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El video domina la Web, y esta tendencia es muy conveniente para sus principales latifundistas

Seguramente los usuarios de FB habrán notado que en los últimos dos años sus feeds de noticias se han atestado de contenido en video, mayormente videos de corta duración, llamados a veces "video snacks", altamente compartibles y atrapantes. La predominancia de este formato no es casualidad, es una decisión orquestada por Facebook, quien es actualmente el medio de comunicación más influyente del mundo (un medio de medios, en realidad).

En los últimos meses, Facebook, que no puede más que manifestar en sus innovaciones y ajustes un deseo monopólico, por lo cual su gran competidor es Google (el otro gigante monopólico), ha favorecido el contenido en video subido directamente a su plataforma como una forma de competir con YouTube.

En una conferencia hace unos meses Zuckerberg anunció:

La mayoría del contenido hace diez años era texto, luego fotos, y rápidamente se está convirtiendo en videos. Creo que estaremos en un mundo en el que en los siguientes años la vasta mayoría del contenido que se consumirá en línea será video.

Así, las palabras de Zuckerberg son profecías autocumplidas. Y es que, como dice New York Magazine, Zuckerberg es el hombre que puede unilateralmente tomar esa decisión. 

Evidentemente Facebook no es el único responsable de esta tendencia. Tenemos sitios como Buzzfeed e incluso podríamos irnos más atrás y pensar en MTV y otras plataformas que han de alguna manera arado el campo de la mente colectiva para este fenómeno. Vivimos en el imperio de lo visual, han dicho numerosos teóricos de medios. Y hoy en día vivimos también en la era de la distracción, donde nuestra atención es la divisa de cambio que se pelean las corporaciones (una atención fragmentaria como uno de esos frenéticos videos musicales donde no existe una narrativa más que el vértigo del corte y la sensaciones que producen las imágenes). Dicho eso, en la Web nadie tiene tanta influencia para dirigir esta tendencia como FB. El hecho de que FB haya privilegiado el contenido en video ha hecho que cada vez los medios apuesten más por el video como forma de presentación de sus noticias, como mecanismo incluso de supervivencia, ya que la gran mayoría del tráfico que reciben los medios de comunicación viene de FB.

Ver videos hace que los usuarios no tengan que salir de FB para obtener su información. Más tiempo de permanencia en el sitio da la posibilidad de que vean más anuncios y genera más datos para que puedan vender mejor esos anuncios.

A Facebook, por supuesto, le tiene sin cuidado que este formato haga aún más patente la tendencia de superficialidad en el consumo de las noticias en Internet. Si hemos visto cómo el texto es reemplazado por las fotos y las fotos por el video (y el video después será reemplazado por la realidad virtual o la realidad mixta, algo en lo que Facebook tiene una importante inversión); también hemos visto cómo la reflexión y la profundidad periodística cada vez se vuelven más superficiales, a la par que se reduce la capacidad de atención del lector, quien necesita ser seducido con una especie de dulce de dopamina visual para que consuma un contenido. Los textos largos hoy en día en la red deben ser anunciados de antemano como "long reads", como si fuera una leyenda preventiva, "entre aquí bajo su propio riesgo" (a riesgo de sentir el vértigo o la náusea o la frustración de una página con una alta densidad de palabras y sobre un tema que no puede entenderse en el primer párrafo). Siempre que un nuevo medio se impone a otro, antes del flash de excitación de lo nuevo, deberíamos de hacer el ejercicio que proponía McLuhan y averiguar qué es lo que ese nuevo medio o ambiente mediático desplaza, qué es lo que amputa al amplificar. 

La forma en la que Facebook altera los resultados del newsfeed arroja luz sobre el (falso) sentimiento de horizontalidad, democracia y de ausencia de agenda que supuestamente reina en las redes sociales, donde aparentemente impera un algoritmo que es afectado sólo por las preferencias del usuario. En realidad, el algoritmo de FB que decide priorizar el contenido en video y que puede, por ejemplo, luego priorizar el contenido de cierto formato y temática que crea que son más apropiados para sus intereses, es un instrumento de control. Esto puede observarse en medidas recientes que parecen privilegiar el contenido personal que postean los usuarios (fotos, videos y textos de sus vida y no links externos). Lo cual es una respuesta a una tendencia que inquieta a Facebook: sus usuarios cada vez se comparten menos a sí mismos, utilizan la plataforma sólo para autopromoverse o informarse. El mismo Zuckerberg incluso se atrevió a dar consejos de estética a los usuarios que suben videos, diciendo que los videos "no deben ser supercurados" deben de ser "momentos íntimos y crudos, en los que eres tú mismo". Un mensaje muy positivo y desinteresado de Zuckerberg para los jóvenes.

