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Por medio de un análisis exhaustivo de los 22 arcanos del tarot se intentará darle un sentido al ejercicio cinematográfico como regulador de la percepción de la vida

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Un ángel algo afeminado vierte líquido de un jarrón azul a uno rojo. La imagen captura el momento exacto en que el líquido está en el aire, formando líneas trasvasadas, quebradas.

Durante la Edad Media la mujer trasvasadora era una alegoría de la virtud de la templanza: se suponía que echaba agua al vino para disminuir sus efectos. Esto nos lleva directamente al evangelio del Nuevo Testamento sobre las bodas de Caná, a la mujer a la que se le encarga llenar barriles de agua para convertirlos en vino.

Templanza [según el Diccionario de la Real Academia Española]

Del lat. temperantia.

1. f. Moderación, sobriedad y continencia.

2. f. Benignidad del aire o clima de un país.

3. f. Pint. Armonía y buena disposición de los colores.

4. f. Rel. Una de las cuatro virtudes cardinales, que consiste en moderar los apetitos y el uso excesivo de los sentidos, sujetándolos a la razón.

5. f. desus. temple (‖ punto de dureza o elasticidad).

Tomemos en cuenta lo que quiere decir el significado de la palabra templanza, pero para entender al arcano que aquí se intenta ilustrar tendríamos que abarcar el carácter tolerante, dentro de una filosofía práctica que brinda felicidad, de la aceptación a los acontecimientos. Es por lo tanto una carta activa, que nos invita a hacer o quizás a que, al hacer, se haga de cierta manera.  

En estos términos no podríamos dejar de pensar en la cinta Happy Go Lucky (Mike Leigh, 2008) que propone una protagonista que se maneja de esta manera, es una encarnación del ángel que vierte el agua. Poppy (Sally Hawkins) es benévola para el mundo que la rodea, por medio de un esfuerzo cotidiano al poner una sonrisa delante, que la ha conectado con la fuente de dulzura en una inercia que hace sencillo seguir sonriendo, un positivismo inmediato que inunda todo momento, que no se detiene. Los sucesos aparentemente negativos que le suceden, los vuelve con su actitud una oportunidad de crecimiento. Por ejemplo, le roban la bici y aprovecha para tomar clases de manejo, sin pensar que en estas lecciones se va a encontrar a un neurótico fulminante como profesor, a lo que simplemente responde con toda la amabilidad que puede llegar a poseer; no es poca pues es la de todo el universo. Polly es una cabalista natural que opera bajo instrucciones de un poderoso espíritu, se permite ser generosa en un mundo que promueve lo contrario: mira, escucha y responde de la mejor manera, revelando la luz que existe en la oscuridad.

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Alberto Couste nos ayuda con un cuadro sinóptico a entender la templanza:

Mental - Esta carta aporta el espíritu de conciliación, la ausencia de pasiones en el juicio; otorga el sentido profundo de las cosas, como representante que es de un principio eterno de moderación. Elude la fijeza.

Bajo estás connotaciones, instantáneamente viene a la mente la cinta Vaquero de medianoche (John Schlesinger, 1969). El tejano Buck (Jon Voight), que intenta hacer fortuna seduciendo mujeres millonarias en las calles de Manhattan, conoce a Razzo (Dustin Hoffman), quien ha podido sobrevivir como lumpen ya durante años en la isla cosmopolita. Juntos encuentran la templanza y la moderación tras excesos que les dan una perspectiva de la profundidad de estar vivos, trascienden la miseria para iluminarse como cometas. Lejos de la sonrisa inocente de Polly es su aceptación tras los sucesos, su falta de pasión lo que los conecta con el arcano; consiguen un vacío para que el líquido espiritual entre sutilmente.

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Anímico - los seres se reconocen y se encuentran por sus afinidades. Bajo la influencia de esta carta son felices, pero no evolucionan y no conseguirán librarse uno del otro.  

