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Si aún creías en Dios como origen de la vida, esta teoría podría convencerte de lo contrario

Ciencia

Por: pijamasurf - 05/18/2015

Jeremy England, científico del MIT, propone que el origen de la vida es un resultado inevitable del comportamiento de la materia en ciertas circunstancias

origin_evol_lifeEl origen de la vida en nuestro planeta es un enigma que justificadamente ha generado todo tipo de especulaciones, investigaciones y teorías que explican el fenómeno. A grandes rasgos, estos intentos de respuesta podrían agruparse en dos grandes categorías: la de tipo religioso y la científica; por un lado la que especula y afirma pero a partir de dicha especulación y, por el otro, la que tiene como respaldo hechos obtenidos de observaciones y experimentaciones con la realidad misma (la realidad física, la realidad química, etc.). Para algunos la vida sólo fue posible por la mediación de un ser superior que la hizo surgir, mientras que para otros es la consecuencia de reacciones medibles y comprobables.

En este sentido una investigación reciente podría convertirse en un hito en torno a tal debate pues, según sus conclusiones, la vida podría ser la consecuencia inevitable del comportamiento de la materia, lo cual podría descartar del todo las explicaciones religiosas del problema.

De acuerdo con Jeremy England, científico del MIT que elaboró el modelo físico-matemático al respecto, cuando un grupo de átomos está expuesto por mucho tiempo a una fuente de energía y a la vez está inmerso en un ambiente de calor, ocurre una reestructura orientada a disipar la energía sobrante. En el caso de la Tierra eso sería lo que sucedió con los primeros átomos que, por las condiciones primigenias de nuestro planeta, pasaron en cierto momento de ser materia inerte a ser materia orgánica con vida.

De acuerdo con esta hipótesis, que la materia adquiera vida no es ningún milagro ni ningún acontecimiento inesperado, sino una consecuencia natural cuando las circunstancias externas lo permiten.

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Ciencia

Por: pijamasurf - 05/18/2015

¿En que podemos creer, si la misma ciencia parece estar profundamente viciada por intereses creados y una búsqueda de la notoriedad antes que la verdad?

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El poder de la ciencia en nuestra sociedad ha llegado al punto del dogma. Si lo dice un científico de Harvard o de Stanford, tiene que ser verdad. Exaltamos las credenciales académicas como si fueran chalecos antimentiras; si antes Shelley había dicho que los poetas eran los legisladores no reconocidos del mundo, ese título le pertenece sin duda a los científicos en nuestra época. Y sin embargo la solidez de la realidad científica, su aparente incontestabilidad, la pulcritud de su método, tal vez sean una ilusión más.

Desde abril pasado ha estado circulando y causando conmoción un editorial escrito por Richard Horton, el director de The Lancet, una de las revistas científicas más viejas y con mayor prestigio del mundo. Horton escribe:

El caso en contra de la ciencia es frontal: mucha de la literatura científica, la mitad quizás, simplemente es falsa. Afligida por estudios con muestras demasiado pequeñas, efectos minúsculos, interpretaciones inválidas, flagrantes conflictos de intereses, aunado a una obsesión por perseguir modas y tendencias de dudosa importancia, la ciencia ha tomado un giro hacia la oscuridad.

La afirmación de Horton es contundente e inquietante en lo que concierne al edificio de realidad que construye la ciencia en nuestra sociedad. Horton cree que una posibilidad para cambiar las cosas es simplemente retirar todo incentivo y promover la colaboración y no la competencia. Marcia Angell, ex editora del New England Medical Jounal, se hace eco:

Simplemente no es posible creer en mucha de la investigación de clínica que se publica, o depender del juicio de médicos confiables y de las guías médicas. No me produce placer esta conclusión, a la cual he llegado con reticencia en mis más de 2 décadas como editora del New England Journal of Medicine.

¿Si no podemos creer en la ciencia, en que podemos creer? Ciertamente no en los medios que publican los artículos científicos que denuncia Horton (y aquí nadie se salva, incluyendo este sitio), los cuales están hechos a la medida para que puedan aparecer en los medios, utilizando presupuestos no para resolver los grandes problemas del ser humano sino para que los científicos puedan posicionar sus carreras y recibir más fondos. Desde la perspectiva del lector o del consumidor de ciencia que no es parte de la academia, parece importante desarrollar una mirada crítica y ser capaz de detectar cómo los medios y ahora los mismos científicos utilizan encabezados para llamar la atención y sesgar el interés. Tener presente que muchos estudios científicos obtienen sus fondos directa o indirectamente de corporaciones --las farmacéuticas, por ejemplo-- o por parte de gobiernos y en su agenda quieren avanzar ciertos proyectos y legitimar ciertos conceptos. Para que pueda mantener sus posiciones y fondos, en muchas ocasiones el científico se coloca al servicio del mantenimiento del statu quo. Es necesario dudar de lo que se nos presenta como real bajo un marco perfectamente realista, dudar de todo, como ya lo decían los filósofos y, al mismo tiempo, no tomarse las cosas demasiado en serio. Empecemos por dudar de nuestras creencias.