*

X

15 películas para reconocer que el amor no es como lo cuentan

Arte

Por: pijamasurf - 09/04/2016

En el cine es posible encontrar varias exploraciones en torno al amor alejadas de las narrativas en las que usualmente nos formamos

El amor es, sin duda, una de las narrativas de nuestra realidad que más manifestaciones ha tenido en la historia. A la función meramente fisiológica y evolutiva de la reproducción y el apareamiento, el ser humano añadió un registro vasto y complejo en donde afecto, sexualidad, erotismo y algunas otras circunstancias se mezclan para resultar en prácticas culturales que van de un gesto de cortejo cotidiano a géneros completos en disciplinas artísticas como la literatura o la pintura.

Lo curioso, sin embargo, es que si bien existe toda una corriente social y cultural que ha dictado cómo amar, en la práctica, en nuestra vida de todos los días, eso no siempre se realiza de esa manera. En la Edad Media en Europa, por ejemplo, campeó el amor cortés, que pregonaba el amor a partir de ideas como la pureza y la castidad. Más adelante, en el siglo XVIII, surgió el amor romántico, otra forma especialmente influyente en la cultura occidental, que incorporó otras nociones como el sacrificio, la valentía e incluso el sufrimiento como sello del amor auténtico.

En la actualidad, la poesía y otras artes han perdido preeminencia en estos asuntos frente a medios como el cine, las series de televisión e incluso las llamadas telenovelas. En general, en las producciones de consumo masivo, el amor que ahí se delinea tiene ciertos elementos del amor romántico, pero reducidos, una especie de versión light en donde el amor triunfa a pesar de las adversidades, una persona siempre encuentra a aquella que le estaba destinada (su “media naranja”) y, en general, se considera al amor como un sinónimo de la felicidad.

Pero, como decíamos, esto en realidad no es así, y quizá cabría decir que si bien esas narrativas están y se vuelven parte, hasta cierto punto, de nuestra forma de amar, en la realidad el amor es otra cosa. Difícilmente es una historia que dura para siempre, o una en la que terminamos por encontrar a esa persona que nos complementa como nunca lo hubiéramos imaginado. El amor es siempre otra cosa. Algo real que adopta la forma de las circunstancias en donde se desarrolla, que responde a las posibilidades de amar que cada cual tiene consigo, y que en cierto sentido no puede ir más allá de eso.

A continuación compartimos una breve selección de películas que exploran el amor, pero desde una perspectiva distinta, más auténtica, podría decirse. El amor visto bajo las licencias de la ficción, pero no con el filtro de lo imposible.

 

Vértigo, Alfred Hitchcock (1954)

Como sucede en muchas de las películas de Alfred Hitchcock, en ésta el tema principal, el amor, se encuentra envuelto en una trama aparentemente dúctil y asequible, de misterio detectivesco. La cinta, sin embargo, muestra cómo estamos habituados a, simbólicamente, poner a la persona que decimos amar en un lugar específico, uno en el cual hacemos que se ajuste a nuestras fantasías y nociones de amor.

 

Fresas salvajes, Ingmar Bergman (1957)

No hay otra forma de vivir más que amando, a cada instante. Amar lo que hacemos, lo que somos, las personas con las que estamos. De otro modo la vida transcurrirá y, cuando esté a punto de terminar, quizá advirtamos que hicimos muchas otras cosas, menos vivir.

 

Annie Hall, Woody Allen (1977)

Sin duda una de las mejores películas jamás filmadas sobre el amor real, aun tratándose de un amor inexistente. Con sencillez, humor y una sutil profundidad, Woody Allen nos entrega el relato de una relación dispar, como todas, que transita el arco que va de la fascinación y el enamoramiento al otro punto extremo de la desilusión y el rompimiento.

 

Before Sunrise (1995), Before Sunset (2004), Before Midnight (2013); Richard Linklater

Una trilogía en la que Richard Linklater sigue la evolución del amor en una misma pareja a través del tiempo, es decir, a través de la existencia y los vaivenes no siempre predecibles en los que nos sitúa la vida.

