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Descarga 144 libros del futurismo ruso libres de derechos de autor

Libros

Por: Pijamasurf - 08/16/2016

Joyas del movimiento futurista en Rusia, la vanguardia de principios del siglo XX

Si bien el futurismo, uno de los principales movimiento de la vanguardia del siglo XX, tuvo su inicio en Italia, en Rusia encontró su expresión más profusa y destacada. Antes de la llegada del comunismo, en una etapa de transición, Rusia fue un lugar de alta vanguardia, con poesía, pintura, cine, danza y experimentación sonora sumamente innovadores.

Entre los miembros más destacados de este movimiento se encuentran el poeta experimental Velimir Khlebnikov, el siempre radical Aleksei Kruchenykh y el más afamado miembro de este movimiento, Vladimir Mayakovsky, quien fuera poeta, pintor, cineasta y dramaturgo. El mismo Stalin, que luego reprimiría expresiones tan osadas, dijo de Mayakovsky que era el poeta más talentoso de la época soviética.

Un archivo de 144 libros del futurismo ruso ha sido liberado en este enlace. Los libros son hermosos, verdaderas joyas artísticas de principio del siglo XX. El material está en ruso pero, siendo libros de la vanguardia, tienen numerosas imágenes e ilustraciones, por lo cual seguramente no decepcionarán. Muchos son de poesía, por lo que quien se interese en la lengua podrá utilizar softwares de traducción para recrear los versos futuristas.

A nadie se le puede obligar a amar: este decálogo defiende el derecho a leer por placer

Libros

Por: pijamasurf - 08/16/2016

Leer por placer, leer porque nos gusta, leer lo que podemos leer, incluso no leer; a inicios de los 90, el escritor francés Daniel Pennac sorprendió con esta defensa de la lectura hedonista y lúdica

A inicios de los 90, el escritor Daniel Pennac sorprendió al medio literario francés con una obra que a primera vista se creería modesta: Como una novela, un ensayo sobre la lectura. El tema, por supuesto, ha sido tratado una y mil veces, y además podría achacársele cierta tendencia hacia la erudición y el elitismo. ¿Escribir sobre leer? ¿No es un poco una reflexión sobreintelectualizada?

Pennac, sin embargo, tomó otra vía, una en la que cualquier lector se reconocerá de inmediato y que está relacionada con el carácter emotivo de la lectura. Leer, es cierto, es una actividad esencialmente intelectual, una que además en los últimos siglos se realiza sobre todo a solas y en silencio. Pero podría decirse que ese es el aspecto superficial de la lectura. No sin cierto romanticismo también es posible hablar de eso que sucede al interior de la lectura, durante, que en uno de sus aspectos abandona la mera intelectualidad y apela de lleno a nuestras emociones. Si bien esta sigue siendo una operación cognitiva, hay en la lectura la capacidad de hacernos sentir, de simpatizar con un personaje, sentir aversión por otro, llorar cuando alguno muere o es lastimado, enojarse, sentir entusiasmo, angustia, ansiedad. La lectura, lo sabe bien el lector, puede despertar casi cualquier emoción.

Ese fue en buena medida el acierto de Pennac. A contracorriente de toda una tradición que solemniza el acto de leer (como hace, por ejemplo, Alberto Manguel involuntaria y acaso incluso inevitablemente, pues leer es también un gran recurso cultural y evolutivo), Pennac optó por recuperar esa condición lúdica de los libros, el amor que puede llegar a rodearlos y que nace espontáneamente –porque no puede ser de otra forma– cuando se descubre con sorpresa todos los dones que la lectura ofrece.

El ensayo completo de Pennac es un gran elogio a la lectura; sin embargo, en su capítulo 57 incluyó un breve decálogo que desde su publicación ha sido como el estandarte no solo del libro mismo sino, en general, de una postura específica con respecto a leer. Escribe Pennac:

En materia de lectura, nosotros “lectores”, nos permitimos todos los derechos, comenzando por aquellos que negamos a los jóvenes a los que pretendemos iniciar en la lectura.

1) El derecho a no leer.

2) El derecho a saltarnos páginas.

3) El derecho a no terminar un libro.

4) El derecho a releer.

5) El derecho a leer cualquier cosa.

6) El derecho al bovarismo.

7) El derecho a leer en cualquier sitio.

8) El derecho a hojear.

9) El derecho a leer en voz alta.

10) El derecho a callarnos.

Pennac, como vemos, defiende una lectura esencialmente hedonista –como también hacía Borges. Leer por el simple placer de hacerlo. Leer porque nos gusta. Leer lo que nos gusta. Leer como podamos y queramos.

Al inicio de su libro el autor dice que el verbo leer es uno de esos pocos verbos que no soportan el modo imperativo, como amar o soñar. A nadie se le puede decir “lee”, de la misma manera que a nadie se le puede ordenar que ame o sueñe. Son, como decíamos antes, acciones espontáneas, que nacen del corazón –sinceramente– o no nacen.

 

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