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Por medio de un análisis exhaustivo de los 22 arcanos del tarot, se intentará darle un sentido al ejercicio cinematográfico como regulador de la percepción de la vida

Dónde están esas cabezas que yo tenía
Dónde el Dios de mi juventud
El amor se ha vuelto malo
Que en la hoguera las llamas renazcan
Mi alma al sol se desnuda

                                   —Guillaume Apollinaire

 

La postconciencia

La explicación inicial de Nichols es reveladora: conecta el dibujo de la carta donde, bajo la bendición del astro rey, dos niños juegan con poca ropa, con la idea de la percepción infantil; en la posibilidad de que la vida deje de ser un desafío, y se convierta en una experiencia para ser disfrutada; claro, si es que ahora nos basamos en la espontaneidad y la armonía interior como filtros de percepción. Dice Nichols: “Cuando este nuevo sol amanece dentro de nosotros, hace que el espectro total de la realidad exterior brille para nosotros como nuca antes lo hizo”. Luego Nichols cita a Jung con respecto al arcano: “el niño simboliza la esencia preconsciente y postconsciente del hombre” la primera etapa siendo la etapa inconsciente de la primer niñez y la segunda, una conciencia de la vida después de la muerte. Esto, vinculando paradójicamente un conocimiento que nos rebasa con nuestra conciencia infantil.      

Para empezar a hablar de cine, podemos mencionar Los mejores años de nuestra vida (William Wyler, 1946), cinta clásica que ganó siete óscares en su tiempo, es una delicia en su desarrollo argumental, que podría servir para comentar ese punto del proceso de concientización del individuo de manera simbólica. Tres soldados que regresan de la guerra, de haber poseído una preconciencia, vuelven para adquirir la postconsciencia en la trama de la cinta. Batallaron de manera física en Europa durante la segunda guerra mundial, pero ahora deberán hacerlo de manera social y psicológica; un intento de reencuentro con su origen, que más bien se ha convertido en un sitio nuevo que poco tiene que ver con el pasado, ni ellos con quienes fueron antes. Un blog de cine hace un buen análisis de los personajes: ”El sargento Al Stephenson (Fredric March) representa al ejército de tierra y a la clase acomodada, pues en la vida civil es un alto ejecutivo de una importante entidad bancaria y reside en un edificio de pisos de lujo; Homer Parrish (Harold Russell) representa a la marina y a la clase media, y el capitán Fred Derry (Dana Andrews) a la fuerza aérea y a la clase trabajadora, comúnmente denominada proletariado.

En realidad, únicamente gracias a la luz que comparten como portadores de su experiencia, logran iluminar el lugar y trascender. No son aceptados por su entorno hasta que se aceptan a sí mismos, a partir de convivir como portadores de conocimiento.

Otra película que tiene que ver con la segunda guerra mundial como motor de la valorización de la vida es Los niños del paraíso (Marcel Carné, 1945). Filmada en plena ocupación nazi en París, nos plantea un guion de Jaques Prévert, el famoso escritor y poeta con quien Carné colaboró varias veces. Es una película casi mágica que abre portales basándose en personajes reales que impactan ahora como rayos de un sol antiguo, llenos de valores ante la oscuridad que acecha, que se encuentra en la carta anterior, la Luna.  

Albert Pike, en su texto básico para practicar francomasonería, Moral y dogma, reconoce el simbolismo del Sol para muchas culturas:

El Sol es el antiguo símbolo de la deidad como poder creador y dador de vida. Para los antiguos, la luz era la causa de la vida, y Dios era la fuente de la que manaba toda luz. La esencia de la luz, el fuego invisible, desarrollado como llama, se manifestaba como luz y esplendor. El Sol era su manifestación e imagen visible; y en Saba, adorando la luz-Dios, parecía que adoraban al Sol, porque en él veían la manifestación de la deidad.