 

Amélie, Jean-Pierre Jeunet (2001)

El fantaseo en el amor –ver no lo que está ahí, sino lo que quisiéramos que estuviera– puede ser atractivo, pero también implica un costo emocional muy alto. Una de las grandes lecciones de esta fábula amorosa contemporánea.

 

Deseando amar, Wong Kar-wai (2001)

No es que el amor surja donde menos se le espera ni que venza adversidades, sino que más bien sigue el camino de nuestras posibilidades y nuestras limitaciones. , Por ejemplo, para algunos el amor puede tomar la forma de la infidelidad.

 

Punch-Drunk Love, Paul Thomas Anderson (2002)

Un relato ligero, pero inteligente al respecto de las dificultades para amar que casi siempre son subjetivas, resultado de la familia en la que crecimos, y que a veces no tomamos en cuenta, obligándonos más bien a creer que amaremos no como podemos, sino como nos dicen que debemos amar.

 

Broken Flowers, Jim Jarmusch (2005)

Si tuviéramos que trazar la historia de nuestra vida, lo más probable es que seguiríamos la estela del amor, los caminos a donde éste nos condujo, las personas con las que nos relacionamos por la sola razón de que estábamos en busca del amor. Y si lo hiciéramos, también es muy probable que aprenderíamos mucho de nosotros mismos.

 

Elsa y Fred, Marcos Carnevale (2005)

Se dice que el amor no tiene edad, una aseveración coloquial que en esta cinta toma un sentido notablemente distinto.

 

Two Lovers, James Gray (2008)

¿Cómo es el amor entre dos personas que sufren mucho en su interior? En esta adaptación de “Noches blancas”, el relato de Fiodor Dostoievski, James Gray ahonda sobre esa pregunta.

 

500 Days of Summer, Marc Webb (2009)

Sin duda una cinta que marcó ya a toda una generación y que quizá cabría considerar la película millennial sobre el amor por antonomasia.

 

Melancholia, Lars von Trier (2011)

Una de las lecturas más brillantes que se han hecho al respecto de esta película es la de Byung-Chul-Han, quien en La agonía del Eros sostiene que el amor a otro es el único medio para salir de la depresión, la cual, a su vez, no es más que un exceso de amor propio, de narcisismo, acaso el mal psíquico por excelencia de nuestro tiempo.

 

Amour, Michael Haneke (2012)

Probablemente una de las historias más terribles de amor jamás contadas –y también una de las más bellamente contadas, en términos cinematográficos–. Con la crudeza que caracteriza su estilo, Michael Haneke nos lleva a explorar la pregunta de hasta dónde es posible llegar por el amor que se le tiene a una persona.

 

Her, Spike Jonze (2013)

Otro relato sumamente contemporáneo sobre el amor en tiempos de las comunicaciones remotas pero instantáneas, la inteligencia artificial, los algoritmos y, especialmente, la dificultad para conectar realmente con nosotros mismos y con quienes nos rodean.

 

Mon Roi, Maïwenn (2015)

El amor implica sufrimiento, ¿pero hasta qué punto? ¿Con qué propósito? Esta cinta reciente aborda una relación tormentosa, de codependencia, que casi siempre se convierte en un círculo con el que no es sencillo romper.

 

También en Pijama Surf:

Estas 21 películas sacudirán tu conciencia y te llevarán a preguntas que quizá no te has hecho

Te podría interesar:
Un urgente pero optimista llamado a transformar el mundo que muestra lo que se está haciendo en diferentes partes; una película que inspira y ayuda a recargar energía para lo que falta.

La historia de la exhibición de Mañana empieza con nueve personas en una sala en París en diciembre del año pasado. La publicidad de boca en boca hizo que en febrero llegara a 700 mil espectadores, y después de 18 semanas en cartelera en Francia rebasó el millón, un verdadero hito para una película del género documental. Son contados los casos similares. Viene a la mente Fahrenheit 9/11, el batazo de Michael Moore que multiplicó las salas de exhibición después de su discreto estreno inicial, con un mensaje severamente crítico al gobierno de George W. Bush. Pero en ese caso hablamos del mercado más grande del mundo: el estadounidense. Mañana lo hizo sólo en Francia. Aún no se estrena en Estados Unidos.