Facebook sabe que si los usuarios dejan de postear las fotos de sus vacaciones, entonces estará perdiendo una cantidad y una calidad de información invaluable. Cada post, cada like, cada segundo en línea está siendo monetizado por FB, y, como uno de estos grandes casinos de Las Vegas, que son como una Disneylandia para adultos, FB edita la realidad que vives para que sigas jugando y poniendo más monedas en las máquinas tragamonedas sin saber que el juego está arreglado. 

Twitter del autor: @alepholo

Los smartphones y la hiperconectividad, ¿los culpables de que no conectes sexualmente en la vida real?

Hace algunos años el marketing de diversas compañías tecnológica probablemente infiltró una serie de estudios científicos para promover la idea de que ciertos teléfonos celulares eran un gran accesorio para conseguir más sexo. Si tenías un iPhone, entonces era más probable que ligaras (¿un fálico monolito negro de bolsillo?). La historia del marketing está llena de estas extrañas correlaciones que son casi como operaciones psicológicas con las que se influye en la mente del consumidor (ejemplo de esto son tácticas de relaciones públicas de Ed Bernays como asociar los cigarrillos con la liberación femenina).

Actualmente está idea de que nuestros smartphones nos van a llevar a tener una vida sexual más activa y excitante está siendo seriamente desafiada --si bien algunas aplicaciones para conseguir citas existen solamente a través de los gadgets y el agresivo sexting depende prácticamente de los teléfono móviles. Aunque resulta un poco contradictorio citar ahora un experimento/comercial de Durex (después de la intro), esta marca de condones no se equivoca en la tesis que desdobla en este pequeño reality (en el que, como ocurre ya casi siempre en nuestra realidad mediática, se borran las fronteras entre la publicidad, el entretenimiento y la información noticiosa). En el video se muestran las experiencias de parejas a las que se les confiscaron sus teléfonos en una vacación no sólo romántica sino diseñada con la intención de aumentar el nivel de interacción sexual (aumentando éste proporcionalmente en relación con la disminución de la interacción con los gadgets). A partir de las imágenes, podríamos pensar que dejar sus aparatos parece ser conducente al idilio sexual. 

 

Evidentemente la prueba de Durex no constituye un experimento científico valido, pero creemos que no es necesaria esta legitimación; el sentido común (y otros estudios) nos indican que la tesis expuesta es verdadera. Uno de los participantes en el experimento #DoNotDisturb señala: "generalmente pensamos que somos muy afortunados por tener tanta tecnología, después de esta experiencia no estoy seguro de que lo seamos".

La revista Fast Company cita un estudio en el que 40% de los adultos dijo que tiene menos probabilidades de instigar a su pareja a tener sexo cuando ésta utiliza su smartphone en la cama, y 41% manifestó que ambos suelen utilizar sus smartphones en la cama poniendo atención a sus pantallas y no a su pareja. Otra investiación del año pasado mostró que 71% de las personas en Estados Unidos duermen con o cerca de su teléfono móvil, incluyendo el 3% que duerme con el teléfono literalmente en la mano; 13% lo mantiene en la cama y 55% en su mesa de noche. Asimismo, 35% confesó que lo primero que hace en la mañana es ver su teléfono --así que podría también perturbar la posibilidad del sexo mañanero. Tal vez no sea extraño entonces que cifras recientes muestran que los jóvenes están teniendo menos sexo en Gran Bretaña. Y se vuelve preocupante porque, como ha detectado la psicóloga Sherry Turkle del MIT, los jóvenes cada vez son menos capaces de tener conversaciones no mediadas por sus teléfonos. Turkle sugiere que la tecnología amenaza al arte de la conversación cara a cara. (Evidentemente estas cifras son sólo de un par de países y no pueden ser extrapolables sin matizar; sin embargo, de nuevo apelando al sentido común, es muy probable que hábitos similares de consumo de tecnología estén siendo adoptados en muchos países que de alguna manera siguen un "colonialismo tecnocultural").

El problema de los smartphones es que nos conectan con un mundo abstracto de información permanentemente pero nos desconectan de la experiencia real inmediata --que es donde existe la verdadera sensualidad-- o al menos hacen que la vivamos con menor atención y plenitud, de aquí que no le dediquemos el espectro completo de nuestra capacidad de hacer sentir a otra persona y de sentirla, que solamente percibamos fragmentos.

Esto se exacerba en uno de los problemas identificados por estudios científicos: el hecho de que tantas personas llevan sus smartphones a la cama (o incluso a sus citas románticas). Esto hace que los ritmos del amor puedan ser interrumpidos por los pings, blips, updates y demás estímulos distractores de nuestros aparatos.

Quizá debemos de empezar a notar que los iPhones y otros dispositivos no son realmente sexys (esto es un implante del marketing); lo sexy es ser capaces de percibir con una atención no dividida toda la riqueza de estímulos que genera una persona al comunicarse y responder a ellos sin necesidad de utilizar una herramienta tecnológica, solamente con la espontaneidad y la conectividad de los cuerpos; no huir del presente, que es el único lugar donde la magia del sexo realmente puede ocurrir.