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La abstención de animales como fuente alimenticia tiene una larga historia en Occidente

Aunque muchos asocian el vegetarianismo con las religiones salidas del subcontinente indio, la verdad es que la abstención de animales como fuente alimenticia tiene una larga historia en Occidente, ligada a la práctica espiritual en un marco tradicional. En las versiones antiguas del diccionario de la Real Academia Española existía una curiosa acepción que ya no es posible encontrar, pero que revela este hecho con manifiesta nitidez. Como definición del adjetivo pitagórico figuraba aquel que se abstiene de comer carne. Y es que Pitágoras fue el más célebre de los vegetarianos de la antigüedad. La dieta pitagórica, que siguieron todos los miembros de la augusta fraternidad que fundara en Crotona, buscaba establecer algunas normas fundamentales que resultaban de gran importancia para la ascesis espiritual del neófito.

En el contexto de las tradiciones iniciáticas, la sacralización de las acciones cotidianas es un elemento fundamental que distingue al adepto del profano, y la alimentación no puede quedar por fuera de dicha asimilación hierática. El pitagórico debía seguir una alimentación compasiva, por la que no se hubiese derramado sangre alguna. Para Pitágoras no es posible el perfeccionamiento espiritual del hombre en ausencia de una actitud misericordiosa hacia otros seres. De acuerdo con sus enseñanzas, los animales comparten con el hombre el privilegio de contar con un alma propia. De allí la enorme sensibilidad que muestran, su capacidad para experimentar placer y dolor, sus apegos, aversiones y la animada libertad que parecen exhibir en su comportamiento.

Por otra parte, el iniciado de la orden pitagórica debía observar una alimentación liviana y frugal, a fin de no sobreexcitar los sentidos ni impedir la manifestación del alma a través del cuerpo, ya que es de común conocimiento que un estómago pesado aturde y embota la mente. Los alimentos de origen animal son ricos en proteínas y grasa, razón por la que no favorecían ese estado de claridad mental que buscaban. Además, abstenerse de toda carne les permitía establecer un vínculo simbólico con la luz, fuente de la que obtienen la vida todos los vegetales. El vegetarianismo es, para la corriente apolínea del pensamiento pitagórico, la manera de alimentarse sabiamente en armonía con la generosidad de la tierra.

Por cierto, la palabra dieta proviene del griego δίαιτα, que literalmente significa “régimen de vida”, algo en lo que los pitagóricos ponían gran énfasis. En sus Metamorfosis, el poeta romano Ovidio atribuye a Pitágoras las siguientes palabras, no carentes de cierta severidad: “Mientras los hombres sigan masacrando a sus hermanos animales, reinará sobre la Tierra la guerra y el sufrimiento, y se matarán los unos a los otros, pues aquel que siembre el dolor y la muerte no podrá cosechar el gozo ni la paz”. En la concepción pitagórica del mundo, el sacrificio de animales es un crimen injustificable a la luz de la razón. El hijo de Apolo enseñaba a sus discípulos diciéndoles: “Nunca mojes tu pan en la sangre de los animales ni en las lágrimas de tus semejantes”.

Es muy probable que Platón fuese también vegetariano, dada su admiración por la enseñanza del maestro de Samos, que en cierto modo continuó y transmitió a la posteridad. Algunos historiadores lo ponen en duda a falta de pruebas contundentes en sus escritos, pero su abierta adhesión a las doctrinas pitagóricas hacen difícil pensar otra cosa. Como sea, los seguidores de Platón en épocas posteriores se caracterizaron por ser bastante cuidadosos con lo que se metían a la boca. Plotino y Proclo fueron vegetarianos estrictos y no consentían en absoluto el asesinato de animales. La ascética del neoplatonismo abarca ejercicios espirituales de alejamiento respecto a todo lo que es mortal y carnal, incluyendo un escrupuloso régimen vegetariano. En su obra Sobre la abstinencia, el neoplatónico Porfirio realiza una férrea defensa del vegetarianismo por motivos éticos. De forma equivalente Plutarco, sacerdote de Delfos y destacado neopitagórico, escribe una defensa en su Moralia, obra fundamental que, entre otras cosas, afirma el derecho de los animales a ser tratados con justicia y bondad en virtud de su capacidad sensible. En ella el intérprete de la pitonisa se cuestiona:

