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Si la violencia colectiva e individual son directamente resultado de la pérdida de identidad nacional e individual, ¿cuál es la respuesta? ¿Puede una devastadora pérdida de estructura ser recibida con una misma habilidad para abandonar nuestra estructura interna? ¿Acaso es posible desconectarse verdaderamente?

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Cemento de sangre: concretizando lo abstracto

En una conversación reciente, el investigador de lo paranormal George P. Hansen me dijo que la liminalidad no se presta a la expresión abstracta: es demasiado difícil hablar de la liminalidad en abstracto, dijo Hansen; tienes que referirte a ejemplos concretos.

La liminalidad va en contra de las estructuras, y el lenguaje es una expresión de las estructuras. Es tanto el resultado de la estructura como el medio para imponer estructura en las cosas. Hablar de la liminalidad, entonces, es intentar llevar el lenguaje más allá de los límites de lo que es capaz de expresar o describir. Como dice la famosa frase: “es como bailar sobre arquitectura”. (Esta frase en sí misma goza de una especie de estatus liminal, siendo una cita sin una fuente precisa, a veces atribuida al músico Martin Mull, quien supuestamente dijo: “Escribir sobre música, es como bailar sobre arquitectura [dancing about architecture]”. (No existe, aparentemente, un registro de esto[1]).

El punto aquí es, cuando hablamos de liminalidad (o escribimos de música, o bailamos sobre arquitectura), existe una cantidad descomunal de campo para el error (o al menos la interpretación subjetiva) porque las herramientas de descripción no están  en igualdad de circunstancias que lo que se describe. Usar ejemplos concretos reduce este problema (en el caso de la liminalidad, por lo menos) de forma similar a cómo las metáforas nos ayudan a entender cuestiones abstractas. Los ejemplos y las metáforas le hablan a una experiencia más directa, aquella del cuerpo y las imágenes, y dejan al menos algo de la interpretación al lector o al escucha. Esto nos permite llegar a nuestro propio entendimiento, en lugar de seguir al autor o emisor.

Afortunadamente, esta serie suelta de ensayos iniciaron cuando el autor descubrió un ejemplo de liminalidad tan llamativo (y conocido) que lo inspiró (ese soy yo) a usarlo como base para una exploración de la liminalidad como un lente a través del cual ver la historia y el comportamiento humano que ofrece un nuevo potencial para tomar otra perspectiva. Este ejemplo es uno que se sugiere (sin ninguna referencia o aparente conciencia de liminalidad) por el autor estadounidense Tom Snyder, en una ponencia que dio sobre su libro Bloodlands.

Aquí Snyder  ofrece una atrevida explicación de la persecución de los judíos en Europa durante el final de la década de 1930. Snyder inicia apuntando a que sólo un pequeño porcentaje de los judíos asesinados fueron matados dentro de Alemania, la gran mayoría siendo asesinados en países ocupados por los nazis, como Austria, Francia y Polonia. La razón que Snyder ofrece para esto es simple pero sorprendente: la persecución sistemática de los judíos dependía de que la nación a la que esos judíos pertenecían fuera primero desestabilizada. Ya que desestabilizar Alemania era lo último en la mente de los nazis, la persecución de los judíos no podía ocurrir en el mismo grado dentro de las fronteras nacionales que fuera de ellas.

Para ilustrar su punto, Snyder menciona un claro ejemplo: Estonia y Dinamarca, ambos países que fueron ocupados por los nazis en los 30. Según Snyder, mientras que los daneses salvaron de la muerte al 97% de sus judíos residentes, los estonios cooperaron en el exterminio del 97%. La diferencia, según Snyder, es sencilla: Dinamarca retuvo soberanía, su identidad nacional (y consecuentemente su estabilidad), no así Estonia.

Para una nación o, mejor dicho,  para un pueblo previamente perteneciente a una nación o una comunidad, que se identificaba con las instituciones, valores y morales que aglutinaban esa nación-estado, perder la soberbia significa entrar en un período de liminalidad.

