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Existe una tenue línea entre una experiencia mística y una alucinación, pero por suerte tenemos un recurso para orientarnos en las profundas y a veces espectrales aguas de la conciencia

La mente es en verdad, como dice la frase, un excelente sirviente pero un terrible amo y con suma facilidad puede construir los más intrincados laberintos, o hacer un cielo o un infierno de un momento mayormente neutro. Esto es algo que ocurre en la cotidianidad como una consecuencia no del todo inusual de absorber dogmas y formas de ver el mundo, de recoger hábitos, opiniones y creencias a la vez que nuestra mente está sujeta a estrés, presión y en general a una inestabilidad que afecta la percepción (se ha dicho, y me parece acertado, que sólo una mente tranquila puede percibir las cosas tal como son). Si la propia naturaleza de la mente conlleva este riesgo, esto se vuelve aún más delicado cuando uno se aventura a estados alterados de conciencia, ya sea utilizando drogas psicodélicas, ejercicios de yoga o meditación o demás "tecnologías del éxtasis". En estos casos lo que se suele buscar es refinar la percepción para establecer un conocimiento de lo que subyace al mundo de las apariencias y entrar en un estado de identidad o gnosis con la realidad. Sin embargo, cuando estas prácticas --que quieren ser la medicina-- no se llevan con el debido aprendizaje gradual, bajo una guía calificada, con naturalidad y dentro de un contexto adecuado (el famoso set and setting, las prácticas de purificación) rápidamente pueden convertirse en una distorsión más, en un embotamiento y desatar un caudal de fantasías, complejos y alucinaciones --el remedio si no se toma bajo las condiciones exactas se vuelve un veneno. Sobre esto el filósofo Manly P. Hall explica:

No hay nada más peligroso para el crecimiento natural que las alucinaciones, ya que se manifiestan como una especie de experiencia vivida y el individuo tiende a darle más importancia a aquello que le ocurre a él mismo, por lo cual también él mismo se engaña más fácil de lo que lo engaña otra persona... y si este engaño lo hace avanzar en dirección de algo que le interesa o gratifica una de sus ambiciones es muy fácil que se convierta en víctima de sus alucinaciones. 

El "buscador" de experiencias espirituales o estados alterados de conciencia muchas veces se acerca a estas disciplinas o a estas sustancias con un ansia y una avidez que fácilmente le provocan sensaciones --ve luces, se encuentra con coincidencias significativas, escucha voces, las cuales fácilmente puede confundir con verdaderas epifanías y hasta teofanías y así considerar que ha vivido algo extraordinario y milagroso, todo lo cual sirve también para reafirmar su ego (el ego de ser una persona espiritual). Como sabemos esta predisposición del cerebro es una configuración inicial que suele sesgar el "experimento" y que, por la propia potencia creativa del cerebro, le hace encontrar significado en el caos o ver reflejado sus deseos en el mundo "objetivo", así confirmando en el mundo externo los extraordinarios resultados que ansiaba internamente.

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¿Es Dios, es Alan Moore, es una morsa fractal escarabajo gigante?

El problema aquí es que no existe una metodología muy clara para clasificar las visiones que ocurren en este tipo de estados de conciencia, ya sean alterados o simplemente más agudos; podríamos ser reduccionistas y tomar partido con la ciencia materialista más dura que simplemente todo lo mete en la misma canasta: todo es un fenómeno neuroquímico y puede explicarse por la activación de ciertas neuronas o por la desconexión de ciertas regiones del cerebro, las cuales alteran nuestra percepción ordinaria produciendo algo que a falta de mejor término puede designarse como una alucinación ya que dentro del modelo científico no es posible que se perciban mundos sutiles, entidades espirituales o se tengan fenómenos psi, como la telepatía o la clarividencia (esto es llevado al extremo por la neuroteología que explica todos los fenómenos religiosos  que ha experimentado el ser humano como perturbaciones del lóbulo temporal). Sobra decir que el término alucinación de entrada es problemático ya que la percepción ordinaria es en sí misma una reconstrucción de la realidad filtrada por todo el cúmulo de experiencias y conceptos que constituyen nuestra subjetividad. Mucho ha discutido la filosofía si realmente podemos percibir las cosas en sí mismas; sería demasiado largo debatir esto aquí. Sin embargo, apelaremos a algo así como un sentido común y a una tradición de místicos como Paracelso, Swedenborg, Buda, Pitágoras y muchos más, cuya vida y obra es congruente con sus experiencias místicas. Lo que nos interesa no es hacer ciencia sino que se produzca un entendimiento subjetivo de este fenómeno, más ligado a una experiencia y a un conocimiento práctico que produce una transformación en el individuo. Tomamos una posición de apertura ante la posibilidad de entrar en contacto con lo numinoso, siendo que algunas de las grandes mentes en la historia de la humanidad han reportado tener experiencias de este tipo, y preferimos al menos darles el beneficio de la duda y considerar que lo místico --que podemos definir como la experiencia directa de lo sagrado o divino a través de la cual se accede a una verdad-- es algo que ocurre, que es posible, si bien es infrecuente, de la misma manera que las personas extraordinarias, las grandes sensibilidades aparecen también de manera poco común (pero no así los charlatanes). Nos dice Manly P. Hall  que:

