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Mercurio retrógrado 30 de agosto a 21 de septiembre: Hermes desciende sobre los campos de la Virgen

AlterCultura

Por: Pijamasurf - 08/31/2016

Simbolismo y actualidad del viaje al inframundo de Mercurio, o el proceso retrógrado y sus efectos psíquicos

Mercurio ha entrado en su temido ciclo retrógrado, el cual ocurre por tercera vez en el año, del 30 de agosto al 21 de septiembre. Generalmente se piensa que este movimiento hace más lentas las comunicaciones, transportes y conexiones o las perturba, les mete algo de caos o dirige estos procesos hacia dentro o, como si fuere, hacia la sombra. Mercurio estará bajo los rayos del Sol, haciendo conjunción con el astro y simbólicamente descendiendo al inframundo. Esta es una de las características de Mercurio (el Hermes griego), que fue el psicopompo, el dios que guiaba en el camino al inframundo, como ocurre famosamente en el mito de Orfeo.

Hay que mencionar que el movimiento retrógrado no es un movimiento literalmente en contra de su órbita, en dirección opuesta de la rueda zodiacal, sino solamente es un acto teatral o simbólico que ocurre desde la perspectiva de la Tierra (la astrología es geocéntrica de la misma manera que la percepción está basada en un yo). Este espejismo sucede cuando, desde la perspectiva de la Tierra, los planetas parecen moverse de oeste a este, invirtiendo aparentemente el movimiento normal que para nosotros es de oeste a este. En el caso de los planetas exteriores --Marte, Júpiter, Saturno, Neptuno, Urano y Plutón (planeta en el sistema astrológico)-- esto tiene lugar cuando entran en oposición al Sol y son "rebasados" por la Tierra en su elíptica al completar con mayor velocidad su órbita. En el caso de Mercurio y Venus, los planetas en el interior de la órbita terrestre, entran en retrogradación cuando entran en conjunción inferior con el Sol y desaparecen ante el brillo solar. En el caso de Mercurio, su órbita altamente elíptica hace que su velocidad cambie, por lo que desde la perspectiva de la Tierra esto se ve de la misma forma que si un automóvil en una carretera de múltiples carriles fuera a alta velocidad y luego desacelerara; desde nuestra perspectiva parece que va hacia atrás y luego vuelve a estar adelante del Sol. Debido a esta conjunción, Mercurio y Venus parecen desaparecer y luego reaparecen en su nueva fase como "estrella de la tarde" y "estrella del amanecer", sumiéndose en el abismo del horizonte como si fueran héroes viajando al inframundo. Antiguamente esta desaparición y retrogradación era considerada un oscurecimiento o una inversión de su influencia, ya que se pensaba que este movimiento realmente ocurría. Por esto, entre otras cosas, a los planetas se les llamaba "los vagabundos".

Los astrólogos modernos reconocen que este movimiento es un trompe-l'oeil celestial, en el caso de los planetas interiores una muerte simbólica en el Sol o una danza de máscaras. Pero aun así, bajo el hechizo de lo simbólico, consideran que esta ilusión acentúa su influencia, quizás porque, como sugiere Aaron Cheak, nos hace prestarles más atención, de la misma manera que nos percatamos más de algo cuando lo perdemos o se descompone: el brillo de la ausencia. 

En esta ocasión el retrógrado ocurre en el signo de Virgo, el cual es regido por Mercurio, por lo cual el planeta mantiene dignidad, así que los efectos aparentemente de trabazón y confusión del retrógrado pueden ser salvados o mitigados. El tema que parece enfatizar este período es el del orden, la pulcritud y la minuciosidad en la comunicación y nuestros vínculos o medios para relacionarnos, siendo Virgo el aspecto más aterrizado y meticuloso de Mercurio. Si tienes problemas con el orden, la organización y el detalle en los trabajos laborales e intelectuales seguramente saldrán a relucir en estos días, lo cual puede hacerte pasar un mal rato o permitirte aplicar una cierta alquimia de tu psique. 

