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Cuando regreses a Ítaca, pide que tu viaje sea largo: un cómic para el poema de Cavafis sobre la riqueza de la vida

Libros

Por: pijamasurf - 06/05/2016

Uno de los poemas más célebres de Constantino Cavafis en una adaptación gráfica sumamente precisa y justa

En la tradición clásica es bien conocida la historia de Ulises (aka Odiseo) que, luego de 10 años en la guerra de Troya, emprendió el viaje a Ítaca, su isla natal de la que además era rey. Este motivo, por sí solo, ha sido tomado como una de las grandes metáforas sobre el regreso, la fidelidad, el reencuentro con el pasado y otras situaciones afines que en mucho están relacionadas con la angustia que puede provocar la combinación de saberse sujeto del tiempo (esto es, que el tiempo transcurre a pesar nuestro) y también de las circunstancias: que hay hechos que pasan aunque nosotros no lo queramos. Y sin embargo… algo en nuestra existencia nos lleva a creer que podemos sobreponernos a ambos, al tiempo y las circunstancias, y que si bien nunca existe un regreso exacto, no es posible regresar como éramos cuando nos fuimos, quizá, a pesar de todo, podemos reanudar, volver a unir lo que en cierto momento se interrumpió.

Uno de los mejores intérpretes de este motivo fue el poeta de origen griego Constantino Cavafis, uno de cuyos textos más conocidos (o quizá el más) se llama “Ítaca”, precisa y sencillamente, pues Cavafis retoma el regreso de Ulises sin añadirle nada extraordinario pero sí viéndolo de otra manera, desde otro ángulo, uno que nos sugiere que quizá la “odisea” de Ulises no sólo fue necesaria sino incluso enriquecedora. Que quizá, en efecto, pasar 10 años lejos del hogar y después vivir una y mil peripecias y contratiempos al volver tiene algo de ironía, de broma divina, pero también de regocijo inesperado por todo lo vivido. Una expresión sin duda inconmensurable pero aun así aprehensible para quien sabe bien qué es vivir, experimentar, existir.

La vida, nuestra propia vida, es en sí misma un viaje a Ítaca, quizá no en el sentido de un regreso (¿o sí?) pero sí en el matiz que le otorga Cavafis: es un viaje arduo, difícil, extendido. Y por eso a esta luz podemos darle la razón al poeta y, con él, pedir que la travesía sea larga, llena de aventuras y experiencias.

A continuación compartimos una adaptación gráfica del poema realizada por Zen Pencils y traducida por el sitio elguindilla.com. De ellos mismos hemos publicado antes un poema de Bukowski sobre las condiciones auténticas de la creación artística, algo más a partir de un inspirador texto de Albert Camus y, recientemente, una frase de Séneca contra el miedo en un épico storyboard.

Compartimos además el poema en la traducción de Pedro Bádenas de la Peña, publicada a su vez por Alianza Editorial.

Y ahora ya lo sabes: cuando regreses a Ítaca, pide que tu viaje sea largo.

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ÍTACA 

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.

C. P. Cavafis. Antología poética.
Alianza Editorial, Madrid, 1999.

Edición y traducción, Pedro Bádenas de la Peña

 

También en Pijama Surf: Ítaca es aquí: decide ser feliz y ya

8 aspectos de la realidad que Shakespeare transformó para siempre

Libros

Por: pijamasurf - 06/05/2016

Del cine a la psicología, estos campos de conocimiento y creatividad serían radicalmente distintos de no haber existido la obra de William Shakespeare

La creencia generalizada respecto de la literatura es que se trata de un entretenimiento, un arte según una consideración más generosa, pero en todo caso una actividad propia del ocio y la contemplación, del consumo pasivo. Y si se piensa desde el otro lado, es posible que en nuestra época la actividad de escribir esté también despojada del aura misteriosa que tenía antaño. En ambos casos pareciera ser que la literatura, en su doble movimiento de leer y escribir, consumir y producir, parece encasillada en eso, en la mera actividad, cuando hubo un tiempo en que se le consideraba un acto de creación, para cualquiera de las partes.

Una de las pruebas aún vivas de eso es la obra de William Shakespeare, la cual, en casi 5 siglos de existencia, ha transformado aspectos palpables de la realidad, algunos con más alcance que otros, pero todos distintos antes y después de la irrupción del genio del Bardo en el mundo.

A continuación, siguiendo parcialmente el recuento que Robert McCrum hizo recientemente en The Guardian, compartimos una perspectiva propia sobre la relevancia de Shakespeare en el mundo.

 

Shakespeare transformó el idioma inglés

Basta echar una ojeada a las obras mismas de Shakespeare y a cierto campo de la crítica para darse cuenta o saber que como autor transformó radicalmente el aspecto del idioma inglés. Además de inventar palabras específicas como “assassination” o “champion”, o ser un campeón en el arte de insultar, Shakespeare acuñó expresiones emblemáticas como “to fall in love” y “all our yesterdays”, con una inventiva tal que muchas pasaron a formar parte de la lengua corriente, hasta la fecha.

 

Shakespeare cambió el cine

 

El gran impacto de Shakespeare en la cultura humana también alcanzó un ámbito que él ni siquiera llegó a conocer: el cine. Ya en 1899, cuando el cine de verdad se encontraba en sus primeras etapas, se realizó una adaptación del drama histórico King John, y desde entonces el interés se ha sostenido. Entre las más recientes se encuentran Macbeth (Justin Kurzel, 2015; protagonizada por Michael Fassbender y Marion Cotillard), Much Ado About Nothing (Joss Whedon, 2012) y As You Like It (Kenneth Branagh, 2006). Entre las más emblemáticas, las adaptaciones de Akira Kurosawa a King Lear, Macbeth y Hamlet (con nombres distintos al título original) y la de Orson Welles (Chimes at Midnight, 1966).