los grandes místicos y más tarde el psicólogo William James han apuntado a que existe una tenue línea entre las experiencias místicas y las alucinaciones, la mera imaginación y la variada estimulación por medios artificiales de las facultades emocionales del individuo, y es sumamente difícil, incluso actualmente, distinguir el seudomisticismo del verdadero misticismo.

Sabiendo que es casi imposible establecer un consenso que nos diga qué visión es real y cuál es una alucinación o un error perceptual, pero a la vez reconociendo la importancia de poder establecer un mapa que nos permita navegar estas dimensiones de manera un poco más segura --ya que siempre existirán psiconautas y personas inclinadas al misticismo, por más de que vivamos en épocas oscuras, hacemos mención aquí de un criterio de distinción que puede resultar muy valioso para  quien se aventura a los mundos alternos de la percepción. La idea viene del filósofo Manly P. Hall, quien dedicó buena parte de su vida a orientar a personas que sentían curiosidad metafísica y prevenirlos del fácil encuentro con gurús que prometían iluminación en una sesión o que se inclinaban hacia los superficiales entramados de la literatura new age. Hall era partidario de retomar a los clásicos de la filosofía y el ocultismo para poder desarrollar una capacidad de discernimiento como un blindaje al exponerse a maestros y sistemas novedosos de superación personal o transformación espiritual. Y cuando se trataba de determinar si una persona había tenido realmente una experiencia espiritual, o una visión mística, Hall creía que el mejor termómetro, más allá de la naturaleza de la visión, era observar los cambios que ocurrían en la vida de esa persona. Dejemos que él mismo explique:

El misticismo desde su origen estaba asociado con la idea de que una cierta forma de vida producía un cierto resultado...

Regresamos al concepto original enseñado en el Oriente por el Buda y en Occidente por Plotino, esto es, que el misticismo tiene que ser un efecto cuya causa debe ser igual al efecto producido; la causa del misticismo no es sólo tener buenos deseos o la estimulación tecnológica o farmacéutica de facultades extrasensoriales, el misticismo es una cierta adaptación de la conciencia humana en conformidad con las leyes de la existencia universal, por ello todo el verdadero misticismo empieza como una forma de vida, como una dedicación... no puede surgir en una condición distinta a sí mismo.

Lo anterior está fundamentado en la noción esencial y completamente racional de la ley de la causalidad o del mérito (y en cierta forma también del karma). "No hay atajo a Dios", dijo en repetidas ocasiones Hall y por lo mismo no se puede esperar que una persona que no tiene méritos en su práctica personal tenga visiones muy refinadas. Y lo mismo aplica  en el caso de una persona que aparentemente alcanza un estado de conciencia muy alto tomando una droga psicodélica. Y es que, ¿cuál es el valor de percibir que el universo entero no es más que luz y conciencia en un juego infinito de energía creativa (o algo similar) en un viaje de ayahuasca, si al siguiente día seguimos haciendo lo mismo que hacíamos antes, víctimas de nuestras emociones, de nuestra desidia, de nuestro desencanto o de cualquier cosa --y no somos esa conciencia que vimos? Podemos agregar también que el significado de la experiencia mística no está en si nos muestra esta o esta otra visión particular sino en el cambio que produce en la conciencia del individuo que la experimenta: alguien puede ver el merkabah que vio el profeta Ezekiel, puede ver un OVNI o simplemente tener una sensación muy fuerte e inefable en su corazón. Y todo esto puede ser la misma visión, la misma experiencia, la misma transmisión en esencia. De nuevo Hall:

No negamos que un individuo sin el desarrollo de su vida moral o cultural puede bajo ciertas condiciones [como tomando una sustancia psicodélica] tener experiencias que trascienden sus funciones ordinarias, sin embargo surge la pregunta de si estas experiencias son realmente valiosas e importantes y producen una transformación positiva. [...]

