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Ignorar este aspecto básico del funcionamiento de la mente es la causa principal del sufrimiento, según el maestro budista Chökyi Nyima

Antes que otra cosa, antes que los fascinantes rituales religiosos de purificación, que el mantra y el yoga de sus vehículos de liberación, el budismo es una filosofía de la mente. El Buda en repetidas ocasiones mencionó que la esencia de su enseñanza era el control y el conocimiento de la mente. En el Dhammapada se explica desde el principio que nuestro estado actual es resultado de nuestra actividad mental y, tan seguro como la rueda sigue a la pezuña del buey, si nuestros pensamientos son negativos o impuros sufriremos las consecuencias. En esto consiste una de las grandes aportaciones del budismo: aplicar la ley de la causa y el efecto a la mente y no restringir su dominio sólo a un mundo material dualista. El materialista quisiera, sin embargo, que fuera de otra forma y que pudiera escapar de sus propios actos --al tiempo que mantiene sus posesiones materiales. Pero lo único que perdura, más allá de la rueda de muerte y renacimiento, según el budismo, es la intención, esa intensidad, ese aspecto cualitativo que le hemos imprimido a nuestra vida y se ha convertido con el tiempo en nuestra conciencia base.

En una reciente plática en la que se inauguró la Casa del Dharma de la Ciudad de México, el maestro Chökyi Nyima Rinpoche, uno de los grandes maestros de las tradiciones tibetanas kagyu y nyingma, expuso lo que considera es la esencia del buddha-dharma, "la medicina" de la doctrina del Buda --a quien podemos considerar, más que un salvador, un doctor que nos ofrece una poderosa medicina que de todas maneras debemos tomar nosotros (esta es la metáfora clásica del dharma). Chökyi Nyima dijo que la causa esencial del sufrimiento en este plano de existencia es la ignorancia que tenemos los seres humanos de cómo funciona la mente. Es difícil ponerlo más sencillo: "las emociones negativas producen infelicidad y las emociones positivas producen felicidad". No nos tenemos que complicar la vida cuestionando la existencia del "bien y el mal" o poniendo en entredicho qué es positivo y qué es negativo, todos tenemos una experiencia directa de que emociones como el enojo, los celos, la envidia, etc., hacen que nos sintamos mal y no contribuyen a nuestro bienestar (el budismo las conoce como venenos, sustancias tóxicas y densas que oscurecen nuestra mente natural). En cambio, emociones como la compasión o el amor hacen que nos sintamos bien y crean un circuito de virtud.

Aunque comúnmente no se considera como una emoción, Chökyi Nyima hace un buen punto cuando dice que "no apreciar lo que se tiene es una emoción negativa", la cual conduce a la infelicidad. Esto ilustra otra de las nociones fundamentales del budismo, ya que estar insatisfecho con lo que se tiene es generalmente pasar el tiempo descontento deseando lo que los demás tienen o lo que vemos con los sentidos y que no tenemos (lo cual genera, a su vez, algunas de las emociones mencionadas anteriormente). Esto a su vez es una señal de que ignoramos la naturaleza impermanente de las cosas, ya que si estuviéramos continuamente conscientes de ella no estaríamos deseando esto o aquello, con avidez o aversión, puesto que todos estos objetos de nuestro deseo que prometen placeres y satisfacciones son ilusiones en tanto que son efímeros. Meditar sobre la muerte y la impermanencia de todas las cosas es muy importante en las etapas preliminares del budismo, justamente siendo este uno de los pensamientos que llevan al dharma y permiten a la mente mayor calma y concentración, al no verse atraída y atrapada por los objetos del deseo. 

El budismo sostiene que este circuito de felicidad o infelicidad relacionado a estas emociones es algo científico, algo que ocurre siempre, tan seguro como las cuatro fuerzas que rigen el universo según la física. Una emoción negativa nos hará infelices, producirá sufrimiento. Si deseamos que a alguien le vaya mal o si nos pasamos reviviendo un rencor en la mente sin poder olvidar que alguien nos hizo algo, esto en ese mismo instante está sembrando un estado posterior de sufrimiento. Por otro lado si deseamos genuinamente que otra persona sea feliz, si sentimos amor hacia el mundo, si apreciamos la belleza de las cosas, esto estará produciendo posteriormente una tendencia de felicidad. Para el budismo esto es así ya que cada intención o motivación mental (cetana) produce karma. No somos juzgados por nuestras acciones por una entidad metafísica invisisible o ulterior, sino que cada acto se inscribe en nuestro mente-cuerpo en el momento --si bien pueden haber semillas que tardan en aflorar. Desde una perspectiva científica existe una clara correlación entre la generación de ciertas hormonas ligadas al estrés --como la adrenalina y el cortisol-- y emociones negativas como el enojo y, por otro lado, entre la secreción de hormonas ligadas a la relajación, a la felicidad y a los mecanismos de sanación natural del cuerpo, como la oxitocina, la serotonina, GABA y otras, al manifestarse emociones como el amor y la compasión.

