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Sobre la prodigiosa imaginación de Mozart y las ideas de la música en el alma

Arte

Por: pijamasurf - 04/25/2016

¿La imaginación puede acceder a mundos reales más sutiles, que se encuentran velados para la percepción ordinaria?

Mozart es el músico que más asociamos con el prodigio, con una genialidad que se antoja divina. Esto se debe a su temprano despunte musical (como una especie de ángel travieso que se escapara del cielo y tuviera todavía la memoria fresca) pero también a la manera en la que componía, como poseído por la musa de la inspiración. Sus biógrafos recuperan esta faceta de Mozart, que nos hace pensar que utilizaba su imaginación como un órgano de percepción, algo que han sostenido místicos de todas las eras e incluso algunos científicos como Einstein. "Nunca iba al teclado cuando estaba componiendo. En el momento justo de su concepción, toda la obra se le revelaba, clara como un organismo viviente, en su imaginación", escribe Franz Xaver Niemetschek. El biógrafo de Mozart agrega:

Mozart escribió todo con una facilidad y rapidez que en primera instancia podría aparecer como descuido o premura; y cuando escribía llegaba al klavier. Su imaginación le presentaba el trabajo en su totalidad... En el quieto reposo de la noche, cuando ningún obstáculo pendía sobre su alma, el poder de su imaginación se hacía incandescente con la actividad más animada, y se desdoblaba con toda la riqueza de tono que la naturaleza había colocado en su espíritu... Sólo la persona que escuchaba a Mozart en dichos momentos sabe la profundidad de su genio musical: libre e independiente de toda cuita, su espíritu podía surcar en atrevidos vuelos las regiones más altas del arte.

Niemetschek primero escribió su biografía de Mozart en 1798, para la cual contó con los documentos de la viuda de Mozart, Constanza, se convirtió en la figura paterna de sus hijos y sostuvo haber tenido una íntima relación con el músico nacido en Salzburgo (aunque algunos dudan de esto). Su biografía representa un testimonio de primera mano de la vida del compositor, más allá de que pueda poetizar (¿quién, que no sea insensible a la vida, no poetiza al encontrarse con la música de Mozart?). 

Otro biógrafo, Hermann Albert, señala que "la imaginación de Mozart continuaba inventando nuevos colores tonales, y sin embargo es aquí que existen menos cambios subsecuentes. En general, sus ideas musicales ya estaban asociadas con una particular sonoridad en el momento exacto de su creación". 

La legendaria imaginación de Mozart sugiere una percepción de la música de manera similar a la que algunos matemáticos dicen descubrir ecuaciones en la naturaleza (más que invenciones o elucubraciones, percepciones de realidades profundas). Es como si la imaginación pudiera viajar a una región etérea donde por afinidad entre el alma y las ideas se hiciera una transmisión, la cual luego vierte en su composición. Tenemos aquí un atisbo de lo que podría ser una "creatividad platónica", bajo la noción avanzada por Platón de que las ideas existen como arquetipos más allá del tiempo y del cerebro humano. Igualmente la idea platónica de origen pitagórico de que el alma es un patrón matemático, una forma de ritmo y armonía configurada en consonancia con el cosmos. Mozart parece liberar en su actividad creativa esta música con la que estaba infundida su alma, una música que parecía reflejar la que ya existe en el mundo y que es perceptible justamente por la libertad de su imaginación, que en su vuelo celeste nocturno teje una simpatía y se hace un receptáculo de los tonos e ideas musicales que, conjeturamos aquí, reflejan el orden y la energía que existen en la naturaleza.

Estas 9 piezas contagiarán cualquier momento de tu vida con la profundidad y trascendencia de su espíritu

En cierto momento de su The Pervert’s Guide to Cinema, Slavoj Zizek dice que “con la música nunca se puede estar seguro”, pues “en la medida en que externaliza nuestras pasiones más profundas, la música es siempre una amenaza”.