¿Puedes realmente preguntar qué razón llevó a Pitágoras a abstenerse de la carne? Por mi parte yo me pregunto qué accidente, y en qué estado de alma y mente, estaba el primer hombre que lo hizo, tocó su boca con un cuchillo y trajo a sus labios la carne de una criatura muerta, aquel que llenó la mesa de muerte con cuerpos rancios y se atrevió a llamar comida y sustento a las que habían antes llorado, rugido, movido y vivido. ¿Cómo pudieron sus ojos soportar la masacre de gargantas cortadas y cueros desollados? ¿Cómo pudo su nariz soportar el hedor? ¿Cómo pudo ser que la contaminación no se llevó el sabor, que hizo contacto con el dolor de otros y chupó el jugo y suero de heridas mortales?

Estas palabras traducen explícitamente el sentido moral de una concepción espiritual del mundo en la que el hombre está destinado a recuperar una conciencia y entendimiento que perdió al contacto con la materia densa. Pero no es sólo en el mundo griego donde nos encontramos prescripciones alimenticias favorables al vegetarianismo. De las epístolas de Plinio el Joven sabemos que todos los cristianos primitivos se abstenían de consumir carne. El mandamiento bíblico original del Génesis 1:29-30, que hace referencia a la alimentación antes de la expulsión del Paraíso, nos dice:

Y dijo Dios: He aquí, yo os he dado toda planta que da semilla que hay en la superficie de toda la tierra, y todo árbol que tiene fruto que da semilla; esto os servirá de alimento. Y a toda bestia de la tierra, a toda ave de los cielos y a todo lo que se mueve sobre la tierra, y que tiene vida, les he dado toda planta verde para alimento.

Es después de la caída que los hombres reciben la dispensa de sacrificar animales para el rito y el sustento. Ese hombre, revestido con la densidad corporal de “las hojas de higuera”, es el que siente deseos de derramar sangre para comer. Es aquel que Johann Georg Gichtel llama hombre tenebroso, que ha perdido el contacto con la gracia divina, encontrándose exiliado en el plano inferior de la materia densa, habitando un cuerpo de pesada carne, en vez de aquel cuerpo de luz con el que fue creado en las regiones superiores. La exégesis anagógica del texto bíblico, y particularmente la interpretación cabalística, desarrolla este mensaje velado tras los símbolos y la leyenda.

Eden

Al día de hoy, los monjes de la Iglesia ortodoxa y de la Iglesia copta son en su gran mayoría vegetarianos, lo mismo que ciertas comunidades monásticas de la Iglesia católica como los cartujos y los cistercienses. Retoman con ello la forma de vida sencilla, contemplativa y misericordiosa que tenía el hombre antes de la caída cósmica, buscando asemejarse a los ángeles que cantan en torno al trono de Dios. La alimentación descrita en el primer capítulo del Génesis fue también la pauta para varias comunidades esenias asentadas en las riberas del mar Muerto durante el primer siglo de nuestra era. Asimismo en la Edad Media, la dieta vegetariana fue esencial para el movimiento Cátaro. Aunque algo extremos en sus prácticas ascéticas, la abstinencia de todo tipo de carnes fue probablemente la más suave de sus austeridades. Su profundo rechazo hacia el mundo iba acompañado de un pacifismo igualmente acentuado, razón por la cual el vegetarianismo representó una forma de vida no violenta, en consonancia con su aversión por las maneras sanguinarias que caracterizaban a otros cristianos de la época.