A veces queremos ser más intelectuales que esto y crear una estructura psicológica muy compleja para explicar por qué somos como somos. Somos seres complejos, únicos, especiales. Sí, ciertamente podemos estar actuando el personaje y viviendo complejos, arquetipos o traumas y demás aspectos de la personalidad; sí, tal vez debemos indagar en nuestro pasado, ver cómo nuestra infancia nos marcó, ver cómo seguimos actuando patrones atávicos --atrapados en bucles de un yo no individuado neurótico. Todo puede ser cierto e incluso útil en ciertos casos, pero este tipo de análisis no es una medicina que podamos aplicar universalmente. Por otro lado, ser conscientes de que si la mente produce emociones negativas esto generará sufrimiento --que no hay escapatoria a la cualidad de mis actos, palabras y pensamientos-- es algo que tiene una aplicación universal y que me parece irrefutable. Otro diferenciador importante que tiene el budismo en ese sentido --siguiendo la analogía de la medicina-- es que no sólo realiza el diagnóstico y receta la medicina, sino que hace especial énfasis en enseñar cómo tomársela para que rinda efecto. Esto es, no sólo explica cómo es que una mente descontrolada genera sufrimiento, sino que enseña, puntualmente a través del samadhi (la calma y la concentración, uno de los tres pilares del óctuple sendero de la liberación) a dominar la mente. 

En suma, lo que esto nos dice es que somos libres y tenemos el poder en este momento de generar felicidad (aunque es necesario tener un poco de paciencia puesto que puede que estemos inmersos en muchas inercias kármicas y tengamos que ir cultivando buenos hábitos). La motivación esencial que llevó al Buda a buscar la iluminación es darse cuenta que el mundo es sufrimiento. El sufrimiento es el inicio de la sabiduría. ¿Para que queremos saber? No para pregonar que sabemos, solamente para eliminar el sufrimiento y acaso para celebrar la belleza de la vida desde la atalaya de la libertad. La psicología budista --que es también, como le gustaba decir a Jung de su propio trabajo, una alquimia psicológica-- parte de este principio básico de que con cada pensamiento estamos generando el futuro que padeceremos. Un famoso dicho dice: "si quieres saber lo que has hecho antes mira el cuerpo que tienes ahora y si quieres saber cómo va a ser el futuro observa lo que estás haciendo ahora".

Chökyi Nyima agrega que el secreto de la felicidad es la bondad. Lógicamente, puesto que generar en nosotros y fomentar en los demás emociones positivas (buenas) producirá felicidad, en nosotros y en los demás, algo que recalca otra de las enseñanzas del budismo mahayana, y la cual sustenta este argumento: no tenemos existencia individual inherente, somos una red de relaciones, una serie de hábitos y reflejos en un gran espejo mandálico de interdependencia, así brindarnos a los demás con compasión y sin expectativa es llevar la sabiduría a la práctica.

Lee también: La verdadera inteligencia es la compasión (la alquimia emocional de la bodhicitta)

 

Twitter del autor: @alepholo

Asesora de ejecutivos de alto nivel revela el secreto del éxito, la creatividad y la felicidad

Filosofía

Por: pijamasurf - 08/20/2016

Katia Verresen ha enseñado a ejecutivos de compañías como Facebook, Twitter, Airbnb y HP (entre otras) sobre cómo alcanzar su máximo potencial, éxito y felicidad. Estos son sus consejos

Actualmente existe una idea muy difundida tanto culturalmente como a nivel corporativo y consiste en pensar que para tener éxito tienes que sufrir… mucho. Sin embargo, de acuerdo con Katia Verresen, una couch de ejecutivos sumamente cotizada esto no es verdad y de hecho, pensar así podría estar saboteando tus esfuerzos. Según esta asesora que ha trabajado con Facebook, Twitter, Airbnb, HP y Stanford entre otras compañías: “No vas a construir un negocio de 1 billón de dolares en una racha de malos días. Tiene que ser una secuencia de tus mejores días, ya que tu desempeño está 100% ligado a tu actitud”.

Verresen siente pasión por ayudar a “líderes ambiciosos a alcanzar su máximo potencial como seres humanos”, y su mensaje para los ejecutivos en busca de realización personal es que:

Para ejecutar tu visión del mundo necesitas poder. El cual es un término que muchos rehuimos porque nos parece controlador o guiado por el ego. El poder proviene de una profunda autoconciencia, de expresar tu verdadero ser, enorgullecerte de tus habilidades y tu capacidad de aprender, así como de ese conocimiento interior y la motivación de estar construyendo algo mucho más grande que tú.

