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El secreto místico de la máxima "Conócete a ti mismo" es que al hacerlo reconocerás a Dios

Si haces tu perspectiva aquella de la sabiduría, descubrirás que el mundo es Dios.

Ramana Maharshi

En todas las tradiciones religiosas en su aspecto místico encontramos la idea de que el autoconocimiento lleva al conocimiento de Dios o del Ser que existe más allá del tiempo --trascendente a la vez que inmanente-- y cuya naturaleza es la esencia de todos los seres y fenómenos de la existencia. Este conocerse a sí mismo no implica una exaltación de la individualidad o un viaje de poder del ego, sino más bien una eliminación de todo lo inesencial, de todo lo que está sujeto a las circunstancias, condiciones y conceptos. Este proceso de inquisición y purificación se basa en la noción fundamental del monismo y del advaita (no dualidad) de que siempre existe unidad dentro de la diversidad y que la expresión diversa del Uno es una extensión de la unidad esencial en la que no se pierde la naturaleza, como un rayo de luz solar que no pierde su esencia solar al separarse del Sol (el efecto debe de ser igual a su causa). La diversidad es considerada en distintas tradiciones como una ilusión o una especie de sueño del cual se debe despertar o, también, como una manifestación de la gloria y la belleza creativa de la unidad que tiene la facultad de expresarse de todas las formas posibles y la cual se entiende al disfrutarse en el goce cumpliendo el significado del misterio: ese perpetuo ocultarse y desocultarse, como la luna, la marea o el rostro de una mujer detrás de un velo. Dice el cabalista David Chaim Smith:

El mensaje central de la alegoría edénica es que cuando la percepción no oscurece a la Divinidad, todo es dicha. De hecho, la palabra Edén significa DICHA.  

Sin duda una de las expresiones más contundentes y místicamente poderosas de esta noción de la unidad gnóstica entre Dios y el individuo es la que  hace el místico sufí Ibn Arabi en su Tratado de la unidad:

Por eso ha dicho el Profeta: "Quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor" y: "Yo conozco a mi Señor por mi Señor". El profeta de Allah ha querido mostrarte que tú no eres tú, sino Él: Él y no tú...

Quiero que entiendas que tú no eres, que tú no posees cualidad alguna, que no existes y que no existirás jamás, ni por ti mismo, ni por Él, ni en Él, no con Él. Tú no puedes dejar de ser porque no eres. Tú eres Él, y Él es tú, sin mediación alguna y sin causa. Sólo si logras reconocer en tu existencia la cualidad de la nada podrás conocer a Allah.

Ibn Arabi agrega a esto que los que dicen que el conocimiento de la divinidad surge de la extinción de la existencia se equivocan ya que no se puede extinguir lo que no existe. "Si te conoces a ti mismo y  alcanzas a comprender que no existes y que, por lo tanto no puedes dejar de existir, sólo entonces conoces a Allah". Tenemos aquí una visión de gnosis no dual radical que nos remite a tradiciones no duales como el budismo vajrayana y el shivaísmo de Cachemira (las dos grandes tradiciones tántricas). En la primera, la realidad es la vacuidad que es energía potencial infinita e impersonal que tiene una cualidad mental de cognición, la cual se manifiesta de todas las formas posibles; en la segunda el mundo es el juego a través del cual la divinidad, que es pura conciencia, se disfruta a sí misma, en toda su maravillosa potencia creativa.

downloadEn el budismo existe la doctrina del tathagatagarbha o de la naturaleza búdica esencial. En lo que es llamado el tercer giro de la rueda del Dharma, el Buda enseñó que todos los seres íntimamente son budas, son la mente despierta, el núcleo indestructible de la iluminación. No es necesario emprender una gran hazaña para conseguir el despertar, sólo descubrir nuestra esencia, es decir conocernos a nosotros mismos. "El término budeidad no es más que una etiqueta para referirse al simple reconocimiento de la más pura esencia del ser", dice el gran maestro del dzogchen Longchen Rabjam.

