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Sobre cómo tres ramas distintas del conocimiento explican nuestra relación con el mundo a través de la conciencia y la interpretación

“Si quieres entender el Universo piensa en términos de energía, frecuencia y vibración.”

-Nicola Tesla 

“Si usas tu mente para estudiar la realidad, no entenderás ni tu mente ni la realidad. Si estudias la realidad sin la necesidad de utilizar tu mente, comprenderás ambos.”

-Bodhidharma 

“El objetivo de los brujos abstractos es romper la fijeza de la interpretación social para ver la energía directamente. Al guerrero no le basta con saber que el universo es energía, tiene que averiguarlo por sí mismo.”

-Carlos Castaneda 

Los adelantos científicos contemporáneos en áreas como la neurología, y la física cuántica permiten corroborar descripciones metafísicas sobre la naturaleza elemental del universo, elaboradas por santos e iluminados desde hace siglos, tales como las recogidas en el Tao Te Ching, el Dhammapada, los Yoga-Sutra, el Bagavadguita y el Corpus Hermeticum, por citar algunos de los más conocidos. 

Sin embargo, descripciones altamente sensibles e inteligentes (y por momentos completamente ambiguas e irracionales) se exponen en un camino elegante y por demás exigente, dada su peculiar condición de feroz autoadiestramiento y plagado de planteamientos paradójicos, popularmente conocido como "el camino del guerrero", aunque para diferenciarlo de otros senderos así llamados "del guerrero espiritual" y de otras tradiciones de chamanismo ritual y brujería pagana, un nombre más suspicaz y atinado a las prácticas y ejercicios de esta tradición es, como también se le conoce, "brujería abstracta". 

Actualmente la ciencia moderna nos brinda complejos modelos y teorías sofisticadas para la comprensión de la realidad de nuestro universo, siendo muy interesante notar que sus conjeturas llegan a las mismas conclusiones que la brujería abstracta proporciona en sus descripciones del mundo perceptual; no obstante, la principal diferencia radica en que mientras la ciencia del siglo XXI depende enteramente de modelos fisicomatemáticos y de instrumentos de medición cada vez más sofisticados, la brujería abstracta nos propone comprobar sus explicaciones ontológicas con la experiencia directa, es decir sin ningún tipo de intermediario como puede ser un telescopio, por citar algún ejemplo, o cualquier otro subterfugio, y de esta manera obtener una experiencia íntima y de primera mano de los modelos que pretenden explicar la realidad fundamental.  

Con las aportaciones realizadas en el siglo pasado por científicos brillantes como Schrödinger, Heisenberg y David Bohm se puso de manifiesto que la naturaleza intrínseca de la materia es enteramente dinámica y que fluye en un rÍo de transformaciones y movimientos que navegan una multilocalidad no lineal, estas interacciones no son más que una incesante fluctuación de energía que crea patrones donde la línea del caos y el orden se torna difusa, muy parecido a un mar de oscilaciones que bailan al ritmo de una danza cósmica, una gigantesca piscina de energía de filamentos vibratorios, donde el perceptor determina la ubicación espacio-temporal y la naturaleza de los fenómenos por el simple hecho de observar. 

Correlativamente, los brujos abstractos describen el mundo en que vivimos como "un conglomerado de unidades de interpretación”. Algunos de estos “hombres de conocimiento” a través de un conjunto de técnicas diseñadas para alterar la percepción cotidiana, aprendieron a “ver”, es decir, a percibir el mundo, no como una interpretación, sino como un flujo ininterrumpido de energía. 