Físico - En negocios o actividades, conciliación. Se pesa el pro y el contra, se encuentra la manera de llegar a un arreglo, pero se ignora si el éxito coronará la empresa. Reflexión, decisión que no puede tomarse de inmediato. Desde el punto de vista de la salud: enfermedad difícil de curar, porque se alimenta de sí misma.

El chofer de la señora Daisy (Bruce Beresford-Redman, 1989) demuestra mediante una relación laboral que termina siendo una relación humana cómo los perjuicios raciales y sociales se pueden trascender (utilizar) para encontrar puentes espirituales que hagan mucho más rica la existencia humana, por medio de la templanza para llegar a una alegría conectada con el arcano. Un intercambio espiritual entre dos seres disimiles como el oro y la plata, representados en los colores de cada jarrón que sostiene el ángel de la carta.

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El agua que fluye entre ellos en realidad va desde la copa inferior a la más alta, lo que significa aumento de un plano más bajo a uno más alto. El individuo templado mezcla los opuestos y encuentra un equilibrio en la vida, evitando los extremos.

Couste termina ligando al arcano de la templanza con el concepto alquimista del hermafrodita (hijo de Hermes y Afrodita); la andrógina, continúa, ha sido considerada desde tiempos antiguos como premonición feliz. Es una carta amable por lo mismo, aligerando la densidad del oráculo, reunión y equilibrio. El pasaje de lo espiritual a lo físico.

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Las alas del deseo/El cielo sobre Berlín (Wim Wenders,1987) está directamente ligada a la carta, por obvias razones y por otras no tan obvias. Un ángel (Bruno Ganz) que se ha dedicado a cuidar a la humanidad por todos los tiempos decide encarnarse para vivir la vida. Resulta interesante que la cinta fotográficamente se divide en ese blanco y negro y en un color saturado; es una propuesta muy expresiva para comunicar los planos de existencia, las dimensiones espirituales y materiales que están dibujadas en la carta por medio de los colores de los jarrones. Es el mundo espiritual junto al material, que se vierte para darle vida, para experimentarse. Porque, como dice Papus, el arcano representa la entrada del espíritu en la materia, perfectamente ilustrado en esta cinta. La individualización, la encarnación.   

Lo que queda del día (James Ivory, 1993), la adaptación de la novela de Kazuo Ishiguro, nos plantea un acercamiento delicado al arcano por medio de enaltecer estéticamente sus virtudes de moderación, paciencia, compatibilidad y simbiosis por medio de su protagonista, el señor Stevens (Anthony Hopkins), un mayordomo en una enorme mansión que tiene que lidiar con enamorarse de una nueva empleada, la señorita Kenton (Emma Thomson), más que por sus atributos físicos, por su forma de trabajar. Las emociones dirigidas magistralmente por un veterano Ivory van creciendo hasta llegar a un clímax que no existe en el mundo material.

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En la película Cocktail (Roger Donaldson, 1988), Brian Flanagan (Tom Cruise) es un espectacular bartender de esos que sólo había en los años 80, que prueba suerte en la isla de Jamaica. El arquetipo de la templanza inunda la pantalla, la manera como se vierten los líquidos de colores más allá de cualquier trama. El andrógino con ese tipo de casting que se hace en Hollywood y sobre todo se hacía en esos ayeres está muy presente. Es por medio de la encarnación del arcano, de manera inconsciente podemos pensar en la cabeza de los productores, que nos llegan las ideas más suaves de cómo vivir la vida y llevársela uno con calma para poder estar en una isla infinita de sensaciones placenteras.

templanza

Fuentes

Couste, A. El tarot o la máquina de imaginar.