De la misma manera que Ibn Arabi, el budismo mahayana enseña que la sabiduría más alta es el conocimiento de la vacuidad --la vacuidad y la sabiduría son en el budismo lo mismo, por eso se habla de que el vacío o sunyata es radiante: la luz es una cualidad de cognoscitividad. Asimismo el cuerpo de Buda o cuerpo de la realidad absoluta, el dharmakaya es igual a la vacuidad, una infinita potencialidad de la cual todas las cosas emergen (en esto coincidiendo con nociones de la física moderna como la energía del punto cero y la totalidad implicada de David Bohm). Al igual que Ibn Arabi, maestros budistas enseñan que en realidad toda la gran procesión del samsara nunca ha existido, esta es la esencia del camino medio madhyamika, que está más allá del ser y del no-ser, del eternalismo y el nihilismo. Longchen Rabjam escribe en The Precious Treasury of the Way of Abiding (traducción de Richard Barron):

 Al igual que las ilusiones ópticas, al manifestarse de cualquier forma, están vacías por naturaleza y no tienen sustancia,

así todos los fenómenos --el mundo de las apariciones y las posibilidades-- incluso al manifestarse

no se alejan de la mente despierta y no tienen sustancia.

Y en The Precious Treasury of the Basic Space of Phenomena:

Vacía en esencia, continua por naturaleza, nunca ha existido como algo en particular y sin embargo surge como todas las cosas... 

La mente en sí misma es una vasta extensión, el reino del espacio inmutable.

Su indeterminado despliegue es el vasto espacio de la expresión mágica de su propia capacidad de respuesta.

Todas las cosas son sólo adornos del espacio absoluto.

Internas o externas, la proliferación y resolución de todas las cosas es la energía dinámica de la mente despierta.

[...]No importa cómo parezcan o suenen las cosas, dentro del inmenso reino del espacio absoluto no se desvían en lo más mínimo de su identidad espontánea como dharmakaya, la mente despierta.

Esta "mente despierta", la cual es igual a Buda, es también nuestra mente y todos los fenómenos, aquello que no cambia pero que se manifiesta como cambio perpetuo. Por ello se utiliza la metáfora de que la mente es como el espacio, el cual es el terreno en el que suceden todas las cosas pero en sí mismo no se altera por las apariciones fenoménicas. La budeidad entonces es solamente un reconocimiento de este espacio base de toda la existencia. Un reconocimiento que es posible a partir de descubrir que el individuo no tiene existencia inherente, lo cual lo sitúa en un estado de apertura ilimitada e inefable.

La otra gran tradición mística no dual es el shivaísmo de Cachemira, donde el universo es concebido como el extático juego de escondidillas de la Conciencia (Shiva) consigo misma. Javier Rouzaut, en su introducción al monumental Tantraloka de Abhinavagupta, escribe:

Porque esta Conciencia [Shiva] es soberanamente libre, puede negarse a sí misma, esconderse ante ella misma, oscurecer su esencia luminosa con la ayuda de su mâya-shakti (energía de ilusión), dividirse entre sujeto y objeto, “yo” (aham) y “esto” (idam), aparecer bajo la forma de un mundo múltiple y cambiante, en el cual ella jugará a perderse (siendo el juego la expresión misma de la libertad) y del cual aspirará mas tarde a liberarse, ella a la que nada podría encadenar.

El universo entero con toda su multiplicidad de reinos, fenómenos y seres surge como la expresión natural, gozosa y espontánea de la conciencia de hacerse conocida. El gran maestro Abhinavagupta explica que todo el mundo de las apariencias, el cambio y el ciclo de muerte y renacimiento no es una mera ilusión, es más bien la expresión espontánea del placer de ser de Shiva:

Shiva, el ser puro e independiente que siempre vibra en la mente, es el Parashakti [la manifestación suprema de la conciencia en su aspecto de energía] que surge como alegría en las diferentes experiencias sensoriales. Así la experiencia de este mundo externo aparece como su Ser. No se de dónde viene esta palabra "samsara". 

