*

X

Épica, mística, especial: así era la ensalada que preparaba G. I. Gurdjieff (RECETA)

Buena Vida

Por: pijamasurf - 08/19/2016

Místico, filósofo, maestro espiritual: Gurdjieff era todo esto pero también, a juzgar por esta ensalada, un gran y meticuloso cocinero

En Pijama Surf nos hemos ocupado antes de G. I. Gurdjieff, uno de los últimos místicos de la historia, personaje misterioso que elaboró una filosofía espiritual conocida como el Cuarto Camino, en el que incorporó ideas de diversas doctrinas, muchas de ellas orientales, con el propósito último de conducir al “despertar”.

Gurdjieff, sin embargo, también tenía un lado sumamente terrenal, como cualquiera de nosotros. Por más que encontremos placer en las elucubraciones y la elaboración de teorías, la existencia tiene un relato paralelo que surge y nos mantiene en el mundo en sí, el mundo de las necesidades corporales, los afectos, el hambre, la sed. Además de los 82 consejos que legó a su hija, también le debemos al místico la receta de una copiosa ensalada que de acuerdo con tres testimonios sumamente íntimos (su hija, su madre y una sobrina) admitía sobradamente el calificativo de “especial”. 

Prueba de ello es que según Luba, la sobrina, cada vez que Gurdjieff preparaba este platillo lo hacía de una manera distinta y, por otro lado, hacerlo toma todo 1 día y “costaba el mundo entero”. En un escrito biográfico titulado Luba Gurdjieff: A Memoir with Recipes, la sobrina del filósofo recuerda así la ensalada:

Jitomates cortados, pepinos, rábanos, apio, cualquier vegetal que puedas encontrar –vegetales crudos. Lechuga no, porque la lechuga se hace muy suave. Solía llevar nueces, aceitunas verdes en rodajas, a veces ciruelas pasas en pequeños pedazos –aquello era como un vertedero. Chutney, usaba mucho chutney. El chutney dulce debe ser cortado en trozos pequeños, porque generalmente viene en pedazos grandes. También le gustaba añadir esas pequeñas cosas verdes en vinagre… alcaparras. Había 20, 30 cosas en esa ensalada. A veces incluso agregaba manzanas, cualquier tipo de manzana. Creo que le gustaba poner lo que fuera que encontrara.

Siempre añadía un poco de salsa cátsup. Recuerdo que la traía de Inglaterra porque en París nunca la encontramos. Como aderezo ponía un poco de vinegre y aceite.

Como se ve, en términos generales podría decirse que era un caos hecho comida.

Sin embargo, en otro momento la Fundación Gurdjieff de Del Mar puso un poco de orden a los recuerdos de Luba y condensó así el modo de preparación:

1 cebolla dulce, finamente picada

4 tomates muy rojos, picados en trozos pequeños

2 pepinos en rebanadas de 1cm de grosor (elige aquellos con las semillas más pequeñas)

3-4 pepinillos en conserva, en rebanadas finas

¾ de taza de jugo de toronja fresco

1 taza del vinagre de los pepinillos

¾ de taza de jugo de manzana

¾ de taza de jugo de tomate

1 cucharada cafetera de pasta de tomate

3-4 cucharadas cafeteras de mostaza de Dijon

1 cucharada cafetera de azúcar refinada

1 pinta de chutney de manzana, rebanado en trozos pequeños

1 manojo de perejil, finamente picado

1 manojo de eneldo, finamente picado

Sal, pimienta, pimienta de cayena, páprika y curry en polvo para condimentar

Estragón

Esta receta sirve para de 12 a 15 personas, dependiendo del tamaño de la porción. Ya que se trata de un platillo tan especial (y además toma tiempo cortar todos los vegetales), querrás preparar esto en compañía. Igualmente se conserva bien 3 o 4 días después de marinarse, y me encanta dejar sobras para que los sabores se concentren un poco más cada día.

Conforme cortas los vegetales, añade uno a uno en un tazón grande donde puedas mezclarlos. Después agrega los jugos y líquidos, la pasta de tomate, la mostaza, el azúcar, el chutney y mezcla todo otra vez. Sigue con el perejil, el eneldo y los condimentos. Para este momento deberá estar deliciosamente picante y especiosa. Cubre y deja que se marine en un lugar fresco durante dos días previos a que la ofrezcas. Añade un poco de estragón antes de servir.

