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Por medio de un análisis exhaustivo de los 22 arcanos del tarot, se intentará darle un sentido al ejercicio cinematográfico como regulador de la percepción de la vida

Y como quien, con hálito afanado
sale fuera del piélago a la riba,
y vuelve atrás la vista, aun azorado,
así mi alma también, aun fugitiva,
volvió a mirar el temeroso paso
del que nunca salió persona viva.


-Dante Alighieri​, La divina comedia

La nueva conciencia

Sally Nichols hace hincapié en los dibujos de la carta que representan al arcángel Miguel tocando la trompeta en un especie de ritual para iniciar una nueva era, aquí hay diferencia de lecturas de si es Miguel o Gabriel como viene escrito en la Biblia. Se les invita a ingresar a esta nueva era a los seres que han sido justos, pero no es en otro lugar donde se llevará a cabo la nueva vida sino el mismo espacio, es otra conciencia a la que ya nos relacionaba la carta del sol. Nichols dice “el juicio anuncia el comienzo de un nuevo orden, una nueva interacción entre el consciente y el inconsciente que se manifestará en la última carta, “El Mundo”. También examina las responsabilidades que trae esta nueva conciencia: “aquel que es liberado de su confinamiento solitario no está ya sólo; ahora tiene dos compañeros humanos, además de una presencia celestial cuyas necesidades y deseos debe tomar en consideración”. De esta manera entendemos que las cartas El Sol, El Juicio y El Mundo van juntas y constituyen lo más elevado.

La nueva conciencia de la que se nos habla aquí se explora muchas veces en el cine con el asunto del cine dentro del cine, muchas películas elaboran sobre lo que es y no es siguiendo este formato que casi es un género sin serlo, abordar un rodaje como lugar para la trama y que los personajes principales sean el equipo de filmación y el elenco.

Recordamos grandes obras de cine dentro del cine, como El Estado de las Cosas (Wim Wenders, 1982), El Pornógrafo (Bertrand Bonello, 2001) y, más recientemente, Tristam Shandy (Michael Winterbottom, 2005), en estas tres películas además se explora el tema del fracaso en el rodaje, no lograr filmar la película pensada en producción, todos los problemas constantes que llevan a director y actores a entrar en un estado paralelo de conciencia donde la película deja de ser lo importante, la trompeta del arcángel abre las puertas de percepción del individuo, una especie de rayo eléctrico celestial que se percibe de otra manera, no como en la carta de la Torre (como destrucción), sino todo lo contrario. Como dice Nichols, el delicado sonido del trueno en el oído preparado se torna una trompeta que despierta al ser fuera de la tumba donde podría hacer lo que hace sin recapacitar: despertar, trabajar, ganar dinero, tener sexo, comer, dormir sin fin y sin intención de trascendencia pero sobre todo sin contacto con el cosmos.

En la cinta de Wenders tenemos un director que pierde el financiamiento de su cinta de ciencia ficción de bajo presupuesto, rodada en Portugal. ¿Qué es el cine sin dinero?, ¿qué queda en una producción sin presupuesto? Ahí es donde despierta a la nueva conciencia que lo lleva a Los Ángeles a contestar sus dudas, una vez más, "los ángeles" para encontrar una respuesta.

El Pornógrafo, película francesa de suma elegancia presenta también metacine incrustado sobre el mencionado subgénero de cine dentro del cine cuando el papel del director lo ejecuta Jean Pierre Léaud, estandarte de la nueva ola. Léaud interpreta a una conciencia que es la de los sesenta, no sólo cinematográfica sino de política expresada por medio del cine, una juventud consciente que inició muchos de los cambios que ahora vivimos, pues en la trama él es un director de cine porno de antaño, cuando se filmaba con glamour. El producto que es el porno actual avergüenza a Léaud, y más estarlo haciendo por motivos económicos. Es en esa conciencia que nace un hombre nuevo, que tocado por la carta del sol despierta de su sueño, sale de la tumba y camina hacia los ángeles.  