Papus. El tarot de los bohemios.

http://lapuertadeltarot.blogspot.mx/2011/02/la-templanza-el-arte-de-encontrar-la.html

http://www.tarotvenus.com/arcano-mayor-la-templanza-del-tarot-wicca/

 

Twitter del autor: @psicanzuelo

También en Pijama Surf: Las 22 puertas del castillo-espejo: XIV La Muerte (la carta 13)

O cómo captar la vibración primigenia y entrar en ritmo con la creatividad cósmica y llevar una vida sana y próspera

Sabemos que en principio la creación es un patrón de vibraciones, que todo se está moviendo a ciertos ritmos dentro de un gran y único ritmo que los incluye a todos, esto es verdad en los sistemas solares en el espacio y es también verdad en los jardines de niños en la Tierra. Es parte de la vida que todo crece paso a paso mediante una octava de vibraciones.

Manly P. Hall

 

Los antiguos concibieron al tiempo esencialmente como un ritmo, un compás echado a andar por la causa primera del cosmos. Estar en armonía con este ritmo primigenio era la forma suprema de asegurar la salud, la felicidad y la virtud. En todas partes observaron este ritmo: en el movimiento de los astros, en las estaciones en la Tierra, en las mareas, en el crecimiento de las plantas, en el movimiento de los animales, en su respiración, en su corazón. Filósofos como Pitágoras o los antiguos sabios de la India fueron más lejos incluso y creyeron comprender que todas las cosas no son más que la expresión material de un ritmo, de un patrón, de un número que constituye su esencia. De aquella primera emanación que en Grecia fue llamada el Logos y que en la India conocen como Om, de aquel primer disparo de luz o sonido en el espacio se desdoblan todos los objetos y fenómenos que no son más que reverberaciones, ecos y reflejos de una energía creativa que todo lo permea.  

Los planetas y las estrellas son esencialmente organismos regidos por un ritmo y desde la Tierra estos ritmos pueden sintonizarse, como es el caso evidente de la Luna, la cual tiene claros efectos de sincronización con la menstruación y que desde tiempos inmemoriales ha sido usada también en la agricultura.

El ciclo solar de 24 horas en la Tierra, con el cual hemos evolucionado como planeta por 4 mil millones de años, es responsable de los ritmos circadianos. A través de la luz que recibimos, de su frecuencia, células fotoreceptoras envían información a la glándula pineal, donde la luz se transforma en importantes hormonas como la melatonina, la cuales intervienen en la regulación del sueño y el sistema inmune. En la glándula pineal se produce también el DMT (el poderoso psicodélico llamado la "molécula del espíritu"). Asimismo, en el hipotálamo, el núcleo supraquiasmático coordina diferentes ritmos corporales, sincronizando oscilaciones de diferentes sistemas, como una especie de  conductor de una orquesta de fases y ciclos hormonales, y el cual tiene como "combustible" la luz solar.  

El ciclo sinódico de Venus, sus movimientos en consonancia con la Tierra, forman un precioso pentagrama, también descrito como la rosa de Venus. 

Sobre la relación entre el cielo y el cuerpo humano o entre el marcocosmos y el micrcosmos, el presidente del Instituto mexicano daoísta para la salud, maestro de qi gong y monje daoísta, Hervé Louchouarn, señala en un ensayo sobre la sabiduría Quanzhen:

La evolución de la conciencia del ser humano a través del tiempo, sigue un movimiento cíclico similar al de una espiral; de acuerdo al lugar que ocupa en el espacio, recibiendo energías que hacen que su entorno reaccione, cambiando sus referencias y debilitando su esencia vital. Por la misma razón, su estado de animo, su evolución psíquica y todo su ser reaccionan a estos cambios que perturban su conciencia. Desde hace miles de años, muchas culturas han estudiado las reacciones del hombre ante los cambios de su entorno. Las sociedades antiguas relacionan los eventos cósmicos con las variaciones que ocurrieron en la Tierra. Respetaban e incluso adoraban a las estrellas, que dictaban las leyes de la naturaleza. 