Pero más allá del profundo interés de directores y actores por Shakespeare, la manera en que sus obras transformaron el cine estriba, en buena medida, en los retos que impone a quienes han querido llevarlas a la pantalla. Lo cual es paradójico, porque Shakespeare es complejo narrativa, dramática y escénicamente pero, al mismo tiempo, ofrece al lector un amplio margen de acción, podría decirse que incluso de libertad de interpretación, lo cual también explica por qué continúa vigente o por qué directores como Baz Luhrmann (Romeo + Juliet, 1996) o Gus Van Sant (My Own Private Idaho,1991) hayan podido re-crear piezas del Bardo, o incluso que su sello se distinga en un largometraje como The Lion King (Allers y Minkoff, 1994).

 

… y la música

 

Otra disciplina especialmente fascinada con la obra de Shakespeare ha sido la música, desde la cual se han buscado otras formas de interpretar la intensidad literaria y lírica de los dramas. Tres de las óperas más celebradas de Verdi tienen origen shakespereano (Macbeth, Otello y Falstaff; y hay quien cuenta Un ballo in maschera como una obra afín). Basados en Romeo y Julieta, Prokofiev compuso un ballet, Tchaikovsky una pieza orquestal y Leonard Bernstein un musical con ciertos resabios operísticos (West Side Story). Asimismo, además de la ópera de Verdi ya referida, Macbeth también inspiró un poema sinfónico de Richard Strauss. Finalmente cabe recordar la famosa obertura para A Midsummer Night's Dream (y su aún más conocida “Marcha Nupcial”, parte de la música que Mendelssohn compuso (¡a los 17 años!) por iniciativa propia luego de leer una traducción alemana de la comedia. En la música popular, otros musicales exitosos como The Boys from Syracuse (el primero en su tipo basado en una obra del Bardo, The Comedy of Errors) y Kiss Me Kate (a partir de The Taming of the Shrew, con música de Cole Porter).

 

¿Shakespeare inventó la psicología?

Es posible que sin Shakespeare no existirían las disciplinas que indagan en la psique. Harold Bloom, con cierto fanatismo, defiende que Sigmund Freud tomó muchas de las ideas fundamentales del psicoanálisis de intuiciones a las que Shakespeare arribó primero. Esto, sin embargo, no debería tomarse como una acusación, pues Freud mismo, en distintos lugares de su obra, reconoce a Shakespeare como una suerte de faro para sus inquietudes (al grado de que antes que en Edipo rey, Freud creyó reconocer el conflicto libidinal Padre-Madre-Hijo en Hamlet).

 

Shakespeare transformó la idea de culto a un autor

En la noche de sus Siete noches que Borges dedica a la cábala, el argentino comienza diciendo que por más que, como hispanoparlantes, consideremos al Quijote un libro emblemático de nuestra lengua, no por ello le adjudicamos un origen o un uso sagrado, ni creemos que porque una divinidad lo escribió puede conducirnos a una revelación sobre nuestra vida, lo cual sí sucede con el Talmud en el contexto de la cábala. No obstante, podríamos decir que Shakespeare y la “bardolatría” que lo rodea se encuentra a medio camino entre uno y otro: quizá no es un autor sagrado a quien se acude para encontrar el sentido de la vida (¿o sí?), pero tampoco se le mira del todo como un escritor más de la tradición anglosajona. A lo largo de los siglos, lectores de todos los calibres han rendido pleitesía al Bardo: leyéndolo, editándolo, polemizando en torno a su existencia, peregrinando a su ciudad de origen y más, algo que no ha sucedido con ningún otro escritor.

 

Shakespeare modificó la manera de entender la política

Entre los dramas históricos de Shakespeare y sucesos como el Watergate o la Perestroika hay casi 500 años de diferencia. Sin embargo, como espectadores podemos leerlos de maneras similares, y esto porque Shakespeare nos mostró que las intrigas palaciegas y las formas en que el poder pasa de una mano a otra son más o menos las mismas en cualquier época de la historia.

 

Shakespeare transformó la idea de la autoría (y la celebridad)

A la fecha existe una polémica (falsa para algunos) respecto de la existencia histórica de Shakespeare y, por lo tanto, la autoría única de sus obras. No sabemos si esto es cierto o no, pero sí es claro que la duda nunca hubiera surgido si Shakespeare mismo se hubiera preocupado un poco más por su obra; dicho de otro modo, si hubiera sido un poco más vanidoso o narcisista y le hubiera importado tal cosa como la “posteridad”. Pero no fue así. En vida apenas y se preocupó de dar sus obras a la imprenta o posar para el caballete de un pintor, convencido, a cambio, de que era el trabajo lo que importaba y lo que en última instancia lustraría su nombre. No se equivocó, pero no menos cierto es que planteó problemas para quienes vinieron después de él y, deslumbrados por su genio, quisieron indagar sobre la persona detrás de la obra.

 

Shakespeare, finalmente, inventó lo humano

Entre otros, quien ha defendido con mayor ahínco esta tesis es el crítico Harold Bloom, quien ha asegurado que Shakespeare fue el primer autor en delinear personajes claramente definidos, con características propias, inconfundibles. En la introducción de su Shakespeare, la invención de lo humano, Bloom incluso llega a decir que para él Yago o Falstaff tiene mucha más realidad que muchas personas que ha conocido. Lo interesante, además, es que esta cualidad no se quedó en lo meramente literario, sino que el genio de Shakespeare se extendió hacia la realidad misma y, por ejemplo, nos ofreció un modelo para enamorarnos (Romeo y Julieta), sentir celos (Otelo) o vivir la neurosis (Hamlet).