 

En Tristam Shandy son los actores los que de manera similar abren las puertas a la otra dimensión. Las problemáticas humanas en un set de filmación nunca van a dejar de existir, esa es la dicotomía cinematográfica entre la humanidad y la economía, es una extensión de la revolución industrial. De inicio, la película es una adaptación de una novela que se pensaba inadaptable del siglo XVIII, donde la rivalidad de los actores principales le da estructura a la trama. Steve Coogan, el actor principal, es lo más cercano al Steve Coogan que podremos ver en pantalla, esa es la intención de Winterbottom: se debate entre temas humanos, donde podemos observar lo que no podemos librar mirando únicamente nuestra realidad inmediata y sin mirar los reinos espirituales que nos circundan. Es esa voluntad que se presenta en le cine cuando fue cayendo en la mano de los artistas cuyas pretensiones alejan al cine de ser un producto económico para convertirse en reflejo del alma.             

 

Ciencia ficción

La ciencia ficción suave es un medio propenso para la expresión de este arcano de manera simbólica, lo que no nos podemos explicar, pero que es una esperanza de una vida mejor, por ejemplo, la nave espacial y la montaña en Encuentros Cercanos del Tercer Tipo (Steven Spielberg, 1977), que se colocan en el eje vertical dibujado en la carta del juicio, la nave = arcángel, sobre la montaña = montañas, pensemos que no hay nada arriba de la montaña para alguien sin fe, y que en realidad el arcángel está arriba, que representa la otra realidad interplanetaria (en los códigos de Spielberg, son visitantes de otra galaxia con los que se está pudiendo comunicar Roy Neary (Richard Dreyfuss)). La película simbólicamente invita a trascender las dudas, lo que no conocemos y despertar en otro sitio, donde todo es posible, el cielo visto como otro planeta con otra civilización más avanzada que nos invita a ser parte de su mundo. 

En Línea Mortal (Joel Schumacher, 1990) un peligroso experimento de un grupo de estudiantes de medicina les permite tocar el otro lado de la vida, la muerte, tomando turnos se cuidan mientras viajan en su conciencia y entrar en eso que los tibetanos llaman "bardos" al empezar a morir, enfrentándose a sus miedos, momentos del pasado, anhelos, etc. La carta del juicio es en tiempo presente narrativo, es una carta activa en verbo, está sucediendo (como sucede en el experimento de los estudiantes) un despertar a otro tipo de vida conectado con lo celestial, lejos de lo mundano. Llaman la atención las escenas en perspectiva, puntos de vista voladores, donde nos desplazamos (la cámara se desplaza) por los aires, como si estuviéramos volando encima del ángel que toca la trompeta. Uno de los estudiantes hace que se interesen los demás en su experimento diciendo que “no quiero morir, quiero regresar y descubrir los misterios de la muerte y de la vida”; así también podemos encontrar el fuerte significado en la carta vinculando la vida con la muerte, al revés exactamente que la carta de la muerte. Las problemáticas que los jóvenes comienzan a traer a la vida diurna mientras el experimento avanza las comienzan a conectar con pecados, y esto nos lleva al arcano nuevamente, que se relaciona un poco con el juicio final, y con otros juicios metafísicos que ocurren después de que el cuerpo muere según otras culturas antiguas, tiene que ver con la pureza y el triunfo del juicio en nuestras vidas, finalmente hay un fallo como en todos los juicios y en la película no queda claro qué tan inapelable pudiera ser. Nuestra evolución en el sentido del arcano del juicio podría medirse con un cambio de juicios y actitudes.

La conciencia tras el dolor

El Francotirador / The Deer Hunter (Michael Cimino, 1978) por su lado es en sí el juicio de la vida, de estar vivo, en una situación dramática por la hermandad y lo que vive un grupo de amigos en casa, en la guerra y después en casa de nuevo, una conciencia que no se expande en todos los casos. Es un grano de mostaza el evento traumático en las distintas conciencias, no todos trascienden, al igual que no todos llegan al cielo. Para llegar al cielo además de una escalera se necesita soltar todo lo preconcebido, el dolor puede ser un puente.  

 

Un dramatismo exacerbado de esta cinta contrasta aparentemente con una película similar en fondo, en conexión con la carta, pero totalmente distinta en forma. Pareciera que no hay drama en El Espejo (Tarkovsky, 1975) con la manera de hacer cine común, teoría del conflicto etc. Es un viaje interno: como si viéramos la línea de vida del ser que está trascendiendo su juicio, inicia la película como si el arcángel tocará la trompeta. Los cuadros de Brueghel el Viejo puestos en escena en exteriores.