 

Lo que el otro podría hacer: violencia mimética preventiva

Que una comunidad o una nación entre en un periodo de liminalidad o antiestructura, significa que las convenciones sociales han empezado a colapsar. Los individuos que pertenecen a una comunidad se identifican con las estructuras que los rodean, tanto sociales como morales. Cuando esas estructuras comienzan a colapsar, pronto sigue el sentido interno de identidad de las personas. ¿Para dónde moverse? ¿Qué es un comportamiento aceptable? No hay forma de decir. Todo esta súbitamente a la deriva.

Para ofrecer un ejemplo más actual: siempre me ha intrigado, cuando brotan disturbios urbanos para alguna injusticia social, en vez de dirigir su enojo hacia los opresores, los jóvenes manifestantes empiezan a saquear, destruir e incendiar sus propios barrios. ¿Por qué harían esto? Aparentemente se debe a que, sin un sentido de estabilidad dentro de su comunidad, estas personas entran en un estado de liminalidad en el que ya no se sienten seguros como individuos. Reaccionan con un pánico irracional, ansiedad y furia, y la sobrevivencia individual se convierte en su única preocupación.

Sencillamente, como Snyder lo describe, las personas de los países europeos cuyas instituciones estaban colapsando no se sentían seguras. Presenciando asesinatos a su alrededor sin que hubiera una razón contundente, naturalmente temían que podrían ser los siguientes. La forma más segura para sentirse seguros bajo esas circunstancias, y escapar al destino al que estaban siendo sometidos los judíos, los gitanos y otros grupos perseguidos, era alinearse con las fuerzas conquistadoras –los perpetradores. Si, en cambio, la nación a la que pertenecían retenía su soberanía y las instituciones permanecían intactas, como en Dinamarca, el pueblo sentía la seguridad suficiente para no adherirse (al menos no tan rápido) a las prácticas de los perpetradores. Evidentemente, se sentían seguros incluso para identificarse con las víctimas y por lo tanto elegían protegerlas.

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Según la tesis de Snyder, los nazis sabían esto. Reconocían que su infame Kristallnacht (“la noche de los cuchillos largos”), en la que miles de judíos alemanes fueron confinados y asesinados, fue una movida arriesgada por parte de Hitler. Estaban reacios de que tales tácticas no fueran repetidas dentro de las fronteras nacionales, porque si el pueblo alemán percibía inestabilidad en sus instituciones, podría levantarse en pánico –no en defensa de los judíos; simplemente, atemorizados por su propio bienestar.

El replanteamiento de la ocupación nazi de Europa y la persecución de los judíos y otros pueblos de Snyder es sutil pero profundo. Nota el obvio punto de que una de las razones principales por las que los habitantes de los países ocupados cooperaron con la persecución de los judíos fue que temían que no hacerlo pondría en peligro sus propias vidas y las de sus familiares. Pero añade que esto no era necesariamente un miedo directo a las fuerzas alemanas. Es más probable, dice, que se debiera a un miedo a sus propios vecinos (e incluso a sus familiares), o a cualquiera que reportara sus actividades si elegían rescatar a los judíos. ¿Es tan difícil de imaginar que, poseídos por un miedo de tal grado, muchos de nosotros cooperaríamos con las fuerzas de la ocupación nazi, ya que no estaríamos seguros de que nuestros propios paisanos no nos denunciarían?

Esta lectura de eventos familiares hasta el punto del desdén no me pareció demasiado sorprendente; una vez que fue deletreada, incluso parecía autoevidente. Pero lo que me llamó la atención fue cómo reformulaba las atrocidades ocurridas en Europa durante la década de 1930, encontrando una causa no sólo en las acciones de los nazis, sino en la imaginación de las personas ordinarias. En el miedo de lo que el otro podría hacer.