La intención de estas comunidades religiosas por recobrar el estilo de vida anterior a la expulsión del Paraíso también dio ejemplos de vegetarianismo en época más reciente. La extraña comunidad de teósofos cristianos de Ephrata, que habitaron en Pensilvania durante el siglo XVIII, se apegó a esta misma prescripción alimenticia. Algunas de estas comunidades cristianas hacían alguna excepción ocasional para determinadas fechas; otras eran más estrictas y no quebraban la regla jamás. Esta dieta practicada en el Jardín del Edén, transmitida a través de la línea de Set y sus descendientes, aparece explícitamente retratada en la película Noé, un film de 2014 que también cuenta con abundantes referencias al apócrifo Libro de Enoc. Darren Aronofsky, su director, suele incluir referencias cabalísticas en sus obras cinematográficas y es un conocido activista por los derechos animales.

Resulta curioso pensar que la voz griega sarcófago significa “que come carne”. Ello puede haber dado pie a que Leonardo da Vinci, otro famoso vegetariano, señalara que el hombre es como un cementerio ambulante. En sus últimos años de vida el alquimista y cabalista británico Isaac Newton, más conocido por sus trabajos en física y matemáticas, también practicó el vegetarianismo por razones similares. Marsilio Ficino, máximo representante del neoplatonismo durante el Renacimiento y último sobreviviente de los Fedeli d'Amore, también observó concienzudamente la dieta pitagórica. Los ejemplos individuales son demasiado numerosos como para exponerlos todos aquí.

Pero más allá de la evidencia histórica que vincula el vegetarianismo con las tradiciones espirituales de Occidente y sus representantes, subsiste la pregunta acerca del porqué abstenerse de consumir animales. En una época inundada de relativismo individualista cuesta comprender que la espiritualidad consiste esencialmente en el desarrollo moral del alma humana. Nadie despierta su conciencia sin que ello tenga efectos concretos en la vida cotidiana. Se engaña quien cree que ha alcanzado alguna cima espiritual si en su diario vivir no ha adoptado, como consecuencia de aquello, una manera más compasiva y amorosa de relacionarse con los demás seres sensibles. Pagar para que otro asesine y descuartice no es precisamente un acto misericordioso. Entiendo que el tema genera polémica siempre. Muchos pueden sentirse ofendidos por expresar una verdad de la que no quieren saber. Los mataderos, lamentablemente, son lugares macabros donde el maltrato y el sufrimiento exceden en horror a cualquier campo de concentración.

El desarrollo moral del hombre es un requisito insoslayable en el camino hacia la trascendencia. Se argumentará que no todos los grandes iniciadores han sido vegetarianos y es cierto. Sin embargo ello no nos disculpa como para mirar hacia un lado y seguir creyendo que nuestra indolencia está moralmente justificada. El indecible dolor de las criaturas apela a la extensión y magnanimidad de nuestra conciencia. De allí que la dieta pitagórica sea una salvaguarda frente a esa desidia que raya en la complicidad. De verdad espero no ofender a nadie, sino invitar al descubrimiento de una hermosa forma de ser congruente con principios éticos que refrendan la nobleza espiritual a la que el hombre está llamado.

 

Twitter del autor: @cubicado

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Pocos términos han sido tan confundidos en Occidente como el término "tantra", la más alta y secreta tradición de vincularse con lo divino que existe en Oriente

Pocos términos son usados de manera tan vaga en la espiritualidad occidental como "tantra". Parece que llamar a algo tántrico --como "sexo tántrico"-- inmediatamente lo hace más atractivo y misterioso, como dotándolo de un difuso poder esotérico. Sobra decir que existe gran confusión y cierto libertinaje en la utilización de esta palabra sánscrita. Primeramente hay que decir que el tantra es en realidad los tantras y que estos textos y las filosofías religiosas que se derivan de ellos son vastas y ciertamente inabarcables para los límites de este artículo. Sin embargo, intentaremos hacer aquí algunas aclaraciones y acercarnos a una noción básica de lo que significa esta palabra y los tipos de textos que son llamados tantras, particularmente en el hinduismo y en el budismo tibetano, basándonos en fuentes académicas y en algunos "maestros tántricos" cuyos textos han sido traducidos mayormente al inglés. 