En El Espejo se asimila de manera intensamente visual la presencia de Brueghel (1525-1569), el gran pintor flamenco, en el cine; casi pensando en el cine como la nave, el arcángel que nos lleva a la realidad del otro lado del espejo, en en el caso de la película de Tarkovski a otro tiempo. En el año 1564 el maestro pintó “El camino al Calvario”, que no sólo es un viaje temporal, es un viaje por medio de una experiencia estética, sobre todo en la cinta El molino y la cruz (Lech Majewski, 2011) que elabora retablos que parecen pertenecer a la obra del pintor, no de la manera que Tarkovski lo hace, como referencia, sino como presencia directa del pintor en la pantalla, el creador en cuadro. Los Tableu vivant se despliegan con la ayuda de las ventajas digitales, trascendiendo el espacio en cuestión por medios tecnológicos que abren el espacio superior de la pantalla para encontrar a Dios, que trabaja en un molino, y si nos fijamos bien en la carta, arriba del arcángel hay un disco de donde proviene la energía del arcángel, el molino es el arcángel en la película y el molinero, Dios. 

El juicio

La carta maneja ideas de expiación, renacimiento y avance, que también pueden ser exploradas de manera directa con un juicio, como en el caso de Punishment Park (Peter Watkins, 1971), curioso caso de ciencia ficción documental sobre un grupo de jóvenes con ideas radicales que son juzgados por el sistema despiadadamente, lo que termina en una cacería humana. Son ideas nuevas que son juzgadas por ideas viejas, es la carta en un sentido simbólico del ego dejando ir para que llegue lo nuevo.

De esa misma manera viene la simbología de Valhala Rising (Nicolas Winding Refn, 2009) donde un guerrero, ahora esclavo, recupera su libertad de manera violenta para poder asumir toda la violencia y poder trascender su condición humana, es la violencia que en el cine muchas veces funciona como catalizador simbólico para afectar la realidad mediata y cambiarla.

Finalmente hay una cinta mexicana producida por INTERIOR XIII, una distribuidora mexicana que había dado de qué hablar decidiéndose a hacer accesible a la población cine muy difícil de ver como Qué difícil es ser un dios (Aleksei German, 2013) la mejor película del año pasado y quizás de la década. No decepcionan de forma alguna con su primer película ya producida, llamada Te Prometo Anarquía (Julio Hernández, 2015), donde se vive un juicio físico de un montón de gente que no se salva de perderse en la inmensidad, a diferencia de los que arman el trato, que acceden a otra realidad con oportunidad de superarse. Esta diferencia es el amor con el que viven y resuelven las cosas. 

 

Referencias

Sallie Nichols, Jung y el Tarot.

Dr. Klaus Bergman, Tarot, Edimat Libros.

 

Twitter del autor: @psicanzuelo

¿Qué es la materia y qué el espíritu? A continuación las posturas de un alquimista y un astrólogo sobre estas interrogantes, y más

Luis Silva, alias Vasilius, es un connotado alquimista catalán, además de licenciado en Derecho e inspector de policía local. Ha pasado más de veinte años trabajando arduamente en la búsqueda de la piedra filosofal, sustancia excepcional con la que han soñado los sabios desde hace muchos siglos. Con él hemos conversado para tender un puente entre dos ciencias herméticas hermanas: alquimia y astrología.

Pablo: Es todo un honor poder establecer este diálogo contigo, Luis. Te agradezco de antemano por la buena voluntad que has tenido. No es frecuente que un alquimista y un astrólogo tengan la oportunidad de intercambiar visiones sobre sus respectivos quehaceres, a pesar de que ambas ciencias pertenecen al mismo nicho filosófico. Como astrólogo siempre pongo un gran énfasis en la cosmovisión que sustenta mi práctica, ya que no es posible ejecutar la técnica correctamente si ésta no se encuentra bien arraigada en el paradigma que le da sustento. Sobre esto, creo imprescindible recalcar que una de las razones por las cuales los buscadores actuales se desvían tan frecuentemente por derroteros espurios es justamente la falta de claridad en los principios sobre los que se levanta el edificio de las artes herméticas. Toda praxis es resultado de una teoría, y recordemos que teoría es una palabra griega que significa contemplación. En un sentido platónico, no puede haber una buena práctica sin mantenernos en un estado de contemplación de la Idea. Para la astrología tradicional esto es absolutamente fundamental. ¿Qué me podrías decir al respecto sobre la alquimia?