Es así como funciona el amor en la cinta de Carné. Para los masones el sol es el centro de la logia, y hay que encarnarlo de algún modo para ir representando el orden de la realidad. Pike continúa:

Los dadores de la luz y la vida, el Sol y la Luna, están simbolizados en cada logia por el venerable maestro y los vigilantes, y por ello es la misión del venerable maestro dispensar luz a los hermanos por él mismo o a través de los vigilantes, que son sus ministros. 'El Sol' –dice Isaías a Jerusalén– 'nunca más se pondrá, ni tampoco se retirará la Luna, pues el Señor será tu luz eterna, y los días de tu lamento terminarán. En tu pueblo todos serán justos, y ellos heredarán la tierra para siempre'. Así es un pueblo libre. 

Reconoce Pike que los antiguos, más allá de todas estas propiedades veían la eternidad del Sol arriba de todas las cosas, y sobre todo que fuera dueño de la luz, que fuera parte de él, de su esencia le confería divinidad a todo lo que se asociara con él. Podemos mirar cómo en este tipo de filmes los personajes se van iluminando por medio de su comprensión espiritual, ilustrada en una trama común basada en conflicto en la superación de sus defectos de carácter, de sus miedos por lo general.

Quizás éste sea un buen punto para mencionar a Akenatón, faraón del antiguo Egipto sin precedentes, quien por extrañas razones, por el breve tiempo que duró su mandato, cambió a los múltiples dioses que acostumbraban venerar los egipcios por un monoteísmo total, basado en el disco solar que traía la creación día con día, a partir de la visión de faraón y reina como mellizos solares (como en la carta del tarot).    

 

La Claridad

La carta representa la satisfacción, la gloria, la iluminación, la felicidad, la realización y el éxito. Cirlot nos comparte algunas otras claves para comprender al arcano:

La pareja simboliza Géminis bajo la acción benefactora de la luz espiritual. El Sol es el astro de la fijeza inmutable, por eso revela la realidad de las cosas, no sus aspectos cambiantes como la luna. Se relaciona con las purificaciones y pruebas, a causa de que no tiene otra finalidad sino tornar transparentes las opacas cortezas de los sentidos, para la comprensión de las verdades superiores.

Es parecido al proceso que le sucede a muchos personajes como el que le da nombre al gran éxito hollywoodense Jerry Maguire (Cameron Crowe, 1996): un promotor de deportistas de grandes ligas obtiene una conciencia superior que lo hace escribir una serie de reglas para obrar de manera íntegra y denunciar así la corrupción en el mundo del deporte, para luego ser atacado por el sistema (como sucedió con Akenatón por el establishment) y terminar triunfando trayendo con su acción una nueva conciencia. Si hacemos a un lado el mensaje capitalista neoliberal que se derrama por toda la trama de esta cinta, podemos decir que es una singular metáfora de los preceptos explicados por Cirlot.

 

Negativo

Si la carta llegara a salir al revés, tiene que ver con los aspectos solares negativos: vanidad e idealismo incompatible con la realidad, lo que nos lleva directamente a reflexionar sobre una película como lo es Las locuras del rey Jorge (Nicholas Hytner, 1984), que se ocupa de relatar los deterioros mentales del rey Jorge III de Inglaterra en 1788, y de muchas acciones de los mandatarios actuales en muchas partes del mundo, lejos de buscar una hegemonía y una forma equilibrada de gobernar. 

 

Bibliografía y fuentes:

Diccionario de símbolos, Juan Eduardo Cirlot.

El tarot de los bohemios, Papus.

El tarot o la máquina de imaginar, Alberto Couste.

Jung y el tarot, Sallie Nichols.