Por otro lado, la neurofisiología nos dicta que la realidad es una estructura artificial creada por el intercambio de iones de calcio de millones de sinapsis neuronales que interactúan creando patrones energéticos de suficiente complejidad para poder aparecer como objetos reconocibles en la conciencia, el cerebro actúa como una especie de estructura holográfica que convierte la cascada de frecuencias que recibimos a través de los sentidos en cosas como árboles o galaxias que no existen de modo objetivo. “Se trata de hologramas creados en el interior de nuestras mentes, mientras que lo que denominamos "mundo exterior" no sería más que un océano fluyente y caleidoscópico de energía y vibración”, nos dice el neurólogo Karl H. Pribram, mientras que los vanguardistas Penrose y Hameroff van aún más allá proponiendo que la red de microtúbulos de las neuronas y sus axones funcionan como un computador cuántico responsable de nuestra conciencia. 

Persinger y Lafreniere, dos hombres de ciencia objetiva y metodista, escribieron en su libro Espacio-tiempo y eventos inusuales

Nosotros, como especie, existimos en un mundo en el que existe una gran cantidad de valores numéricos. Sobre estas matrices de puntos, nosotros superpusimos una estructura y así el mundo tiene sentido para nosotros. El patrón de la estructura se origina dentro de nuestras propiedades biológicas y sociológicas. 

La descripción que nos facilitan sobre la cimentación de nuestra percepción usando tecnicismos es extremadamente similar a la que nos suministra la brujería abstracta, a pesar del tipo de lenguaje contrastantemente diferente, por un lado, tenemos una exposición pragmática y objetiva, y por el otro, una explicación con términos que pudieran parecer ambiguos y abstractos, y sin embargo ambos caminos llegan a las mismas conclusiones. 

La brujería abstracta llama “el águila” al poder que gobierna el destino de todos los seres vivientes, y que es un flujo de emanaciones continuamente nuevo y desconcertante, pero no somos conscientes de ello porque vivimos a tres pasos de distancia del mundo real:

• La sensibilidad innata 
• La interpretación biológica 
• El consenso social 

Esos pasos no son simultáneos, pero su velocidad es superior a lo que podemos determinar conscientemente; por eso damos por hecho el mundo que percibimos. Como ejemplo, en este momento atestiguamos un conjunto de “emanaciones del águila”; automáticamente lo transformamos en algo sensorial, con características como luminosidad, sonido, movimiento, etcétera. Entonces interviene la memoria, la cual nos obliga a darle significado, y lo reconocemos, por ejemplo, como otra persona. Por último, nuestro “inventario social” lo clasifica al compararlo con aquellos a quienes conocemos; esa clasificación nos permite identificarlo. A estas alturas, estamos a una buena distancia del hecho real, que es indescriptible, porque es único. Lo mismo ocurre con todo cuanto vemos. Nuestro “darnos cuenta” es el resultado de un largo proceso de depuraciones o “desnates”, como lo llamo don Juan Matus. Lo desnatamos todo, modificamos de tal manera el mundo que nos rodea, que queda muy poco del original. 

Es en este preciso punto donde los aportes de la claridad mental de Siddhartha Gautama, el Buda, sobre la naturaleza fundamental de la percepción humana nos son de gran ayuda por su valiosa aportación al intento de experimentar la construcción de la realidad de manera directa. 

El budismo profundiza metódicamente en el proceso que la brujería abstracta llama desnate, conociéndolo con el término de “skandhas” o "los cinco agregados”. Los cinco agregados se conforman por rupa y nama, a su vez nama está constituido de vedana, sañña, sankhara, y viññana, que se explican brevemente a continuación.

Rūpa: Formas materiales o corporales 
Es la parte material del ser humano, es decir, el cuerpo, pero no solo el cuerpo en sí, sino además la propia imagen que la persona se hace de éste, incluyendo los cinco órganos sensoriales y el sistema nervioso. La forma se refiere a los procesos físicos que sostienen el ciclo vital de un ser humano, los otros cuatro agregados son los procesos mentales (nama). Toda forma se constituye de cuatro naturalezas esenciales: tierra, agua, fuego, aire y las formas que derivan de ellos.