 

Luis: Gracias Pablo, el honor es mío. Desde luego que esta es una gran oportunidad para conjugar astrología y alquimia desde el punto de vista de la filosofía hermética, un hecho que ciertamente no es habitual. La alquimia y sus hermanas, la astrología y la cábala, se sustentan en principios filosóficos que son sus cimientos desde muy antiguo. Tardé muchos años en descubrir que la alquimia era una rama de la filosofía, especialmente de la filosofía natural. Cualquiera que lea los viejos tratados de alquimia podrá comprobar que los antiguos alquimistas no se llamaban a sí mismos alquimistas, se llamaban filósofos. Por definición etimológica un filósofo es un amante de Sophia, la antigua diosa griega de la sabiduría. La palabra griega filo significa ‘amor a’ o ‘enamorado de’. Pero al tiempo la palabra griega sopho significa también ciencia o arte. Así, un alquimista es un filósofo, un enamorado de la sabiduría que practica una ciencia y un arte llamado alquimia. Y, es más, es un filósofo natural, es decir, un escrutador de los misterios naturales. La naturaleza está llena de secretos y el filósofo alquimista los busca para ser sabio y despertar, para sublimarse en términos alquímicos, para ser cada vez más sutil, más alma; en definitiva, espiritualizarse y descubrir que es mucho más que ego y materia sensible.   

 

Pablo: Una de las cosas que me llaman mucho la atención es la posibilidad de complementación, pues mientras la alquimia procura hacer sutil lo denso, la astrología tiene como objetivo iluminar el camino del alma en su trayecto por este mundo, a fin de advertirle acerca de los peligros y obstáculos que ha de enfrentar más adelante. Teniendo un mapa previo del territorio a recorrer es mucho menos probable perderse, accidentarse o desviarse. El astrólogo trabaja ofreciendo una lámpara en medio de la oscuridad. En este sentido, los mapas astrales son valiosos porque permiten que uno comprenda que hay cosas cuya ocurrencia no podremos evitar y, no obstante, sí que podremos prepararnos espiritual y moralmente para enfrentar los períodos de adversidad, aprovechando también los ciclos favorables para el fortalecimiento de las propias virtudes. La astrología procura que nos hagamos cargo de la manera en que enfrentamos el destino, mientras la alquimia intenta elevar la propia naturaleza humana; pero ambas operan en el marco de una búsqueda por un conocimiento profundo acerca de la existencia.

Creo que la vida no tiene otro sentido más que buscar la sabiduría, debidamente equilibrada con el amor a Dios y a todas sus criaturas, seres humanos incluidos. Si la astrología va a permitirte desarrollar la paciencia, la humildad, la fortaleza, la fe y la perseverancia necesarias para vencerte a ti mismo, creo que es un regalo de enorme utilidad. Si, por el contrario, te va a volver sombrío y pesimista, es mejor que te alejes de ella. Como la potencia que mueve al Sol, la Luna y las estrellas es la misma que sostiene al alma humana, pienso que tiene mucho sentido mirar hacia arriba para, al mismo tiempo, mirar hacia adentro. La alquimia hace algo parecido, pues trabaja con la materia exterior para purificar el alma en el interior. Sabemos que se trata de un largo trabajo con las operaciones de laboratorio, pero que paralelamente se adentra en el campo del perfeccionamiento espiritual. De allí que sea tan importante mantener a la vista los aspectos filosóficos de las ciencias herméticas.

 

Luis: Decíamos que el verdadero alquimista es un filósofo. Pitágoras (siglo V a.C.) nos trajo la filosofía que heredó de sus largas estancias en Egipto y Persia. El gran filósofo la dividió en tres partes: Lógica, Física y Ética. Bajo el concepto de Lógica, Pitágoras intentó mostrarnos la noción del logos o Dios, definido como una gran inteligencia, una potencia, un dinamismo al que se le asignaron básicamente tres funciones: es creador, ordenador y sustentador del universo. Él mismo mantiene la creación, mediante su emanación, que los antiguos filósofos griegos llamaron pneuma (hálito o aliento de vida, soplo vital o fuego). Este pneuma, fue llamado por los alquimistas "alma del mundo" o spiritus mundi. Es el Espíritu Santo de la religión cristiana, el prana de los hindúes, el chi o el ki orientales, etcétera. Toda la materia tiene en sí su pneuma, su principio motor o animador. A este espíritu motor, integrado en cada materia, los antiguos filósofos griegos le llamaron logoi spermatikoi, es decir, el esperma del logos, la semilla de Dios individualizada en cualquiera de los tres reinos naturales. Es el soplo vital, el alma que no es más que la llave de la vida. Los antiguos filósofos no conciben una materia sin alma, sin su espíritu animador. Ambos, materia y alma, son uno. Es más, para ellos la materia no es más que alma densificada. Hoy, en términos científicos, diríamos que la materia es energía densificada.

