –el resultado era hermoso–.

Antes de empezar el artista les da algunas indicaciones a las parejas, les hace algunas preguntas sobre su relación y deja que la experiencia sea un poco como terapia. Les explica que no deben de usar mucha pintura desde el comienzo porque se seca y les hace recomendaciones en cuanto a posiciones. Tampoco deja que se preocupen por lo que están haciendo, se trata de que sea un acto natural, por lo que los deja en la oscuridad con la posibilidad de usar algunas velas, de manera que no deben sentir que están pintando sino sentir que hacen el amor de una forma nueva, disfrutando las texturas y sensaciones para que sea una experiencia sensual, amorosa, divertida y hasta tonta.

El artista siente que después de tantos años de trabajar en el proyecto, al fin puede descifrar algunas cosas de las parejas. Las parejas que llevan mucho tiempo juntos recurren a las posiciones que funcionan mejor para ellos, mientras que las parejas nuevas brincan de una posición a otra. El proyecto tiene pinturas por parejas de todas las edades, desde jóvenes de 18 años hasta un hombre  de 70 años y su pareja de 57.

Alex Esguerra recuerda que uno de los momentos más memorables fue cuando recibió un correo de una mujer: “había sido violada y las pinturas fueron la primera vez en años que había podido ver el sexo como algo hermoso otra vez, porque su experiencia había sido tan traumática. Esa historia me llego al corazón, aún no he podido lograr esa pintura pero espero que algún día pueda hacerlo.”

Por el momento el pintor está trabajando en el documental que ha estado filmando desde el principio del proceso. Lo ve cómo una oportunidad de fomentar la creación en otras personas “mostrarles que si tienen una idea, pueden documentarla, seguirla y simplemente hacerla”.  También trabaja en un kit que pueda enviar por correo a parejas en todo el mundo, ya que muchas veces no es posible que aquellos que quieran participar vayan a su estudio y en un libro de mesa. Otros proyectos incluyen usar plastilina en vez de pintura, pero su prioridad es sacar el documental y exhibir su trabajo en Londres. 

[Reality Sandwich]

¿Por qué la música, aunque parece no estar hecha de lenguaje, es capaz de anudarse a los significantes que llevamos con nosotros y despertar vívidas reacciones emotivas?

La música es, posiblemente, la más misteriosa de las artes conocidas, misteriosa en ese sentido profundo que apunta hacia lo inefable, las regiones últimas donde el lenguaje parece insuficiente y fútil y, en contraste, nos descubre, así sea por un instante, un universo donde lo absoluto es asequible.

Quizá por esta razón es tan difícil entender por qué la música es capaz de conmover a pesar de no estar hecha de palabras. Con estas, como ya lo teorizara Jacques Lacan, es más o menos evidente la relación que establecen con las palabras que llevamos con nosotros mismos y las cuales, cuando se les toca, cuando un verso, la línea de una novela, un diálogo en una película, la charla sostenida con un amigo, se enlazan directamente con nuestra cadena de significantes, entonces es más o menos comprensible que algo se remueva dentro de nosotros y suscite una reacción emotiva. Si, azarosamente, una persona nos habla de la misma manera que nuestra madre, si circunstancialmente y sin saber repite casi en todas sus palabras la frase que más recordamos de un amor perdido, si en una obra de teatro un personaje parece hablar como nuestro padre, sería inhumano que no nos conmoviéramos hasta las lágrimas y la desolación, que no atisbáramos la posibilidad de alegría y regocijo.

¿Pero por qué la música también es capaz de esto? Esa música que es, citando a Mendelssohn, Lieder ohne Worte, canciones sin palabras. ¿Qué hay en la música que aun sin participar estrictamente de los significantes lingüísticos de las emociones humanas, es capaz de echar raíces en los campos semánticos de estas y también generar frutos? ¿Por qué es posible imputar felicidad esperanzadora a la Novena Sinfonía de Beethoven, melancólica desolación a la Quinta de Mahler, cierta alegría gratuita y hasta un poco vana a varias piezas de Mozart, sensualidad al Prélude à l'après-midi d'un faune, si ninguna de estas parecen hechas de eso?

No sé si haya respuesta a esto. Mi juicio me hace pensar que los compositores son seres para quienes el mundo es esencialmente sonido. A diferencia de un pintor, un cineasta o un fotógrafo, para quienes la realidad está organizada visualmente, que encuentran dichas emociones en el acomodo geométrico de un escenario, en la luz de cierto momento del día que cae en un ángulo específico, los colores que dominan una escena, o los escritores que entienden su entorno en estructuras sintácticas y gramaticales, en la palabra precisa que define una coincidencia de circunstancias, en el adjetivo que se ajusta a una mirada en especial, los músicos ejercen la reducción de la complejidad del mundo a una escala sonora que lo exprese y lo cuestione, lo describa desde la perspectiva sumamente abstracta del ejercicio musical.

Quizá el enigma se deba en buena medida a esta última característica. En efecto: de todas las disciplinas mencionadas, la música es la única que no vemos ni palpamos, sino que solo sentimos y, por si fuera poco, existe únicamente cuando es interpretada. Es cierto que las grabaciones son ya cosa corriente, pero estas son un sucedáneo incomparable de ese momento en que el director mira por última vez a su orquesta antes de iniciar verdaderamente, ese instante en el que todo alrededor parece detenerse y que de algún modo hace recordar la Creación y el improbable vacío anterior justo a que todo comenzara a existir. No por nada, desde tiempos remotos y en diversas tradiciones, la composición musical ha sido metáfora de la génesis divina.

No vemos la música y sin embargo la sentimos en sus efectos. Terminamos de escuchar un concierto para clavecín de Bach y sentimos que amamos más la vida, o quizá no, quizá preferiríamos que todo se detuviera y acabara en ese mismo instante.

Puede ser que este sea un enigma propio de la neurociencia y también de cierto análisis cultural en torno a los mecanismos que operan el gusto estético y los recursos que se gestan en determinadas épocas para expresar la sensibilidad. ¿La capacidad de elección también es ilusoria en el artista que vive sumido en una época de manías y aversiones bien definidas, de maneras para hacer las cosas? Fuera del romanticismo, ¿qué hubiera sido de Chopin?

Como se ve, este es un texto hecho más de preguntas que de respuestas, algo que parece inevitable cuando se intenta raspar la pátina mistérica de la música.

"De lo que no se puede hablar, hay que callar".

Twitter del autor: @saturnesco