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Inauguramos una serie de artículos en los que se emprenderá un acercamiento práctico a la espiritualidad, apoyado en sistemas tradicionales de percepción y purificación

El instinto natural de asombro ante el misterio de lo que es lleva a la filosofía. El ser humano en el más básico ejercicio de sus facultades intelectuales se hace las grandes preguntas: "¿para qué estamos aquí?", "¿de dónde venimos"?, "¿a dónde vamos?". Cada cultura produce sus propias respuestas a estas preguntas y en menor o mayor medida el individuo asimila estas respuestas como parte de su pensamiento y de su marco de lo real. Sin embargo, en muchas ocasiones, para el individuo que tiene una vocación más definida hacia la filosofía, las respuestas que proveen las instituciones y las diversas tradiciones no son satisfactorias. Entonces el individuo ejerce ese principio esencial de la filosofía que encarnó de manera tan desenvuelta en Sócrates y se permite cuestionar a las autoridades que establecen los límites del conocimiento y se aventura a pensar por sí mismo. Ese pensar por sí mismo lo puede llevar a nuevas regiones del conocimiento o regresar a las mismas u otras fuentes de conocimiento que han sido reemplazadas, ocultadas o desprestigiadas, pero necesariamente lo lleva por un camino en el que el conocimiento ya no podrá ser algo que meramente se acepta por haberse leído o escuchado y es tomado como cierto por provenir de esta u otra autoridad. El conocimiento se convierte en entendimiento y en sabiduría solamente cuando es experimentado, cuando se vive y percibe de manera directa. El alquimista suizo Paracelso escribió: "Aquel que quiera estudiar el libro de la Naturaleza deberá caminar sus páginas con sus pies", a lo que Manly P. Hall agrega: "quien quiera conocer la doctrina deberá vivir la vida". Si nace el anhelo genuino en el alma de una persona de conocer los misterios de la existencia, de experimentar esas visiones divinas de los santos y místicos, esos estados de paz y alegría suprema de los bodhisattvas y arhats, o incluso de tener la certidumbre de que los modelos del universo que describe la física se ajustan a la realidad, no hay otra forma que emprender el camino, y probar el néctar de la sabiduría por cuenta propia. Por más que alguien nos describa el sabor de la miel, la única forma de conocer realmente a qué sabe la miel es probándola.  

En la tradición theravada del budismo, dentro del canón pali, la lengua que hablaba Gautama Buda, se dice que existen tres tipos de conocimiento: el primero es suta-maya panna, esto es la sabiduría que se obtiene escuchando o leyendo las palabras de los demás. La segunda es cinta-maya panna, ligada al conocimiento intelectual, en su faceta analítica y contemplativa, conocimiento lógico y racional. Estas dos formas de conocimiento son prácticamente inútiles y permanecen como "sabiduría prestada" si no se cultiva una tercera forma: Bhavana-maya panna, esto es conocimiento en forma experiencial. "Esta sabiduría se manifiesta dentro de nosotros, basada en nuestra propia experiencia de las sensaciones de nuestro cuerpo", dice el maestro de vipassana S. N. Goenka. "Esta sabiduría está basada en la experiencia directa, y por lo tanto es realmente benéfica. Para practicar bhavana-maya panna, es esencial practicar sila (moral) y desarrollar la forma correcta de samadhi (concentración). Sólo la mente establecida en la forma correcta de samadhi puede entender y darse cuenta de la verdad como es (yatha-bhuta nasa dassana)".

