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Buscando un poco de acción en Tinder, uno corre el riesgo de intentar seducir a un bot

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Si utilizas Tinder para catalizar tu vida sexual frecuentemente, es probable que te haya tocado conversar con un bot que parecía ser una chica sexy. 

Desde 2013, cuando Tinder cobró popularidad, los spammers empezaron a programar bots para tratar de enganchar a jóvenes ganosos con links hacia webcams y sitios de porno. Esto era bastante frontal, pero ahora los spammers han evolucionado y han configurado bots más verosímiles; una de las modalidades que está siendo ensayada es la de la vecina sexy a la que le gustan los deportes. 

Antes los bots sólo respondían algo como: "Hola, si quieres que sigamos hablando visita mi website". Hoy los bots ya hacen conversación, simulan inteligencia --aunque a veces pueden llegar a situaciones surrealistas-- y suelen tener fotos más comunes y corrientes. Lo más cómico de esto es cuando las personas llegan a invertir cierta energía o excitación sobre lo que podría suceder con su conexión en Tinder, cuando en realidad se trata de una entidad digital automatizada.

Los sitios de software para crear bots recomiendan que los bots tarden más tiempo en contestar y sólo busquen convertir en visitas o ventas una vez que los usuarios están involucrados y han enviado un mensaje por SMS. Uno de ellos, según Motherboard, motiva a seguir con este simulacro porque "una vez que un hombre beta se siente emocionalmente involucrado hará lo que sea por conseguir una cita". No hay duda de que la fauna digital es cada vez más diversa y extraña.

Nuestra sociedad está hambrienta de información positiva y emocional con la cual vincularse e identificarse

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Un equipo de investigadores realizó recientemente un estudio en múltiples plataformas para encontrar los patrones que se repiten en contenidos virales, que alcanzan de manera exponencial grandes audiencias.

El equipo, que incluyo, científicos sociales, un escritor y un mercadólogo, analizó más de 7 mil artículos del New York Times y de la revista TIME para llegar a una serie de conclusiones. Los resultados no sorprenden mucho, especialmente si uno suele analizar un poco los contenidos que circulan masivamente en las redes sociales. Sin embargo, las conclusiones revelan importantes aspectos psicosociales.

Los autores señalan que existió una mayor probabilidad de que los contenidos fueran compartidos cuando tenían una cierta cualidad emocional, ya sea de enojo o de alegría (emociones que consideran de "activación"). Mientas tanto, artículos que inducían tristeza (una emoción "inactiva") no son compartidos masivamente. La conclusión final indica que entré "más positivos y emocionales" sean los artículos, más se viralizan. Los autores añaden que formular de esta forma contenidos es más importante y más útil que tener a los llamados "influencers" promoviéndolos.

De aquí que podamos inferir que, debido a que las redes sociales hoy en día controlan la mayor parte del tráfico que se dirige hacia sitios de contenido, el contenido positivo o el contenido que nos hace ser percibidos de una manera más positiva cuando lo compartimos es el contenido que lleva las de ganar. En las redes sociales, como muestra el extraordinario documental Generación Like, somos lo que nos gusta, nuestros likes construyen nuestra identidad. Asimismo, es claro que hay una carencia o un deseo por tener experiencias emocionales o experiencias significativas --y nuestras interacciones en las redes sociales son mecanismos vicarios de vivir esas experiencias que antes existían fuera de entornos virtuales.