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No sólo es estúpido a nivel personal, fomenta la estupidez y la superficialidad de la Web

Este artículo no debería de ser necesario: es una obviedad que uno no debería de comentar en un artículo o en su publicación en una red social antes de leerlo. Y, sin embargo, esto ocurre casi en la mitad de los casos en sitios como Facebook, donde los artículos suelen tener más shares que vistas y a veces apilan grandes cantidades de comentarios sin que esto se refleje en las vistas a la página. Podría parecer poco importante un tema así, sin embargo, como explicaremos aquí, este hábito del consumo veloz, superficial e irreflexivo de la información hace que en general baje el nivel de la discusión y provoca que incluso los contenidos que se generen en líneas sean de menos calidad y profundidad. Se trata, a grandes rasgos, de una costumbre impulsiva mayormente ignorante.

1. Baja el nivel de discusión (y de inteligencia en general)

Comentar en un artículo sin haberlo leído hace que se resalten prejuicios, lugares comunes y los aspectos más superficiales de la información. Sugiere que todo puede resumirse y entenderse en 60 caracteres (el promedio de un título) o a lo mucho en su resumen (120 caracteres, aproximadamente). Niega el valor de realizar razonamientos complejos que logren explorar un tema desde múltiples perspectivas. Es el equivalente de juzgar a una persona por su apariencia o a un libro por su tapa; si bien estos juicios pueden ser en alguna medida acertados, en la ansiedad de la inmediatez se pierde la riqueza de conocer el fondo y de abrirse a la otredad y a la capacidad de ser sorprendido. 

2. Hace que los medios generen contenido llamativo de poca profundidad

El hecho de que muchas personas no lean los artículos completos pero aún así los compartan o les den like hace que muchos medios consideren que es suficiente presentar sus artículos de forma atractiva, por lo cual se despreocupan del contenido de los mismos, o éste pasa a segundo término en comparación con la presentación. Esto crea una marea de información vacía, pero llamativa, en una especie de dieta informativa con fines cosméticos. Esto es un loop de retroalimentación entre medios y usuarios en el que ambos se engañan el uno al otro.

3. Denota poco nivel intelectual

Realmente la forma en la que te perciben en línea es poco relevante, especialmente porque la mayoría de las personas no saben quién eres y porque el miedo a lo que los demás piensan de ti no es la mejor motivación para actuar. Dicho esto, a muchas personas realmente sí les importa lo qué piensen los demás y quisieran evitar el ridículo, lo cual siempre es un riesgo al opinar sin haber leído un artículo. Evita este riesgo y no comentes antes de leer. 

4.  Dirige la conversación a lugares engañosos

El hecho de que los artículos de noticias se vean atestados de comentarios de personas que no han leído la información suele despistar a los demás y altera el sentido de las conversaciones que pueden generarse en estos espacios. Hace que muchas veces las discusiones se polaricen o se queden en los puntos salientes y no logren encontrar la riqueza de los detalles. 

5. Porque leer es mejor que comentar

De nuevo otra obviedad, pero hay que recordar lo evidente. Es más benéfico para ti leer algo que no sabes o exponerte a la visión de otra persona que buscar confirmar tu visión preestablecida del mundo, ya sea alabando lo que armoniza en apariencia con tus ideas o rechazando aquello que despunta como anómalo e intolerante para ti.

Por último recordemos que Platón consideraba que la opinión (doxa) es, entre todas las formas de conocimiento, la más baja. Así que si lees, al menos podrás tener una opinión informada, basada en la investigación de otras mentes y, si tienes discernimiento, incluso te podrás alimentar de aquellas mentes que saben más allá de la opinión, por la experiencia, la intuición o alguna otra forma superior de conocimiento. 

 

Estudio explica que Twitter es una caja de resonancia política. ¿Será un medio realmente democrático?

Medios y Tecnología

Por: pijamasurf - 10/16/2016

La red social funciona como una caja de resonancias, donde los usuarios sólo escuchan (con distintos matices) el eco de sus propias opiniones.

Las redes sociales son un medio muy interesante para analizar las opiniones y adherencias políticas de sus usuarios, quienes se informan y comparten puntos de vista con personas alrededor del mundo en torno a temas de interés mundial. ¿Pero se trata de medios realmente democráticos, definiendo estos como medios donde todas las voces sean escuchadas y la discusión fluya hacia un mejor entendimiento común de la organización social?

Un nuevo estudio publicado en Politics Analysis parece contradecir la función democrática de las redes sociales, específicamente de Twitter. El autor, Pablo Barberá, de la Universidad del Sur de California, explica que el 85% de los retweets con orientación política provienen de usuarios con posiciones ubicadas en el mismo espectro político. Es decir, que Twitter parece funcionar en su gran mayoría como una caja de resonancia de las opiniones similares, donde en contraste, las opiniones radicalmente distintas a las nuestras nunca pasarán por nuestro TL.

En el estudio, Barberá escribe: "Los individuos son expuestos cada vez mas únicamente a la información que refuerza sus puntos de vista previos, evitando así la confrontación de opiniones. Esto genera un ambiente de caja de resonancia, por llamarlo de alguna forma, que fomenta el extremismo y la polarización política." Según el especialista, las conversaciones en Twitter están dominadas por usuarios claramente identificados con polos extremos de la política, de derechas o izquierdas.

¿Pero no es parte de la responsabilidad de cada ciudadano informarse y contrastar sus propias opiniones con las de aquellos con quienes no están de acuerdo? Por desgracia, este estudio es consistente con una gráfica del ingeniero Gilad Lotan (el genio de la data detrás de compañías como SocialFlow y bitly) que representa las tendencias en el flujo de información en Twitter después del bombardeo de una escuela de Naciones Unidas en Bait Hanoun en 2014. Las redes sociales, o al menos Twitter, parecen radicalizar las tendencias discursivas de los espectros políticos, de modo que los de extrema izquierda nunca se enterarán de qué opinan los de extrema derecha, lo cual está en contra de la noción democrática de que todos tienen derecho a dar su opinión a condición de que todos los demás les presten atención.