Vedana: Sensaciones y sentimientos 
La parte que genera una sensación corporal agradable o desagradable o neutra de acuerdo al resultado de la evaluación de tipo afectivo, no conceptual del hecho de acuerdo los datos (o información pura) que se reciben a través de los cinco sentidos y de la mente. Vedana se refiere a la actividad de evaluar cualquier contacto que pueda darse entre las bases de los sentidos y sus objetos materiales, así como entre la conciencia y los objetos mentales, discrimina entre contactos agradables, desagradables y contactos que no pasan el umbral necesario para producir una reacción del individuo.

Sañña: Percepción y memoria 
La parte evaluadora que juzga el hecho ocurrido, clasificándolo y juzgándolo como positivo o negativo, a partir del registro de los estímulos sensoriales puros que la persona convierte en objetos reconocibles y distinguibles, dado que la percepción recuerda sus características debido a los anteriores contactos; los pensamientos e ideas también se procesan como objetos, pues mediante la percepción el objeto percibido cargado con la evaluación afectiva se conceptualiza y pasa a ser un objeto mental.

Sankhara: Estados mentales 
Es la reacción a lo percibido. La parte que reacciona con aversión o apego en función de la sensación, es la representación de la experiencia subjetiva del objeto percibido. Los sankharas son los “impulsos de la voluntad”. Los objetos o formaciones mentales son el resultado de unir varios sentimientos y percepciones. Las formaciones mentales son una especie de patrones energéticos que se forman, toman la mente durante un tiempo y desaparecen, condicionando la experiencia.

Viññana: Conciencia 
La parte receptora de la mente que se limita a registrar la ocurrencia de las cosas. Es un acto de atención o respuesta de la mente en el que el conocimiento del objeto se hace consciente en nosotros. La conciencia contiene a todos los otros agregados y es la base de su existencia. La conciencia es, al mismo tiempo, colectiva e individual, donde la colectiva está hecha de la individual y la individual lo está de la colectiva. La conciencia desaparece y resurge cambiada de un instante a otro y actúa de manera discriminatoria y parcial ya sea que exista un aferramiento a lo percibido como deseable, o un rechazo contra lo no deseable e indiferencia a lo neutro. 

El Buda Sakyamuni logró observar que las cuatro funciones mentales son todavía más breves que las efímeras kalapas que componen la realidad material, de esta manera nunca tenemos conciencia de lo que ocurre cada vez que los sentidos corporales entran en contacto con alguna cosa.

Para ejemplificar los conceptos anteriores considere los siguientes casos: 

  1. Si escuchamos las palabras: “¡Eres un tonto!”, la conciencia (viññana) atestigua el suceso, la percepción (sañña) clasifica las palabras como algo negativo y experimentamos una sensación corporal desagradable (vedana) que nos hace reaccionar produciendo aversión (sankhara) contra lo que estamos escuchando, pues rechazamos aquello que nos desagrada. Se da lo contrario si escuchamos un halago que evaluemos como algo positivo, experimentamos una sensación corporal agradable y generamos un sankhara de agrado deseando más de eso que nos ha producido placer. 
  2.  Al examinar cualquier fenómeno y analizarlo, lo primero que advertimos es su nombre y su forma (nama y rupa). Al percibir una rosa decimos: «He aquí una rosa». Existe una sensación óptica (vedana) del rojo, una sensación olfativa de la fragancia, etc. Incluso su peso y su volumen son metamorfosis de los sentidos; y la frase entera se transforma en: «He aquí un agradable conjunto de sensaciones que agrupamos bajo el nombre de rosa». Esta obra de arte de los sentidos no se halla sino en los objetos percibidos: el placer o el dolor se desvanecen, y las sensaciones se perciben fría y claramente sin que se vea afectada la mente. Esto es percepción (sañña). La percepción misma depende de la naturaleza del observador, y de su propensión (sankhara) a percibir. Viññana es el contenedor donde las fuerzas de la creación que han hecho a la rosa, al observador, sus inclinaciones, lo que ambos son, y todo lo que ha sentado la relación entre uno y otro de algún modo se desvanece y ahora es la conciencia absoluta. 

