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Estos inspiradores versos de Kahlil Gibran contienen el secreto de una relación longeva

Libros

Por: Edmeé García - 10/28/2016

Es más fácil hablar de amor que amar verdaderamente, pero los inspirados versos de "El profeta" contienen la llave para relacionarnos armónicamente

La mayoría de nosotros vamos por el mundo buscando amor, ansiando amor, anhelando amor, desesperados por amor, cantando canciones de amor, deseando dar amor, pero cuando se trata de relacionarnos con amor, no sabemos qué hacer. Es decir, queremos amar  y ser amados de vuelta pero una vez en una relación, con frecuencia no sabemos cómo llevarla armónicamente y menos aún cómo hacerla longeva. Además, el dilema de cómo conservar una relación una vez que se ha encontrado a la persona con quien se desea estar se renueva generación tras generación, haciendo la pregunta tan perenne como el deseo de amor. 

 

Escritores, psicólogos, autores de autoayuda, sabios e ignorantes por igual han intentado dar respuesta esta acuciante pregunta. Pero la interrogante continúa: ¿cómo hacer para que el amor dure? Quizá una de las mejores opiniones sea la del poeta y filósofo Kahlil Gibran, que en su libro “El profeta” escribió los siguientes versos, que son tanto precisos como inspiradores. 

 

 

Y dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros.

Amaos el uno al otro, pero no hagáis del amor una atadura.

Que sea, más bien, un mar movible entre las costas de vuestras almas.

Llenaos uno al otro vuestras copas, pero no bebáis de una sola copa.

Daos el uno al otro de vuestro pan, pero no comáis del mismo trozo.

Cantad y bailad juntos y estad alegres, pero que cada uno de vosotros sea

independiente.

Las cuerdas de un laúd están solas, aunque tiemblen con la misma música.

Dad vuestro corazón, pero no para que vuestro compañero lo tenga.

Porque sólo la mano de la Vida puede contener los corazones.

Y estad juntos, pero no demasiado juntos.

Porque los pilares del templo están aparte.

Y ni el roble crece bajo la sombra del ciprés ni el ciprés bajo la del roble.

 

Estos agudos versos nos invitan a cultivar la flexibilidad y parecen decir que la unión de una pareja lejos de ser una institución rígida, asemeja más a un baile entre dos individuos. Siendo “individuos” la palabra clave, no se trata de dos mitades que se suman sino de dos mundos completos acompañándose durante las vueltas de la vida, de la misma forma en que los planetas y estrellas coexisten con sus pares. Es interesante que el texto en ningún momento haga referencia a la perfección, porque no necesitamos de ella para amar ni ser amados. En palabras de Anaïs Nin:

 

Donde el mito falla, el amor humano empieza. Entonces amamos a un ser humano, no a nuestro sueño, sino a un ser humano con fallas. 

 

Amemos entonces sin deseos de perfección, sin sumisión, ni límites y quizá encontremos la poesía de “El profeta” dentro de nosotros. 

Conócete a ti mismo: 5 películas para emprender el camino del autodescubrimiento

AlterCultura

Por: pijamasurf - 10/28/2016

Reconocer la identidad propia y los elementos que la componen es una tarea en la cual el cine puede ser un gran aliado

“Conócete a ti mismo”, decía el templo de Apolo en Delfos, en su vestíbulo. Por éste y otros motivos la frase es indisociable de la antigua Grecia, en donde se usó ampliamente como una suerte de recomendación filosófica pero también vital: saber quiénes somos, con todo lo que ello conlleva, determina en buena medida la fertilidad del terreno en el que sembramos nuestros actos y cosechamos después los frutos de nuestros proyectos. Saber qué deseamos y por qué, conocer nuestro pasado, darnos cuenta de cómo empleamos nuestro amor, saber a qué le tememos y también por qué razones, preguntarnos si las decisiones que tomamos de verdad son resultado de un acto de conciencia y libertad o si actuamos empujados por fuerzas e impulsos inconscientes…  

Conocerse a sí mismo es una tarea continua y persistente de reconocerse en el espejo de lo que hacemos a diario; sin embargo, también existen recursos que nos permiten ejercitarnos en esa disciplina. La lectura de ciertos libros, la conversación con ciertas personas y también algunas películas que tienen como motivo central ese encuentro con nuestra propia identidad al que la vida nos lleva necesariamente.

A continuación compartimos una lista tentativa, la cual dejamos abierta para nutrirla con las sugerencias de nuestra comunidad.

 

Sueños, Akira Kurosawa (1990)

Kurosawa empleó sus propios sueños para contar una historia en ocho partes de una subjetividad, esa definición de la persona que aunque le es inherente, también se encuentra en relación con el mundo que la rodea. Somos lo que soñamos, parece decirnos Kurosawa, pero sólo porque algunos de esos sueños los recordamos al volver a despertar en este mundo.

 

Donnie Darko, Richard Kelly (2001)

Una película de tonos oscuros y temas sombríos que (por esto mismo) nos hace percatarnos de eso que escapa a la luz de la conciencia, aunque no por ello es menos decisivo en las acciones que suponemos realizar por decisión propia.

 

 

Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera, Kim Ki-duk (2003)

También conocida como Las estaciones de la vida, este filme de Kim Ki-duk es una sencilla reflexión –pero no por ello menos conmovedora– respecto de los hechos que se suceden y encadenan, uno a uno, hasta formar eso que llamamos nuestra vida.

 

 

Into the Wild, Sean Penn (2007)

Una adaptación fílmica del libro homónimo a propósito de Christopher McCandless, mejor conocido como “Alexander Supertramp”, quien en la década de los 90 emprendió varios viajes a solas, impulsado casi únicamente por el deseo de aventura.

 

The Fountain, Darren Aronofsky (2006)

Una singular mezcla de ciencia ficción, espiritualidad y fantasía que con recursos de cada una de estas narrativas cuenta una historia que se extiende por cinco siglos, período que parece más que suficiente para reflexionar sobre cómo la existencia ocurre y se desarrolla en esa materia fugaz que es el tiempo.

 

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