Virgo es tradicionalmente un signo ligado con la medicina y la sanación, así que algo de este potencial puede encontrarse, especialmente si uno explora los aspectos más profundos del inconsciente, haciendo introspección de la sombra con la mirada analítica de Mercurio. Tradicionalmente se liga a Virgo con diosas de la tierra, como Isis y Deméter (o con Perséfone, quien desciende al inframundo también), diosas que nutren. Pero podemos encontrar en Virgo también un aspecto de Mercurio ligado a Atenea (Minerva), la diosa virginal y guerrera nacida del cerebro de Zeus, dueña de la justicia y la razón y representada como un búho, por su capacidad de ver en la oscuridad. Ver a través de la confusión de estos días, en los que también estamos padeciendo una fuerte conjunción entre Marte y Saturno, y mantener la fe en el proceso en su aspecto más grande parece ser la clave.

Mercurio es el planeta de la curiosidad, de la inteligencia racional, de la velocidad del pensamiento, de la oratoria; de los enlaces, nexos, conexiones, terminales. Es el mensajero y escriba de los dioses (Thoth), el vínculo entre el cielo y la tierra y las diferentes jerarquías. El astrólogo John Frawley sostiene que Mercurio es el planeta de la articulación, el dúctil agente enlazador de los diferentes principios. Se necesita un poco de mercurio para pegar cualquier cosa en el plano inmaterial. En el sistema tradicional, la Luna y Mercurio son considerados planetas que suelen tomar las cualidades de los demás, sirviendo de amplificadores de los rayos planetarios. Venus y Júpiter son los planetas conocidos como las gracias celestes; afortunados y benevolentes; Marte y Saturno, los maléficos; el Sol a veces es considerado como parte de las gracias, pero bajo la importante advertencia de que estar muy cerca del Sol quema y chamusca, su luz ciega y turba (salvo que se esté en el corazón del sol (Cazimi) o en un ángulo más suave).

Tomando de De vita coelitus comparanda, de Marsilio Ficino, Thomas Moore dice:

La gran ventaja de la inteligencia mercurial es su poder de mantener al alma en movimiento, en una espiral descendente hacia un vórtice de significado. Mercurio mantiene el carrusel de interpretación moviéndose, alimentándonos de asombro y curiosidad sin otorgar el estupor de la conquista final. 

 

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Sobre la felicidad que viene del "buen demonio"

Todos los seres humanos buscan la felicidad. Sin embargo, muchos la buscan por medios equivocados o bajo una confusión de lo que es la felicidad; por ejemplo, pensando que pueden encontrar la felicidad en el mundo material, obteniendo dinero, éxito o admiración. La filosofía, y recientemente la ciencia, coinciden en que la felicidad viene fundamentalmente de una vida llena de significado, de conexiones profundas con uno mismo y con las demás personas y de una vida espiritualmente plena. Es por ello que se ha rescatado el término griego eudaimonía, el cual nos remite a la importancia de armonizar la vida con el significado más profundo, o aquello que los griegos creían venía del alma o del espíritu y que nos vinculaba con el cosmos.

La palabra eudaimonia esta compuesta de eu (bueno) y daimon, el término de donde viene nuestra palabra "demonio" pero que para los griegos significaba algo más parecido a espíritu o ángel. Este concepto fue importante para la ética de Aristóteles, quien lo ligó al más alto bien del ser humano y a cosas como la virtud (arete) y la sabiduría en su aspecto práctico (phronesis). Podemos empezar a jugar con una definición de la eudaimonía como el arte de vivir de manera virtuosa, buscando la sabiduría, para desarrollar el potencial humano. Pero esto es sólo tentativo. Debemos explorar más

El daimon es, según se creía en la antigua Grecia, el genio o acompañante del alma (a veces usado como sinónimo mismo del alma o psique). "Ethos anthropos daimon", escribió Heráclito, una frase que se traduce como "Carácter es destino" (daimon siendo destino en este caso). Quizás nos ayude más leer la frase de Heráclito, llamado a veces el primer psicólogo, de esta forma: "El carácter del hombre es su daimon".