El misticismo [debe proceder de manera] natural y gradual, sin especial tensión y esfuerzo, no deseado demasiado... es un estado de evolución natural de la conciencia, la consecuencia inevitable de causas adecuadas [...]

El individuo moderno está convencido de que puede obtener ciertos poderes sin importar lo que es y que para ello existen ciertos trucos, fórmulas científicas, ciertas drogas, o alguna técnica especializada para obtener una extensión de una facultad por encima de un sistema de mérito, esto es una terrible fantasía.[...]

Sólo hay una verdadera guía, esto es, que el misticismo representa un crecimiento natural por lo que debe ser revelado de la mano de un nivel de integración completo en un estado de crecimiento espiritual, tal integración lleva necesariamente hacia una reforma gradual de la actitud que se tiene ante la vida. 

Así tenemos un protocolo muy sencillo que aunque no sea científico creo que tiene una base ética muy sólida y esto es lo que se necesita cuando se entra en estos terrenos de la mente. Coincido con el gran traductor francés de los textos de la tradición sufí, Henry Corbin, quien estudiando las visiones místicas de los grandes filósofos de esta tradición consideró que realmente la imaginación era un mundo en sí mismo --el mundus imaginalis-- y que tenía su propia geografía, su propia realidad más allá de la elucubración de una mente fantasiosa. Pero, como demuestran estos grandes místicos, para acceder a estos paraísos imaginales es necesario llevar una vida conducente, seguir las enseñanzas de aquellos que han viajado a estos mundos antes, obedecer ciertas leyes que operan en la dimensión de la psique e incluso construir un vehículo, un cuerpo sutil que permite serenar las oscilaciones e infirmezas de la conciencia para emprender un vuelo que logre llegar a su destino. Como enseñan la mayoría de estas tradiciones la verdadera sabiduría es un acto esencialmente místico, una comunión: nos convertimos en aquello que conocemos y por ello sólo podemos conocer aquello con lo cual hemos establecido una afinidad esencial. Sólo el hombre sincero puede acceder a la verdad, "el inicio de la práctica del misticismo es la honestidad", dice Hall. 

 

Twitter del autor: @alepholo

El uso medicinal de la marihuana permitiría tratar dolencias para las que otros fármacos resultan inefectivos, mayor investigación y comprensión científica y una posible respuesta a la crisis por consumo de opiáceos

Los humanos han utilizado medicinalmente la planta de cannabis o cannabis sativa l. durante siglos. Incluso el emperador chino Shen Nung se ocupó de escribir sobre los beneficios de usar la cannabis para tratar reumatismo, gota, estreñimiento y falta de atención en el año 2737 AEC. La administración de esta planta, ahora conocida popularmente como “marihuana”, aunque el término sea un fruto de la propaganda prohibicionista, también incluía la elaboración de ungüentos, aceites y tinturas. De hecho hace menos de 2 siglos, en 1823, el doctor de la reina Victoria, Sir Russell Reynolds, le prescribió marihuana para sus cólicos menstruales, añadiendo la observación de que era “una de las medicinas más valiosas que poseemos”. 

Las deformaciones propagandistas fruto de la prohibición de la marihuana se ocuparon de difundirla como una droga satánica, pero los gobernantes no siempre estuvieron en contra de la cannabis. De hecho la reina Elizabeth I, lejos de criminalizarla, declaró en 1563 que los terratenientes poseedores de más de 60 acres debían incluir cultivos de cannabis o pagar una multa de 5 libras. En todo caso y a pesar de que el cambio de estatus de la marihuana como una droga sin potencial medicinal quede pendiente a nivel legal, existe evidencia de que esta planta puede ayudar a combatir numerosos males incluyendo insomnio, estrés, dolor crónico, esclerosis múltiple, enfermedades epilépticas, Alzheimer, trastorno de estrés postraumático, enfermedad de Crohn y síndrome de Tourette. 