Bajo esta motivación de profundizar en la práctica, de compartir técnicas y de regresar a los grandes filósofos y místicos que han priorizado la disciplina interior (de la mano de la conducta moral) y nos han legado sistemas para que nosotros mismos experimentemos los estados de conciencia que tanto admiramos en ellos, surge esta serie de Ejercicios de percepción espiritual. Tomando de diversas tradiciones como el budismo, el taoísmo, la alquimia, la antroposofía, la cábala y otras más y autores y pensadores como Pitágoras, Buda, René Schwaller de Lubicz, Rudolf Steiner, Manly P. Hall, etc., expondremos aquí reputados ejercicios de percepción espiritual a la manera de una praxis filosófica, de una actividad gnóstica. La serie nace de dos realizaciones esenciales, la primera: que uno no puede seguir leyendo sobre filosofía, religión y espiritualidad sin en algún momento voltear la mirada hacia sí mismo y empezar a trabajar el propio instrumento con el que se conoce y accede a la realidad de la cual las palabra son sólo una representación. La más mínima honestidad intelectual, al acercarnos a asuntos de metafísica y hermetismo, requiere que realicemos una práctica interna para poder evaluar de manera justa y capaz el tipo de conocimiento hacia el cual nos dirigimos. La segunda, vinculada a la primera, es que al estudiar las diversas tradiciones místicas uno encuentra que la mayoría de los sistemas esotéricos pueden ser descritos como sistemas prácticos de desarrollo o purificación de la mente o de la percepción. Para todas las religiones en su aspecto esotérico y para todas las filosofías que se precian de ser más que gimnasias verbales y buscan transformar a los individuos, la depuración de la percepción es clave. A diferencia de la poca importancia que la ciencia moderna deposita en esto, las antiguas tradiciones religiosas y filosóficas consideraban que para alcanzar a decodificar y entender la realidad era necesario trabajar el propio instrumento con el cual apercibimos el mundo. La percepción, decimos entonces aquí, es aquello que integra y vincula en un sentido práctico las diferentes tradiciones espirituales. Y es que en un sentido muy burdo, sólo percibimos el aspecto material de las cosas, aunque creemos saber que existe un aspecto espiritual. Esto es, sólo creemos en el espíritu o en lo espiritual. Pero, como afirmo categóricamente Carl Jung en su entrevista final con la BBC, es posible ir más allá, de creer a saber. Para ello no hay atajo, es necesario trabajar constantemente nuestra percepción.

Diversas tradiciones místicas coinciden en que existe una forma de inteligir la realidad que va más allá del poder racional del cerebro, que mueve su centro de percepción al corazón, a la glándula pineal o algún otro centro más sutil, encontrando un ojo interno u ojo espiritual. Platón escribió que la verdadera educación consistía en aprender a abrir el ojo de la mente, con el cual se podía percibir el mundo de las Formas, el mundo celeste del cual nuestro mundo es una sombra. Para la tradición mística iraní recuperada por Henry Corbin existe un "ojo del corazón", vinculado con la percepción espiritual y con la imaginación (la imaginación es el órgano de percepción que sintoniza la realidad espiritual, según la tradición sufí). Para el místico Ibn Arabi, el ojo del corazón revela el potencial espiritual de la realidad, una fisiología sutil y produce visiones de las formas divinas. Podemos incluir al cristianismo e incluso al budismo --donde el corazón simboliza el trono de loto de Buda-- entre las diversas tradiciones que consideran que el corazón es una especie de santuario en el que la semilla espiritual se cultiva en el cuerpo. 

El filósofo y alquimista Schwaller de Lubicz entendió que los sacerdotes del antiguo Egipto habían desarrollado una metafísica de la percepción ligada a la "inteligencia del corazón". Esta inteligencia permite al sujeto percipiente entrar en un estado de identidad con lo que se percibe, disolver la frontera de la separación y la ilusión de la dualidad y conocer por interpenetración un plano de unidad esencial y abstracción metafísica, el cual se simboliza como la realidad múltiple del mundo de las apariencias. La inteligencia del corazón "resulta de la fusión por identidad de la naturaleza de la causa cósmica, contenida en su materialización, con esta misma causa en nosotros". Es decir con la inteligencia del corazón accedemos a la inteligencia del cosmos. De Lubicz incluso entendió que la alquimia no era más que una metafísica de la percepción, y la labor del adepto era purificar y entrenar su percepción para notar que "el universo no es más que conciencia, y a través de sus apariencias no presenta más que una evolución de la conciencia, de su origen a su fin, el fin siendo únicamente el regreso a la causa". Así nuestra percepción es una forma de "autopercepción", el instrumento a través del cual el universo se conoce a sí mismo. Nuestro cuerpo es el crisol del alquimista en el cual la conciencia o el espíritu se vehicula para regresar a su causa con el componente añadido de la conciencia de la experiencia.

Dice en el capítulo 64 del Tao Te King que "un viaje de mil kilómetros empieza con un paso" y que un "gigantesco pino inicia con una pequeña semilla". Una percepción diáfana de la realidad, capaz de acceder a lo más sutil y de dominar las agitaciones de la mente, empieza con un simple ejercicio, con constancia y determinación. No es necesario ni deseable ver a Dios o acceder a los cielos de los bodhisattvas en una sentada, con sólo tranquilizarnos un poco, inspirarnos, tener una mirada un poco más clara, estaremos ya encaminados hacia ir más allá de lo aparente, hacia ese centro secreto y ubicuo, eterno e interno. Coinciden los cabalistas y los científicos, en un universo infinito como el nuestro, el centro está en todas partes y la circunferencia en ninguno. Ese punto ubicuo de luz, fuente de toda iluminación, sabiduría pura, el aleph-omphalos, será eventualmente percibido. 