Algunos autores consideran que el tantra como una categoría unitaria con marcos establecidos es probablemente una invención occidental, lo cual no significa que el tantrismo no sea esencial en las religiones asiáticas y quizás, de hecho, el pináculo del misticismo oriental, en tanto que refiere a una experiencia personal de lo divino y no sólo a un estudio intelectual --filosófico o teológico-- de las escrituras. "Hay aquellos que argumentan que el 'tantrismo' es una categoría occidental impuesta sobre las tradiciones asiáticas de la misma manera que el término hinduismo fue aplicado hace algunos siglos a una variopinta constelación de prácticas y creencias religiosas encontradas en el subcontinente indio", dice el académico de Princeton David Gordon White. 

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El yabyum del Buda primordial Samantabhadra y su consorte

En su sentido más simple, dentro del budismo, los tantras son textos que, al igual que los sutras, recogen las enseñanzas del Buda o de otros bodhisattvas (en el caso del budismo mahayana); los tantras representan prácticas más avanzadas que los sutras. El erudito del budismo Alexander Berzin dice que la palabra "tantra" significa "la urdimbre de un tejido o los hilos de una trenza... la práctica del tantra sirve como estructura para entrelazar los temas de los sutras y tejer un tapiz de iluminación". Añade que "la raíz de la palabra tantra significa alargar o continuar sin ruptura". Entendemos que estos textos entonces son la continuidad de la tradición de una transmisión, esto es, el mensaje y los secretos para obtener la liberación y transformar el conocimiento en sabiduría vivencial. El traductor de textos tibetanos Herbert V. Guenther señala que los tantras van más allá de la filosofía como la entendemos actualmente --esto es, mera intelectualidad, "son una experiencia de vida y por ello la fundación de muchas filosofías" y "los tantras pueden ser un correctivo necesario a esta unilateralidad del razonamiento filosófico... intentan restaurar al hombre y asimilar la vida en sus totalidad". En el caso del budismo la transmisión de la que hablábamos son las enseñanzas de Buda, incluyendo sobre todo el tercer giro de la rueda del Dharma, pero también las transmisiones de los grandes gurús del budismo tibetano como Padmasambhava y Garab Dorje (el primer maestro del atiyoga). En el caso de los tantras del mal usado término "hinduismo", los cuales son mayormente parte del shivaísmo y del shaktismo, algunos creen que podrían tener orígenes prevédicos y sin embargo los textos tántricos como tales datan de entre el siglo VIII y X y son revelaciones de la pareja divina de Shiva y Shakti que reciben los sadhakus (los practicantes).  

Chögyam Trungpa, el controversial maestro que abrió las puertas al budismo tibetano en Estados Unidos, dice en su libro Spiritual Materalism:

Tantra significa continuidad. Es como el hilo que engarza las cuentas de un rosario. El hilo es el camino. Las cuentas son el trabajo de la práctica tántrica: eso es, los cinco skandhas o cinco constituyentes del ego, como también el potencial primordial del Buda interior, la inteligencia primordial... La meta de la práctica tántrica es transmutar el ego para que la inteligencia primordial pueda brillar a través de las cosas. 

Trungpa enfatiza que el tantra supera a la mera comprensión de la filosofía, fundamentalmente de la vacuidad, ya que es capaz de entender la realidad no sólo como vacuidad, sino como vacuidad luminosa, es decir alcanza a percibir ya no los conceptos sino la energía de las cosas. "La enseñanza básica del Tantra tiene que ver con trabajar con la energía. La energía es descrita en el Kriyayoha Tantra de Vajramala como 'aquello que reside en el corazón de todos los seres, simplicidad autoexistente, aquello que sostiene a la sabiduría'". 