De manera semejante con los cinco agregados, la mencionada tradición brujil, afirma que la solidez del cuerpo y el mundo son recuerdos; al igual que todo lo demás que sentimos de nuestro alrededor son recuerdos que acumulamos. Según esta tradición tenemos el recuerdo de la solidez del mundo al igual que el recuerdo de comunicarnos con palabras. 

Para don Juan Matus, suspender el diálogo interno (detener nuestras ideas de cómo es el mundo y cómo somos nosotros) es la clave de la "brujería" y nos recalca que

Desde que nacimos nos han dicho que el mundo es una serie de ideas y nosotros, a su vez, en este descomunal esfuerzo de nuestra razón, hemos desarrollado una idea de nosotros mismos, que la alimentamos a cada momento, gastando la mayor parte de nuestra energía. Los seres humanos "realmente" no somos materiales (sólidos), estamos constituidos por átomos y los átomos ¡son cargas energéticas! Así pues, hablando científicamente, los hombres y el mundo estamos constituidos por cargas energéticas. La primera "brujería" del hombre común es hacer, de ese mundo de cargas energéticas, un mundo de objetos sólidos y esto se consigue a través de un gran esfuerzo que realiza la razón por medio de un inmenso gasto de energía. A esta magna obra le llamamos ser razonable.

En la tradición budista theravāda, el sufrimiento aparece cuando el individuo se identifica o apega a un agregado; por lo tanto, el sufrimiento se extinguiría al deshacer los apegos a los agregados. La tradición budista mahayana agrega que la libertad espiritual se alcanza al penetrar profundamente en la naturaleza vacía de todos los agregados, puesto que al igual que todos los fenómenos puramente sensoriales y las imágenes que el recuerdo da a conocer a la mente, nama y rupa están sujetas a las tres formas de duḥkha (término que a alude a la insatisfacción, sufrimiento, e imperfección): dolor, cambio e inconsistencia. 

Don Juan Matus, siendo un “hombre de conocimiento”, nos habla sobre lo efímero del mundo y afirma que "para ser un hombre de conocimiento es necesario ser ligero y fluir”, al igual que el budismo concluye que lo anterior sólo es posible cuando las memorias han perdido su carga y poder y desaparecen las formas fijas legadas por identidades y condicionamientos. La percepción se libera y lo mismo ocurre con los filtros de la realidad. Ésta es vista tal cual es. 

Las principales corrientes filosóficas y científicas han tratado de resolver los problemas epistemológicos fundamentales con base en cogniciones y razonamientos lógicos, es ahí donde el budismo y la brujería abstracta convergen en que la única forma en que realmente se puede conocer algo es exprimiéndolo directamente, libre de discriminaciones mentales y filtros perceptuales, tal como expresa el maestro zen D. T. Suzuki refiriéndose al sutra Avatamsaka, uno de los principales textos del budismo mahayana: 

El significado del Avatamsaka y de su filosofía será incomprensible a menos que experimentemos ... un estado de completa disolución, donde no exista diferenciación entre la mente y el cuerpo, entre el sujeto y el objeto... Entonces miramos alrededor y vemos eso... que cada objeto está relacionado con todos los demás objetos... no sólo espacialmente, sino temporalmente... Experimentamos que no hay espacio sin tiempo, que no hay tiempo sin espacio; que se interpenetran.

Indudablemente existe la percepción y existe también la tendencia a justificar la percepción imaginando un substrato ontológico; es ahí donde el nagualismo tolteca dice: «Calla la mente, no cedas a la hipótesis y potencia la percepción». Tal como manifiestó el brujo yaqui don Juan Matus cuando dijo: "Lo que yo prefiero es “ver” (refiriéndose al acto de atestiguar el indescriptible flujo de energía sin preconcepciones, memorias e identificaciones) porque sólo viendo puede un hombre de conocimiento saber". 