En la primera entrega de esta serie, exploraramos la recapitulación pitagórica, una meditación para realizar todas las noches antes de dormir, purificar la mente y rectificar la conducta.

Ejercicios de Percepción Espiritual 1: la recapitulación pitagógrica

Ejercicios de Percepción Espiritual 2: el ejercicio budista de recordar que "esto es un sueño"

Ejercicios de Percepción Espiritual 3: ¿Puedes percibir una espiral esférica?

Ejercicios de Percepción Espiritual 4: Un sueño lúcido para percibir el ritmo primordial del cosmos

Twitter del autor: @alepholo

Imagen: Martina Hoffmann "The Muse of Conscious Awakening"

Pocos términos han sido tan confundidos en Occidente como el término "tantra", la más alta y secreta tradición de vincularse con lo divino que existe en Oriente

Pocos términos son usados de manera tan vaga en la espiritualidad occidental como "tantra". Parece que llamar a algo tántrico --como "sexo tántrico"-- inmediatamente lo hace más atractivo y misterioso, como dotándolo de un difuso poder esotérico. Sobra decir que existe gran confusión y cierto libertinaje en la utilización de esta palabra sánscrita. Primeramente hay que decir que el tantra es en realidad los tantras y que estos textos y las filosofías religiosas que se derivan de ellos son vastas y ciertamente inabarcables para los límites de este artículo. Sin embargo, intentaremos hacer aquí algunas aclaraciones y acercarnos a una noción básica de lo que significa esta palabra y los tipos de textos que son llamados tantras, particularmente en el hinduismo y en el budismo tibetano, basándonos en fuentes académicas y en algunos "maestros tántricos" cuyos textos han sido traducidos mayormente al inglés. 

Algunos autores consideran que el tantra como una categoría unitaria con marcos establecidos es probablemente una invención occidental, lo cual no significa que el tantrismo no sea esencial en las religiones asiáticas y quizás, de hecho, el pináculo del misticismo oriental, en tanto que refiere a una experiencia personal de lo divino y no sólo a un estudio intelectual --filosófico o teológico-- de las escrituras. "Hay aquellos que argumentan que el 'tantrismo' es una categoría occidental impuesta sobre las tradiciones asiáticas de la misma manera que el término hinduismo fue aplicado hace algunos siglos a una variopinta constelación de prácticas y creencias religiosas encontradas en el subcontinente indio", dice el académico de Princeton David Gordon White. 

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El yabyum del Buda primordial Samantabhadra y su consorte

En su sentido más simple, dentro del budismo, los tantras son textos que, al igual que los sutras, recogen las enseñanzas del Buda o de otros bodhisattvas (en el caso del budismo mahayana); los tantras representan prácticas más avanzadas que los sutras. El erudito del budismo Alexander Berzin dice que la palabra "tantra" significa "la urdimbre de un tejido o los hilos de una trenza... la práctica del tantra sirve como estructura para entrelazar los temas de los sutras y tejer un tapiz de iluminación". Añade que "la raíz de la palabra tantra significa alargar o continuar sin ruptura". Entendemos que estos textos entonces son la continuidad de la tradición de una transmisión, esto es, el mensaje y los secretos para obtener la liberación y transformar el conocimiento en sabiduría vivencial. El traductor de textos tibetanos Herbert V. Guenther señala que los tantras van más allá de la filosofía como la entendemos actualmente --esto es, mera intelectualidad, "son una experiencia de vida y por ello la fundación de muchas filosofías" y "los tantras pueden ser un correctivo necesario a esta unilateralidad del razonamiento filosófico... intentan restaurar al hombre y asimilar la vida en su totalidad". Guenther, quien quizás fue el más grande experto académico occidental en los tantras del Dzogchen, señala que el tantra es la búsqueda de la indestructible (vajra) en el hombre. En el caso del budismo la transmisión de la que hablábamos son las enseñanzas esotéricas de Buda, a veces llamadas el cuarto giro de la rueda del Dharma, y las cuales podemos encontrar en textos como el Kala Chakra Tantra así como también transmisiones del Ati Buda (o Buda Primordial), las cuales son reveladas por grandes maestros del budismo tibetano como Padmasambhava, entre otros. En el caso de los tantras del mal usado término "hinduismo", los cuales son mayormente parte del shivaísmo y del shaktismo, algunos creen que podrían tener orígenes prevédicos y sin embargo los textos tántricos como tales datan de entre el siglo VIII y X y son revelaciones de la pareja divina de Shiva y Shakti que reciben los sadhakus (los practicantes).  