El francés André Padoux, uno de los grandes expertos en el tantrismo en Occidente, señala que el aspecto doctrinal del tantra es:

un intento de colocar a kama, el deseo, en toda la extensión de la palabra, al servicio de la liberación... no sacrificar este mundo en favor de la liberación, sino reinstalarlo de diversas formas dentro de la perspectiva de la salvación. Este uso del kama y de todos los aspectos del mundo para ganar gozo (bhukti) mundano como supernatural, poderes (siddhis), y obtener la liberación en esta vida (jivanmukti), implica  una particular actitud de parte del adepto en torno al cosmos, en la que se siente integrado dentro de un sistema omnipenetrante de relaciones micro-macrocósmicas. 

Esta es, por supuesto, una definición de un tantra más cercano a la concepción hinduista, aunque comparte elementos con el tantra budista. David Gordon White, en su libro Tantra in Practice, esboza una definición del tantra en la que sugiere que este acercamiento místico en su aspecto práctico "es un esfuerzo para lograr acceder y apropiarse de la energía de la conciencia iluminada de la divinidad absoluta que permea el universo, brindando a las criaturas vida y potencial de salvación". El cuerpo de creencias tántricas parte del principio de que "el universo que experimentamos no es más que la manifestación concreta de la energía de la deidad que crea y mantiene el universo" y busca "apropiarse ritualmente y canalizar esta energía, dentro del microcosmos humano, de formas creativas y emancipadoras". Gordon White nos dice que está definición tendría sus variaciones en el caso del tantra budista en el que quizás "se reemplazaría 'energía' por 'enseñanza' o 'conciencia iluminada"'. Igualmente también se reemplazaría la deidad tal vez con la vacuidad o la misma conciencia que es presencia plena, el intraducible término rigpa.   

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La unión de Shiva y Shakti, la conciencia y la energía

Acercándonos también a la propia concepción del tantra del budismo tibetano, la cultura religiosa que es, por naturaleza y fundación, tántrica, es oportuno citar la introducción de Elio Guarisco al texto del enciclopédico Jamgon Kongtrul, Systems of Buddhist Tantra. El traductor nos dice que:

la continuidad a la cual se refiere la palabra tantra significa que la conciencia [awareness en inglés, rigpa en tibetano], que es la esencia del ser, siempre está presente, porque no es una cosa, no es creada, destruida o sujeta a la variación... Tantra como continuidad, o contínuum (rgyud) se refiere a la ininterrumpida presencia de la naturaleza original, o estado, de cada individuo.

Este estado es la mente en su naturaleza pura y perfecta, intocada por las vicisitudes del tiempo y la experiencia, libre de la dualidad entre "el que conoce y lo que conoce, esta mente no es diferente de la realidad que percibe". Guarisco, siguiendo a Kongtrul, añade algo importante: tantra no significa el resultado de un logro o mérito, "sino la condición primordial en sí misma". Es por ello, nos dice, que es inalienable, ya que permanece siempre igual, "sin modificarse por la existencia condicionada"; la diferencia estriba en que sea o no reconocida. Esto sugiere que los textos y las prácticas tántricas, al menos en el budismo dzogchen, están orientados no a que el practicante vaya creciendo y superando una serie de niveles y acumule logros espirituales, sino simplemente a reconocer lo que ya es, es decir es más un des-cubrir y un relajarse hacia que un hacer y luchar. El tantra entonces es una doctrina del reconocimiento de la realidad prístina, que, tanto en el budismo tibetano como en el shivaísmo, es considerada luz pura, no dual, todo-consciente y autosurgida. De aquí que podamos decir que la experiencia tántrica es el reconocimiento de la unidad entre los fenómenos que surgen y el espacio o fundación de los que surgen, unidad de la luz con la conciencia y el espacio. Suprema integración de la creatividad cósmica como despliegue de la unidad que es conciencia absoluta de sí misma. En el Hevajra Tantra se dice: "Todos los seres son budas" y "no hay un ser que no esté iluminado si tan sólo conoce su propia naturaleza". 

