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¿Acostumbras dormir la siesta? ¡Cuidado! Ese hábito puede apresurar tu muerte

Salud

Por: pijamasurf - 04/14/2014

A pesar de que se trata de una costumbre extendida en numerosos países, la siesta podría estar relacionada con el desarrollo de enfermedades respiratorias.
La_migdiada La migdiada, Ramon Martí Alsina (1884)

En algunos países y personas la siesta es un hábito común. En algún momento de la tarde, con cierta frecuencia después de la comida y bastante antes de la cena, la pesadez de la digestión induce el letargo necesario para arrellanarse en la superficie muelle más cercana y con la promesa de dormir no más de 15 o 20 minutos, comienza una rápida visita a las regiones de la somnolencia. Según algunos, el origen de esta costumbre se remonta la Edad Media europea, cuando la regla monástica de San Benito prescribía “tranquilidad y reposo en la hora sexta”, justo la hora que sucedía a los alimentos vespertinos.

Sin embargo, pese a todo este legado, tomar una siesta puede ser más nocivo de lo que creemos. Esto de acuerdo con una investigación realizada recientemente por investigadores de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, quienes analizaron el estilo de vida de 16 mil adultos británicos en busca de la relación entre la siesta y el desarrollo de ciertas enfermedades.

De acuerdo con el estudio —el cual forma parte de una investigación más amplia sobre las causas del cáncer—, la siesta incrementa en poco más de 30% la posibilidad de morir prematuramente, pues se convierte en factor de males respiratorios como la bronquitis, el enfisema y la neumonía. En este sentido, la probabilidad de morir por una enfermedad respiratoria aumenta en 2.5 con respecto a personas que no acostumbran tomar el susodicho descanso y sólo duermen de noche. El estudio sugiere que la siesta puede ser ya un síntoma de un trastorno respiratorio.

Desglosando estos resultados, los investigadores encontraron que el riesgo de muerte aumenta 14% cuando la siesta dura menos de 1 hora, pero pasa a 32% cuando ésta se extiende por más tiempo.

En cuanto a la causa, parece ser que la siesta provoca inflamación en el cuerpo, lo cual trastorna su funcionamiento.

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El esperma puede pasar síntomas de traumas a través de generaciones

Salud

Por: pijamasurf - 04/14/2014

Estudio revela que a través de un mecanismo no inscrito en el genoma los sintomás de traumas sufridos en la infancia pueden ser transmitidos hasta dos generaciones.

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Distintos investigadores se han esforzado durante mucho tiempo por identificar genes que ayuden a explicar por qué el cáncer y las enfermedades del corazón amenazan frecuentemente a ciertas familias. Sin embargo, aún no se tiene claro si la genética también puede ayudar también a explicar por qué los hijos y nietos de personas que han sobrevivido a eventos traumáticos tienen más probabilidades de experimentar enfermedades mentales que el resto de la gente.

Un grupo de investigadores europeos ha descubierto recientemente que los traumas durante la vida temprana pueden alterar un mecanismo no genético que gobierna la expresión de los genes en las células espermáticas de ratones adultos, y piensan que ésta es la razón que explica por qué las crías de estos ratones muestran los mismos comportamientos depresivos que sus padres.

La gente que experimenta traumas infantiles, como abusos sexuales o escenarios de guerra, frecuentemente experimentan desbalances hormonales. Los mecanismos que causan esto aún no han sido descifrados, pero los científicos coinciden en que es la expresión genética la que se ve afectada. Sin embargo, que estos cambios puedan heredarse es una idea controversial, pues implicaría que rasgos que no están codificados en el ADN pasaran a las siguientes generaciones.

Isabelle Mansuy, genetista de la Universidad ETH de Zúrich y coautora del estudio, señala que, a pesar de todos los estudios realizados hasta ahora, no se conocen genes que codifiquen la depresión o la esquizofrenia. Por esto es que se sospecha que factores ambientales, aunados al factor genético, podrían explicar que los efectos de un trauma sean heredados en determinadas familias.  

Para estudiar este efecto, se sometió a crías de ratón a periodos prolongados de estrés, apartándolas de su madre periódica e impredeciblemente por horas. Los ratones traumatizados exhibieron comportamientos alterados, como respuestas disminuidas al miedo y ciertos síntomas depresivos. Estos cambios de comportamiento son el resultado de un aumento en el número de microARNs en la sangre y el cerebro. Estos microARNs son pequeños fragmentos de material genético que no decodifican proteínas, pero regulan la expresión genética en circunstancias normales.  

Después de que las crías de los ratones traumatizados nacieran, su comportamiento fue monitoreado. Como se esperaba, mostraron los mismos síntomas traumáticos que sus padres, a pesar de nunca haber pasado por ningún trauma. Estos síntomas se detectaron incluso en la tercera generación.

Cuando los investigadores observaron el esperma de los ratones traumatizados, encontraron que también allí las cantidades de microARN eran anormalmente altas. Desafortunadamente, no se sabe aún cómo es que los cambios en el microRNA del cerebro son transmitidos al esperma, y aunque la tercera generación parece haber heredado los comportamientos traumáticos, estos no muestran el mismo aumento de microARN en sus gametos que las generaciones anteriores.

A pesar de no ser del todo concluyente, la verdadera importancia de esta investigación radica en que abre un camino para explicar un fenómeno que se creía biológicamente imposible. Este estudio muestra una forma diferente para asomarse no sólo al trauma, sino a la forma en que funcionan los mecanismos de la herencia. Poco a poco, se está volviendo evidente que la genética es sólo una parte de un proceso más amplio, en el que ciertos factores no genéticos y determinadas condiciones ambientales juegan también un papel muy importante.

[The Verge]