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William Burroughs te dice cómo enfrentar lo absurdo e impermanente de la condición humana

Libros

Por: pijamasurf - 07/01/2016

El sabio pervertido Burroghs con inesperados consejos de inspiración zen para afrontar la condición humana

En los intersticios de sus delirantes narrativas --cortadas por la poesía de los opiáceos-- William Burroughs inserta perlas de filosofía. Podrían pasar desapercibidas, pero el lector atento reconocerá esa veta más o menos constante en Burroughs que lo hace un viejo lobo de mar o un recocido tío sabio y bizarro. En su última gran novela, The Western Lands (1987), el hombre que tenía "1 millón de dólares de heroína en el brazo" escribe:

La condición humana es un caso perdido una vez que te has sometido a ella al haber nacido... o casi. Hay una oportunidad en 1 millón, y eso es una posibilidad biológica decente. Empieza de donde estás mirando hacia abajo del tubo. El 90% de tu actividad es estar inquieto sin ningún propósito, prendiendo otro cigarrillo... el peso de 90% ramas muertas sobre tus espaldas... esos son los momios de la casa. 

Las películas supuestamente concentran los pocos momentos de acción significativa, pero de todas maneras cargan más del 60% de peso muerto. Por ejemplo una película como El padrino... corte corte corte. ¿Quién quiere verlo comprar un durazno, ponerse un abrigo, beber un vaso de vino? Así que tenemos tal vez unos 10 minutos que nos conmueven y eso es una muy buena película. Así que puedes abarcar todo el guión de tu vida en 1 semana, o menos. Algún personaje menor quema toda su parte en apenas unos segundos. 

Nuestra vida está compuesta mayormente de paja y no de cualquier paja, dice Burroughs, paja mortal, enferma y oprimente. Sin embargo, tenemos una posibilidad, en nuestra forma de percibir, de encontrar sentido. Burroughs fue entre los beats el menos tocado por el budismo zen, pero aquí muestra que supo absorber a su propia manera, asimilando a su propio cosmos embrujado, las perlas de la filosofía oriental:

Concéntrate en todo el planeta moviéndose a esa velocidad. Todo encuentro es tan portentoso como un cometa. El aire crepita con peligro, miedo, luto y éxtasis. Cada vuelta más rápido. [...]

Así que tenemos una vida con pocos momentos de propósito y significado dispersados aquí y allá... no tienen que ser supremos pedazos de gran logro, puede ser solamente el cielo nocturno sobre St. Louis o donde sea. Puede ser un gato blanco en una pared roja mirando el horizonte de Marrakesh... ese gato macho es Ra, el dios mismo. Es transitorio: si ves algo hermoso, no te aferres a ello; si ves algo horrible, no recules de ello, aconseja el sabio tántrico [itálicas nuestras].

 

Hat tip: @aaroncheak

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Por qué nos encanta perder la noción del tiempo leyendo un libro

Libros

Por: pijamasurf - 07/01/2016

La llamada "transportación literaria" es uno de los fenómenos más gustados y extendidos del mundo. La lectura es uno de los vehículos más eficientes para perder la noción del tiempo

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Roland Barthes decía que la narrativa se mantiene bastante despreocupada de la buena o la mala literatura. “Como la vida misma, está ahí”, apuntaba, “internacional, transhistórica, transcultural”. De los distintos rasgos e inclinaciones humanos, el gusto por las historias es quizá el más extendido. Nos encanta perdernos en una buena historia, perder la noción del tiempo, dejarnos transportar a otros mundos. A esto la psicología le llama, precisamente, “transportación”, y se han llevado a cabo numerosos experimentos para averiguar qué hace absorbente a una historia y qué tipos de personas son más proclives a dejarse llevar por ella.

La “transportación” (o flow, como le llaman algunos psicoanalistas) está conectada con el sentimiento placentero de estar completamente absorto en una actividad y dejar de pensar y de sentir el tiempo. Además, leer una historia que corresponda con nuestra circunstancia nos permite modular ciertos efectos de ánimo. Si alguien está triste, por ejemplo, probablemente buscará leer algo que lo haga sentir más ligero, o por el contrario algo que le permita ahondar en su tristeza y por lo tanto reflexionar.

Estudios sugieren que la transportación literaria es más atractiva cuando las personas se sienten negativas hacia sí mismas o se perciben por debajo de sus estándares. Lo mismo pasa con la televisión. Este estudio encontró que cuando personas reciben respuestas negativas generales, pasan más tiempo sentados viendo televisión. Lo que sugiere que a menudo las personas buscan transportación narrativa como una suerte de escape.

No es de sorprender que, entre más nos identifiquemos con personajes o circunstancias de una historia, más fácil nos dejemos ir con ella. Si estamos en otoño, por ejemplo, leer sobre un otoño ficcional puede transportarnos instantáneamente, o al menos más de lo que lo haría un desierto o una primavera remota.

Pero el escape narrativo no necesariamente tiene connotaciones despectivas. La lectura nos ayuda a comprender nuestra circunstancia en contraste con otras circunstancias parecidas pero vividas de manera absolutamente distinta. De ahí que toda la literatura sea de autoayuda. Y está allí, como la vida misma. Es verdad que nos ayuda a escapar –a veces deliciosamente– de nuestra piel y, algunas veces, a olvidar por unos segundos el dolor existencial. Pero un buen libro, decía Kafka, “debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros”. Debe ayudarnos a sentir la Tierra.