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En esta pequeña nación, como en ninguna otra del planeta, la vida cotidiana y la historia están impregnadas de las mieles literarias

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¿Sabías que leer es bueno, muy bueno, para tu cerebro? ¿O que la lectura favorece el desarrollo de cualidades como la empatía? ¿Que enriquece tu autonarrativa, es decir, la forma en la que eres capaz de entender, y platicarte, tu propia vida? ¿Sabías que sumergirte de manera habitual en los mundos que la literatura ha creado es una ruta probada para ampliar tu panorama existencial?

A estas alturas abogar por la lectura, advertir los beneficios que conlleva el leer, pareciera para muchos una labor redundante, incluso innecesaria. Pero lamentablemente aún existen numerosos entornos en los que si bien nadie niega las ventajas de ser lector, lo cierto es que este acto tampoco se ejerce de manera habitual. Por eso cuando echamos un vistazo al país más lector del mundo no puede menos que antojarse como un escenario delicioso.

Islandia, esa pequeña isla que vigila discretamente a Europa desde el norte, podría considerarse como la nación que más lee. Obviamente no nos referimos a volumen de títulos completados, algo imposible para sus escasos 300 mil habitantes. Pero en todo caso el hecho de que la relación entre libros leídos y habitantes sea la más alta, lo mismo que ocurre con títulos publicados per capita –de acuerdo con un reportaje de la BBC aproximadamente uno de cada 10 islandeses publicará un libro a lo largo de su vida, la hace merecedora de esta distinción. 

Más allá de su sofisticación cívica o de sus singularidades culturales, este improbable rincón del mundo, desde mi punto de vista un sitio paradisíaco, mantiene una relación espectacular con la lectura: el analfabetismo no existe, en 2011 su capital, Reikiavik, fue declarada Ciudad de la Literatura por la UNESCO, en su historia cuenta con un Nobel de Literatura (Halldór Laxness en 1955), más de 90% de sus habitantes completan al menos un libro cada año y el regalo más solicitado por la población infantil para Navidad es... un libro.

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¿Por qué es Islandia un Shangri-La literario?

Pero ¿cómo explicarnos esta pasión poblacional por la escritura y la lectura? Una hipótesis fascinante tiene que ver con que la historia de Islandia es en su mayoría intangible. A diferencia de muchas otras naciones la suya no tiene como materia prima pirámides, catedrales antiguas ni prácticamente testimonios materiales. En cambio la historia islandesa esta cimentada sobre sagas y relatos, sobre leyendas y mitos. Es decir, cuenta con una identidad cultural e histórica casi exclusivamente narrativa –y para confirmarlo pueden preguntarle a "la dama de la montaña", la encarnación legendaria de una nación en el cuerpo de una elusiva y montañesca mujer.

En su artículo para el New York Times, "In Iceland, a Literary Tour Explores Rich History", Dean Nelson cita una charla con el popular novelista de este país, Andri Snaer Magnason, quien al respecto comenta:

En Islandia no hay ruinas, ni barcos vikingos para comprobar cómo llegamos aquí, así que la gente cree que evolucionamos a partir del bacalao. Pero los islandeses siempre se han presentado como una nación de contadores de historias. Estas historias habían sido la única contribución que habíamos hecho al mundo antes de Björk.  

[…]

Somos una nación de contadores de historias. Cuando estaba oscuro y frío (durante el invierno) no teníamos nada más que hacer. Gracias a las Eddas poéticas y a las sagas medievales, siempre hemos estado rodeados de historias. Y tras independizarnos de Dinamarca en 1944, la literatura nos ayudó a definir nuestra identidad.

Claro que las condiciones socioeconómicas de las que goza la población de Islandia también podrían considerarse un factor para que los habitantes de este país puedan darse el "lujo" de leer y escribir. Contar con seguridad social, con empleos bien remunerados y regulados, así como altos niveles de preparación educativa, ciertamente favorecen la posibilidad de que se geste una sociedad lectora. 

