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Este truco de un filósofo de hace 350 años ha sido comprobado como el mejor para hacer cambiar de parecer a alguien

Filosofía

Por: Pijamasurf - 09/14/2016

Blaise Pascal notó que la mejor forma para hacer que una persona baje sus defensas y acepte cambiar de opinión es primero acordar con ella en ciertos aspectos

El filósofo y matemático del siglo XVII, Blaise Pascal, actualmente tiene cierta popularidad en Internet, particularmente en la era de Twitter y es que tiene tres frases que son, por lo menos, muy compartibles y que se encuentran por todos lados: "El corazón tiene razones que la razón no entiende", "No sólo con la razón, sino también con el corazón, nosotros conocemos la verdad" y "Todos los problemas de la humanidad provienen de la incapacidad del hombre de estarse en silencio a solas en su habitación". Y una que es muy citada por escritores y filósofos como síntoma del horror al vacío del hombre moderno: "El silencio eterno de los espacios infinitos me aterra". Además, Pascal, que escribió un hermoso libro de aforismos titulado Pensamientos, es conocido por la llamada "Apuesta de Pascal", donde argumenta que lo más pragmático es creer en Dios. 

La revista Quartz ha notado que Pascal ha vuelto a ser noticia, al menos en los círculos de la psicología, luego de que su argumento para hacer que una persona cambie de parecer ha sido retomado por el profesor Arthur Markman, de la Universidad de Texas. en Austin, quien refuerza la idea de que lo que Pascal observó hace 350 años es la mejor forma de persuadir a alguien.

Pascal escribió que cuando queremos corregir a alguien y hacerlo cambiar de opinión debemos primero "notar desde qué perspectiva mira el tema" esa persona y entender que desde el lado en el que lo ve es verdad, así que debemos admitir primero que lo que observa es verdad y luego revelarle el otro lado desde el cual las cosas son distintas. "Estará satisfecha con eso, porque verá que no estaba equivocada, sólo no había considerado todos los lados. Y es que nadie realmente se ofende por no ver todo; pero a uno no le gustar estar equivocado", y añade: "Las personas son generalmente mejor persuadidas por razones que ellas mismas han descubierto que por aquellas que han surgido en la mente de otros". Esto es realmente un truco un tanto sofista, pero funciona.

Según Arthur Markman es importante que primero hagamos saber a las otras personas que en cierta forma están en lo correcto, esto parece abrirlas y bajar sus defensas, como una taimada diplomacia, a luego tomar por cierto un punto contrario. El artilugio es completado magistralmente si luego se es capaz de hacer que el interlocutor crea descubrir por su propia cuenta el contrapunto. "Si inmediatamente te empiezo a decir todas las formas en las que estás mal, no tienes un incentivo para cooperar. Pero si comienzo diciendo 'Ah sí, realmente lo que dices tiene mucho sentido, son puntos importantes', así le estás dando a la otra persona una razón para querer cooperar en el intercambio".

Tenemos aquí una especie de confitería para el ego, para ablandarlo y dejar que entre la razón. Aunque realmente este truco puede usarse para persuadir sin necesidad de que impere la razón, solamente por la habilidad de la mente de regodearse en sus propias habilidades discursivas y manipular a las demás personas. Esto es algo en lo que ciertamente Pascal, quien ahora puede considerarse como un precursor de la psicología, no estaría de acuerdo.  

 

 

Los viajes psicoactivos de Nietzsche, experimentos de intoxicación dionisíaca

Filosofía

Por: pijamasurf - 09/14/2016

Nietzsche exploró las realidades alternas de las drogas bajo inspiración dionisíaca

Friedrich Nietzsche pasará a la historia, entre otras cosas, como el filósofo que logró regresar lo dionisíaco a nuestra cultura y, de manera fiel a este dios de la intoxicación, padeció en carne propia sus extáticos delirios, hasta el punto de caer en una espiral de autodestrucción creativa. Y es que el éxtasis que viene del exceso, que tan alto eleva, también despedaza. En su libro Noumenautics, el filósofo Peter Sjöstedt argumenta que la filosofía de Nietzsche no puede entenderse sin su experimentación con sustancias psicoactivas, las cuales él mismo se prescribía, aparentemente usando de manera taimada su título de doctor... pero en filología:

Nietzsche empezó y terminó su carrera filosófica celebrando al dios griego de la intoxicación, Dionisio. En el período intermedio Nietzsche empezó a autoprescribirse y utilizar frecuentemente drogas que alteraban su mente como opio e hidrato de cloral. Argumento en mi libro que la profunda inspiración de la que Nietzsche habla (en Ecce Homo) es similar al daemon de Sócrates, quizás hoy en día más comúnmente descrita como una alucinación auditiva. El daemon de Nietzsche era Dionisio... Sin estas inspiraciones inducidas por las drogas, dudo que hubiera surgido la poderosa filosofía del último período de Nietzsche.