En el shivaísmo de Cachemira para alcanzar el conocimiento de la realidad como solamente Conciencia, como el juego no dual de la divinidad, es necesario desplazar o relajar el centro de conocimiento del cerebro hacia el corazón. Esto es el corazón espiritual que es descrito como una vacuidad en la que se reconoce a la divinidad. La esencia de la sotierología, trascendencia o iluminación del ser es una doctrina de reconocimiento (pratyabhijñâ), que se logra al reconocer que todo es Shiva, la conciencia absoluta, e identificarse con Shiva como goce absoluto, libre de todo límite:

Para encontrar este Corazón Universal –lo cual es una manera de hablar ya que en verdad no hay nada que adquirir, nosotros somos ya ese corazón–, se habla, según las escuelas, de reconocimiento (pratyabhijñâ) o de impulso (udyama), dos maneras bastante cercanas de subrayar el carácter puramente intuitivo, inmediato y dinámico de esta búsqueda. Según la primera concepción, basta para recobrar su verdadera naturaleza, con reconocerla en el corazón a través de una toma de conciencia fulgurante que no deja ningún lugar a la alternativa y a la duda, iluminación no progresiva, no programada, posible en cada instante en la percepción de un objeto cualquiera (uno «está ahí» o «no está ahí», no se puede estar a medias). 

Si bien es otra forma de "vacuidad", el shivaísmo de Cachemira, como el budismo, también encuentra la sabiduría en la vacuidad y se sirve de la energía de las emociones y las formas que, como explica el Sutra del Corazón del mahayana, finalmente no son más que vacuidad (y la vacuidad es forma), para reconocer en el surgimiento de todas las cosas su esencia: la Conciencia (Shiva) en su radiante despliegue:

En el instante preciso de su surgimiento, toda emoción o pasión, toda tendencia psíquica es pura, única, indiferenciada; está totalmente penetrada por la conciencia, la dualidad no existe en ese momento. El error y el peligro nacen cuando el «yo», al principio uno con la experiencia, se separa de ella (lo cual ocurre muy rápido), se piensa y se coloca como sujeto, agente, experimentador...

El silencio, el vacío, la desposesión, reemplazan al tumulto y, no teniendo nada a lo que agarrarse, el ser puede encontrase cara a cara con su verdadera naturaleza. Es ahí, más que nunca, que él debe sumergirse en la vacuidad de su corazón y realizar ese vacío no como una nada, no como un refugio consolador o provisional, sino como su esencia original e intemporal.

En el caso del hinduismo su texto más popular, el Bhagavad Gita, hace alusión a la misma idea, si bien lo expresa desde la identidad que designan los Upanishad entre el alma individual y la deidad (Atman es Brahman) y no desde la perspectiva de la vacuidad o ausencia de naturaleza inherente. En medio de una cruenta batalla Krishna le explica a Arjuna cómo nadie muere, los diversos cuerpos que cumplen los diversos actos, que encajan la espada o la reciben no son más que un único Ser inmortal que es la naturaleza de todos los seres:

Si crees que ese Ser puede matar

o crees que este ser puede ser matado

no entiendes bien

los caminos sutiles de la realidad.  

Nunca nació; habiendo sido,

nunca no será.

Nonato, primordial,

no muere cuando el cuerpo fallece.

 

Sabiendo que es eterno, nonato,

más allá de la destrucción,

¿cómo podrías tú matar?

¿Y a quién matarías, Arjuna?

 

De la misma manera que te deshaces de ropa usada

y te pones nuevas vestiduras

el Ser descarta sus cuerpos usados

y se reviste con otros nuevos.

En las tradiciones más cercanas a la cultura occidental esta misma noción aparece recurrentemente entre místicos. La famosa frase del oráculo de Delfos, "Conócete a ti mismo" (gnōthi seauton), ha sido reinterpretada como "Conócete a ti mismo y conocerás al universo y a los dioses" por el filósofo Édouard Schuré, quien mantiene que los pitagóricos inscribían esta frase en sus habitaciones. Más allá de que no se encuentra una fuente fidedigna de esta aseveración, el sentido de la frase es consistente con la tradición pitagórico-platónica. En su Teología platónica Marsilio Ficino dice que Platón:

considera que el alma del hombre es como un espejo en el que la imagen del divino semblante se refleja prontamente; y en su entusiasta búsqueda por Dios, mientras que rastrea cada huella, en todas partes se vuelca hacia la forma del alma. Porque sabe que este es el significado más importante de las famosas palabras del oráculo: "Conócete a ti mismo", esto es: "Si quieres ser capaz de reconocer a Dios, debes primero aprender a conocerte a ti mismo".

