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El contundente argumento de Franz Kafka para reconocer los libros que vale la pena leer

Libros

Por: pijamasurf - 04/25/2016

Son tantos los libros y tan poca la vida que podemos destinar a leerlos; ¿por qué no discriminar entonces? ¿Pero cómo hacerlo? Un joven Franz Kafka nos legó este rasgo distintivo de los libros que se vuelven fundamentales para nuestra existencia

Comencemos con una verdad que no por obvia es menos frustrante: hay más libros que vida. Por más que nos dedicáramos enteramente a leer –y de verdad no hiciéramos más que eso– quedarían en el estante cientos y aun miles de libros pendientes, intactos, alejados ya por siempre de nuestras manos y nuestro entendimiento. Y aun en una vida normal, una vida común y corriente en la que además de leer trabajamos, vamos al cine o vemos la televisión, escuchamos música, pasamos tiempo con amigos y familiares, dormimos, jugamos con nuestra mascota, comemos, nos duchamos y un apretado etcétera que involucra otra decena de nimias actividades cotidianas en las que se incluye la lectura, ¿cuántos títulos hay en nuestra lista de los que quisiéramos leer pero no les hemos encontrado tiempo aún? ¿Cuántos y cuáles se quedarán en esa compilación de postergados?

Muchos, seguramente. pero eso no tendría por qué hacernos sentir mal, al menos por una razón poderosa: la lectura no es acumulación. A contracorriente del modelo económico en el que vivimos, la lectura no adquiere valor por un número o estadística que pueda cuantificarse sino más bien por las cualidades subjetivas que quedan depositadas ahí por el autor y que, en el momento de la experiencia literaria, en ese instante de comunión entre lector y escritor, vuelven a latir como algo vivo, capaz de tender un puente que enlaza al lector con su propia subjetividad y también con la subjetividad de su época. En una entrada reciente compartimos el testimonio del premio Nobel Orhan Pamuk al leer por vez primera a Dostoievski, justo en este sentido: “Era como si Dostoievski me susurrara al oído cosas privadas sobre la humanidad y la vida que nadie más sabía”.

En esta ocasión recuperamos un breve párrafo de Franz Kafka que bien podrá servirnos como brújula en ese mar de libros que llamamos cultura, un discriminador para saber elegir los libros que vale la pena leer –por más que esto suene ligeramente despectivo. ¿Pero podría ser de otro modo? Por un lado, leer es emplear tiempo en ello, ¿y no se dice que el tiempo perdido no puede recuperarse? ¿No tendríamos que saber cómo dar el mejor uso posible a ese recurso no renovable que llamamos tiempo de vida?

Kafka, con la lucidez que tuvo para la literatura, escribió a los 23 años una carta a su amigo Oskar Pollak en la que incluyó un argumento irrebatible para reconocer, en el acto mismo de la lectura, los libros que de verdad es necesario leer por el simple hecho de que se convertirán en momentos decisivos de nuestra propia biografía, tocarán nuestro ánimo y acaso los cimientos mismos de nuestra subjetividad hasta perturbarlos y conmoverlos. Los libros que debemos leer, nos dice Kafka, son aquellos capaces de transformar nuestra visión del mundo. Y quizá, si todos leyéramos un par de esos a lo largo de nuestra vida, sería más que suficiente.

A continuación el párrafo de Kafka.

Si el libro que leemos no nos despierta como un puño que nos golpeara en el cráneo, ¿para qué lo leemos? ¿Para que nos haga felices? Dios mío, también seríamos felices si no tuviéramos libros, y podríamos, si fuera necesario, escribir nosotros mismos los libros que nos hagan felices. Pero lo que debemos temer son esos libros que se precipitan sobre nosotros como la mala suerte y que nos perturban profundamente, como la muerte de alguien a quien amamos más que a nosotros mismos, como el suicidio. Un libro debe ser como un pico de hielo que rompa el mar congelado que tenemos dentro.

Franz Kafka a Oskar Pollak, 1904

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¿La burbuja de los libros electrónicos? Libros físicos al alza

Libros

Por: pijamasurf - 04/25/2016

La tendencia en el mundo editorial se ha revertido y se revalúan los libros físicos en contraste con los libros digitales

Un artículo en The Guardian se pregunta si los libros digitales han llegado ya a su pico. Hace unos años se pensaba que la lectura con un soporte electrónico tarde o temprano desplazaría a los libros físicos y por un momento las ventas de Kindle en Amazon superaban las de los libros tradicionales. Las ventas de Kindle han caído desde 2011 y empresas como Sony han descontinuado sus lectores electrónicos.

Según datos de la organización británica Publishers Association el año pasado la venta de contenido digital bajó de 563 millones de libras esterlinas a 554 millones, mientras que los libros de papel subieron de 2.74 mil millones de libras esterlinas a 2.76 mil millones. Una tendencia similar fue observada en Estados Unidos. El año pasado, compañías como Penguin Random House y Harper Collins hicieron importantes inversiones para incrementar su capacidad de almacenar y distribuir libros físicos. Amazon acaba de abrir su primera librería. El tecnoencandilamiento propio de lo novedoso de la literatura digital parece estarse enfriando, si bien algunos lectores utilizan los dos formatos: los libros electrónicos para economizar pero manteniendo la lectura de libros físicos como su clara preferencia. 

La razón principal tiene que ver por supuesto con que la experiencia de lectura de un libro de papel no se compara con la que han logrado hasta el momento los lectores digitales. La experiencia de la lectura digital tiene un menor nivel de sensación y por lo tanto provoca menos placer y menos "realidad". El libro se convierte en un lugar, y así va albergando memorias y relaciones en un espacio físico que produce toda una atmósfera mental particular; el espacio digital, al no estar ligado a un cuerpo físico y a unas coordenadas espaciales definidas, no logra crear esta sensación que es una forma de afecto y unicidad.

Antes ya se había declarado la muerte de los libros con la llegada de nuevas tecnologías como la radio, pero los libros han probado tener una gran resiliencia; adamantinos, son verdaderas joyas de la mente vuelta objeto.