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La eficacia terapéutica de la hipnosis ha sido fascinante y puesta en duda, pero nunca se le había observado con este nivel de detalle.

La imagen del temprano psicoanalista o del mago poniendo bajo estado de trance a un sujeto está presente en el imaginario contemporáneo como una imagen anticuada, incluso algo supersticiosa: de entre los debates que conciernen a la mente y la conciencia, la hipnosis es uno de los que suele dividir tajantemente a los partidarios y defensores de los detractores o escépticos.

Fue por ello que un grupo de investigadores realizaron un estudio (publicado en la revista Cerebral Cortex) con la participación de 545 personas, divididas en dos grupos según su propensión a ser hipnotizadas o al hecho de no poder hipnotizarse en absoluto.

Dentro de una máquina de resonancia magnética, los participantes debían completar una serie de ejercicios mentales para medir la actividad específica de diversas zonas cerebrales, así como variaciones en la circulación sanguínea dentro del mismo. Los ejercicios podían consistir en relajarse simplemente, en pensar en su día con gran detalle, o entrar en estados hipnóticos (cerrar los ojos, respirar intensamente, permitir que el cuerpo “flote”, etc.)

Los ejercicios fueron realizados en órdenes aleatorios por 36 participantes que eran “altamente hipnotizables” y por los 21 que eran los menos hipnotizables, y que servirían como punto de referencia. Los investigadores encontraron tres diferencias fundamentales a nivel cerebral:

Disminución de la actividad en la zona dorsal anterior, que se relaciona con la propriopercepción, con la conciencia de sí mismo.
Aumento de la conectividad entre otros dos componentes cercanos: la corteza dorsolateral prefrontal (encargada en la cognición, la toma de decisiones y la memoria) y la ínsula (que se ocupa del control corporal, la emoción, la empatía y el sentido del tiempo).
Menor conexión entre la corteza dorsolateral prefrontal y un estado llamado “modo de red por defecto”, algo así como el estado de la mente en piloto automático, como cuando pensamos en nosotros en relación a eventos pasados.

Esta investigación ayudará a entender mejor cómo los cambios en el comportamiento y en el cerebro se implican mutuamente, así como para desarrollar tratamientos para aquellos que no son susceptibles a hipnosis, que a mucha gente le sirve para alejarse de hábitos nocivos, para concentrarse o para establecer conexiones analíticas profundas consigo misma.

Científicos analizan 10 patrones alimenticios para encontrar el más sustentable globalmente

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 08/18/2016

La humanidad debe alimentarse con recursos limitados, ¿cómo aprovecharlos de la manera más inteligente?

Imagen: Alton Barnes

En la intersección de agricultura y filosofía, nuestras elecciones alimenticias están muchas veces determinadas por presupuestos ideológicos o éticos acerca de la procedencia de la comida.

Las dietas que privilegian únicamente los productos de origen vegetal, las variantes ovolactovegetarianas, las que prefieren ingredientes crudos o de procedencia orgánica, y muchos otros patrones alimenticios, dan cuenta de nuestras elecciones sociales e individuales, pero no necesariamente son las mejores opciones bajo los mismos criterios.

Un estudio analizó simulaciones biofísicas para comparar 10 patrones de alimentación, demostrando que disminuir la dieta basada en carne de animales podría incrementar el número de personas que se pueden alimentar de las tierras de cultivo existentes. Sin embargo, también descubrieron que a largo plazo, eliminar completamente los productos de origen animal no maximizaría el uso sustentable de la tierra.

Los investigadores pusieron a prueba la dieta vegana, dos variantes vegetarianas (lactovegetariana y ovolactovegetariana), además de cuatro omnívoras, una baja en azúcares y grasas, y otra similar a la dieta de un estadunidense promedio (comida procesada, productos animales y vegetales de producción industrial, etcétera).

La persona promedio necesita 2.5 acres de tierra cultivable cada año para cumplir sus necesidades alimenticias. Si se elige la opción vegetariana esa cantidad de tierra disminuye drásticamente, necesitando sólo 1/2 acre; este modelo permitiría alimentar a más personas únicamente a base de vegetales, pero cuando se aplica el modelo a escala global, la opción vegana desaprovecha muchos materiales que también produce la tierra y que han servido históricamente para alimentar ganado.

Si toda la tierra cultivable del mundo fuera de cultivos perennes, probablemente nuestras necesidades alimenticias a nivel global se verían satisfechas sin dificultad; no obstante, no todas las tierras producen la misma cantidad de alimento durante todo el año, y las áreas destinadas a pastoreo de ganado pueden aprovecharse también para cultivar otros alimentos.

¿En resumen? La mejor opción alimenticia en términos de sustentabilidad parece ser una dieta mayormente vegetariana pero que incluya productos de origen animal en pequeñas porciones.