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Un concurso supuestamente objetivo de belleza deviene un desastre cuando el algoritmo juez refleja un cierto racismo

Se suele decir que la belleza está en el ojo de quien la percibe y esto incluso parece trasladarse a la inteligencia artificial o a los algoritmos que buscan emular la inteligencia humana.

Hace unos días se celebró el primer concurso internacional de belleza en el cual los jueces fueron máquinas que supuestamente debieron de tomar marcos de referencia de data objetiva, como simetría facial, imperfecciones faciales como arrugas y cosas similares. Así, el software Beauty.AI juzgó a más de 6 mil personas de cien países para determinar los rostros más representativos de un concepto informático puro de "belleza humana".

Así la teoría, pero después de analizar los resultados los creadores del proyecto notaron algo un poco inquietante. A Beauty.AI algoritmos no le gustan las personas de piel oscura: la inteligencia artificial no celebra la diversidad. Los 44 ganadores fueron casi todos blancos, algunos asiáticos y sólo uno de piel oscura, pese a que hubo una importante participación de India y África. 

Al parecer los algoritmos reflejan los sesgos y prejuicios culturales de la misma sociedad, la cual finalmente es su universo de análisis y cuyos miembros son los que los programan. 

The Guardian señala que existen algunos antecedentes en este sentido. El chatbot Tay de Microsoft empezó a emplear lenguaje racista y a promover una ideología neonazi en Twitter; el algoritmo del news feed de Facebook "empujó" en los trending topics noticias sensacionalistas y falsas, incluyendo una nota de un hombre que se masturbaba con un sándwich de pollo.

Según Alex Zhavoronkov, de Beauty.AI, el problema probablemente viene de que las bases de datos tomadas en cuenta para idear el estándar de belleza no reflejan de manera equitativa a las minorías. Esto es un problema estructural que puede existir en todo tipo de algoritmos predictivos, ya que la programación y el mismo vaciado de la data refleja los profundos prejuicios de los seres humanos, muchos de los cuales son inconscientes. Así, la neutralidad y la objetividad de las máquinas es solamente una cómoda ilusión –nada se escapa de la visión del creador, al menos no hasta que las máquinas tengan una existencia verdaderamente autónoma y puedan autoactualizarse–, algo que, por otro lado podría ser sumamente peligroso. En este caso esto se acentúa aún más, ya que la belleza es de suyo un tema altamente subjetivo, influenciado por paradigmas socioculturales y por una programación mediática aspiracional; así, el algoritmo es cruelmente sincero en reflejar la realidad políticamente incorrecta de nuestra percepción (si bien se trata de percepción manipulada por la propaganda).

Imagen: The Guardian

 

 

Vivimos en la era de la hiperconectividad, y algunas personas simplemente necesitan estar revisando su correo electrónico para no perder el control

La tecnología informática prometía liberarnos para que pudiéramos trabajar menos y tener más tiempo libre. Pero, debido a que ahora estamos conectados en todas partes, a veces esto suele ir en el sentido contrario, y siempre estamos disponibles, susceptibles al estrés de que en cualquier momentos recibiremos un mensaje, una orden o al menos información que pide nuestra atención. 

Una de las razones por las que muchas personas padecen un estrés crónico en nuestra era hiperconectada es porque sus bandejas de entrada están siempre recibiendo correos electrónicos y les es difícil no reaccionar a los menajes no leídos. Joe Pinsker, periodista de tecnología de The Atlantic, sugiere que el mundo puede dividirse entre aquellos que pueden tener cientos y hasta miles de mensajes sin leer sin que esto les incomode y aquellos (entre los que se incluye a él mismo) que simplemente no logran aguantarse y tienen que checar su email y depurar su bandeja de entrada. Y son muchas las personas como Pinkser que no toleran tener correo no leído: un estudio de 2012 sugiere que el 70% de los correos de trabajo son atendidos dentro de los 6 segundos posteriores a que son recibidos. Se podría decir que el email es una especie de máquina pavloviana. 

Otra investigación, realizada por la profesora Gloria Mark de la Universidad de California Irvine, midió los signos vitales de un grupo de trabajadores cuando no recibieron email durante 1 semana y notó que sus niveles de estrés se reducían considerablemente. El estudio hizo una recomendación para las empresas: los correos que no son urgentes deberían enviarse en paquetes a ciertas horas y el resto del día debería estar libre. 

Mark cree que el efecto que tiene el email tiene que ver con el hecho de que los individuos lo experimentan como un signo de tener control. "Aquellos que sienten la urgencia de checar el email son más susceptibles a sentir una pérdida de control y perderse de información", explica. En otras palabras, no se sienten cómodos en la incertidumbre y sienten estrés de no estar "dentro del loop". 

El email constante tiene además un serio efecto en la productividad de las personas. Según Gloria Mark, las personas tardan unos 25 minutos en regresar a su tarea después de que son interrumpidas. De hecho, la interrupción se ha hecho tan común a la dinámica cotidiana de trabajo que cuando la gente no es interrumpida durante un cierto período reaccionan voluntariamente interrumpiéndose, normalmente checando el correo electrónico (aunque no han recibido ningún aviso). Esto muestra un problema de déficit de atención colectivo; una adicción al email, a la fragmentación y a la distracción. 

Esta división quizás deba matizarse. Por ejemplo, algunas personas constantemente checan su correo cuando están realmente involucradas y emocionadas en un proyecto y, cuando el período de interés baja, entonces también el poder que tiene el email sobre ellos disminuye. De cualquier manera, si tu trabajo no te lo exige, es muy recomendable que limites tus tiempos de recibir correos electrónicos a ciertas horas para no estar en un proceso de atención intermitente todo el día.