Chögyam Trungpa, el controversial maestro que abrió las puertas al budismo tibetano en Estados Unidos, dice en su libro Spiritual Materalism:

Tantra significa continuidad. Es como el hilo que engarza las cuentas de un rosario. El hilo es el camino. Las cuentas son el trabajo de la práctica tántrica: eso es, los cinco skandhas o cinco constituyentes del ego, como también el potencial primordial del Buda interior, la inteligencia primordial... La meta de la práctica tántrica es transmutar el ego para que la inteligencia primordial pueda brillar a través de las cosas. 

Trungpa enfatiza que el tantra supera a la mera comprensión de la filosofía, fundamentalmente de la vacuidad, ya que es capaz de entender la realidad no sólo como vacuidad, sino como vacuidad luminosa, es decir alcanza a percibir ya no los conceptos sino la energía de las cosas. "La enseñanza básica del Tantra tiene que ver con trabajar con la energía. La energía es descrita en el Kriyayoha Tantra de Vajramala como 'aquello que reside en el corazón de todos los seres, simplicidad autoexistente, aquello que sostiene a la sabiduría'". 

El francés André Padoux, uno de los grandes expertos en el tantrismo en Occidente, señala que el aspecto doctrinal del tantra es:

un intento de colocar a kama, el deseo, en toda la extensión de la palabra, al servicio de la liberación... no sacrificar este mundo en favor de la liberación, sino reinstalarlo de diversas formas dentro de la perspectiva de la salvación. Este uso del kama y de todos los aspectos del mundo para ganar gozo (bhukti) mundano como supernatural, poderes (siddhis), y obtener la liberación en esta vida (jivanmukti), implica  una particular actitud de parte del adepto en torno al cosmos, en la que se siente integrado dentro de un sistema omnipenetrante de relaciones micro-macrocósmicas. 

Esta es, por supuesto, una definición de un tantra más cercano a la concepción hinduista, aunque comparte elementos con el tantra budista. David Gordon White, en su libro Tantra in Practice, esboza una definición del tantra en la que sugiere que este acercamiento místico en su aspecto práctico "es un esfuerzo para lograr acceder y apropiarse de la energía de la conciencia iluminada de la divinidad absoluta que permea el universo, brindando a las criaturas vida y potencial de salvación". El cuerpo de creencias tántricas parte del principio de que "el universo que experimentamos no es más que la manifestación concreta de la energía de la deidad que crea y mantiene el universo" y busca "apropiarse ritualmente y canalizar esta energía, dentro del microcosmos humano, de formas creativas y emancipadoras". Gordon White nos dice que está definición tendría sus variaciones en el caso del tantra budista en el que quizás "se reemplazaría 'energía' por 'enseñanza' o 'conciencia iluminada"'. Igualmente también se reemplazaría la deidad creadora con la vacuidad en su indivisibilidad de la conciencia primordial.

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La unión de Shiva y Shakti, la conciencia y la energía

Acercándonos también a la propia concepción del tantra del budismo tibetano, la cultura religiosa que es, por naturaleza y fundación, tántrica, es oportuno citar la introducción de Elio Guarisco al texto del enciclopédico Jamgon Kongtrul, Systems of Buddhist Tantra. El traductor nos dice que:

la continuidad a la cual se refiere la palabra tantra significa que la cognitividad [awareness en inglés, rigpa en tibetano], que es la esencia del ser, siempre está presente, porque no es una cosa, no es creada, destruida o sujeta a la variación... Tantra como continuidad, o contínuum (rgyud) se refiere a la ininterrumpida presencia de la naturaleza original, o estado, de cada individuo.

Este estado es la mente en su naturaleza pura y perfecta, intocada por las vicisitudes del tiempo y la experiencia, libre de la dualidad entre "el que conoce y lo que conoce, esta mente no es diferente de la realidad que percibe". Guarisco, siguiendo a Kongtrul, añade algo importante: tantra no significa el resultado de un logro o mérito, "sino la condición primordial en sí misma". Es por ello, nos dice, que es inalienable, ya que permanece siempre igual, "sin modificarse por la existencia condicionada"; la diferencia estriba en que sea o no reconocida. Esto sugiere que los textos y las prácticas tántricas, al menos en el budismo dzogchen, están orientados no a que el practicante vaya creciendo y superando una serie de niveles y acumule logros espirituales, sino simplemente a reconocer lo que ya es, es decir es más un des-cubrir y un relajarse hacia que un hacer y luchar. El tantra entonces es una doctrina del reconocimiento de la realidad prístina, que, tanto en el budismo tibetano como en el shivaísmo, es considerada luz pura, no dual, todo-consciente y autosurgida. De aquí que podamos decir que la experiencia tántrica es el reconocimiento de la unidad entre los fenómenos que surgen y el espacio o fundación de los que surgen, unidad de la luz con la conciencia y el espacio. Suprema integración de la creatividad cósmica como despliegue de la unidad que es conciencia absoluta de sí misma. En el Hevajra Tantra se dice: "Todos los seres son budas" y "no hay un ser que no esté iluminado si tan sólo conoce su propia naturaleza". 