Gran parte del corpus anecdótico con el que contamos actualmente sobre los poderes medicinales de la cannabis se debe a que la prohibición no ha impedido que las personas busquen alivio a sus dolencias a través de la marihuana medicinal. Una de esas personas fue Rick Simpson, quien en 1997 sufrió una lesión en la cabeza, la cual derivó en un síndrome poscontusión que le hacía escuchar constantemente un sonido similar al de una podadora adentro de su cabeza. Los médicos le recetaron farmacéuticos que en lugar de aliviarlo le provocaron una serie de efectos secundarios disfuncionales, evitando que tuviera una vida normal, de tal manera que cuando supo de los beneficios médicos de la marihuana se animó a empezar a fumarla y al notar que le proporcionaba el alivio que las otras drogas no le habían dado Simpson le pidió a su doctor que se la recetara, pero el galeno se negó rotundamente, además de recomendarle que dejara de fumarla. 

Así que Simpson continuó con sus malestares, pero empezó a preguntarse qué pasaría si pudiera administrarse una dosis concentrada de cannabinoides, una mucho más concentrada de la que podría obtener fumando, por lo cual empezó a cultivar sus propias plantas y a extraer aceite de las flores, el cual tomaba en dosis pequeñas diariamente. Al poco tiempo Rick Simpson declaró que sus síntomas se habían mitigado, mejorando su sueño, presión sanguínea y sus niveles de dolor. Esta fue una de las primeras experiencias positivas que Simpson tuvo con la cannabis y que lo motivaron a compartir su receta para la realización del aceite de cannabis con el mundo.

Sin embargo la legalización de la cannabis en diferente puntos del globo, tanto a nivel medicinal como recreativo, ha permitido la apertura necesaria para la investigación. Un ejemplo de esto es Tikun Olam, la agencia israelí encargada de la administración de cannabis medicinal, cuya existencia es posible gracias a que hace años Israel aprobó el uso terapéutico de la cannabis y apoyó el desarrollo de investigaciones en este centro, de tal manera que han logrado desarrollar variedades medicinales de contenidos específicos de THC, CBD y otros compuestos e investigar su relación con el tratamiento de enfermedades específicas, además de establecer dosis apropiadas para cada dolencia y contribuir al entendimiento de cómo los más de 400 compuestos químicos de la cannabis sativa l. interactúan con el cuerpo humano.  

Una vez explicado lo anterior, no debe sorprendernos que el pionero del descubrimiento del sistema endocannabinoide del cuerpo humano haya sido liderado por el profesor Raphael Mechoulam de la Universidad de Jerusalén, quien incluso creó una nueva rama de la bioquímica para estudiar la relación entre el cerebro y la cannabis. De acuerdo con Mechoulam:  

El sistema endocannabinoide ha sido estudiado usando sistemas genéticos y farmacológicos. Estos estudios han revelado que los cannabinoides actúan como neuromoduladores para una variedad de procesos fisiológicos incluyendo el aprendizaje motriz, la plasticidad sinóptica, el apetito y la sensación de dolor. 

Los investigadores creen que los receptores de cannabinoides son más numerosos que cualquier otro sistema receptor en el cuerpo, de tal manera que su estimulación está detrás de muchos procesos fisiológicos y esto explica por qué la cannabis tiene el potencial de tratar un abanico tan grande de enfermedades. Hasta ahora los investigadores han identificado dos de estos receptores, el CB1 y CB2. El primero se encuentra principalmente en el cerebro pero en años recientes también ha sido encontrado en el tejido periférico. El segundo se manifiesta casi exclusivamente en las células y órganos conectados con el sistema inmune y el sistema cardiovascular. Su más grande concentración se encuentra en el bazo y es responsable de las propiedades antiinflamatorias de la cannabis.  Pero esto no es todo, pues existe la probabilidad de que muchos otros receptores de cannabinoides estén en diferentes partes del cuerpo. Así que queda aún mucho por descubrir en este campo.

La cuestión es que el uso medicinal de la marihuana podría significar un éxito en materia de salud durante los próximos años, tanto en los países desarrollados que enfrentan una crisis de muertes por el consumo de opiáceos que además merman significativamente la calidad de vida de quienes los consumen como en los países en vías de desarrollo, donde muchas personas no tienen la solvencia económica para tratar sus dolencias con fármacos de grandes laboratorios. Pero sobre todo sería la oportunidad de que muchas personas encontraran la oportunidad de acceder a un tratamiento menos costoso, con menos efectos secundarios nocivos y más efectivo que muchos fármacos. Resulta hasta cierto punto poético pensar que en un mundo que se enorgullece de sus logros tecnológicos y en el que pareciera que el hombre y la máquina están cada vez más unidos, sea una planta la que logre salvar al mundo. Aunque claro, eso sólo podría suceder en un escenario poslegalización. 

Twitter de la autora: @diosaloca