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Científicos descubren que las telarañas son complejos instrumentos de vibraciones musicales

Ecosistemas

Por: Pijamasurf - 09/14/2016

La arquitectura es música congelada y las arañas tejen un instrumento musical para vivir en una casa de vibraciones que es una sofisticada red de información

Esto es realmente fascinante, las arañas no sólo tejen sus telarañas como instrumentos para transmitir todo tipo de información a través de las vibraciones que se emiten en las telas, sino que usan esta especie de tensión musical para ver y navegar en un oscuro mundo.

Científicos de Oxford habían revelado hace dos años que cuando se hacen vibrar las telarañas, como si fueran cuerdas de guitarra, transmiten vibraciones a un amplio rango de frecuencias, las cuales comunican información sobre presas, parejas e incluso la integridad de la estructura de la telaraña –una arquitectura sutil de vibraciones es lo que soporta su mundo–. Y esta semana se ha publicado el seguimiento a este trabajo, en el que se informa sobre el descubrimiento de que las telarañas son instrumentos minuciosamente afinados para la transmisión de vibraciones, y que el tipo de información que se transmite puede ser controlado por ajustes en la tensión y dureza de la seda de sus telas. 

El boletín de prensa de la Universidad de Oxford señala:

Las arañas que habitan en telarañas tienen una vista muy pobre y dependen casi exclusivamente en las vibraciones de sus redes para "ver" el mundo. Los patrones musicales que emergen de sus telarañas afinadas les proveen información crucial sobre el tipo de presa que han atrapado, los predadores que se acercan, así como las cualidades de sus posibles parejas. Las arañas cuidadosamente ingenian sus telarañas de un rango amplio de sedas para controlar su arquitectura, tensión y dureza, análogo a construir y afinar un instrumento musical. 

Así que en cierta forma podemos concluir que las telarañas son realmente instrumentos musicales, que las arañas viven en una casa de vibraciones y hasta probar la famosa frase atribuida a Goethe de que "la arquitectura es música congelada" o incluso aquella de Pitágoras: "hay geometría en el zumbido de las cuerdas, hay música en el espaciado de las esferas”.

Los científicos lograron hacer estas mediciones utilizando rayos láser de alto poder con los que midieron las pequeñas vibraciones que emiten las telarañas. La Dra. Beth Mortimer dijo que "las telarañas en forma de orbes [de la araña Araneus diadematus] son estructuras multifuncionales, en las que tanto la transmisión de vibraciones como la captura de la presa son importantes". Los investigadores creen que esta tecnología arácnida podría enseñarnos algo sobre lo que llaman "visión virtual".

Hace algunos años se realizaron unos experimentos en los que se dosificó a arañas con diferentes drogas, entre ellas LSD, para observar cómo esto modificaba la arquitectura de sus telarañas. Esto nos lleva a formular una pregunta quizás un poco absurda, pero que suena interesante: ¿A qué suena una telaraña construida por una araña en LSD?

 

La elaboración del tequila es uno de los procesos más alquímicos de nuestra cultura

La alquimia es esencialmente un proceso de transformación. Incluso desde una perspectiva muy general, se sabe que la alquimia se trata de convertir la materia en algo mucho más preciado y valioso.

Esto, que por muchos años gozó de respetabilidad como un campo válido de conocimiento, es posible encontrarlo también en aspectos precisos de nuestra vida diaria.

Aunque quizá no nos demos cuenta de ello, todos los días ocurren transformaciones alquímicas en nuestro entorno, y en México uno de los ejemplos más notables es la fabricación del tequila.

Desde 2009, la firma Altos Tequila inició la comercialización de un producto que hasta la fecha se distingue por la morosidad de su fabricación, que en cada una de sus etapas respeta y revive los procesos artesanales asociados con la destilación tradicional del tequila, mismos que en varios casos tienen cientos de años herencia y antigüedad.

La producción comienza en el momento mismo en que se respeta el crecimiento natural del agave, al cual le toma ocho años, como mínimo, para poder ser cosechado y utilizado como materia prima. Otras marcas precipitan este momento y usualmente cortan los agaves con tan solo seis años de desarrollo. Asimismo, los encargados de cosechar el agave, los jimadores, pertenecen en el caso de Altos Tequila a una misma familia, los Álvarez, que por más de 30 años han realizado este oficio con orgullo y dedicación.

En cuanto al momento verdaderamente alquímico de la hechura del tequila, existen dos fases en las que es posible encontrar dicha cualidad. La primera, los hornos de tabique para el cocimiento de los agaves, una especie de ritual atávico donde el fuego comienza a transformar la materia. Después, la maceración y molienda en una piedra “tahona”, la cual, por su origen volcánico, sigue conservando la esencia del fuego pero petrificado, preso en la solidez, ese otro estado de la materia que tanto dista de lo etéreo de las llamas.

El siguiente momento del tequila ocurre en el metal: para la destilación se ocupan alambiques de cobre que por sus características permiten la obtención de un tequila puro, blanco, listo para embotellar. Pero si, como muchas de las cosas que valen, éste también quisiera atesorarse, entonces se le vierte en barricas de roble americano, en donde reposa su sueño de materia transformada durante al menos ocho meses, tiempo también superior al usual en nuestra época, en la cual los tequilas que se comercializan como reposados usualmente tienen solo dos meses de reposo.

¿Qué te parece? Asombroso, ¿no crees? Si quieres saber más sobre este proceso alquímico tan cercano a nosotros, te invitamos a visitar este enlace.