Moral y dogma, Albert Pike.

http://www.ciencia-ficcion.com/limites/lm0425.htm

https://akwanusagana.wordpress.com/2012/04/22/la-reforma-del-faraon-akenaton-el-culto-al-disco-solar-aton/

 

Twitter del autor: @psicanzuelo

También en Pijama Surf: http://pijamasurf.com/2016/09/no_publicar_las_22_puertas_del_castillo-espejo_xix_la_luna_la_carta_18/

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El "beso de la muerte" es la encarnación simbólica de la unión mística, la cual se vuelve más pura y profunda con la muerte, que elimina lo que no es espíritu y regenera la vida

Todos hemos escuchado del "beso de la muerte", pero pocos realmente sabemos de dónde viene esta idea que podría parecer un oxímoron si sólo se entiende de manera superficial. Quizás la asociamos con alguna película de mafiosos o gangsters o con un cuento de hadas, pero en realidad tiene que ver una profunda tradición mística.

Raimon Arola, experto en simbolismo de la Universitat de Barcelona, hace una formidable labor de rastrear el origen esotérico del "beso de la muerte" o mors osculi, reflexionando a partir de una llamativa estatua en el cementerio del Poble Nou en la que la muerte personificada como la parca, en su figura de esqueleto, va a buscar a un joven y se lo lleva a su reino con un beso. Esta imagen es ya una especie de pathosformel, un arquetipo visual que encierra el simbolismo de la vida después de la muerte. Un beso que nos lleva a "Morir antes de morir, o la muerte como una iniciación religiosa o espiritual", escribe Arola. 

La imagen es llamativa e inquietante, porque en el mundo actual "se ha perdido el conocimiento de los misterios de la muerte y ésta, si es que se tiene en cuenta, es considerada como un acontecimiento terrible y nefasto", dice Arola. La diferencia radical en esta concepción es que "la muerte se presenta como aliado y colaborador. La muerte se ha concentrado en un personaje que refleja, como si fuera un espejo, al propio individuo ante quien se presenta. Una sombra, una oscuridad, un espectro delimitado que se abalanza sobre el ser vivo y lo besa". No sólo es una iniciación religiosa, es una iniciación poética, en esa estrecha liga del espíritu que une al arte con la religión. 

Encontramos en la tradición cabalista y en la alquimia numerosas referencias al "beso de la muerte" en las que se menciona generalmente un beso en la boca, aunque luego existen representaciones de besos más castos como la escultura de Poble Nou. La importancia del beso en la boca es que es así como se transfiere el aliento vital, el hálito o espíritu. Se repite también el proceso cosmogónico que narra el Genésis cuando habla del espíritu de Dios que se posa sobre las aguas para insuflar el aliento o Ruach Elohim. La creación y la muerte no son dos opuestos irreconciliables sino parte de una misma dinámica, de un contínuum que se origina y regresa a la eternidad. Escribe Arola: "Al morir por el beso de Dios, el espíritu del hombre sale por la boca y se une con Él que por unos instantes se ha disfrazado de muerte. En este sentido está escrito en el Talmud: 'La más penosa de las muertes es la del garrote, la más dulce es la del beso [divino]"'. El Zohar se refiere a esto:

Se nos ha enseñado que el besar es la unión de un espíritu [ruah] con otro espíritu, por ello el beso es en la boca, pues la boca es el origen y la fuente del espíritu. Y por eso en el amor, el beso es en la boca y se une espíritu con espíritu, sin haber separación del uno con el otro.

Las palabras (Cantar de los Cantares 1, 2): “Que me bese con los besos de su boca” tienen la siguiente significación: El rey Salomón aspiraba a la unión del mundo superior con el mundo inferior. Y la unión de dos espíritus sólo se realiza a través de un beso; cuando dos personas se besan en la boca, sus espíritus se unen hasta el punto de convertirse en uno. 

El beso religioso de la muerte es como el beso de los amantes, el cual es una prueba de la íntima elección. El devoto es elegido por la divinidad como el amante es elegido por su amado. En el beso se hace un crisol espiritual, un remolino de unión íntima, un cauce de transustanciación. 

 

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