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"La vida cotidiana de los dioses": imágenes extraídas de pinturas clásicas y reinsertadas en momentos cotidianos del mundo moderno

Arte

Por: Alejandro Albarrán - 11/10/2015

El artista ucraniano Alexey Kondakov utiliza imágenes de cuadros clásicos y las inserta en escenas de la vida cotidiana, recontextualizando su significado primigenio

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El primer ser sobre la tierra al que Apolo habló fue una Ninfa. Se llamaba Telfusa y de inmediato engañó al dios…

Roberto Calasso, La locura que viene de las ninfas

 

¿Cómo se verían los dioses o los personajes de la antigüedad retratados en pinturas clásicas, entre nosotros, en el metro, la calle, dentro de la cotidianidad del mundo actual? El artista ucraniano Alexey Kondakov nos muestra una visión particular al respecto.

El artista radicado en Kiev creó unos collages en Photoshop que responden a esta premisa para la serie, aún en proceso, The Daily Life Of Gods (La vida cotidiana de los dioses). Kondakov extrajo imágenes de obras clásicas como Ninfas y sátiro, un óleo creado por el academicista francés William-Adolphe Bouguereau en 1873, la Virgen del jilguero del italiano renacentista Rafael, o imágenes de la obra del pintor barroco neerlandés Caesar Boëtius van Everdingen, uno de los más destacados representante del grupo de los Academicistas de Haarlem. De hecho, las pinturas de Caesar van Everdingen fueron las primeras que inspiraron a Kondakov para comenzar a crear sus imágenes: "Me di cuenta de que los héroes de estas obras maestras simplemente estaban buscando pasar tiempo de calidad (juntos), como nosotros”, según informa My Modern Met.

Es interesante considerar cómo nuestras impresiones sobre estas imágenes cambian al insertarlas dentro de un nuevo contexto. Como en el caso de la Madonna del cardellino al fondo de un pesero. La Madonna del cardellino (o la Virgen del jilguero) es un óleo fechado hacia 1507, una de las imágenes más famosas de Rafael Sanzio, quien diera la pintura como regalo de bodas a su amigo Lorenzo Nasi.

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La pintura antes de la restauración. El amarillamiento es señal evidente de las antiguas fracturas. Wikipedia Images

Lamentablemente, la casa de Nasi quedó destruída después de un terremoto el 17 de noviembre de 1548. Entre las ruinas, se logró encontrar la obra de Rafael partida, irónica, paradójica o metafísicamente en 17 fragmentos. O al menos es lo que la historia ha decidido relatar.

El arquitecto, pintor y escritor italiano Giorgio Vasari, quien es considerado uno de los primeros historiadores del arte y autor del célebre libro Le vite de' più eccellenti architetti, pittori, et scultori italiani (Las vidas de los mejores arquitectos, pintores y escultores italianos, de 1550; ampliado en 1568) escribió acerca de la Madonna del cardellino:

Encontraron las piezas entre el mortero de las ruinas, fueron donde Battista, hijo de Lorenzo, muy amante del arte, para que la rehiciera de la mejor manera que pudiese.

Muchas obras se han perdido en catástrofes naturales, o simplemente en el "azar electivo" del tiempo y la historia del arte. Por ejemplo, muchas de las piezas del hijo mayor de Bach, Wilhelm Friedemann, considerado por su propio padre como el de talento más grande, fueron perdidas, vendidas por su mujer, quemadas o subastadas por sus descendientes.

De igual forma, las cosas y/o obras que permanecen en el tiempo, van perdiendo su valor (no monetario) primigenio, su significado.

Los terremotos suceden, suceden las guerras y los años que van menguando nuestra frente suceden, y todo se ve indiscutiblemente modificado; sin embargo, algo queda de nosotros en todas las cosas, algo que las dota de un significado arbitrario que a la vez puede ser sustituido por otro que le (nos) da un nuevo sentido.

Por eso, de la misma forma que Vasari escribiera sobre la pieza reconstruida de Rafael, se puede decir de estos collages creados por el artista ucraniano que generan esta recontextualización de esta imagen de nosotros mismos partida en muchísimos fragmentos, nuestra condición humana tan permanente y metafórica a la vez:

Encontraron las piezas entre el mortero de las ruinas, fueron donde Kondakov, muy amante del arte, para que la rehiciera de la mejor manera que pudiese:

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Twitter del autor: @tplimitrofe 

Fuentes: Bored Panda, ABC.esMy Modern Met

Cuando los caleidoscopios eran tan cautivadores como los iPhones

Arte

Por: pijamasurf - 11/10/2015

Hubo un momento hace 2 siglos cuando los caleidoscopios enajenaron y deslumbraron al mundo, casi como los teléfonos móviles en la actualidad

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Atlas Obscura, el genial sitio de lugares y cosas raras, tiene un encantador artículo sobre la fiebre de los caleidoscopios en Inglaterra circa 1816, a la cual compara con la obsesión por los iPhones u otros smartphones que nos absorbe actualmente. Hoy en día uno camina por las calles de la mayor parte de las ciudades del mundo y ve a un buen porcentaje de las personas mirando las pantallas de sus teléfonos móviles en un embeleso (o aturdimiento) que le parecería seguramente muy extraño a una sociedad como la georgiana o incluso a una civilización extraterrestre no tan inmersa en el mundo de los gadgets.

Según Atlas Obscura, en ese entonces había un encandilamiento tal por los caleidoscopios que incluso representaban una fuente de ingresos para la gente pobre, que podía ganar dinero vendiendo un rápido vistazo a través de estos cilindros de espejos.

Según el académico Erkki Huhtamo, en aquella época también hubo cierta alarma por el efecto de distracción y ensimismamiento que producían estos curiosos aparatos. "Los 'caleidoscopiomaníacos' están tan hipnotizados por estas visiones que ven dentro del tubo de imágenes que ni siquiera notan que otros hombres están cortejando a sus acompañantes detrás de sus espaldas". ¿Como podría comparase esto con las hordas de personas que acampan o pasan horas haciendo filas para ser los primeros en obtener el tan deseado nuevo iPhone?

  

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Vale la pena hacer la distinción que los primeros caleidoscopios no eran juguetes desechables para niños; tenían una cuidada manufactura y estaban hechos de materiales valiosos. Antes de pasar a ser una atracción infantil rápidamente sustituida, los caleidoscopios fueron utilizados como una herramienta científica para visualizar grandes cantidades de números.

 

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Las comparaciones son odiosas, pero el purista en nosotros tiene nostalgia de esa época, que hoy nos parecería simplista, en la que la gente caminaba por las calles mirando la realidad a través de un cristal de colores que simulaba una reproducción fractal o infinita. Una hermosa distorsión. Y es que la palabra caleidoscopio significa algo así como "mirar formas bellas" (kalos: bello; eidos: forma; skopeo: ver) y lo caleidoscópico, entonces, es lo que tiene la propiedad de hacernos ver la belleza en las formas, o el acto de ver formas bellas. Este mismo espíritu conservador o nostálgico nos diría que el pasado fue mejor (siempre los tiempos pasados tienen un lugar consentido en la memoria). Porque, aunque simplista y algo que fácilmente aburre en comparación con nuestros aparatos modernos, en la fiebre de los caleidoscopios --esa alucinación breve-- se nota una preferencia estética ante la realidad: la belleza como preeminencia. ¿Qué sería de nuestra tecnología si estuviera siempre al servicio de la belleza y no de la utilidad? Un mundo visto a través de las alas de una mariposa.