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El fascinante significado de "El hombre de Vitruvio" de Leonardo da Vinci

Filosofía

Por: pijamasurf - 08/07/2016

En "El hombre de Vitruvio" de Da Vinci yace un emblema de la profundidad filosófica de la antigüedad que fue retomada en el Renacimiento

El hombre de Vitruvio de Leonardo da Vinci es una de las imágenes más conocidas del arte renacentista, lo cual podría ser un poco sorprendente ya que parece ser sólo un dibujo a lápiz y tinta de un hombre con extremidades superpuestas dentro de un círculo y un cuadrado. Sin embargo, este dibujo es mucho más que eso; es la solución simbólica de Leonardo a un antiguo problema matemático que tuvo cierta importancia también en la alquimia, en lo que se conoce como "la cuadratura del círculo".

Como se explica en el video, sabemos calcular el área de un círculo: el valor de  π (pi) por el radio al cuadrado; el área de un cuadrado: la base por sí misma. ¿Pero como tomar el área de un círculo y crear un cuadrado con un área igual? Este problema no se puede resolver matemáticamente, pero sí filosóficamente.

El arquitecto romano Marco Vitruvio encontró todo tipo de proporciones matemáticas en el cuerpo humano, a las cuales consideró como la medida de toda construcción arquitectónica, siguiendo el antiguo dictum de que el hombre es la medida de todas las cosas: "Sin simetría y proporción ningún templo puede tener un plan regular; esto es, debe tener una exacta proporción elaborada a partir de los miembros de una figura humana bien formada". Mucho se ha especulado que muchos de los grandes templos de la antigüedad guardaron la proporción áurea, algo que ha sido documentado por el alquimista René Schwaller de Lubicz en su estudio del templo de Lúxor (El templo en el hombre).

Leonardo se basó en los escritos de Vitruvio, quien escribió que se puede trazar un círculo perfecto alrededor del cuerpo humano si se toma el ombligo como centro y, también, que la extensión de los brazos y la altura del cuerpo traza un cuadrado. De aquí entonces que Leonardo ideara este dibujo y centrara al hombre como la respuesta a esta aporía.

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Pero hay más que eso: unos años antes de que Leonardo hiciera este dibujo el filósofo neoplatónico Pico della Mirandola había sugerido en su obra capital La dignidad del hombre que el ser humano era el centro del universo y que tenía una capacidad que lo acercaba a la divinidad, si bien en él también yacían los instintos más bajos --algo que había expresado igualmente Plotino-- y podía entonces situarse en cualquier lugar. En la gran cadena de seres que unía a Dios con el mundo, el hombre era aquel llamado a conocer la belleza de la Creación --a descubrir los secretos, como la cuadratura del círculo, como la proporción áurea-- y elevar la obra a su magnífico destino. Pico y su maestro Marsilio Ficino, traductor de Platón y de Plotino, fueron altamente influyentes en el círculo al que perteneció Leonardo.

Simbólicamente --en diversas culturas-- el círculo representa el espíritu (o el cielo) y el cuadrado la materia (o la tierra, la base en una estructura arquitectónica). Aquel que conecta a la materia y al espíritu es el hombre, quien tiene la sustancia que combina lo material y lo espiritual: el alma. El alma es también símbolo de la piedra filosofal, vehículo de la unidad divina entre la tierra y el cielo. 

Es por todo lo anterior que El hombre de Vitruvio de Da Vinci es tan significativo, un verdadero emblema de una forma de pensamiento que conjuga ideas filosóficas, matemáticas y alquímicas y se inscribe dentro de una mentalidad analógica. Como expresó John Mitchell: "Hombre, templo y cosmos eran vistos idénticos, y bajo este entendimiento se erigió toda la filosofía y la ciencia del mundo antiguo".

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Si el mundo es una ilusión, el humorista es un iluminado

Estudios científicos muestran que el sentido del humor es una marca que revela un alto cociente intelectual. La inteligencia del humor es la capacidad de percibir que este mundo es una ilusión o al menos la habilidad de navegar en la incertidumbre y no sufrir por resistirse a cómo son las cosas. El verdadero sentido del humor empieza por no tomarse demasiado en serio uno mismo y no identificarse con la imagen y la importancia personal: de aquí surge una gran libertad y una fluidez del ser (si no nos definimos y no nos enganchamos con lo que nos dicen que somos, podemos ser cualquier cosa). Es por ello que grandes maestros espirituales han sido también grandes humoristas: disolviendo su ego en las carcajadas luminosas que son como cachetadas en la cara o como relámpagos en el cielo. La mayoría de las tradiciones esotéricas han enseñado que el mundo como lo percibimos convencionalmente es una ilusión, es una danza de apariencias; en este sentido el sincero humorista tiene ya la mitad de la práctica hecha, puesto que sabe percibir y operar desde esta comprensión. 

Una de las características esenciales del humor es la capacidad de trascender las visiones dualistas o la lógica aristotélica que supone que si una cosa es, entonces no puede ser otra, es esto o lo otro. Por ejemplo, una anécdota zen cuenta que un maestro en su lecho de muerte congregó a sus alumnos para transferirles su conocimiento y entonces le pidió a uno de los monjes que les dijera a los demás: "La Verdad es como un río". A lo que uno de los monjes jóvenes, confundido, preguntó: "¿Por qué la Verdad es como un río?". Cuando el monje le hizo llegar al maestro esta reacción, éste dijo: "O.K., la Verdad no es como un río". En el humor como en la alta comprensión de la naturaleza, es absurdo preocuparse por los conceptos y las etiquetas que les ponemos a las cosas. En el zen estas paradojas buscan romper con las categorías en conflicto y liberar al practicante de sus conceptos a través de un ráfaga de energía. Son numerosas las historias de alumnos que han probado el néctar de la iluminación después de un rápido e imprevisto golpe en la cara propinado por su maestro o de ser aventados al lodo, escenas que en otro contexto podríamos ver en un programa de TV de comedia.