La mejor forma de explicar esta afirmación de Zizek es con un ejercicio de evocación que seguramente muchos de nosotros podemos hacer. Basta pensar en esas ocasiones en que una obra musical nos ha hecho sentir de determinada manera, aparentemente sin un motivo explícito. Música que nos hace llorar, otra que nos hace felices, otra más que nos hace recordar. Siempre sin un motivo aparente. Esa es la amenaza a la que apunta Zizek: la capacidad de la música por llevarnos a lo que de verdad sentimos pero que a veces fingimos ignorar, marginamos, hacemos como que no lo vemos. Pasamos mucho de nuestro tiempo apartándonos de algo que nos duele o nos alegra o nos entristece y bastan algunos cuantos acordes, algunas notas, para tenerlo de nuevo ante nosotros, absoluto, soberano, en toda su forma.

Para este post reunimos nueve piezas del repertorio clásico que, creemos, son capaces de convertir cualquier episodio de nuestra vida en un momento épico (dicho laxamente), un instante que de pronto, imprevisiblemente, adquiera un grado de trascendencia que antes parecía no tener, como si acciones tan cotidianas como ir en el transporte público o preparar la cena fueran momentos cruciales en nuestra existencia cotidiana –como, en efecto, lo son: todos los instantes lo son.

 

Wagner: Preludio y “Liebestod” de Tristán und Isolde

Un par de piezas que, sobre todo, enternecen. El mundo se transforma violenta pero plácidamente cuando a su suceder imparable, múltiple, se superpone la música de Wagner. Aun lo más mínimo, aun lo más trivial, aparece entonces recubierto por la pátina del hecho estético, que ocurre sin más, en el corazón mismo de la vida.

 

Schönberg: Verklärte Nacht

La Noche transfigurada de Arnold Schönberg es una pieza quizá fuera de lo que estamos habituados a escuchar pero que, anímicamente, está dominada por el misterio, el enigma. Escucharla puede hacernos sentir como si transitáramos por un callejón oscuro en el que cualquier cosa podría suceder.

 

Beethoven: Sinfonía No. 3 “Eroica”

Al comentar el inicio de la 3ª Sinfonía de Beethoven en The Infinite Variety of Music, Leonard Bernstein dice del inicio de la composición que esos dos primeros acordes que se escuchan son “meramente decorativos, pues no son estrictamente temáticos; pero una decoración más en el orden de dos poderosos pilares en la entrada de un gran templo”. Una pieza heroica para dar heroísmo a los hechos de nuestra vida diaria.

 

Mahler: Sinfonía No. 1 “Titán”. II: Kräftig bewegt, doch nicht zu schnell

El segundo movimiento de la Sinfonía Titán de Mahler tiene una épica singular, mezcla de folclore y romanticismo tardío, perfecta para ciertas caminatas y paseos.

 

Smetana: Vltava

El famoso poema sinfónico de Bedřich Smetana tiene a favor cierto aire grandilocuente que puede llegar a contagiarse a casi cualquier acción que emprendamos.

 

Beethoven: Obertura de Coriolan

Una pieza que por su origen –adaptación de una obra dramática en torno a Cayo Marcio Coriolano, general romano que pasó a la leyenda por su liderazgo increíble– infunde valor y coraje, haciendo que cosas como cruzar una calle o prepararse el café de la mañana sean hazañas verdaderamente intrépidas.

 

Shostakovich: Sinfonía No. 8

Una pieza extensa que cubre un abanico amplio de emociones, de la nostalgia a la osadía. Por lo mismo, puede convertirse en la guía que nos conduzca por una travesía inesperada a zonas ignoradas de nuestro ser mientras, paralelamente, hacemos lo que hacemos todos los días.

 

Mahler: Sinfonía No 5. IV: Adagietto. Sehr langsam

Sin duda una de las piezas sinfónicas más bellas en la historia de la música, capaz de convertir cualquier instante en una especie de refugio inviolable, un punto del espacio-tiempo donde nada puede ocurrir ni suceder salvo la música misma y los efectos que causa sobre quien la escucha.

 

Twitter del autor: @juanpablocahz

 

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