Para contestar a la pregunta de cómo pudo suceder eso es necesario ver el documental, pues lo deja muy claro, y creo que se puede resumir en dos factores: la inminencia del tema general, con sus múltiples ángulos y soluciones, y cómo está contado. Cuando llegan los créditos finales, después de haber visto una película en la que constantemente se habla de los problemas más serios que afronta la humanidad, sorpresivamente el espectador sale de la sala con un sentimiento más bien optimista, pero urgente. Y lo primero que viene a la mente para lograr un cambio colectivo es recomendarla para de ahí partir.

Pensar que una película o cualquier obra de arte puede cambiar el mundo sería una ilusión. Las sociedades se dictan por fuerzas que van más allá de cualquier obra individual, son partidas de ajedrez avanzadas en las que los movimientos posibles están muy limitados. No puedo decir que Mañana sea la excepción, sin embargo creo que tiene tanto empuje porque pone de manifiesto los miedos de millones de personas, expresa lo que a tantos de nosotros nos preocupa, más aún si tienes hijos. Las décadas que vienen serán sin lugar a dudas tormentosas, y sólo si el mundo se organiza en la misma sintonía las cosas pueden empezar a mejorar. Lo que Mañana deja en claro es que hay soluciones que ya se están poniendo en práctica.

Trataré de sintetizar los temas, que por complejos, aun después de ver la película, son difíciles de abordar en breve. La economía, por ejemplo, que en la película hace hincapié en monedas locales, es de lo más abstracto. ¿Cómo se crea el dinero que usamos todos los días?, es una de las preguntas, y hay miles de localidades que tienen billetes propios, que sólo se pueden gastar ahí: no pueden salir a guardarse en las arcas de una compañía transnacional. El billete de 21 libras en Totnes, una comunidad de transición en Gran Bretaña, o el de Brixton que porta a David Bowie en vez de a la reina son economías complementarias, no alternativas.

Los otros cuatro temas son agricultura, energía, política y educación. Van de huertos urbanos en Detroit a ciclopistas en Copenhague y a comarcas en la India en donde los servidores públicos locales han logrado cambios considerables para su gente. Se revisa el modelo educativo en Finlandia, uno de los países más avanzados en pedagogía, que propone métodos simples que funcionan. En San Francisco se recicla el 80% de la basura, y el reciclaje es una obligación legal. Lo increíble es que las decenas de historias que Mañana cuenta son sólo gotas en el mar de esfuerzos que se están dando en el mundo. Yo hubiera buscado a Elon Musk para hablar de autos que no necesitan gasolina y paneles solares, pero quizá él no necesita más publicidad, en cambio las personas que componen el mosaico que eligieron son gente común y corriente tratando de sobrevivir y de forjar un mejor futuro, con esfuerzo y dedicación, porque nada de lo que plantean es fácil.

Los directores son Cyril Dion, un activista dedicado a organizaciones no gubernamentales, y la esplendorosa Mélanie Laurent, quien no sólo fue una de las protagonistas de Inglourious Basterds de Tarantino, sino que además dirigió Respira, una laureada cinta de ficción.

Mañana no cambiará el mundo por sí sola, pero puede provocar que mucha gente se ponga manos a la obra y acompañe a quienes ya están trabajando por disminuir las emisiones de CO2 en la atmósfera, o fortaleciendo el consumo local en medio de una economía global que está acabando con los recursos naturales. En México puedo mencionar el Huerto Roma Verde o Cherán, municipio autónomo y sin basura, ejemplos en el mismo tenor que las historias propositivas que exploran Laurent y Dion. 

Mañana busca un salto de conciencia colectivo, pero quizá su mayor virtud es lograr que el espectador pase un rato ameno mientras reflexiona. Ir al cine a pasarla bien y recargar energías para un futuro cada vez más incierto.

Estreno en México el viernes 26 de agosto en salas de todo el país: una mezcla de las grandes cadenas de exhibición con salas o cine clubes locales, otra muestra de existencias complementarias.

 

 

Twitter del autor: @jpriveroll