El filósofo y teólogo Alan Watts escribió: "Las personas sólo sufren porque toman en serio lo que los dioses hacen por diversión". Nos identificamos con el "show" de la creación y pensamos que es real, muy importante e incluso letal, cuando es sólo un juego. En la India se habla del juego de Lila o del ilusionismo divino de Maia, mágicas y maravillosas apariencias que hacen que una persona se extravíe en el samsara si no ha logrado la sabiduría de que todo es el Brahman, de que todo es una sola conciencia experimentado el juego de la aparición y la multiplicidad. Por otro lado, si reconoce el Maia, entonces experimenta el supremo deleite de la belleza universal con todo su despliegue, como un hombre que puede observar y disfrutar de la sensual danza de velos de una hermosa mujer pero no pierde la cabeza por ello. Como sugiere el Sutra de la Guirnalda, el universo entero y todos sus fenómenos se convierten en joyas, en ornamentos de la experiencia. 

El maestro del budismo dzogchen, Longchen Rabjam, escribió en su Tesoro del espacio base de los fenómenos: "En la experiencia de los yoguis que perciben el mundo de manera no-dual el solo hecho de que las cosas se manifiesten pese a que realmente no existen es tan asombroso que estallan de risa". Debemos recordar la famosa frase del Sutra del Corazón: "la vacuidad es forma; la forma es vacuidad". Según el budismo --y también la física cuántica-- las cosas están vacías y sin embargo es la maravilla de nuestro mundo que las cosas se manifiestan y las podemos disfrutar como formas, pese a que no tienen una existencia inherente --existen de manera interdependiente como un chiste que necesita que tengamos un marco referencial en común y de ciertas causas y condiciones para que pueda ser un chiste.

[caption id="attachment_109874" align="aligncenter" width="412"]trungpa La "crazy wisdom" de Trungpa Rinpoche[/caption]

 

Esta perspectiva de la realidad sin apego, fijación o importancia personal, en el budismo tibetano lleva a la delicia pura de la conciencia, esto es, la contemplación del espectáculo de la realidad, que todo el tiempo produce fenómenos únicos, irrepetibles, insustanciales y efímeros, literalmente como actos mágicos. La contemplación del ilusionismo de la fuente inagotable de la creación del mundo es el goce estético más sublime, el punto en el que la contemplación artística y espiritual se entrelazan en la unidad de la luz y el espacio, del sujeto y el objeto. El maestro del linaje nyingma del budismo tibetano, Thinley Norbu Rinpoche, explica en su libro Magic Dance que cuando la percepción se relaja y deja de aferrarse a los objetos, la mente se purifica y entonces la realidad se convierte en un incesante despliegue mágico de sabiduría donde todos los fenómenos son manifestaciones divinas. 

Otro aspecto de la sabiduría ligada al humor y a la más radical conciencia del absurdo fue desarrollado por Chögyam Trungpa con su idea de la "crazy wisdom" (sabiduría demente), con la que este polémico maestro budista busca también trascender las categorías ordinarias. En su libro Cutting Through Spiritual Materialism, Trungpa señala que una vez que una persona realmente se pone a investigar cómo es, empieza a "sospechar que todas sus creencias son alucinatorias" y que "ha distorsionado su experiencia al evaluarla". Si sigue buscando el fondo de lo que es y la razón, por ejemplo, por la que tiene un malestar existencial, llegará a un punto de desesperanza y entre más profundo busca sólo seguirá descubriendo más vacuidad, menos esencia y menos una respuesta definitiva. En r0este punto puede ocurrir un momento de insight o iluminación ante lo absurdo. En su texto "Crazy Wisdom" agrega: "En ese punto dejamos de albergar la esperanza de una respuesta, o de cualquier otra cosa... Esta desesperanza es la esencia de la sabiduría demente. Es completamente desesperanzador". Entonces surgen las risotadas del santo loco iluminado que sabe que no hay nada que hacer, no hay por qué preocuparse, sólo queda disfrutar de esta comedia absurda y genial que nace de su propia mente. Nadando en la nada uno se puede ahogar, pero también puede simplemente notar que no hay nadie ahí para que alguien se pueda ahogar. 

Esto también queda expresado por la carta del tarot de El Loco --siempre con un pie en el abismo, que arranca la carrera iniciática de los arcanos y que se transforma en el arcano de El Mago. Al dejar de tomar la existencia tan seriamente, existe una liberación que otorga confianza y desapego para realizar cualquier cosa sin considerar demasiado lo que piensen los demás. La acción se convierte en brote espontáneo, lo cual entra en simpatía con el proceso creativo del universo: todo lo que se hace (el mago y el universo) se hace espontáneamente --su ser es idéntico a crear, no hay división entre la voluntad individual y la ley universal. El Mago (el Loco en estado de unidad manifiesta) es quien ha sido capaz de abandonarlo todo y arrojarse al desfiladero con confianza en la irrealidad del mismo. O como dijera Terence McKenna: "Así es como se hace la magia. Se hace dejándote caer en el abismo y descubriendo que es una cama de plumas".

 

Twitter del autor: @alepholo