Por su parte, el concepto de Física o physis es la naturaleza. Los antiguos filósofos, gracias a la observación, descubrieron secretos que la naturaleza guarda en su seno. Gracias a ello descubrieron, por ejemplo, los cuatro elementos; fuego, agua, aire y tierra, y cómo trabajan creando y transmutando materia; o los tres principios de todas las cosas; azufre, mercurio y sal. El alquimista es fundamentalmente un filósofo natural, un escrutador de los misterios naturales. Es capaz de hacer físico lo intangible, de fijar en una materia concreta el pneuma o espíritu universal del mundo. Vuelve físico o tangible lo metafísico, y con ello puede transmutar la materia. Demuestra que la filosofía natural es cierta. 

Finalmente, la éthos o Ética. Todos los filósofos alquimistas hacen hincapié en que convertirse en un adepto (del latín adeptus, el que ha conseguido) es un donum Dei, un don de Dios; de ahí que los buenos textos clásicos de alquimia hagan referencia a la Ética, al respeto hacia el Creador y al comportamiento ético que ha de regir la vida de cualquier filósofo alquimista.

En alquimia encontramos imágenes que muestran a un estudiante frente a la puerta cerrada que da al jardín de los filósofos, o palacio de Sofía. Suele tener tres cerrojos que se corresponden con los tres conocimientos necesarios para entrar en el Edén: el de la Lógica o conocimiento de Dios, el de la Física o conocimiento de la naturaleza, y el de la Ética o conocimiento de uno mismo. Esas son las tres llaves que nos permiten entrar al jardín o palacio de la sabiduría, y que nos llevan al despertar.             

 

Pablo: Resulta fascinante esa manera de buscar la trascendencia que nos propone la filosofía natural, pues mantiene bien ligado espíritu y materia. Sin embargo, al menos desde la publicación de las obras de Carl Gustav Jung, existe una idea algo distorsionada sobre el quehacer de la alquimia, ya que mucha gente piensa que se trata de una cuestión puramente psicológica e intangible, un trabajo con los sueños y la imaginación. Sin embargo, la tradición hermética nos muestra que a lo largo de la historia los alquimistas han trabajado de forma material en el marco de un laboratorio. En astrología ocurre algo semejante, pues a partir de gente como Alan Leo y del mismo Carl Jung, se empezó a entender el quehacer del astrólogo como algo puramente psicológico, alejado de la concreción temática con la que han trabajado los astrólogos tradicionales desde hace más de dos mil años. Considero que es importante ser transparente acerca de cómo se han hecho las cosas en la filosofía hermética, sin que por ello pretendamos cerrar la puerta a que otras personas hagan algo distinto. Desde luego, cada quien es libre de escoger su propio camino, pero ¿qué puedes decirle a las personas, tras muchos años de experiencia, respecto de la verdadera naturaleza de tu ciencia? ¿Cómo ayudarles a comprender que no hay materia sin espíritu ni espíritu sin materia?

 