¿Qué te parece? ¿Te vas a animar a prepararla? 

Inemuri, el arte japonés de estar presente mientras se duerme

Buena Vida

Por: pijamasurf - 08/19/2016

Inemuri es la curiosa práctica de no dormir cuando se duerme

Cuando pensamos en un país disciplinado seguramente nos viene a la mente Japón, un pueblo que ha sufrido mucho pero que nunca denota debilidad y que mantiene una enorme entereza en gran medida por su capacidad de obligarse a darle la cara a la adversidad y trabajar. Esto tiene que ver con la disciplina que instauró la influencia del confucianismo y el budismo, dos religiones que llegaron de China (una por vía de la India).

En un estupendo artículo --con grandes fotos de japoneses durmiendo en diferentes partes del espacio público, incluyendo en posición erguida-- la doctora Brigitte Steger, especialista en estudios japoneses de la Universidad de Cambridge, explica por qué los japoneses en realidad no duermen; aunque parece que duermen, hacen otra cosa. Según explica Steger, cuando se encontró con esta práctica a finales de los 80 en medio de la burbuja económica que hacía a Japón una gran potencia, las personas vivían una vida tan activa en términos laborales que no tenían tiempo para dormir y se preciaban de ser hombres (o mujeres) de negocios que tenían jornadas de 24 horas y siempre estaban dispuestos a trabajar. De hecho, se difundía la idea de que "irse a la cama tarde y levantarse temprano" era una metáfora de una persona virtuosa. 

Es por ello que los japoneses adoptaron una práctica de dormir durante el día en el trabajo o en el transporte, pero de tal forma que esto no es considerado una siesta o dormir propiamente ni es visto como un signo de pereza, sino todo lo contrario, siempre y cuando cumpla con ciertas normas sociales. 

"Finalmente me di cuenta que en cierto nivel, inemuri no es considerado como dormir. No sólo es diferente de dormir en la noche en una cama, también es visto como distinto a tomar una siesta o una power nap", dice Steger. Inemuri es una palabra que significa"estar presente mientras se duerme" ("I" es estar presente y "nemuri" significa dormir). La idea detrás de esto es que al dormir la persona no desentone con el lugar y la situación en la que está, que parezca estar presente y disponible, como si fuera capaz de participar de manera pasiva y a la vez descansar. En este sentido, los japoneses sólo rechazan y ven mal a una persona cuando duerme en un lugar y no logra mantener un lenguaje no-verbal que vaya con las condiciones del mismo o una capacidad de reacción a los cambios que se presenten. Evidentemente esto no es algo que se pueda lograr muy fácilmente --estar presente pero dormido-- pero, al parecer, con que se guarden las apariencias es suficiente. Es por ello también que se pueden ver ejecutivos y personas bien arregladas durmiendo en lugares públicos, donde en Occidente solamente vemos a vagabundos y individuos que son marginados de los principales estratos sociales. Según Steger, el inemuri no es dormir, "no podía ser más diferente".  

Esta práctica no se percibe como un signo de holgazanería o irresponsabilidad, y es que en Japón existe una cultura del sueño muy distinta. Por ejemplo, a diferencia de en Occidente, se entiende que dormir en los mismos cuartos que los niños ayuda a mejorar sus habilidades para dicho acto, y los japoneses reportan dormir mejor cuando duermen en las mismas habitaciones que otras personas. Esto fue observado en los refugios del tsunami en 2011, cuando la gente encontró solaz al dormir en espacios colectivos. 

El inemuri por una parte muestra la gran dedicación de los japoneses pero por la otra parece llevar las cosas demasiado lejos, al haber integrado la cultura corporativa al punto de rayar en el desequilibrio y lo que se conoce como "forzar la máquina". Si bien los japoneses tienen profundas tradiciones que les brindan recursos para vivir una vida equilibrada, tal vez éstas están siendo desplazadas por el frenético estilo de vida capitalista.