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La reciente apertura del túnel más grande del mundo podría haber sido un ritual ocultista (FOTOS)

Magia y Metafísica

Por: pijamasurf - 06/06/2016

Algunos bloggers creen que la inauguración del Túnel de Gotardo en Suiza fue una ceremonia satánica Illuminati

Hace unos días se inauguró el Túnel de Base de Gotardo, el cual se convirtió en el pasaje subterráneo más largo de la historia, con más de 57km que cruzan los Alpes suizos y con un costo de 11 mil millones de euros. El túnel tardó 17 años en construirse y pretende ser un símbolo de la unidad entre los diferentes países de la Unión Europea.

A la inauguración del túnel que ha sido llamado "la construcción del siglo" asistieron los mandatarios europeos más importantes para presenciar una extraña ceremonia dirigida por el artista alemán Volker Hesse. Quien está al tanto de lo que ha sido llamada la "web conspiranoica" sabrá que las ceremonias de inauguración de eventos de escala global suelen estar repletas de símbolos, a veces con ecos masónicos, paganos o simplemente relacionados con las religiones mistéricas (en un popurrí que mezcla antiguos símbolos con la estética pop moderna). Para algunos, como el blogger de Vigilant Citizen, esto es un signo inconfundible de una teatralidad ritual relacionada a un mantenimiento mágico del poder por parte de una élite (lo que popularmente ha sido llamado el Nuevo Orden Mundial). Ante esto hay que mencionar que es sumamente difícil hacer un espectáculo artístico que proponga un atractivo visual y una profunda resonancia con la mente del espectador que no incluya símbolos religiosos, y es que existe una base común a toda la simbología, como descubrió el historiador del arte Aby Warburg. Por ejemplo, el símbolo de un Ojo Omnividente asociado con los Illuminati es también el símbolo del Sol y de la Providencia, por lo cual no es extraño que aparezca en todos lados. A esto se suma la conciencia provocativa de algunos artistas que juegan con la energía de las imágenes y la controversia.

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Dicho lo anterior, la ceremonia de inauguración del Túnel de Gotardo fue realmente extraña y uno se pregunta cómo fue recibida por los dignatarios, quienes presenciaron una mezcla de coreografía pagana con provocación erótica dentro de una montaña en los Alpes.

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Primero se observa (VER EL VIDEO) una marcha de trabajadores en ropas de biohazard naranjas moviéndose a un ritmo militar como si fueran autómatas o estuvieran en un estado de trance masivo. Enseguida se ve una nueva procesión en un vagón donde bailarines semidesnudos tienen una especie de orgía sin fronteras. Luego un perturbador niño ángel --que Vigiliant Citizen interpreta como satánico-- sobrevuela a los que parecen ser los trabajadores que murieron en la construcción. Más tarde al sonido de las campanas irrumpe una extraña procesión de hombres con cuernos y mujeres de blanco igualmente con cuernos, bailan todo tipo de animales como cabras y becerros y hombres del bosque, en una escena con claros motivos paganos. Emerge entonces quien parece ser el maestro de ceremonias, una especie de cabra-insecto-arlequín y quien según el sitio Vigilant Citizen es una clara referencia a la andrógina "cabra de Mendes", Baphomet, un personaje ligado al diablo pero también a la alta magia.

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Queda al lector decidir si se trata de un ritual ocultista satánico Illuminati destinado a mantener a las masas en un estado de letargo zombi o si es solamente de un director de arte con una visión un poco extraña de la Unión Europea y el significado del Túnel, quizás solamente buscando recordar el pasado pagano de Europa (y de esas montañas donde ahora correrán bólidos de acero) y su conexión con la naturaleza. 

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El singular encuentro de un escritor italiano y el misterioso conde de Saint Germain, el enigmático y sofisticado adepto que atraviesa la historia

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Si vuestros semejantes conociesen mejor la historia, no se extrañarían de ciertas afirmaciones. En todos los países del mundo, antiquísimos y modernos, vive la firme creencia  de que algunos hombres no han muerto sino que han sido arrebatados, esto es, desaparecen sin que se pueda encontrar su cuerpo. Estos siguen viviendo escondidos y de incógnito o tal vez se han adormecido y pueden despertarse y volver de un momento a otro.

Giovanni Papini, Gog

 

1.

El viaje duró varios días en barco a través del mar Rojo. El escritor descubrió a aquel singular individuo desde que abordaran en Europa. O quizá el conde de Saint Germain intuyó la presencia del primero al inicio, cuando dejaran tierra.

