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La academia sueca quiso estar a tono con los tiempos, pero quizás pudo haberse evitado problemas seleccionando a un autor que necesitara reconocimiento

El premio Nobel de literatura a Bob Dylan es, a mi juicio, redundante. No es que no se lo merezca: es a todas luces uno de los más grandes poetas que dio el siglo XX, y a quien lo dude le recomiendo la lectura de Dylan’s Visions Of Sin, el magnífico análisis del académico Christopher Ricks, una autoridad en materia de poesía. Decir que de esta forma la academia sueca se abre a los letristas de música popular es pecar de ingenuidad. El premio se lo otorgan en tanto a poeta, a una obra de una calidad que difícilmente tendría comparación con las letras de algún otro compositor.

La cuestión es que Dylan no necesita más publicidad. Los dos grandes atributos del premio son el reconocimiento mundial y una bolsa de casi un millón de euros. Dylan ya es mundialmente conocido como el complejo artista que es, incluida su vertiente poética, y el dinero nunca le ha hecho falta. El Nobel adquiere importancia sobre todo cuando descubre autores que antes de ganarse el premio eran conocidos localmente, enriqueciendo así el mundo de las letras de manera global. 

También está el otro lado de la moneda: es la academia sueca la que podría necesitar un Dylan —según palabras de Rafael Toriz— para vestirse de progresista, para estar a tono con los tiempos. Es una opinión interesante.

Yo lo que lamento es que hubo alguien a quien ya no tuvimos oportunidad de leer porque este año el reconocimiento más prestigioso del mundo llegó a las manos de un icono de nuestro tiempo. Hay muchos autores aún por descubrir a quienes el premio les cambiaría la vida.

Dicho esto, no queda más que aplaudir, pues el premio está dado: Dylan es un poeta inmenso y un prosista de primer orden: un Homero contemporáneo. Ahora auguro que el 10 de diciembre dará un discurso digno de semejante reconocimiento, como dicta la tradición.

 

Juan Patricio Riveroll

Twitter del autor: @jpriveroll

Estados Unidos pagó 500 mdd a compañía para que hiciera videos falsos de Al-Qaeda

Política

Por: Pijamasurf - 10/24/2016

El Pentágono pagó más de 500 millones de dólares a una compañía de relaciones públicas británica para que montara una campaña de propaganda en Iraq, que incluyó la generación de videos falsos atribuidos a Al-Qaeda

Información revelada por el Bureau of Investigative Journalism muestra que el Pentágono pagó más de 500 millones de dólares a una compañía de relaciones públicas británica para que estableciera un programa de propaganda en Iraq. La compañía Bell Pottinger recibió más de 100 millones de dólares al año en contratos de 2007 a 2011 para crear videos de propaganda dentro de uno de los llamados "black ops", programas secretos de las agencias militares estadounidenses. Bell Pottinger llegó a emplear hasta 300 personas para este programa de desinformación en Iraq.

El trabajo consistió de tres tipos de productos, los "blancos", atribuidos correctamente, los "grises" sin atribución y los "negros" falsamente atribuidos. El primero fueron comerciales que representaban a Al-Qaeda de forma negativa; el segundo fueron productos que simulaban ser creados por la "TV Árabe", como, por ejemplo, se filmaban bombardeos de Al-Qaeda y se editaba el material como si fueran piezas de noticias, con una voz en árabe y eran distribuidas por estaciones de noticias en la región. El tercer tipo fue la producción de videos falsos de propaganda de Al-Qaeda. Los videos además contaban con un código de tracking para acumular inteligencia.

Esta información se suma a una amplia colección de filtraciones que muestran cómo las agencias de inteligencia de Estados Unidos han manufacturado la percepción de los terroristas islámicos, tanto de al-Qaeda como de ISIS. Esto después de que incluso armaran y entrenaran a lo que sería Al-Qaeda originalmente en Afganistán. A finales de los 70, Estados Unidos "aprovechó" la oportunidad para canalizar un grupo de resistencia anticomunista fondeando rebeldes que se oponían al gobierno pro soviético en Afganistán. La CIA suministró armas, dinero y demás recursos para fortalecer a los muyahidines. El más famosos de estos rebeldes mercenarios (glorificados en algunas películas de Hollywood como Rambo) fue Osama Bin Laden. Esta decisión estratégica fue implementada por el Consejero de Seguridad Nacional Zbigniew Brzezinski, con el conocimiento del presidente Carter. En una entrevista años después Brzezinski dijo no arrepentirse de la operación secreta ya que detuvo la expansión del comunismo y eso "es más importante que el talibán".