Una de las formas en la que se puede vigilar cómo se imprime la energía del cosmos en el ser humano es fundamentalmente a través de la observación de la respiración. Son innumerables las culturas las que relacionan el aire o aliento con el espíritu o el alma (la etimología nos dice mucho en este aspecto: espíritu tiene la misma raíz que respiración) y los filósofos antiguos creyeron ver un movimiento universal en el proceso respiratorio, lo que los alquimistas llamaron el solve et coagula y que en el hinduismo se ha equiparado con el proceso de manifestación del universo (el manvantara o Día Brahma) y la reabsorción (el pralaya o noche de Brahma), un eterno ciclo en el cual el universo es emanado cuando la divinidad exhala y es destruido y reintegrado en el seno (o en el sueño) divino cuando inhala. Nos dice Roberto Calasso que el equivalente a la expiración y la inspiración puede observarse en todo los procesos del cosmos y en los actos humanos “[están implícitos] en unos pocos actos comunes a todos: el despertar, la respiración, el sueño, el coito”..."la alternancia de dos gestos: dispersar y recolectar", gestos que están presentes "inevitable e inmediatamente concebidos como la respiración, sístole y diástole, el solve et coagula de la alquimia". 

Es fácil observar que cuando hemos perdido nuestro ritmo, cuando nos hemos desfasado o cuando perdemos el control de nuestra mente, la respiración se altera, generalmente se hace rápida y poco profunda. Por ellos los antiguos textos budistas se refieren a la respiración como la correa o el lazo del elefante (o del toro, a veces varía la metáfora), con lo que se refieren a la mente que puede ser como un destructivo animal salvaje si no se logra controlar pero que es domesticado por el ritmo y la atención.

En el hinduismo se dice que la sílaba Om es el sonido de la creación y representa una forma de sintonizar la creatividad cósmica que ocurre en un perpetuo presente. En esta vibración, que es en cierta forma el principio de todas las vibraciones y que persiste en cada una de ellas, se revela el origen como presencia. En términos de Jean Gebser "un origen siempre presente", que es "la esencia que está detrás y que subyace a la conciencia". Y de hecho es imposible entrar en ritmo si uno no está en el presente, el ritmo no es algo que pueda hacerse conciencia más que como presencia. Lo cual nos remite al shivaísmo tántrico, donde se dice que el espacio es el aliento de Shiva y que el corazón es el latido de su tambor (la vibración microcósmica). Shiva es la la divinidad que encarna el arquetipo de la vibración, el primer yogi, representado con las serpientes y el tambor y cuya característica principal, su tattva es cit śakti, la conciencia, una "quietud dinámica". Es de notarse que la conciencia ha sido entendida por esta corriente tántrica esencialmente como una vibración difundida por todo el espacio, es decir todo es conciencia, todo es vibración.

Quizás nadie, al menos no en Occidente, entendió de manera tan integral la noción de que todas las cosas se mueven a un cierto ritmo y que la realidad en su constitución básica es número y vibración como Pitágoras. En su libro sobre el sabio de Samos, José Vasconcelos nos dice que la escuela pitagórica recordaba a su maestro con este juramento: "Juro por quien reveló a los hombres la tetrarquía sagrada [el tetraktys], la causa y la raíz del fluir perpetuo de la naturaleza". Es decir, del patrón numérico se produce el movimiento y el orden del cosmos en correspondencia armónica. El principio creativo se imprime en la masa informe o en el espacio a través del número, el cual es garante y depósito inextinguible de su arquetipo. Vasconcelos añade que "el universo entero" es "la obra multiforme de la energía", una energía que por supuesto oscila conforme a un patrón matemático y que quizás la mejor forma de visualizarla es como una onda. Aprendemos de Pitágoras que:

El universo infinito está compuesto de partes que se mueven según ritmos uniformes. Cada cuerpo, al vibrar en el espacio, emite un sonido, más o menos agudo, según las velocidades que lleva; la ley del movimiento en el cosmos es la misma que la de los sonidos en la escala musical. En el cielo, los astros son como notas de la octava; al girar en sus órbitas, producen un agrandado concierto.