Cuando Verresen conoce a la mayoría de sus clientes éstos simplemente reaccionan al entorno y los eventos, como si fueran actores de una película cuyo guión desconocen. Esta carencia de perspectiva es una de las cosas que necesitan cambiar, así que su meta es ponerlos en la silla del director y darles opciones, perspectivas y posibilidades para reescribir el guión o actualizarlo en el camino, ya que ver estas opciones es la raíz de la mentalidad de abundancia. Estas son algunas de las tácticas y acciones que de acuerdo con Verresen todos podemos usar para aumentar nuestra energía, ampliar nuestra visión del mundo y lograr el éxito.

1. Autoconocimiento

Verresen suele enseñar a sus clientes cuáles son los síntomas fisiológicos, emocionales y mentales que experimentan cuando tienen una mentalidad de escasez. Luego los invita a hacer lo mismo con la mentalidad de abundancia. Una vez comprendidos los elementos que conforman cada una de estas actitudes procede junto con ellos a hacer una comparación que les permita comprender sus diferencias. Por ejemplo, un cuerpo tenso, encorvado y con las mandíbulas apretadas es señal de escasez, mientras que un cuerpo relajado y alerta denota lo contrario. Por otro lado si de emociones se trata, la ira, la frustración y la impotencia son síntomas de mentalidad de escasez, a diferencia de sentirse motivado o inspirado por los retos que se aproximan.

2. Atención

La abundancia en realidad es la habilidad que tienes para ver más, más opciones, más elecciones, más recursos. Desarrollarla empieza cuando te enfocas en registrar más cosas a tu alrededor. Por ejemplo, cuando estás en una junta hay muchas realidades, tantas como personas en la habitación, de tal manera que siempre hay una forma distinta de ver las cosas. Sin embargo, si estás enfocado en una sola tarea o idea tenderás a dejar escapar cosas importantes.

Es simple biología. Nuestro cerebro está diseñado para ver aquello que ya está buscando, algo conocido, algo en lo que ya cree, así que si piensas que algo es imposible o que no puedes hacerlo todo aquello que contradiga estas creencias quedará fuera de tu campo de percepción. Pero si puedes romper estos hábitos y salir del modo de operación estándar de tu cerebro, entonces obtendrás algo valioso: una significativa ventaja creativa y competitiva

3. Neutralidad
Algunas personas llaman a esto la mente de principiante, pero no se trata de alabar la ignorancia sino de dejar ir los juicios y las ideas preconcebidas de tal manera que puedas crear nuevas posibilidades, ya que no estás cegado por tus pensamientos.

4. Detonar
En este caso detonar se refiere a cualquier actividad que gatille o aumente tu energía mental o emocional. Como tu actitud literalmente dicta la información que tus ojos o tu mente es capaz de ver, esto es muy importante. Es como una limpieza psicoemocional. Así que dormir bien, comer bien y hacer ejercicio están dentro de este punto pero también, Verresen recomienda cosas como tomar 5 minutos para ver fotos que te hacen feliz. En sus palabras:

Yo guío a personas que manejan compañías grandes y ellos confían en “pizarrones de poder” que son montones de fotografías que han agrupado en sus teléfonos de experiencias clave, idealmente victorias pasadas. Esto les da el descanso mental que necesitan y les ayuda a orientar su energía en la dirección correcta.

5. Compasión para con uno mismo

La resiliencia es la habilidad de apaciguarse a uno mismo y sobreponerse a las dificultades. Básicamente tiene tres fases. La primera es admitir que una situación es dolorosa y que te está causando sufrimiento. En resumen que estás pasando por tiempos difíciles. Lo importante es dejarte sentir la incomodidad del momento, encararla, no tratar de ocultarla o huir de ella. En segundo lugar, reconoce que este tipo de dolor es una experiencia humana universal. La vida está llena de situaciones complicadas que nos causan sufrimiento. Lo fundamental de este paso es que reconocer esto nos vuelve a conectar con la humanidad, lo cual nos permite recuperarnos. En tercer lugar está dilucidar qué acción consciente puede hacernos sentir mejor, como ir a dormir en lugar de trabajar más o jugar con tu mascota, admitir que no sabes la respuesta o hacer algo más que disfrutes, ya que la oxcitocina secretada a causa de estas actividades reconfortantes te dará lo necesario para seguir adelante.

6. Generosidad
Los estudiosos han demostrado que las personas más felices y poderosas se encuentran en el centro de una gran red y constantemente están facilitando sus conexiones. Así es como se crece en colectivo: siendo generosos con lo que tenemos. Esto puede ser atención, presencia, conocimiento, bondad o acceso a recursos.

Muchos estudios han descubierto que practicar la gratitud consciente y constantemente puede reprogramar al cerebro y hacerlo más feliz, además de que si se hace con frecuencia estos efectos pueden ser duraderos. Pero, ¿qué es lo que esto realmente significa?

Puede que estos seis pasos parezcan pocos y sencillos pero desarrollarlos es la clave para liberar todo tu potencial, así que lo mejor es empezar, ahora.