Antes que Ficino en esa cadena áurea de filósofos platónicos nos encontramos con Porfirio quien escribió sobre este tema en un texto del cual sólo tenemos fragmentos y el cual nos brinda la otra parte de la ecuación, la parte de "el universo" en la frase supuestamente pitágorica mencionada anteriormente:

Otros filósofos, que admiten que el hombre es un microcosmos, dicen que el precepto de Apolo manda sin duda conocerse a sí mismo, pero que, siendo el hombre un microcosmos, el mandato de conocerse a sí mismo equivale a entregarse al estudio de la filosofía. Si queremos entregarnos al estudio de la filosofía sin extraviarnos, apliquémonos a conocernos a nosotros mismos y llegaremos a la recta filosofía elevándonos desde la contemplación de nosotros mismos a la contemplación del universo.

Otro filósofo con ascendencia platónica, el norteamericano Ralph Waldo Emerson escribe en su poema "Gnothi Seauton" ("Know Thyself"):

Give up to thy soul-

Let it have its way-

It is, I tell thee, God himself,

The selfsame One that rules the Whole.

 

(Entrega tu alma-

deja que obtenga lo que quiere-

Es, te digo, Dios mismo,

el Uno autosemejante que rige la Totalidad).

Para no dejar de lado a la tradición más cercana al pensamiento occidental, tres grandes místicos cristianos que completan nuestro tema del autoconocimiento como reconocimiento de la divinidad y de vaciarse (kenosis) de lo condicionado (cualquier cosa como un "yo" o un "tú") para así depurar la percepción y dejarse poseer por lo divino en ese silencio o en esa vacuidad íntima. (Ese es también el significado del término "éxtasis" (ékstasis), que significa salirse de uno mismo o hacerse a un lado, esto para que surja desde dentro sin obstrucciones lo divino. "El éxtasis no es personal; el éxtasis no es tuyo ni mío, de la misma manera que el amor no es tuyo ni mío", escribió Krishnamurti). Recordemos primero la frase del Evangelio de San Juan: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre", es decir, el que conoce al hombre en la clara expresión de su potencial conoce a Dios. 

Angelus Silesius escribió en El peregrino querubínico

Dios es una pura Nada, que ignora el aquí y ahora / Cuanto más le sigues para agarrarle, más se te deshace.

El ojo con el cual veo a Dios es el mismo ojo con el que Él me ve a mí.

Soy el otro yo de Dios, Él puede en mí apercibir lo que desde la eternidad fue irradiado en su propia imagen.

Meister Eckhart, el místico alemán, en sus Consejos sobre el discernimiento

Si renuncio a mi voluntad, y no quiero nada para mí mismo, entonces Dios deberá quererlo para mí, y si me falla en esto, se estará fallando a sí mismo... ¿Qué es lo que Dios quiere para mí que yo no quiero para mí? Cuando me vacío de yo, él necesariamente debe querer para mí todo lo que él quiere para sí...

Entre más vacío es un espíritu más poderosa es la oración y más glorioso, digno, provechoso y perfecto es el trabajo. Un espíritu vacío puede hacer lo que sea. ¿Qué es un espíritu vacío? Un espíritu vacío es uno que no se confunde con nada, no se apega a nada, no adhiere su valor a ninguna forma fija de actuar y no tiene ninguna consideración por su propio beneficio puesto que se ha hundido profundamente en la más querida voluntad de Dios y ha abandonado la suya.

Y por último, para recalcar que no es el yo individual el que accede a la divinidad sino que la divinidad se impone a la falsa construcción perceptual del yo que se considera real, amo y señor, las palabras de la mística francesa Marguerite Porete, quien fue quemada en la hoguera por herejía y quien nos recuerda que "el espíritu no siente alegría, es alegría". No hay nadie ahí para sentir alegría y sin embargo la alegría existe, es la existencia misma. 

 

Twitter del autor: @alepholo

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Sobre la influencia celestial de la música, sus efectos en la memoria y la poesía de Rumi

Music, when soft voices die, vibrates in the memory.