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Otro factor que podríamos considerar es el largo y radical invierno que abraza a la isla cada año, condiciones meteorológicas que invitan a la introspección y a llevar un estilo de vida sedentario y solitario –y por ende, lector/escritor. 

Finalmente mencionaríamos el hecho de que Islandia goza de una tradición oral boyante, exuda mitos y leyendas, cada rincón de sus ínfimos bosques, de sus incontenibles caídas de agua, de sus desiertos de ceniza y sus valles mudos, está recubierto de narrativas. En Islandia desde los niños hasta los economistas, pasando, claro, por los literatos y los adultos mayores, dedican una buena porción de su vida a escuchar y compartir leyendas e historias sobre el entorno –algo que, por cierto, seguramente actúa como una especie de pegamento social, sobre todo si consideramos fenómenos como la sincronización cerebral entre narrador y escucha, y como un motor de convivencia saludable. 

El islandés es un pueblo esencialmente narrativo. Y si como han advertido diversos filósofos desde hace siglos, la realidad humana, social, nacional, etc., se forja a partir de lo que de ella se narra, entonces el que un país sustente explícitamente su identidad cultural e histórica en la narratividad, basta para entender por qué sus habitantes han desarrollado una relación tan viva y estimulante con la literatura. En todo caso, más allá de hipótesis en torno a las causas de esta hiperliteración de la sociedad islandesa, seguramente la calidad de vida que goza y muchas de las virtudes que presume deben algo a este fenómeno. A fin de cuentas leer es bueno, muy bueno.

 

 Twitter del autor: @paradoxeparadis

¿Por qué nos enamoramos más de las personas cuyo nombre empieza con la misma letra que el nuestro?

Sociedad

Por: pijamasurf - 11/26/2015

El extraño fenómeno del egoísmo implícito hace que las personas doten de todo tipo de bondades a otros que se llaman parecido a ellos

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El ser humano es en muchos aspectos víctima de fuerzas desconocidas que hacen que, aunque pensemos que somos libres de elegir y tomamos nuestras decisiones ejerciendo razón y libertad, sigamos patrones emocionales inconscientes o simplemente caprichosos que refutan la alta idea que tenemos de nosotros mismos. Un caso a considerar es la tendencia estadística que existe entre las personas a casarse con otras personas cuyo nombre empieza con la misma letra.

El neurocientífico David Eagleman incluye esta situación en su libro Incógnito como una de las asombrosas peculiaridades que muestran la naturaleza de nuestra mente. El caso viene de un estudio de 2004 hecho por John Jones, quien examinó más de 15 mil registros públicos en Estados Unidos y encontró cifras estadísticamente relevantes que muestran que las personas se casan mucho más con aquellos cuyo nombre empieza con la misma letra que el suyo.

Eagleman explica que no se trata de las letras, de una fijación casi cabalista, sino de que los nombres nos recuerdan más a nosotros mismos. Esto se conoce como egoísmo implícito. Otra investigación muestra lo mismo: en ese caso se le dio a probar una serie de productos a un grupo de  individuos y luego se les pidió que evaluaran el sabor. Por ejemplo, Tomás prefirió el té Tomeva; en cambio, Laura escogió el producto que se llamaba Lauler. No hay duda de que hay muchas cosas de este estilo que influyen en nuestro juicio y ponen en duda nuestra racionalidad.

El egoísmo implícito influye en una larga serie de factores y decisiones. Por ejemplo, las personas cuyo nombre empieza con "D" tienen mayor probabilidad de ser "dentistas", y así con otras profesiones. De igual manera, somos más generosos con personas que tienen similitudes de fecha de nacimiento. El número y el nombre, de una manera extraña, son destino.

Un buen ejercicio es hacer una retrospectiva en tu historia amorosa y ver cuántas de tus parejas tienen un nombre que empieza con la misma letra o que de alguna manera tienen un parecido muy cercano a ti.