*

X
No es muy descabellado imaginar un futuro relativamente cercano en el que los hospitales ofrezcan a los pacientes terminales hongos mágicos, LSD o ayahuasca, y no sólo morfina y otros analgésicos

En lo que parece ya el principio de una "revolución de la medicina psicodélica", después de décadas de tabú y prohibición en el estudio médicos de los psicodélicos, buena parte de la investigación que se está haciendo es con pacientes terminales y personas que sufren de trastornos postraumáticos. Una de las virtudes principales que la medicina moderna está reconociendo en estas medicinas psicodélicas es su capacidad de ayudarnos a lidiar con las enfermedades, aceptarlas e incluso relajarse en ellas.

El primer caso de éxito de esta nueva etapa de la medicina psicodélica fue el realizado por Roland Griffiths en la Universidad Johns Hopkins, administrando psilocibina a pacientes terminales. Griffiths cree que si la psilocibina ha demostrado ayudar a las personas que están muriendo, esto significa que debería hacerse disponible, técnicamente, para todos. (Si bien en esta disponibilidad existe una paradoja: "Todos somos terminales. Todos estamos tratando con la muerte. Esto será demasiado valioso para limitarlo sólo a las personas enfermas", dice Griffiths).

Otro estudio importante, fondeado por la Multidisciplinary Association for Psychedelic Studies (MAPS) y realizado por Peter Gasser, administró LSD y brindó sesiones terapéuticas a 12 personas seriamente enfermas, a las cuales siguió entre 2007 y 2012. Los resultados fueron altamente positivos, con una tendencia general a eliminar la ansiedad producida por la cercanía de la muerte. Uno de los participantes explicó: "Mi experiencia con LSD me regresó muchas de las emociones que había perdido, muchas epifanías psicológicas, y momentos sin tiempo en los que el universo ya no parecía una trampa, sino como una revelación de belleza absoluta".

Un caso muy ilustrativo es el de Mara Howell, una mujer de 33 años que murió de cáncer pero que en su etapa terminal logró realizar un importante cambio de conciencia, según su madre, quien se ha convertido en activista a favor de la terapia psicodélica. Mara empezó a tomar MDMA y LSD antes de morir y logró cambiar el foco de su atención a la belleza del mundo e influir positivamente en sus relaciones, mientras que el proceso antes de esto había sido sumamente doloroso y traumático. La enfermera que brindó estas sustancias a Mara se inspiró en los últimos días de Aldous Huxley, el escritor británico, quien tomó LSD durante su muerte y que utilizó esta sustancia para ayudarle a lidiar con la enfermedad pero también para exaltar la experiencia consciente de la muerte. 

Existen dos razones importantes que merecen resaltarse aquí sobre por qué los psicodélicos pueden funcionar para asistir en el período preliminar a la muerte. Una es que pueden considerarse como pequeños ensayos relativamente controlados para una psiconáutica de la muerte, es decir, para que la mente se entrene en la disolución de su personalidad o en la trascendencia de la  identificación egóica. No es casualidad que el libro que creó un protocolo para las experiencias psicodélicas en un principio, The Psychedelic Experience, escrito por tres profesores de Harvard en 1964 (entre ellos Tim Leary), fue modelado justamente a partir del Libro tibetano de la muerte. Leary y sus colegas eran conscientes de que la experiencia psicodélica, como un pequeño viaje al inframundo de la mente con su posterior resurgimiento, con su acceso a gran cantidad de información inconsciente y con la disolución de las barreras de la personalidad, emulaba en muchos sentidos a la muerte. El potencial sanador de los psicodélicos estaba fundamentalmente en hacer que las personas tuvieran una simulación de la muerte y, gracias al conocimiento de la muerte, encontrarán vitalidad. 

La otra razón, que en parte contradice a la primera, es que los médicos modernos podrían estarse volviendo muy diestros en producir experiencias místicas o espirituales dentro del laboratorio (incluso tienen ya una playlist para producir experiencias religiosas bajo la psilocibina). La ciencia y el confort de la medicina moderna pueden de alguna manera asegurarse, con la ayuda de las plantas psicodélicas, de que las personas tengan experiencias mayormente placenteras y enriquecedoras. Digo que esto puede contradecir el primer punto puesto que lo anterior podría en algunos casos llevar a que las experiencias de encuentro con lo más sombrío de la personalidad, los demonios y las muertes simbólicas de los psicodélicos --o los también llamados malviajes-- y los aspectos más insondables e impredecibles de los psicodélicos sean eliminados y sanitizados bajo el control médico. Probablemente esto quitaría también cierto poder medicinal a los psicodélicos, cuya agencia siempre es relativa a lo que Leary llamó el set and setting, el entorno y el programa y la intención que se infunda a la experiencia. 