Por último, para concluir esta primera parte, debemos hacer referencia a la relación entre tantra y mantra, términos que en ocasiones pueden usarse de manera correcta como sinónimos, aunque sin embargo, en su vastedad connotativa, tienen notables diferencias. Jamgon Kongtrul, el gran compilador de la sabiduría tibetana que vivió en el siglo XIX, explica en el texto que ha sido traducido al inglés como The Treasury of Knowledge

El tantra tiene muchos nombres. Es llamado "el mantra de la colección de las enseñanzas" y "el camino del mantra" ya que rinde poderes por el uso de mantras y mudras; y, también, la colección de enseñanzas del portador de la conciencia" [rigpa, awareness], ya que la deidad, el mantra y la conciencia prístina de la gran dicha tienen todos [la naturaleza de] conciencia, y por estos profundos medios la conciencia es alcanzada. Según otra perspectiva, el tantra es el "camino del portador de la conciencia" porque la colección de prácticas mántricas lleva a conseguir el estado de portador-de-la-conciencia en esta misma vida; y es llamado el "camino indestructible" [vajrayana] ya que los tres estados indestructibles [de cuerpo, palabra y mente despierta] son actualizados a través del indestructible camino de la indivisibilidad entre método y sabiduría. 

Debemos recordar que el término mantra es también mucho más vasto que lo que popularmente se entiende, no es sólo la repetición de sonidos con fines de devoción o éxtasis religioso. Mantra proviene de la raíz sánscrita man (pensar), misma de la cual se deriva manas (mente) y Manu (el primer hombre); el sufijo tra significa "instrumento o medio"; mantra es entonces el instrumento que transmite la mente o lo mental  y tiene también la acepción de ser una "sílaba numinosa" o un instrumento para transmitir o sintonizar energía (esto bajo la creencia de que la esencia de las deidades podía cifrarse o imprimirse en una vibración). Así que podemos llegar a otra definición un tanto simple: tantra es la forma en la que se transmite mantra, es decir la mente en su aspecto de conciencia primordial. Los textos y las prácticas tántricas son los instrumentos de las irradiaciones de la mente primordial. 

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Cuerpo arcoíris de la disolución en luz pura

En los siguientes artículos de esta serie hablaremos del origen de los textos tántricos --los cuales tienen toda una serie de leyendas asociadas y su propia geografía fantástica, las prácticas más específicas del tantrismo y de la cosmovisión tántrica en la que el cuerpo humano se convierte en el microcosmos, ya no sólo como una imagen de la divinidad sino como un centro de recepción y canalización de la energía cósmica. Hablaremos también sobre el "sexo tántrico", término tan abusado que sugiere en la mente popular que el tantra es solamente una serie de complicadas prácticas sexuales generalmente ligadas a la espiritualidad y mayormente secretas. Diremos aquí solamente que el tantra sí tiene una importante dimensión sexual, la cual podemos apreciar en la iconografía que muestra la unión de Shiva y Shakti y de Guru Rinpoche y Yeshe Tsogyal en el budismo nyingma. Existen numerosas prácticas de yoga o alquimia interna las cuales remiten a la unión y transmutación de la energía femenina (visualizada como una esencia roja, ubicada debajo del ombligo) y masculina (una esencia blanca ubicada en la corona), un derretimiento de las esencias en el canal central que llega a ser una anulación de la dualidad en un fresco y luminoso goce. Una conjunción de los opuestos que también simboliza la unión del método (lo masculino) con la sabiduría (lo femenino) (lo cual es representado en la posición de unión indisociable del yab-yum). Sin embargo, aunque ciertamente existen diversas escuelas que practican lo que podríamos llamar una alquimia sexual, algunos estudiosos consideran que la práctica sexual no es indispensable y de hecho en los niveles más altos del tantra la unión arquetípica entre el gurú y su consorte ocurre en un plano mental o en una dimensión sutil.  

 

Twitter del autor: @alepholo