Luis: La alquimia es tanto ciencia física como espiritual. A tenor de sus antiguos textos clásicos, el objetivo de esta cienciartis es elaborar la famosa piedra filosofal. Pero está claro que quien la manifiesta en su laboratorio ha desvelado los secretos naturales más importantes y eso le convierte en un sabio. Puede entonces transmutar la materia, convertir el plomo en oro. Pero eso no es lo realmente importante. El alquimista busca su propia transmutación. La ingesta de la verdadera piedra filosofal le ayuda en ese proceso de transmutación personal. Dicen los adeptos que esta medicina influye en el alma, la recarga de su esencia, la hace vibrar y se llega más rápidamente al despertar. La persona se convierte entonces en un alma despierta, en una persona muy inteligente que está por encima de la materia, que puede incluso vivir entre los dos mundos, el material y el espiritual. La propia búsqueda de la piedra es el intento de entrar en el palacio de Sofía del que hablábamos. La teoría se sustenta con la práctica y el propio laboratorio es tanto un lugar de trabajo como de oración. La palabra ‘laboratorio’ ya nos dice dónde hemos de estar realmente: en un lugar de trabajo (labor) y de oración (oratorio). Aunque la alquimia no está vinculada a ninguna religión, los buenos alquimistas suelen tener un pequeño altar en su laboratorio. Los antiguos estoicos ya afirmaron la estrecha unión entre espíritu y materia, no hay el uno sin el otro, son las dos caras de una misma moneda, dos formas de manifestación distintas. Es más, según ellos toda materia no es más que espíritu o alma densificada. Einstein cambió el término espíritu por el de energía o fuerza. No hay fuerza sin materia, ni materia sin fuerza.                     

 

Pablo: En la tradición astrológica ocurre lo mismo, pues el destino del alma se despliega en el mundo físico, por medio de la encarnación en la materia. No es posible vivir en el tiempo, enfrentar el destino, superar pruebas, aprender de las experiencias y corregir el carácter sin la oportunidad que ofrece el cuerpo denso. Vemos que la alquimia también abraza el mundo por sus dos extremos.

Con respecto a la sustancia física, sé que trabajas con el rocío como materia prima. Existen muchas razones para elegirlo por sobre otras materias como el cinabrio, la estibina o la galena. Resulta atractiva la idea de utilizar alquímicamente el agua del rocío o, como poéticamente le llaman algunos árabes, las lágrimas de la aurora. Se dice que la humedad suspendida en la atmósfera durante una noche de luna llena en los meses de primavera recibe toda la influencia de los astros, ese spiritus mundipneuma del que estábamos hablando. En astrología, los días primaverales tienen virtudes notables, especialmente el del equinoccio vernal, pues con el mapa celeste de aquel día se determina mucho del futuro para una localidad específica. A la figura astral de ese equinoccio le llamamos la "Revolución del mundo", y la revisamos con anticipación para saber cómo se avecina el año, a fin de poder prepararnos. Lo mismo hacemos con la carta astral de la lunación inmediatamente anterior a dicho equinoccio. Pero una cosa que me parece fascinante es que en esa misma época, que determina tantas cosas en astrología, ustedes los alquimistas están recogiendo el rocío con vellones colgados, sábanas estacadas y otros artilugios. ¿Qué hay de especial en el rocío como para levantarse a primera hora de la mañana a fregar el césped y estrujar las telas?

 

Luis: Sólo hay que pasar de la potencia al acto. Recoger rocío en estas noches propicias y descubrir por uno mismo que tenemos ante nosotros algo que suaviza mucho la piel y cura rápidamente pequeñas heridas. No es agua corriente y moliente. De muy antiguo se han dado al rocío buenas propiedades dermatológicas. Los antiguos egipcios se paseaban y tumbaban desnudos en los trigales llenos de rocío. Nuestras brujas hacían lo mismo. El rocío recogido en su tiempo propicio es un agua grasa, se puede comprobar perfectamente cuando nos frotamos las manos con ella. Y en esa grasa que el filósofo sabe recoger está fijado el pneuma o espíritu del mundo, eso nos dicen los adeptos. Es la fuerza que recogen las plantas para despertar en primavera de su letargo invernal, y la que atesoran en otoño para soportar el crudo invierno. Si se sabe blanquear esta tierra negra y luego enrojecerla, es motivo de satisfacción para el alquimista. La piedra filosofal está cerca.      

 

Pablo: Retomando el asunto de los tiempos oportunos para la recogida, en astrología tradicional existe una manera de aplicar el arte que consiste en escoger los momentos astrológicamente más propicios para realizar algo con éxito, teniendo las estrellas a favor. Los antiguos le llamaron "Elecciones". Por su parte, a la alquimia también se la conoce como “agricultura celeste”, y ya que toda cosecha posee su momento adecuado, ¿qué crees que pasaría si la recogida del rocío y el inicio de los trabajos de laboratorio se realizara en momentos especialmente escogidos de acuerdo con la afabilidad y benevolencia del cielo? Sería una bella forma de hacer trabajar juntas a estas dos ciencias herméticas, ¿no crees?