A la distancia es sumamente difícil decir qué tanto de la vehemencia electrizante de Nietzsche --quien dijo "No soy un hombre, soy dinamita"-- venía de las sustancias con las que alteró su mente, siguiendo el juego báquico de la intoxicación, y cuánto provenía de su propia naturaleza, de su propia pasión, especialmente también porque las drogas que parece haber consumido son sedativos más que estimulantes, si bien son dados a las alucinaciones y a los sueños fantásticos y delirantes. Tal vez una imaginación como la del filósofo pudo haber transformado la adormidera en un profuso fuego alucinatorio (y es que algunos de los fumadores de opio más legendarios lo llamaban "dragón" no sólo por el orientalismo).   

Sjöstedt considera que las drogas fueron capitales en la filosofía de la desmesura, el rapto y la provocación de las costumbres apolíneas que tanto caracterizaron a la filosofía de Nietzsche. El autor comenta que debido a sus migrañas crónicas y sus frecuentes convulsiones Nietzsche tomaba opio, que él mismo se recetaba ya que tenía acceso libre a medicamentos. En una carta a amigos íntimos, el filósofo da un atisbo de la influencia de las drogas:

Mis queridos Lou y Rée... Considérenme, los dos, como un semilunático con una cabeza inflamada que se ha alterado completamente por la larga soledad. A esto, lo que me parece un sensible entendimiento de la naturaleza de las cosas, he llegado después de tomar una enorme dosis de opio --en mi desesperación. Pero en lugar de perder la razón, me parece que he entrado en razón como resultado. 

Sobre el hidrato de cloral, la hermana de Nietzsche reporta que el filósofo lo empezó a tomar regularmente en altas dosis en 1882 después de una influenza. Esta sustancia fue utilizada por el doctor Oliver Sacks en su famoso libro Hallucinations, donde menciona terribles alucinaciones que se produjeron después de tomar hidrato de cloral, incluyendo ver cómo todas las personas en un camión tenían cabezas de huevo con frenéticos ojos de insectos, un café que se volvía morado y el súbito rostro de un elefante. 

Otro "reporte de viaje" indirecto viene de la amiga de Nietzsche, Resa von Schirnhofer, quien en 1884 visitó al filósofo, que había combinado hidrato de cloral con bromato de potasio:

Me contó cómo, cuando cerraba los ojos, veía una profusión de flores fantásticas, entrelazándose y formando espirales, constantemente creciendo y cambiando de forma y color con exótica lujuria, brotando la una de la otra. "Nunca logro descansar", se quejó.

Esto parece ser lo más cercano a una experiencia psicodélica clásica, en la que casi podemos sugerir que Nietzsche tenía visiones internas de fractales. Más allá de la especulación sobre la influencia de las sustancias psicoactivas en su filosofía, lo cual es difícil de calibrar (aunque Sjöstedt le da un papel preponderante), es evidente que el filósofo tenía una alta estima por los estados alterados de conciencia, ya que celebró como una de las características que definirían al Superhombre los estados de conciencia a los que habían accedido místicos como Zoroastro, aquellas manías divinas que venían de Dionisio, dios de la intoxicación pero también de los misterios.  

Nietzsche, fiel a una filosofía que despreciaba toda mesura, parece haber llevado una vida excesiva, de alta intensidad intelectual y emocional, lo cual lo acercó a la tragedia --haciendo así, de su vida, un arte de vida. Esto lo llevó al colapso mental y a una miserable última década de existencia, la cual vivió enfermo bajo el cuidado de su madre y hermana. Era contranatura para Nietzsche atender a las palabras de Sócrates --a quien consideraba monstruoso (y no sólo por la reputación que tenía de ser físicamente muy feo), el filósofo ateniense que alabó siempre las virtudes de la moderación, y tampoco a las de quien fuera su gran ídolo filosófico en la juventud, el filósofo Arthur Schopenhauer, quien escribió:

Por el opio o por el vino podemos incrementar considerablemente nuestros poderes mentales, pero al momento en el que la medida exacta del estímulo se excede el efecto será totalmente opuesto.