Percy Bysshe Shelley

¿Por que nos gusta tanto cierta música? La respuesta está en que vibra en la mente. Hay una música que después de escuchada se vuelve la vibración que se inscribe en la mente, la música misma y la memoria de lo que vivimos cuando escuchamos la música; la música inscribe la memoria y la exalta, la dota de una intensidad que supera la realidad ordinaria. Así la música es una poderosa forma de inscribir memoria, de hacerla ritmo y reverberación: intensidades revividas, momentos elegidos como joyas. Cierta música es estalactita de neuronas. Y, también, como dice el poeta Shelley, hay una música de los recuerdos --pueden ser recuerdos silenciosos, recuerdos queridos, que la luz de la mente dota de cierta música. Y es que, como ya dijimos, la música es una forma de elevar los recuerdos, de hacerlos más reales que la discontinuidad de fragmentos ordinarios que conforman la existencia.

El poeta Rumi va más allá y dice que la música es un recuerdo del paraíso, o un recuerdo de las melodías que escuchamos en el paraíso. Hay una música debajo de toda música. Como si los cantos que escuchamos --esta o esta otra canción-- fueran siempre la sombra de un coro angelical, de las armonías que forman las estrellas en sus órbitas que son los biorritmos de nuestro espíritu, o como si el silencio expansivo, como el que atisbamos cuando meditamos o salimos al campo, estuviera habitado por los sonidos del Árbol de la Sabiduría, que primero se estremece hoy con el viento del Sol que lleva la conciencia. La música es memoria de nuestra existencia

Como todos somos miembros de Adán,

Hemos oído estas melodías en el Paraíso;

 Aunque la tierra y el agua hayan echado su velo sobre nosotros,

Guardamos vagas reminiscencias de aquellos cantos celestiales. 

Pero mientras estamos así envueltos por velos terrenales,

¿Cómo pueden llegar hasta nosotros esos tonos de las esferas bailando? 

Dice Rumi también que en nuestros movimientos --como esos giros de derviches extáticos-- estamos de alguna manera reproduciendo los giros de las esferas, circuitos primordiales de la energía en el espacio y en todos nuestros cantos repetimos el canto de los planetas que cantan a su estrella como los profetas cantan a su dios o los amantes a su amada. Todo puede verse como un enorme círculo dentro de otro círculo y así hasta el infinito en una vibración concéntrica, el sonido del oro de anillos enlazados como vesicas piscis, la galaxia como una estructura de ruedas, como el carro que vio el profeta...

El Sol entona su antigua canción

Junto con el son de sus hermanas esferas

Su curso prescrito corre en tracción

Estruendosa por las diferentes eras.

(Arcángel Rafael, Goethe, Fausto)

 

En las estrellas nos acordamos; en los planetas olvidamos.

(Eliphas Lévi)

Ezekiel's_vision

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Como a cualquier adolescente en este mundo, la música nos recuerda el amor, los primeros anhelos conscientes de fundimiento, los destellos de la belleza con todas sus cualidades anagógicas. La belleza que, diría Platón, es lo que nos eleva al cielo y nos hace ver a los dioses en las cosas. La música, como una alquimia emocional, hace que los sentimientos se conviertan en experiencia estética. La música enciende la marcha que lleva a la gesta, la fundación del sueño en la arena del tiempo.

En la música esta la permanencia del cielo --sublime reino incorpóreo-- y en esta tenue memoria, la sospecha de que nuestro cuerpo fue hecho con un cierto tono, que las cosas son vibradas hacia su existencia. Escribe el rosacruz Max Heindel:

Así, se dice que este es particularmente el mundo del tono, y es este tono el que construye todas las formas del mundo físico. El músico puede escuchar diferentes tonos en las diferentes partes de la naturaleza, como el viento en el bosque, el romper de las olas en la playa o el rugido del océano. Estos tonos combinados hacen un todo que es la nota clave de la Tierra: su "tono". De la misma manera que formas geométricas se crean al acercar el arco de un violín a un cristal con arena, así las formas que vemos alrededor de nosotros son las figuras de sonido cristalizadas por las fuerzas arquetípicas que resuenan con los arquetipos del mundo celestial.

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La música, nos dice Rumi "es el alimento de los amantes,/ Porque les recuerda su primera unión con Dios./ Los sentimientos internos de la mente adquieren fuerza,/ Surgen al exterior, bajo la influencia de la música./ El fuego del amor quema con más ardor bajo el estímulo de la música". La música mueve hacia afuera el corazón --el templo de la divinidad en el hombre--, derrama como un néctar y lo hace igual al mundo.

Texto completo de Rumi en Ars Gravis

 

Twitter del autor: @alepholo