*          *          *

El uso de los psicodélicos para morir mejor es una cuestión que probablemente sea más discutida y aceptada en los próximos años, pero no sólo porque hay una mentalidad más progresiva, a la luz de la evidencia de que las plantas psicodélicas y sus derivados farmacológicos tienen usos medicinales, sino también porque ante una sociedad cada vez más secular y alejada de las experiencias religiosas y del soporte de una filosofía mística, la muerte suele presentarse de manera traumática en tanto que no logramos codificarla dentro de un plano de significado. Si la muerte no significa nada, entones es imposible entenderla o aceptarla y entonces es común resistirse a ella; es la resistencia lo que genera sufrimiento, el aferrarse ciegamente a la vida, sin comprender su naturaleza cíclica e impermanente, sin fe en la supervivencia de la conciencia o al menos en el rol que jugamos dentro del gran esquema cósmico. En este desierto de significado ante la muerte que suele ser la condición en la que se mueve la sociedad secular, los psicodélicos son una herramienta que permite encontrar sentido, reencantarse con la vida-muerte como proceso o simplemente aflojar al final, entrando en un estado de paz con lo que somos.

Es muy probable que los psicodélicos emerjan como drogas específicas para una terapéutica de la muerte. ¿Acaso no era esta la función de la vida filosófica, a la cual Sócrates definió esencialmente como un entrenamiento para la muerte? ¿Y no era esta también la función que cumplía la religión... los psicodélicos serán ahora el nuevo sacramento de la extremaunción? Sin el conocimiento de los aspectos universales y soteriológicos de la religión y la práctica de una vida filosófica --la filosofía que se convierte en una forma de vivir-- es predecible que recurramos a ciertas drogas, más ligadas a este tipo de experiencias, como recursos para adentrarnos en el misterio. 

 

Twitter del autor: @alepholo

Hongos mágicos mejores que antidepresivos para tratar depresión, según nuevo estudio médico

Psiconáutica

Por: pijamasurf - 06/17/2016

Un estudio británico pone en relieve el enorme potencial de la psilocibina para tratar la depresión

Estamos viviendo el renacimiento de la medicina psicodélica y la información que muestra que sustancias como el LSD, los "hongos mágicos" o la ayahuasca, entre otras, tienen numerosas aplicaciones médicas es cada vez más contundente. 

En Gran Bretaña un nuevo estudio del Imperial College de Londres, liderado por el doctor Robin Carhart-Harris y en el que participó el reconocido profesor David Nutt, ha encontrado que los "hongos mágicos", cuya sustancia activa es la psilocibina, son efectivos en tratar casos de depresión severa.

El estudio mostró que dos dosis de psilocibina (el ingrediente activo de los hongos alucinógenos) fueron suficiente para sacar de una resistente depresión a cada uno de los 12 voluntarios y mantenerlos a flote por 3 meses; esto es algo realmente notable si lo tomamos en comparación con todas las dosis que se requieren en el caso de los antidepresivos. Asimismo, todos los participantes habían tomado antes antidepresivos sin lograr que éstos aliviaran su depresión.

Los autores hicieron énfasis en la importancia de recibir más fondos para replicar este tipo de promisorias investigaciones y criticaron lo ridículo que es tener que pagar mil 500 libras esterlinas por dosis, cuando fuera del mundo científico se consiguen dosis por 30 libras. Esto debido a la burocracia y la dificultad que se tiene para realizar estudios con psicodélicos en una comunidad científica aún mayormente cerrada a la experimentación con estas sustancias.

Los investigadores no recomiendan que las personas intenten curar su depresión en casa, especialmente porque las experiencias con hongos registran lo que llaman "turbulencia psicodélica" (malviajes temporales, en lenguaje popular) y, mal llevada, esta turbulencia puede hacer que la situación no llegue a buen puerto. En los experimentos, los pacientes toman psilocibina con dos médicos que los guían y con una playlist de música especial (la Universidad de Johns Hopkins incluso ha creado una selección que favorece las experiencias de conciencia cósmica).

David Nutt mencionó que es importante que los científicos intenten realizar este tipo de estudios para tratar la depresión de manera alternativa ya que "la industria farmacéutica está retirándose de los mismos", suponemos que porque no le conviene que existan curas naturales, que pueden competir fácilmente con sus fármacos y que sobre todo no necesitan ser administradas de manera crónica.