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Los malviajes con psicodélicos pueden ser bastante benéficos (aquí te decimos por qué)

AlterCultura

Por: pijamasurf - 09/21/2016

El consumo de una sustancia psicodélica es la puerta a una radiante ramificación de caminos y posibilidades (tanto mentales como espirituales). Y dentro de estas potenciales vivencias, muchas de las cuales quedarán marcadas de manera indeleble en tu memoria y en tu conciencia, algunas de éstas, hay que decirlo, pueden ser particularmente aterradoras, experiencias que coloquialmente responden a los famosos "malviajes".

Si bien en principio experimentar un malviaje no es especialmente deseable, este tipo de vivencias pueden ser, al final del infernal túnel, algo bastante reconfortable. Y no nos referimos sólo a las mieles catárticas que, por ejemplo, un oscuro viaje en hongos te pueda detonar, también, al menos de acuerdo con un reciente estudio de la prestigiada John Hopkins University, a una sensación de radiante bienestar.

Según la investigación, publicada en el Journal of Psychopharmacology, 76% de los 1993 participantes advirtieron que sus "malas" experiencias "terminaron incrementando una sensación duradera de bienestar y satisfacción frente a la vida", mientras que 84% afirmó que los retos implícitos en sobrellevar un malviaje derivaron en algo benéfico. Incluso la mitad declaró estar dispuesta a volver a vivir esos momentos. Las respuestas anteriores toman aún más relevancia si consideramos que 62% de los participantes consideró esa experiencia como "entre las diez situaciones más psicológicamente difíciles y retadoras de sus vidas".

Los datos anteriores, obviamente, no debieran ser un aliciente para dejar lo que estás haciendo en estos instantes y lanzarte a buscar un malviaje psicodélico. Sobra decir que son experiencias límite y que también pueden traer consecuencias difíciles de borrar, para mal. Por ejemplo, 2.6% de los participantes afirmó haberse involucrado en conductas violentas y agresivas, otro tanto buscó en ese momento ayuda médica, más de 7% tuvo que recibir tratamiento para afrontar "duraderos síntomas psicológicos" hasta un año después de la vivencia. 

De cualquier manera, parece que el popular adagio que reza: "lo que no mata, nutre" bien podría aplicarse en el caso de los malviajes con psicodélicos. 

 

Cuatro cosas que inesperadamente nos producen alegría (según la ciencia)

AlterCultura

Por: piJamasurf - 09/21/2016

La alegría a veces aparece en donde menos lo imaginas, aquí cuatro pruebas de esto

La casi obsesiva búsqueda de la felicidad en nuestra sociedad provoca que dediquemos una buena cantidad de energía a seguir el rastro de este estado –que, por cierto, es un tanto abstracto–. Y en ese proceso nos abocamos a buscar, de manera consciente o inconsciente, aquellas cosas, experiencias o actitudes que más puedan acercarnos a dicho destino. 

Es muy probable que la felicidad sea más o menos proporcional a la simplicidad que imprimamos a nuestras vidas. Pero más allá de esta hipótesis, y si se trata de hallar rutas o estímulos puntuales para detonar en nosotros la felicidad, además de los clásicos consejos, al parecer existen algunos elementos inesperados, descubiertos vía diversos estudios científicos, y los cuáles, extrañamente, por lo menos nos proveerán con algo de alegría –algo así como un poco de felicidad pasajera–.

Aquí cuatro de éstos:  

Tomar el transporte público

Aunque parezca paradójico, según una investigación de la UEA Norwich Medical School, sumergirnos en el vivo ajetreo propio del transporte público nos da, aunque a veces disfrazado de estrés, un algo de alegría: las caminatas implícitas, tiempo para leer o digerir reflexivamente tu día, socializar, etc.  

Involucrarte en un acto violento

De acuerdo con un estudio de la Universidad de Vanderbilt, al involucrarte en un acto violento, por ejemplo una clásica pelea, las zonas de recompensa en tu cerebro se activan –a veces la verdad es cruda–.

Ver películas tristes

Según este estudio, el exponerte a películas tristes termina por darte algo de alegría. Probablemente se deba a la catarsis implícita en el acto de sumergirte en una realidad cruenta, para luego regresar a la tuya y recibirla de forma distinta. 

Pensar en la muerte

Un ejercicio propio de incontables tradiciones de desarrollo espiritual. Una de las mejores maneras de valorar tu vida, y de apreciar los cientos de detalles que te rodean es visualizar tu fin.