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Las autoridades sugirieron a la mujer buscar ayuda psiquiátrica para lo que parece ser un caso de fanatismo mal llevado

Las autoridades rusas recibieron una improbable y excéntrica denuncia de una mujer que afirmaba haber sido agredida sexualmente por un pokémon en su departamento de la capital del país, Moscú.

Al parecer, la mujer había estado jugando el popular juego Pokémon Go antes de irse a dormir; su sueño fue interrumpido por un pokémon gigante que estaba encima de ella violándola, de acuerdo con su propia declaración.

Cuando despertó y vio al pokémon (aparentemente un Charmander) éste desapareció pero, según aseguró a las autoridades, la app de su teléfono todavía detectaba a la criatura de tipo fuego en la habitación.

Acto seguido, la mujer despertó a su esposo y le contó lo sucedido. Ni su esposo ni la policía creyeron su relato y, como apunta el Daily Mail, le recomendaron buscar apoyo psiquiátrico. En lugar de esto y como si la historia no pudiera ponerse más extraña, la mujer fue a ver a una psíquica.

Ivan Makarov, amigo de la mujer (cuya identidad no ha sido revelada), contó que según ella “hay muchos pokémon en su casa, y que incluso el perro puede sentirlos. Ella dice que el perro ladra siempre que juega Pokémon Go”.

Desde su salida en julio de este año Pokémon Go ha sido descargado más veces que Twitter y Tinder, dando lugar a todo tipo de noticias extrañas en torno al juego de realidad aumentada, el cual utiliza el GPS del teléfono inteligente para “atrapar” monstruos virtuales en el mundo real.

Pokémon Go es mucho más que un juego: es una enorme fuente de información personal

Como bien sabemos, en los últimos días Pokémon Go ha causado una enorme sensación en todo el mundo, en cierta medida porque es uno de los primeros videojuegos en incorporar para el entretenimiento varias de las tecnologías más atractivas de nuestra época: la geolocalización, la realidad virtual y los dispositivos portátiles. La combinación sin duda es atractiva, y acaso más aún si tomamos en cuenta el componente emotivo o nostálgico del juego, importante en la “educación sentimental” de la generación millennial.

En esta fascinación, sin embargo, es posible que perdamos de vista asuntos importantes respecto del juego. Por ejemplo, que desde cierta perspectiva Pokémon Go no es sólo un juego sino el producto de una empresa con propósitos específicos o al menos claros; el más esencial de todos: generar algún tipo de ganancia. Si a esto sumamos que, en la época digital, una de las materias primas más codiciadas y valoradas es la información personal de los usuarios, podemos sospechar ya cuál podría ser parte del negocio detrás del videojuego.

 

A partir del furor desatado por Pokémon Go, algunas voces han intentado advertir sobre la información personal que el desarrollador de la app, Niantic, está recolectando de las entusiastas personas seducidas por el juego. En este sentido, hay cinco datos básicos que Niantic ya sabe de todos sus usuarios:

-Dirección de correo electrónico

-Dirección IP

-La página web que visitaste justo antes de loggearte a Pokémon Go

-Nombre de usuario

-Localización geográfica

Y otros a los que puede tener acceso si no revisaste los ajustes de privacidad y te conectas a Pokémon Go desde un dispositivo Apple (es decir, con iOS) y utilizando tu cuenta de Google. Si es así, la app puede acceder a todos los productos de Google asociados: Gmail, Google Drive, YouTube, Google Calendar, Google Maps, etc. Y recordemos que tener acceso significa lo mismo para ti que para una app: eso que tú haces cuando entras a tu Gmail –revisar tu correo, escribir uno, eliminar otros– es lo mismo que puede hacer la app o quienquiera detrás de una pantalla con el permiso y los datos para husmear en tu cuenta de Google.

Según se anunció Niantic reparó esta “falla de seguridad” específicamente para iOS, pero eso no quiere decir que no continúe recolectando la misma data.

Pero aun si el desarrollador se rehusara a tener acceso a toda esa información, por el funcionamiento mismo de Pokémon Go estamos ante la primera app que puede mapear con precisión microscópica la rutina cotidiana de una persona (ya no sólo el lugar donde trabaja y vive sino las calles por las que cruza, en cuáles camina y en cuáles usa el transporte público, qué días se encuentra en qué rumbo, etcétera).

La pregunta es cómo se usará esa información, y sobre todo quién la usará.

 

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