Esto es un hecho misterioso y esencial de los periodos de liminalidad: la mimesis, o la imitación inconsciente, se vuelve contagiosa. Sencillamente, al imaginar las terribles posibilidades de lo que los vecinos podrían hacer, muchas personas, durante el periodo liminal de Europa, optaron por hacerlo antes. Esto es violencia mimética preventiva.

Biológicamente, esta habilidad de colocarse en los zapatos del otro y deducir lo que está pensando es conocida como teoría de la mente, y comúnmente es considerada clave en la compasión y la empatía. La teoría de la mente podría haber sido una causa instrumental en aquellos pocos que eligieron rescatar a persona perseguidas en los 1930 en Europa (judíos, gitanos, etc.): una habilidad para imaginar el sufrimiento y oponerse a él.

Es posible, también, que haya sido la causa primaria para la misma decisión en el sentido opuesto y en una escala mucho mayor.

 

Abrazando la liminalidad

lotus_thief_1422482111_crop_300x300En la película The Matrix, cuando Thomas Anderson es desconectado de la Matrix, empieza atravesar una serie de reacciones físicas: parece que no puede levantarse, los ojos le duelen, etc. Después de que descubre la verdad, vomita. Sin embargo, en términos psicológicos, a pesar de descubrir que toda su vida ha sido una gran mentira y no es quien pensaba que era, básicamente se mantiene como la misma persona. ¿En realidad, si nosotros como individuos fuéramos removidos forzosamente de la Matrix de nuestras identidades sociales, si todos los valores y significados por los que vivíamos nos fueran arrancados, en un instante, no sólo de manera interna sino externamente, que quedaría de nosotros? La respuesta es: “No mucho”.

La película no puede mostrar esto, por supuesto. No puede mostrarlo porque la forma más lógica para hacerlo sería reduciendo a Thomas a un animal salvaje, a un lunático delirante. No puede mostrarlo, igualmente, porque no hay forma de plantear una existencia fuera de los valores sociales con los que hemos crecido desde el interior del marco de esos mismo valores. Simplemente no hay forma de bailar sobre arquitectura. Si The Matrix hubiera representado fielmente la experiencia de Thomas fuera de la Matrix, habría sido totalmente incomprensible.

La religión (y la espiritualidad), la sociedad, la política e incluso la psicología, todas tienen sus propios usos y equivalencias de la liminalidad. Pero eso es todo lo que son: usos. La liminalidad no puede ser vista como una etapa entre etapas porque esto presupone la existencia tanto de un pasado como de un futuro que la rodea. La naturaleza de la liminalidad es como la de un gitano o un judío errante. Siempre se está moviendo a ser un hombre sin nación, o sin nombre, ser un hombre y una mujer en medio de.

Si la tesis de Snyder es correcta (y si mi breve sinopsis le hace justicia), y si la violencia colectiva e individual son directamente resultado de la pérdida de identidad nacional e individual, entonces, ¿cuál es la respuesta a esto? ¿Puede una devastadora pérdida de estructura ser recibida con una misma habilidad para abandonar nuestra estructura interna? ¿Acaso es posible desconectarse verdaderamente? Pero si la arquitectura de la civilización está colapsando –y todos los caminos llevan a la ruina, ¿acaso queda otra cosa que bailar sobre ella?

No tengo la respuesta, pero en la siguiente parte de esta serie sobre la liminalidad intentaré bailar sobre la pregunta un poco más, siguiendo la teoría del contagio de René Girard (violencia mimética) y cómo el desvanecimiento de las fronteras internas y externas –y la creación de una monocultura o una identidad “Borg” colectiva— podría ser la ruta más rápida a un Apocalipsis global.

¡Si realmente lo queremos!