Veamos que en el famoso “sutra del corazón”, Shariputra le pregunta a Avalokiteshvara:  
—"¿Cómo debe proceder un hijo noble, cuando desea adiestrarse en la práctica de la perfección profunda de la sabiduría?" 

Y el noble señor Avalokiteshvara, contestó al venerable Shariputra:  
—"Shariputra, cualquier hijo o hija noble que desee adiestrarse en la práctica de la perfección profunda de la sabiduría deberá hacerlo entendiendo que los cinco skandhas carecen de existencia por sí mismos. La forma sólo es vacío y el vacío es en verdad la forma. El vacío no es diferente de la forma, la forma no es diferente del vacío. Lo que es forma, es vacío, lo que es vacío, es forma." 

El sutra del corazón declara que los skandhas, que constituyen nuestra existencia mental y física, son vacíos en su naturaleza o esencia, pero también declara que esta vacuidad es igual a la forma (lo que denota plenitud), en decir, que esto es una vacuidad que al mismo tiempo no es diferente del tipo de realidad que normalmente atribuimos a los eventos; no es un vacío nihilista que socava nuestro mundo, sino un vacío positivo que lo define. 

Para concluir, a manera de reflexión se transcribe un fragmento de Carlos Castaneda sobre los postulados de la brujería abstracta: 

El ser humano pertenece al grupo de los primates. Su gran fortuna es que puede llegar a expresiones únicas de conciencia, por su capacidad de atención y análisis. Sin embargo, la percepción pura siempre se ve interferida por la forma en que interpretamos. Por lo tanto, nuestra realidad se amolda a la descripción. 

Como seres autónomos que somos, nuestra percepción también podría serlo. Pero no lo es, ya que, al ponernos de acuerdo con nuestros semejantes, todos percibimos lo mismo. Esa extraordinaria facultad, que comenzó con un consenso voluntario orientado a la supervivencia, ha terminado por atarnos a nuestras propias descripciones. 

La meta de los brujos abstractos es percibir todo lo que es humanamente posible. Ya que no podemos salir de nuestra condición biológica, ¡seamos monos sublimes!
 

Esta épica carta de Hunter S. Thompson sobre el propósito de la vida podría cambiar tu perspectiva para siempre

Filosofía

Por: pijamasurf - 10/27/2016

Antes de ser un reconocido autor, Hunter S. Thompson escribió esta magnífica misiva para responder a las inquietudes de un amigo sobre qué hacer con su vida

En la primavera de 1958 Hunter S. Thompson recibió una carta de un amigo pidiéndole consejo, de tal manera que el escritor redactó una carta sobre el significado y el propósito de la vida. Es importante mencionar que en ese tiempo Thompson aún no era el depositario de ningún tipo de fama, pero sus palabras ya tenían la energía que lo convirtió en uno de los autores más celebrados del siglo XX. A continuación incluimos la traducción de dicha misiva. 

 

22 de abril de 1958

Calle Perry 57

Ciudad de Nueva York

Querido Hume, 

Tú pides consejo, ¡ah qué cosa tan humana y tan peligrosa! Pues dar consejo a un hombre que pregunta sobre qué hacer con su vida implica algo muy cercano a la egomanía. Asumir que se puede dirigir a un hombre hacia la meta máxima y correcta, al punto de señalar con un dedo tembloroso la dirección indicada es algo que sólo cometería un tonto. 

Yo no soy un tonto, pero respeto tu sinceridad al pedirme mi consejo. Sin embargo te pido que cuando escuches lo que tengo que decir, concuerdes con que todos los consejos son sólo un producto del hombre que los da. Lo que puede ser verdad para uno, puede significar un desastre para otro. No veo la vida a través de tus ojos, ni tú a través de los míos. Si fuera a intentar darte un consejo específico sería como un ciego guiando a otro ciego. 

