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El software Nik Collection para fotógrafos profesionales ha sido liberado por Google

La estrategia de Google es dar cosas gratis para obtener información de sus usuarios, vender anuncios y vender la información de dichos usuarios. Dicho eso, ahora el gigante de Mountain View ha liberado el software Google Nik Collection de edición digital para fotógrafos profesionales antiguamente valuado en 149 dólares, tanto para Mac como para Windows. 

Google avisó que las personas que compraron Nik Collection en 2016 recibirán un reembolso íntegro. Los que lo compraron en 2015 han de estar un poco alterados, aunque no deben de ser muchas personas.

Te mostramos aquí un video tutorial para que puedas utilizar este software de edición y retoques tus imágenes. Nik Collection cuenta con plugins para realizar corrección de color, filtros, ajustes de tonalidad, brillo, definición y muchas más funciones: Analog Efex Pro, Color Efex Pro, Silver Efex Pro, Viveza, HDR Efex Pro, Sharpener Pro and Dfine. 

 

Descarga Nik Collection

Realizadores de un videojuego alusivo al Titanic aprovecharon el desarrollo del mismo para recrear fielmente el hundimiento del transatlántico en esta animación

El hundimiento del RMS Titanic el 15 de abril de 1912 es sin duda uno de los eventos capitales en la historia de la navegación y, culturalmente, es uno de esos episodios que suscitan cierta fascinación histórica, acaso porque se combinaron épica y tragedia, la orgullosa certeza de que se trataba de un barco que “no podía hundirse” (según dijeron sus constructores) y lo terrible de su desenlace. Aun antes de la película homónima dirigida por James Cameron en 1997, el Titanic protagonizó varias historias que no estuvieron exentas de moraleja y grandilocuencia.

Ahora toca el turno a una recreación más objetiva, obra de los realizadores del videojuego Titanic: Honor and Glory, quienes aprovecharon el desarrollo del mismo para generar esta animación en la que se recrea segundo a segundo el agónico fin del navío. 2 horas y 40 minutos desde que parte de la tripulación avistó el iceberg –y nadie estaba al tanto del desastre que se avecinaba– hasta que finalmente el transatlántico se partió en dos –y los gritos de todos sonaron en la soledad de las aguas boreales.

 

Un ejercicio peculiar, pero también angustiante.