Por último, para concluir esta primera parte, debemos hacer referencia a la relación entre tantra y mantra, términos que en ocasiones pueden usarse de manera correcta como sinónimos, aunque sin embargo, en su vastedad connotativa, tienen notables diferencias. Jamgon Kongtrul, el gran compilador de la sabiduría tibetana que vivió en el siglo XIX, explica en el texto que ha sido traducido al inglés como The Treasury of Knowledge

El tantra tiene muchos nombres. Es llamado "el mantra de la colección de las enseñanzas" y "el camino del mantra" ya que rinde poderes por el uso de mantras y mudras; y, también, la colección de enseñanzas del portador de la conciencia" [rigpa, awareness], ya que la deidad, el mantra y la conciencia prístina de la gran dicha tienen todos [la naturaleza de] conciencia, y por estos profundos medios la conciencia es alcanzada. Según otra perspectiva, el tantra es el "camino del portador de la conciencia" porque la colección de prácticas mántricas lleva a conseguir el estado de portador-de-la-conciencia en esta misma vida; y es llamado el "camino indestructible" [vajrayana] ya que los tres estados indestructibles [de cuerpo, palabra y mente despierta] son actualizados a través del indestructible camino de la indivisibilidad entre método y sabiduría. 

Debemos recordar que el término mantra es también mucho más vasto que lo que popularmente se entiende, no es sólo la repetición de sonidos con fines de devoción o éxtasis religioso. Mantra proviene de la raíz sánscrita man (pensar), misma de la cual se deriva manas (mente) y Manu (el primer hombre); el sufijo tra significa "instrumento o medio"; mantra es entonces el instrumento que transmite la mente o lo mental  y tiene también la acepción de ser una "sílaba numinosa" o un instrumento para transmitir o sintonizar energía (esto bajo la creencia de que la esencia de las deidades podía cifrarse o imprimirse en una vibración, en una sílaba que es semilla de la deidad). Así que podemos llegar a otra definición un tanto simple: tantra es la forma en la que se transmite mantra, es decir la mente en su aspecto de conciencia primordial. Los textos y las prácticas tántricas son los instrumentos de las irradiaciones de la mente primordial. 

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Cuerpo arcoíris de la disolución en luz pura

En los siguientes artículos de esta serie hablaremos del origen de los textos tántricos --los cuales tienen toda una serie de leyendas asociadas y su propia geografía fantástica, las prácticas más específicas del tantrismo y de la cosmovisión tántrica en la que el cuerpo humano se convierte en el microcosmos, ya no sólo como una imagen de la divinidad sino como un centro de recepción y canalización de la energía cósmica. Hablaremos también sobre el "sexo tántrico", término tan abusado que sugiere en la mente popular que el tantra es solamente una serie de complicadas prácticas sexuales generalmente ligadas a la espiritualidad y mayormente secretas. Diremos aquí solamente que el tantra sí tiene una importante dimensión sexual, la cual podemos apreciar en la iconografía que muestra la unión de Shiva y Shakti, o de los diferentes yidams  en el budismo tántrico. Existen numerosas prácticas de yoga o alquimia interna las cuales remiten a la unión y transmutación de la energía femenina (visualizada como una esencia roja, ubicada debajo del ombligo) y masculina (una esencia blanca ubicada en la corona), un derretimiento de las esencias en el canal central que llega a ser una anulación de la dualidad en un fresco y luminoso goce. Una conjunción de los opuestos que también simboliza la unión del método (lo masculino) con la sabiduría (lo femenino) (lo cual es representado en la posición de unión indisociable del yab-yum). Sin embargo, aunque ciertamente existen diversas escuelas que practican lo que podríamos llamar una alquimia sexual, algunos estudiosos consideran que la práctica sexual (karmammudra en el budismo) no es indispensable y de hecho en algunos casos la unión sexual entre el practicante y su consorte ocurre en un plano mental o en una dimensión sutil.  

 

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