“Ser o no ser, esa es la cuestión. ¿Qué es más noble para el alma: sufrir los golpes y las flechas de la injusta fortuna o tomar las armas contra un mar de adversidades…?”

(Shakespeare) 

De hecho esa es la cuestión: si flotar con la corriente o nadar hacia una meta. Es una decisión que todos debemos tomar ya sea consciente o inconscientemente en algún momento de nuestra vidas. Muy pocas personas entienden esto. Piensa en cualquier decisión que hayas hecho y que tuviera una influencia en tu futuro: puede ser equivocada, pero no veo cómo podría ser cualquier cosa excepto una decisión –aunque sea indirecta– entre las dos cosas que he mencionado: flotar o nadar. 

Pero ¿por qué no flotar si no tienes una meta? Esa es otra cuestión y es incuestionablemente mejor disfrutar la flotación que nadar en la incertidumbre. Entonces ¿cómo encuentra un hombre una meta? No un castillo en las estrellas, sino una cosa real y tangible. ¿Cómo puede un hombre estar seguro de que no va en pos de una “gran montaña de dulce”, una meta hecha de caramelo y azúcar que tiene poco sabor y nada de sustancia? 

La respuesta (que es, en cierto sentido, la tragedia de la vida) es que buscamos entender la meta y no al hombre. Ponemos una meta que demanda de nosotros ciertas cosas: y hacemos estas cosas. Nos ajustamos a las demandas de un concepto que NO PUEDE ser válido. Cuando eras joven, vamos a suponer que querías ser bombero. Me siento razonablemente seguro de decir que ya no quieres ser un bombero. ¿Por qué? Porque tu perspectiva ha cambiado. No es el bombero quien ha cambiado, sino tú. Cada hombre es la suma total de sus reacciones a la experiencia. Como sus experiencias difieren y se multiplican, tú te convertirás en un hombre diferente y por lo tanto tu perspectiva cambia. Esto sigue y sigue. Cada reacción es un proceso de aprendizaje sumamente significativo, que altera tu perspectiva. 

Así que parecería tonto ajustar nuestras vida a las demandas de una meta que vemos desde un ángulo diferente cada día ¿o no? ¿Cómo podemos esperar lograr algo más que una neurosis galopante?

La respuesta entonces no debe de tratar de metas en absoluto, o al menos no de metas tangibles en todo caso. Tomaría montones de papel desarrollar este tema a satisfacción. Sólo Dios sabe cuántos libros se han escrito sobre “el sentido del hombre” y ese tipo de cosas, sólo dios sabe cuántas personas han ponderado el tema. (Utilizo el término “sólo Dios sabe” puramente como una expresión”). Hay muy poco sentido en que yo intente dártelo en un proverbial resumen, porque soy el primero en admitir mi absoluta falta de certificaciones para reducir el significado de la vida a uno o dos  párrafos. 

Voy a alejarme de la palabra “existencialismo”, aunque puedes mantenerla en tu mente como una suerte de clave. Quizá también puedas tratar de leer algo llamado El ser y la nada, de Jean-Paul Sartre, y otra cosita llamada Existencialismo de Dostoyevsky a Sartre. Estas son meras sugerencias. Si te sientes genuinamente satisfecho con quien eres y lo que estás haciendo, entonces puedes olvidarte de esos libros. (Dejar a los perros que duermen acostarse). Pero de vuelta a la pregunta. Como dije, poner tu fe en las metas tangibles, sería, en el mejor de los casos, poco sabio. Así que no aspiramos a ser bomberos, no aspiramos a ser banqueros, ni policías ni doctores.  ASPIRAMOS A SER NOSOTROS MISMOS. 