Para Carl Jung el daimon es el inconsciente mismo, el cual domina y dirige la vida de un hombre que no se ha individuado como un amo invisible. Es por ello que es importante conocer al daimon, hacer conscientes nuestras motivaciones inconscientes e integrarlo; en términos más populares, esto sería algo así como aprender a escuchar nuestro corazón o espíritu. Marsilio Ficino, el gran traductor de Platón, dijo sobre el daimon: "Quien descubre su propio genio a través de estos medios encontrará su trabajo natural y al mismo tiempo encontrará su estrella y su daimon. Siguiendo este camino obtendrá felicidad y bienestar". Ficino, quien fuera conocido como "doctor del alma", amplía aquí el sentido de la frase inscrita en Delfos "Conócete a ti mismo"; conocerse a sí mismo es conocer también a nuestro daimon, nuestro destino, ese espíritu que nos guarda y asedia, como "una estrella flotando sobre la tierra, conectada al alma", según Plutarco. En este sentido el daimon está ligado a los astros y de hecho las cartas astrales antiguas definían el daimon de cada individuo según el planeta que regía la carta. Sin embargo, debemos recordar que los mismos antiguos reconocían que los astros no obligan, sólo inclinan. Patrick Harpur dice que una forma de imaginarlo es como "una manifestación personal de un dios impersonal". Esto nos recuerda al llamado dios de Sócrates, quien era su propio daimon y quien lo obligaba a proceder rectamente, a seguir su propia conciencia, con fe más allá de la muerte, por lo cual no titubeó en tomar la cicuta.

James Hillman en su libro The Souls Code examina la relación entre el daimon y una vida plena que encuentra su significado. Sobre cómo evitamos el llamado de nuestro destino, escribe:

Presente en cuerpo, pero ausente en espíritu, él paciente yace en el diván, avergonzado de su propio daimon por los potenciales de su alma que no deja de manifestar. Se siente internamente subversivo, imaginando en su pasividad extremos de agresión y deseo que deben suprimirse. La solución: más trabajo, más dinero, más bebida, más ejercicio, más cosas.  

Es nuestra decisión si seguimos el llamado o lo ignoramos pero, nos dice Hilllman, el daimon no se irá y mientras no hagamos lo que quiere (que al final es lo que realmente queremos nosotros) nos someterá a diferentes vejaciones. En otra parte Hillman dice que si el alma no obtiene lo que quiere nos enferma, así el daimon o esta fuerza de un deber ser nos obliga a aprender sometiéndonos a duras pruebas. En The Soul's Code: "Un llamado puede ser pospuesto, evitado e intermitentemente perdido. Pero también puede poseerte completamente. De cualquier forma, eventualmente saldrá a la superficie. Reclamará su tierra. El daimon no se va".

Quizás lo más interesante es que la ciencia ha recuperado esta idea de la eudaimonía. El profesor de medicina de UCLA Steve Cole ha realizado estudios (los cuales revisamos de manera más amplia en un artículo anterior) sumamente interesantes sobre la relación entre el sistema inmune y la felicidad, o cómo reaccionan nuestras células a lo que subjetivamente llamamos felicidad, de lo que ha concluido que "no hay duda de que la mente y el sistema inmune están ligados". La mente parece modular en varios aspectos las respuestas inmunes. 

Cole realizó un estudio con sus alumnos cuyos resultados nos ayudan a entender mejor cómo nuestra psicología profunda se refleja en nuestro sistema inmune. En el estudio se midió el perfil de expresión genética de un grupo de voluntarios y se relacionó con una evaluación de sus niveles de felicidad. Un mejor perfil de expresión genética significa una mayor respuesta antiviral y una menor respuesta inflamatoria. La evaluación de la felicidad se dividió en la felicidad "hedonista" y la "felicidad eudaimónica". "La felicidad hedonista es el estado de ánimo elevado que experimentamos después de un evento de vida externo, como comprar una casa", la eudaimonía es "nuestro sentido de propósito y dirección en la vida, nuestro involucramiento con algo más grande que nosotros", explica Cole. El estudio mostró una notable correlación entre la felicidad eudaimónica y un mejor funcionamiento del sistema inmune. 

El estrés crónico que reduce la felicidad eudaimónica, sugiere Cole, puede acortar la longitud de los telómeros, mientras que actividades como la meditación mantienen la longitud de estos extremos de los cromosomas que protegen el ADN e intervienen en el proceso de envejecimiento. En otras palabras, la disciplina mental es capaz de afectar la expresión genética y regular la función de nuestro ADN. Para quienes dudaban de los poderes mentales del ser humano.

 

Twitter del autor: @alepholo