 

Luis: Es así, Pablo. Esta fuerza divina universal, imponderable al día de hoy por la ciencia oficial, se manifiesta con más intensidad en las épocas propicias de primavera y otoño, aunque especialmente en primavera, y en las noches de luna llena. Es en esos momentos cuando el rocío está más cargado de ese espíritu celeste. Por otra parte, muchos alquimistas tienen muy en cuenta en sus trabajos los ciclos celestes. 

 

Pablo: Pienso que la influencia celeste es un reflejo de la voluntad divina. Se dice que no es posible alcanzar la piedra filosofal sin la ayuda de Dios. El hombre por sí solo es incapaz de semejante hazaña. La astrología señala que hay muchas cosas que no se pueden concretar si no están signadas previamente en la figura natal, es decir, en la disposición y cualidad de los astros al momento de nacer. En ésta edad escéptica es un poco extraño que personas como nosotros sostengan que el hombre no puede hacer lo que se le venga en gana y salirse siempre con la suya. Quizás nos consideren algo zafados para la época. La cuestión es que en mi oficio no es fácil trabajar desde una perspectiva tradicional, porque por lo general la gente tiene la idea de que siempre que uno se lo proponga, es posible lograr cualquier cosa. En la alquimia también pasa algo similar, pues el artista por sí mismo no puede llevar a cabo la "gran obra". Necesita de algo más. De allí que se enseñe el ora et labora, y no solamente el labora. ¿Qué opinas de esta idea moderna de que las personas hacemos lo que queremos sin que la voluntad de Dios intervenga para nada?

 

Luis: Como decía anteriormente, los filósofos alquimistas tenían muy claro que llegar a ser un adepto es un don de Dios. Hay que ganárselo. En primer lugar, hay que pasar de la potencia al acto, a la manifestación. Toca trabajar. En segundo lugar, tener bien presente que la obra filosofal es una obra de la naturaleza, es ella la que la hace, aunque necesite las manos del artista alquimista. Debe haber también una comunión entre el alquimista y su obra, si el alquimista vibra de amor, su obra vibrará, porque le trasladará su pasión. Respetar al Creador es también fundamental. Aunque la alquimia no es una religión, ni es proselitista, se adapta a la creencia en la existencia de una inteligencia creadora a la que se debe respeto. Sin duda en la "gran obra" interviene la voluntad de Dios. 

 

Pablo: Sí, ese respeto hacia lo divino es un un pilar insustituible. Sin él las cosas empiezan a salir muy mal. Por ejemplo, en el mundo de los magos existen los hechiceros, en el de los astrólogos están los estrelleros, y en el de los alquimistas existen los sopladores. ¿No tiene esto que ver precisamente con la falta de observancia de la voluntad divina, con olvidar la sujeción a ese orden superior en el trabajo hermético? Pienso que a los seres humanos nos falta humildad, sobre todo frente a la Divinidad. Nos hemos vuelto demasiado orgullosos, demasiado arrogantes frente al misterio de la vida. Observo un espíritu prometéico en la modernidad, fruto del pensamiento ilustrado que subrayó tanto el individualismo. Ese exceso nos está asfixiando como sociedad. Tu trabajo, Luis, una quijotada maravillosa, es una manera de mantener viva esa forma de mirar y de vivir, que ponía a Dios y a la naturaleza como ejes centrales en la vida del hombre.

 

Luis: Desde luego, Pablo. Es la eterna lucha entre ego y alma. Pero el camino está claro, siempre es hacia el despertar. Nicolás Valois fue un alquimista del siglo XV. Dejó varias frases célebres, una de ellas viene a decir que la materia ni se crea ni se destruye, tan sólo cambia de forma y de lugar, ley que los científicos aceptaron desde no hace mucho. Pero me quedo con otra de sus frases, mucho más sencilla: La paciencia es la escalera de los filósofos y la humildad la puerta de su jardín. Hay que ser paciente, subir grado a grado en el conocimiento. No es camino de un día. Ars longa vita brevis nos dice un célebre proverbio alquímico. Por otro lado, la humildad es la puerta de entrada al jardín de los filósofos. Hay que ser humilde, pero en toda la expresión del término. Como bien dijo Miguel de Cervantes: la humildad es la base y fundamento de todas las virtudes, sin ella, no hay ninguna que lo sea.

 

Mi agradecimiento a Luis Silva por su tiempo y amabilidad. 

 

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