Pero no me malentiendas. No quiero decir  que no podemos ser bomberos, banqueros o doctores, sino que debemos hacer de la meta conformarnos con el individuo, en lugar de hacer que el individuo se conforme con la meta. En cada hombre, herencia y entorno se han combinado para producir una criatura con ciertas habilidades y deseos, incluyendo una necesidad muy arraigada de funcionar de tal forma que su vida TENGA SIGNIFICADO. Un hombre debe ser algo, debe importar. 

Tal y como yo lo veo, la fórmula va más o menos así: un hombre debe escoger un camino que permita a sus HABILIDADES funcionar con un grado de eficiencia máxima hacia la gratificación de sus DESEOS. Al hacer esto, él está satisfaciendo una necesidad (dándose a sí mismo una identidad al funcionar en un rumbo fijo hacia una meta), él evita frustrar su potencial (al escoger un camino que no le pone límites a su desarrollo personal) y evita el terror de ver su meta languidecer o perder su encanto conforme se acerca a ella (en lugar de someterse a las demandas que busca, ha sometido su meta a adaptarse a sus propias habilidades y deseos. 

En resumen, no ha dedicado su vida a alcanzar una meta predefinida, sino escogido una forma de vida que SABE que disfrutará. La meta es absolutamente secundaria: lo importante es el mecanismo que lleva a la meta. Y parece casi ridículo decir que un hombre DEBE funcionar en un patrón que él mismo ha elegido, ya que dejar que otro hombre defina tus metas es renunciar a uno de los aspectos más significativos de la vida: el acto definitivo de voluntad que hace a un hombre un individuo. 

Vamos a asumir que tú piensas que tienes que decidir entre ocho caminos a seguir (predefinidos, por supuesto). Y vamos a asumir que no puedes ver ningún propósito real detrás de ninguno de los ocho. Entonces –y aquí está la esencia de todo lo que he dicho– DEBES ENCONTRAR UN NOVENO CAMINO. 

Naturalmente no es tan fácil como suena. Pues has vivido una vida relativamente estrecha, una existencia más vertical que horizontal. De tal manera que no es muy difícil entender por qué te sientes así. Pero un hombre que procrastina al ELEGIR, inevitablemente verá que esta decisión es tomada por las circunstancias y no por él.

Así que si ahora te cuentas entre los desencantados, entonces no tienes otra opción más que aceptar las cosas como son, o seriamente buscar algo más. Pero cuídate de buscar metas: busca una forma de vida. Decide cómo quieres vivir y luego ve cómo puedes ganarte la vida DENTRO de ese modo de vida. Pero dirás: “No sé por dónde empezar buscar. No sé qué debo buscar”. 

Y ese es el punto medular. ¿Vale la pena dejar algo para buscar algo mejor? Yo no lo sé, ¿lo es? ¿Quién puede hacer esa decisión si no tú? Pero aun si DECIDIERAS BUSCAR, has avanzado un gran camino para tomar la decisión. 

Si no paro me voy a descubrir a mí mismo escribiendo un libro. Espero que no sea tan confuso como se ve a primera vista. Mantén en mente, por su puesto, que esta es MI FORMA de ver las cosas. Yo pienso que esto es aplicable de manera general, pero quizá tú no.  Cada uno de nosotros debe crear su propio credo, éste es meramente el mío. 

Si cualquier parte de esto no te hace sentido, por favor señálamelo. No estoy tratando de ponerte “en el camino” en busca del Valhalla, sino simplemente señalando que no es necesario aceptar las opciones que te da la vida tal y como la conoces. Hay más en ello que eso: nadie TIENE QUE hacer algo que no quiere por el resto de su vida. Pero de nuevo, si eso es lo que terminas haciendo, convéncete como sea de que DEBÍAS hacerlo. Entonces tendrás mucha compañía. 

 

Eso es todo por ahora. Hasta que tenga noticias tuyas de nuevo, sigo siendo tu amigo, 

Hunter.