Esto a algunos les podría parecer una interpretación demasiado holgada de los principios de la física, pero recordemos que Kepler descubrió las órbitas elípticas de los planetas justamente basándose en el concepto de la armonía de las esferas de Pitágoras. Platón, el más ilustre de los pitagóricos, nos dice en el mito de Er al final de La República que el cosmos está sujeto por la ley de la Necesidad, la diosa Ananké, a quien incluso los dioses se someten y quien teje con su huso la espira de las ocho esferas (los siete planetas y las estrellas fijas), las cuales hacen del destino una armonía:

En el centro de la luz vieron los extremos de las cadenas, extendidos desde el cielo; pues la luz era el cinturón del cielo, algo así como las sogas de las trirremes, y de este modo sujetaba la bóveda en rotación. Desde los extremos se extendía el huso de la Necesidad, a través de la cual giraban las esferas, […]. Y había tres mujeres sentadas en círculo a intervalos iguales, cada una en su trono; eran las Parcas, hijas de la Necesidad, vestidas de blanco y con guirnaldas en la cabeza, a saber, Láquesis, Cloto y Atropo, y cantaban en armonía con las sirenas: Láquesis las cosas pasadas, Cloto las presentes y Atropo las futuras. 

Platón, en el Timeo, nos dice que el alma humana es una fórmula matemática que refleja el mismo patrón que los astros y que todas las cosas están hechas de formas geométricas. Podemos entender el alma como un ritmo y la salud en su aspecto psicoespiritual como una armonía, una concordia entre nuestros actos y pensamientos y las leyes de la naturaleza. Nos dice el filósofo Manly P. Hall, a partir de sus lecturas de la medicina de Paracelso, que la enfermedad no es más que una falta de ritmo o rima con el flujo de la naturaleza, una desobediencia de la ley eterna de la cual el cosmos no es más que la aplicación visible. Hall sugiere que podemos utilizar las artes para entrar en ritmo con el cosmos y establecer un estado de salud integral:

La pintura al expresar las realidades cósmicas en color, proporción y dinámica, lleva un ministerio de exactitud matemática a nuestra alma... la gran música nos eleva a los principios armónicos que gobiernan todas las cosas.

La terapia exacta de la poesía yace en la combinación de la métrica y del significado; hay un significado peculiar a la métrica y una métrica peculiar al significado. Cuando éstos se unen se produce un efecto terapéutico, un mensaje mental emocional y psíquico... el resultado total de esto es la experiencia inmediata del estímulo de los valores de la conciencia.

Esta medicina artística parece operar a través de un efecto de retroalimentación de los ritmos naturales del alma humana que encuentra en la experiencia estética un liberador espejo. Así tenemos que los pitagóricos desarrollaron una medicina basada en el ritmo. Nos dice Jámblico en su biografía de Pitágoras:

Concibiendo que la primera atención que debía ser brindada a los hombres, es aquella que ocurre a través de los sentidos; como cuando uno percibe figuras y formas bellas, o escucha melodías y ritmos bellos, [Pitágoras] estableció que el primer conocimiento es aquel que subsiste a través de la música, y también a través de ciertos ritmos y melodías, con los que los remedios de varias conductas y pasiones humanas se obtienen, en conjunto con aquellas armonías de las facultades del alma que ya poseían. 

El médico, sacerdote y astrólogo Marsilio Ficino, el gran traductor de Platón en el Renacimiento, continuó la terapia musical pitagórica y concluyó que la música era de hecho un nutrimento esencial para el alma, de la misma forma que la comida lo es para el cuerpo. Ficino, en su sistema de correspondencias, estableció que todos los sonidos, colores o tonos tienen una cierta ascendencia y pueden utilizarse para tratar males particulares: una música solar o jovial puede tratar la depresión, por ejemplo, pero también una imagen o un olor pueden hacerlo, por el mecanismo unitario de este ritmo o tono que produce un mismo efecto por diferentes medios y lleva al alma a una armonía. Así un girasol no es más que la vibración del Sol coagulado, en la forma, el color y en la esencia de una flor está el "espíritu" de la estrella.

 

Twitter del autor: @alepholo