Era de talla mediana, aparentaba tener no más de 50 años de edad. El escritor italiano, por su parte, pasaba ya los 40, con sus gruesos anteojos de fondo de botella y su cabello ensortijado. Sus miradas se encontrarían furtivamente en repetidas ocasiones a lo largo del viaje, sin poder evitar la tentación de conocerse mutuamente. Sin lugar a dudas, Saint Germain habría leído la Historia de la literatura italiana que brindó bastante celebridad e hizo muy conocido a Papini, dedicada al Duce, Benito Mussolini, benefactor de las artes y las letras, como lo nombrara al inicio de su obra, por la cual se le condenaría y perseguiría hasta el cansancio, años después, hacia el final de su vida. Con seguridad leyó también su Historia de Cristo, escrita en su primer período como creador, de un ateísmo declarado y hasta ingenuo. Le habría llamado sobremanera la atención que de aquel ateísmo tan aguerrido, su pensamiento y su espíritu evolucionaran al grado de llevarlo a abrazar de nueva cuenta y con gran fervor el catolicismo romano, la religión con la que fuera bautizado. Un cambio de 180º que no dejaría de asombrar a sus lectores no sólo en Italia y Europa, sino más allá de las fronteras continentales. Un cambio de espíritu que sin duda llegaría hasta los oídos del conde durante su prolongada estancia en la India apartado de los hombres occidentales, de los cuales se encontraba cansado, incluso hastiado.

Giovanni Papini también habría leído y escuchado bastante sobre la activa participación del conde de Saint Germain en las sociedades europeas del siglo XVII. De sus hazañas como violinista, pianista, flautista y compositor musical, también como poeta, alquimista, profesor de arte, ocultismo, astrología y magia en diversas cortes, del mismo modo que como asesor de obispos, papas, príncipes y monarcas. De su presunta y misteriosa longevidad, la cual abarcaba, según contaban las leyendas,  poco más de mil 800 años de edad.

Papini caminaba una noche por la cubierta, admirando a través de las aguas nebulosas las luces de puertos lejanos, de costas distantes y de otros navíos en ruta, cuando el conde se le aproximó amablemente. La conversación entre ambos personajes tan singulares no  tardaría en surgir, debiendo resultar fascinante y espontánea, como un caudal sin freno. El conde de Saint Germain no dejaría tampoco de sentirse con la suficiente confianza y de casi confesarse ante el escritor italiano. Le revelaría que le resultaba ofensivo que los europeos lo creyeran tan viejo como para haber conocido a Cristo y contemplar su crucifixión, pero que por otro lado su existencia sí abarcaba los suficientes siglos como para conocer personalmente a Leonardo da Vinci, a Shakespeare, a Cervantes, y todavía continuar con vida a inicios del siglo XX.

Papini recordó que en varias ocasiones los biógrafos dieron a Saint Germain por muerto, reapareciendo luego en los más distantes lugares: en la corte de los zares rusos, en Viena, Polonia, Transilvania, con sus aristócratas, sea como profesor de música, danzas e idiomas, o como consejero y experto en alquimia y otras artes ocultas. Pero a mediados del siglo XIX se sumergiría en el silencio absoluto, desapareciendo de la vista pública, dándosele por muerto de manera definitiva.

 

2.

300px-Papini2Aunque no se conoce el hecho de que realmente Giovanni Papini hubiera viajado alguna vez a la India, o que incluso saliera siquiera en alguna ocasión de Italia, su mente sí que se habría trasladado a diversas geografías, tiempos históricos y literarios para conocer todos los lugares y personajes que fascinaban y nutrían su imaginación.

Para ello se valió de un personaje igualmente fuera de lo común que él: Gog, un gigante de origen haitiano, de piel morena, inteligencia simple y gran curiosidad, producto de su pluma. Supuestamente, en una de sus variadas estancias hospitalarias y psiquiátricas, debido a su frágil salud, Papini habría conocido a Gog en un centro de internación para débiles mentales y neuróticos del cual él era también paciente. Coincidieron una cálida mañana, mientras ambos tomaban el sol, haciéndose amigos.