 

Twitter del autor: @JaKephas

Sitio web: https://auticulture.wordpress.com/

Lee primera parte: La historia vista desde un espejo liminal

Otros textos de Jasun Horsley en Pijama Surf 

 

[1] Las primeras citas conocidas aparecieron en revistas de música en 1979 y en una de arte el mismo año; la última se refirió a esto como el “famoso dictum”. La web Quote Investigator traza una frase similar a una edición de 1918 de la New Republic, sin embargo: “Estrictamente, escribir sobre música es tan ilógico como cantar de economía. Se puede hablar de todos los otros actos  en términos de la experiencia cotidiana. Un poema, una estatua, una pintura o una obra de teatro son representaciones de alguien o algo que puede ser medido (dejando a un lado el puro valor estético)  describiendo lo que representa”. Quote Investigator continua: “En 1921 la misma aseveración reaparece en la forma de una sonrisa de esfinge. El formato de este comentario utiliza la palabra “como” una vez y la palabra “sobre” dos veces. Esto conforma la plantilla moderna más común. Escribir sobre música es como____sobre____. El primer espacio contiene términos como arquitectura, economía, futbol”. 

Nuevo estudio vincula al corazón con las experiencias cercanas a la muerte; coincide con una importante tradición mística que ubica en el corazón el ojo de la imaginación, el órgano central para percibir lo invisible

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Uno de los temas que más posibilidad de encuentro permite entre la ciencia dura y la parapsicología es el estudio de las experiencias cercanas a la muerte. En los últimos años se han generado una gran cantidad de teorías para explicar los patrones recurrentes --generalmente visiones místicas o numinosas con una imaginaria en común-- que se producen cuando una persona tiene una experiencia cercana a la muerte o se encuentra bajo anestesia o en coma. 

A este creciente cuerpo de investigación se le suma un reciente estudio realizado por investigadores de la Universidad de Michigan, en el que se observó que en los momentos previos a la muerte el cerebro envía señales al corazón. Los investigadores creen que es este frenesí de actividad mental el que produce un paro cardíaco y probablemente la sustancia misma de las experiencias cercanas a la muerte.

"La reducción de oxígeno y glucosa durante el arresto cardíaco puede estimular la actividad cerebral característica del procesamiento de la conciencia", señala el doctor Jimo Borjigin, líder del estudio.

La investigación notó, basándose en el proceso de muerte de un grupo de ratas asfixiadas, que al morir el cerebro muestra una mayor actividad que durante el proceso natural de la vigilia. 30 segundos después de que el corazón de las ratas dejó de latir, los investigadores observaron una secreción inmediata de más de una docena de sustancias neuroquímicas y la presencia de ondas gama de alta frecuencia (las cuales han sido observadas en el cerebro de monjes budistas meditando). Además, los científicos notaron que al caer el ritmo cardíaco se presenta una sincronización entre las señales cerebrales y el ritmo del corazón.

El estudio también arrojó una posible aplicación médica futura. Se encontró que si se bloquean las señales que van del cerebro al corazón se puede demorar la fibrilación ventricular del corazón y aumentar las posibilidades de que un paciente sobreviva.

near-deathEn lo referente a las experiencias cercanas a la muerte, este hallazgo genera una rica variedad de interpretaciones, las cuales podemos ligar a varias tradiciones místicas. Es interesante notar, por ejemplo, que en la medicina china tradicional, en la que se concibe al cuerpo humano como un espejo analógico del cosmos, se usa el mismo término para el corazón y la mente: Xin. Esto de entrada nos sugiere el atisbo de una notable conexión entre estos órganos. En el caso de la medicina china, el corazón es considerado el emperador del cuerpo, un órgano superior al cerebro, que es también capaz de pensar y de producir entendimiento.

Al igual que el intestino y otras partes del cuerpo, el corazón también tiene neuronas que forman un sistema nervioso intrínseco de múltiples ganglios. Esto específicamente no significa que el corazón sea una "mente", sino que también envía importantes señales al cerebro, las cuales luego son parte de lo que llamamos "la mente" o el proceso de pensamiento y reflexión. Sin embargo, lo cierto es que no sabemos del todo cuál es el alcance y la penetración que tiene este sistema nervioso del corazón, que ha sido llamado "un pequeño cerebro" (el intestino, por otro lado, detenta lo que se conoce como "el segundo cerebro", encargado de producir la mayor parte de la serotonina del cuerpo humano).

