*

X

El libro para reírte (y reflexionar) sobre la corrupción: el "Corrupcionario Mexicano"

Política

Por: pijamasurf - 10/30/2016

El universo semántico que germina alrededor de la corrupción sistemática en México es tan cómico como deprimente

En México la corrupción política llega a niveles literalmente irrisorios. Tan es así, que personajes de la vida pública han legado increíbles frases de cinismo; como muestra está la del presidente Enrique Peña Nieto cuando afirmó que la corrupción en México es cultural, la de “Ni los veo, ni los oigo”, frase del expresidente Carlos Salinas de Gortari refiriéndose a la caída de sistema que le dio la delantera en el conteo final, o el legendario adagio del profesor Carlos Hank González que advertía “Un político pobre es un pobre político”.

En México pareciera que la población se ha acostumbrado a la corrupción, en muchos casos alimentándola, pero en suma terminan conformando una sociedad saqueada, en un perenne desencanto y escepticismo generalizado.

Este círculo vicioso ha generado en la población un lenguaje metafórico alrededor de la corrupción: palabras como "tajada", "moche", "prestanombres", "pemexgate", "hueso", "chapulín", "embarazo de urnas", "delfín", etc., forman parte de un lenguaje pintoresco, y hasta paradójicamente cómico, entre entendidos. Y quizá luego de la risa, si repasamos un compendio de este peculiar léxico pueda caerse también en una reflexión que, con suerte y mucho esfuerzo, encauce un cambio para reconfigurar esta lamentable realidad. 

Lo anterior es el objetivo del proyecto Corrupcionario Mexicano, un libro editado por Grijalbo y promovido por la organización civil Opciona, abocada a construir ciudadanía. 

Quizá lo más relevante de este texto es que ofrece un espejo, palabras que invitan a la sociedad a mirarse a sí misma desde el humor, y luego desde la reflexión. Quizá sin intención, además, el Corrupcionario consigue hacer un inteligente repaso por la historia política del país, la cual, hay que decirlo, la misma sociedad ha permitido.

Si quieres proponer o agregar palabras a este "bestario" semántico puedes participar aquí.

El primer ministro de Bután recoge la basura de los caminos con sus propias manos y también tú deberías hacerlo

Política

Por: Pijamasurf - 10/30/2016

Una vez cada semana el primer ministro Tshering Tobgay se detiene a recoger la basura de las calles que lo llevan a su oficina, sentando un admirable ejemplo

El Reino de Bután es un pequeño país de menos de 1 millón de habitantes incrustado en la parte este de los Himalayas, cerca del Tíbet, Nepal, India  y Bangladesh. Bután es un país budista que en tiempos recientes ha servido de refugio de grandes maestros tibetanos como Dilgo Khyentse Rinpoche y tiene una concepción bastante especial de la vida. Hace unos años el rey Jigme Singye creó un ministerio para la felicidad nacional y creó el indicador de felicidad doméstica bruta a diferencia del indicador económico del producto doméstico bruto. La felicidad se convirtió en el verdadero indicador del progreso del país.

El rey abdicó del trono pese a estar en perfectas condiciones de salud y tener completa aprobación del pueblo para hacer una transición hacia la democracia, la cual está siendo conducida por su hijo Jigme Khesar Namgyel Wangchuck, quien subió al trono en el 2006. El primer ministro Tshering Tobgay es parte importante de esta transición y un formidable ejemplo de ética para mandatarios en otros países.  

Tshering Tobgay publicó estas imágenes en su Facebook (el cual es un excelente ejemplo de manejo de las redes sociales para cualquier político), en las que aparece recogiendo la basura, para motivar a las demás personas a que hagan lo mismo. El primer ministro publicó la siguiente frase del rey, a la cual parece estar respondiendo: "Donde vivimos debe ser un lugar limpio, seguro, organizado, bello, con el fin de cuidar la integridad nacional, el orgullo y nuestro brillante futuro. Estas cosas también son construcción de nación". Tshering Tobgay explicó que ya que "nuestros vecinos insisten en tirar su basura en nuestro caminos, he decidido tomar cartas en el asunto: recogeré basura en camino a la oficina una vez cada semana. Ayúdenme recogiendo desechos tirados cuando vayan a la oficina o regresen de la misma. Y si de todas maneras van a hacerlo, al menos ayúdenos dejándola a un lado del camino, ya que es más fácil de recoger. Recoger basura tirada hasta el fondo de los caminos quita mucho tiempo, es difícil y peligroso".

Un extraordinario ejemplo que aplica para numerosos países en el mundo que tienen esta pésima costumbre.