Gog le contaría que era dueño de una inmensa fortuna, la cual invirtió durante años en incontables viajes y en contactar con los personajes más inusuales, entre ellos el conde de Saint Germain, pero también a muchos otros, tanto de las artes como de las ciencias y la sociedad: H. G. Whells, Edison, Henry Ford, etc. En su encuentro con Lenin en Moscú, Papini aprovecharía para burlarse del viejo bolchevique sifilítico, sádico y amargado, pintándolo como un conspirador enfermo de poder que igual habría utilizado cualquier religión o la ideología que fuera con tal de hacerse con el control absoluto de Rusia y conseguir asesinar y aprisionar a miles de personas, tal como hizo.

Un buen día, Gog se marcharía de aquel sanatorio sin despedirse, dejando no más que un manuscrito encargado a Papini, donde relataba todas sus inusuales aventuras y viajes.

Los libros de Papini escritos en su madurez, San Agustín, Historia del Diablo, Gog, El libro negro y Los operarios de la viña, desbordan una fortísima inclinación católica y cristiana, amén de infinita belleza y genialidad, además de un anticomunismo encarnizado. Hasta buena parte de su etapa de madurez como creador, Papini gozó de la buena fortuna y del beneplácito de sus lectores católicos y no creyentes, entre los que se encontraban importantes  políticos conservadores y miembros del clero, contando al mismísimo Mussolini dentro de los mismos.

Ocupó en su juventud puestos en grandes bibliotecas, las cuales leyó por completo, presidió instituciones literarias y revistas, e incluso gozó  durante un tiempo de un lugar en la Academia Italiana de la Lengua, obteniendo también una plaza en la Universidad de Roma, aunque no tenía acreditación alguna como profesor universitario, contando tan sólo con una poderosa cultura universal obtenida mediante grandes esfuerzos autodidactas.

Precisamente gracias a su anticomunismo y su cercanía con la religión católica sería orillado a la marginalidad y al olvido en sus últimos años, con el desenlace de las guerras mundiales, la caída de Mussolini y su abierta colaboración con Hitler. Los tiempos históricos le resultaron a Papini cada vez menos favorables. Era lógico que un escritor católico y simpatizante del fascismo como Giovanni Papini terminara sus días enfermo, recluido en un convento franciscano, casi ciego, paralítico e incluso mudo, dictando como podía sus últimos manuscritos a su secretario, quien le alimentaba en la boca y satisfacía su aún inmensa curiosidad bibliográfica leyéndole en voz alta hasta el momento final. Se cuenta que, de joven, Papini juró leer todos los libros escritos en la historia humana.

Sus perseguidores, por más que se empeñaron en hundir en el olvido al viejo y enfermo escritor católico cancelando las ediciones de sus libros y guardando en las polvosas bodegas de las bibliotecas sus magníficos volúmenes, no conseguirían de ningún modo derrotar su pluma. Aunque muriera muy enfermo, olvidado y recluido en aquel monasterio en Roma, sus obras y su escritura serían un magnífico ejemplo de que las grandes manifestaciones del arte consiguen trascender y colocarse por encima de cualquier ideología, bandera e idiosincrasia, perviviendo a través de los siglos, del mismo modo que la personalidad inmortal del conde de Saint Germain.

 

3.

De pronto, el conde de Saint Germain abordó un tema poco tocado, incluso prohibido en los cursos y libros oficiales de historia y literatura occidental: la cuestión de la inmortalidad. Le confesó a Papini ser parte de una muy escasa élite de hombres que no mueren o que tardan mucho más que el común denominador en fallecer, desapareciendo apenas o entrando en trances y letargos durante cientos e incluso miles de años, aguardando el momento oportuno para despertar y reaparecer en el escenario de los hombres, jugando un papel fundamental en su liderazgo y en la historia.

Repentinamente, nos dice Papini, el conde pareció agobiado y mucho más viejo de como se presentó en un inicio. Le dijo al escritor que ya estaba demasiado cansado, que por eso permanecía la mayor parte de su tiempo en Oriente, lejos de Europa y de los hombres occidentales, de quienes estaba harto.

Ambos personajes cayeron en un prolongado silencio y se despidieron apenas dándose la mano. En los siguientes 2 días de viaje, Saint Germain pareció incluso evitar encontrarse de nuevo con el escritor. Cuando el barco hizo escala en Benarés, Papini contempló al enigmático conde de Saint Germain descender por la rampa del vapor. En el puerto lo esperaban ya dos ancianos y barbudos brahmanes. El conde volteó apenas un instante para despedirse del escritor con un gesto veloz de su rostro, desapareciendo luego entre la multitud de la India, custodiado por sus dos acompañantes.

 

 Twitter del autor: @adandeabajo