En términos un poco más especulativos, el escritor Joseph Chilton Pearce ha escrito varios libros sobre lo que llama el "cerebro compasivo" o la "matriz-cerebro-corazón". Según Chilton Pearce: "la idea de que podemos pensar con nuestro corazón no es sólo una metáfora", es un fenómeno real ya que el corazón es "la glándula endócrina más importante del cuerpo" y produce el "péptido natriurético atrial", una importante hormona "involucrada en la sistema límbico del cerebro, o lo que llamamos el 'cerebro emocional'". Chilton Pearce agrega que el corazón está involucrado en "traducir información enviada de diferentes partes para que el cuerpo pueda funcionar como un todo armónico". Hay que decir que la ciencia no acepta del todo esta hipótesis, sin embargo parece cierto que existe un importante diálogo entre el corazón y el cerebro y es indudable que estamos al borde de un nuevo paradigma médico en el que se empieza a reconocer que nuestros órganos y sistemas están mucho más interconectados de lo que se pensaba.

Más interesante todavía, en relación con las experiencias cercanas a la muerte, es la idea que se encuentra en el misticismo árabe, cristiano y hebreo de que el corazón es un ojo, el órgano donde se ubica la facultad de la imaginación y la puerta misma a la divinidad. Uno pensaría sin profundizar mucho que la imaginación se ubica claramente en el cerebro; según la neurociencia se encuentra en la zona frontal del hipocampo. Pero existe paralelamente una fascinante tradición mística que concibe al corazón como un ojo espiritual que permite acercarse al mundo celestial. De igual manera, la imaginación no es concebida como fantasía o mera elucubración de cosas sin realidad, sino que es la percepción de un mundo invisible que existe independientemente de nuestra mente. Es decir, en este sentido, lo que imaginamos no es algo que proviene de nuestra mente, sino de la mente universal, de un mundo cuya realidad espiritual son las imágenes arquetípicas (la imaginación es como una televisión que sintoniza la transmisión astral o celestial). Por esto el erudito francés Henry Corbin recurrió a la palabra "imaginal" (y a su "mundus imaginalis") en lugar de imaginación o imaginario para diferenciar y dar valor a estos conceptos que existen en el misticismo.

Siguiendo con esta idea podemos conjeturar que las visiones cercanas a la muerte, vinculadas al axis mente-corazón, tienen también una relación con esta forma de entender la imaginación como un órgano de percepción espiritual. Tal vez por esto es posible que las descripciones que se encuentran en la literatura sean tan parecidas: al morir o al entrar en un estado liminal, las personas perciben un mundo intermedio, o la entrada a un mundo imaginal, que existe en la mente colectiva y tiene su propia topología. Tenemos varias descripciones de esta psicogeografía interdimensional, por llamarlo de alguna manera. Pienso en las maravillosas descripciones que hace el Libro Tibetano de la Muerte o Bardo Thodol de las distintas luces y demonios que se llega a encontrar la conciencia o el alma que vaga por el bardo. Los altamente simbólicos rituales egipcios de la muerte son otro buen ejemplo. Tan convincentes son estas visiones, que un neurocientífico de Harvard incluso cree que prueban la existencia del cielo.

Ciertamente estamos aquí apenas rozando un enorme misterio que es parte de las escuelas esotéricas de la antigüedad, y que en nuestra época podemos abordar utilizando también conocimientos científicos. Tal vez lleguemos, por otro sendero, a la misma conclusión. Mientras tanto la posibilidad es intrigante: que de alguna manera el corazón detone un proceso visionario, sincronizándose con el cerebro y generando una cascada de hormonas y moléculas neuroquímicas --posiblemente la llamada "molécula del espíritu", el DMT, como ha teorizado el doctor Rick Strassman-- así sintonizando una numinosa realidad paralela. Habría que prepararnos entonces para recibir a la muerte --si queremos ver lo invisible-- con el ojo del corazón abierto.

Twitter del auto: @alepholo