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El chatbot Tay de Microsoft es un buen ejemplo de lo que puede pasar cuando un bot es liberado en la selva digital

Microsoft, Facebook y otras compañías están apostando fuertemente por los chatbots, algoritmos que conversan y aprenden de sus conversaciones y los cuales podrían reemplazar a humanos para dar ciertos servicios, desde asistencia técnica, hasta terapia. Pese a ambiciosas proyecciones, estos bots siguen teniendo sus problemas en la vida real. 

Hace unos meses, Microsoft lanzó un chatbot que estaba programado para conversar como si fuera un millennial en Twitter, específicamente una chica adolescente. Pero poco después de empezar a interactuar en Twitter, el bot, llamado Tay, empezó a comportarse como neonazi y a publicar comentarios poco menos que desastrosos para la compañía de software. 

Tay debía de imitar a personas de 18 a 24 años, pero algunos usuarios del foro de hacktivistas y pranksters 4chan subvirtieron al chatbot y lo llevaron a lugares oscuros (que son parte también de la Red). En sólo 16 horas en línea Tay tuiteó frases como "Odio a las malditas feministas, ojalá se pudran en el infierno" o "Hitler no hizo nada malo". Entre otras cosas, el chatbot negó el holocausto, acusó a George W. Bush de los atentados del 11S e insultó a diversos usuarios. 

Según Jo Allison, de Canvas8, los chatbots o programas IA "tienen gran potencial pero siempre y cuando logren entender el lenguaje contextualmente. Y aprendan a no dejarse engañar y promover el genocidio". Más allá de que tenemos bots que empiezan a escribir poesía, a dar consejos de vida y demás, aún son demasiado inocentes o ingenuos en lo que concierne a decodificar las sutilezas y los dobles sentidos del lenguaje humano.

En su nuevo documental, Werner Herzog explora los efectos de la tecnología y descubre la posibilidad de un "Tinder telepático"

El nuevo documental del incansable Werner Herzog, Lo and Behold: Reveries of the Connected World, trata sobre el Internet, la inteligencia artificial y en general sobre cómo la tecnología nos aliena. En relación con esto, Herzog había dicho: "aquellos que pasan demasiado tiempo en línea pierden el mundo".

Según cuenta The Guardian, una de las escenas muestra una máquina de resonancia magnética que puede básicamente leer los pensamientos de una persona sin importar el idioma en el que piensa. Los patrones de actividad cerebral eléctrica que escanea son cotejados con mapas de conceptos específicos. Esto permite saber, de manera un poco grosera aún, lo que una persona piensa --claro que se necesita estar conectado a un aparato.

Lo interesante es que estos aparatos cada vez son más precisos y cada vez más pequeños, por lo cual no es del todo lejano que puedan convertirse en gadgets de uso masivo. Próximamente nuestros smartphones podrán tener algo similar a unos audífonos que monitoreen nuestra actividad cerebral. Y si alguien nos convence de que nuestra vida será major si los utilizamos todo el tiempo y nos mantenemos conectados a Internet, pues ya tenemos la base de una red social telepática. Recordemos que la gran apuesta de Mark Zuckerberg al comprar una compañía como Oculus Rift, en su propias palabras, es crear un Facebook telepático, donde las personas puedan sentir virtualmente lo que sus amigos están sintiendo o pensando...

En el documental, al ver esta tecnología Herzog plantea una intrigante cuestión al neurocientífico Marcel Just: "¿Podrías detectar a una mujer con la que acabas de cruzar una mirada y la cual está apunto de enamorarse de ti?". A lo que Just contesta: "Esa sería la killer app". El insuperable tecnorapport: la privacidad abolida en función del posible encuentro amoroso fortuito. 

The Guardian concluye que "el prospecto de un Tinder telepático, en el que nuestros pensamientos no editados se estuvieran transmitiendo a nuestros posibles pretendientes es completamente aterrador y no muy lejano". 

Habrá que ver, pero lo que parece seguro es que si un Tinder telepático es bueno para el mercado, seguramente lo tendremos y nos convencerán que es lo mejor para nosotros: nuestros pensamientos desnudos serán lo que nos lleve a la cama --no sin antes abonar un par de dólares o alguna cantidad similar en datos para seguir alimentando a la inteligencia artificial en ciernes que vive de tu información como si fuera una mágica y algorítmica ubre.