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Por qué elegir conscientemente una sola de tus prendas es una transformación individual y colectiva

Buena Vida

Por: pijamasurf - 10/14/2016

La moda es un vehículo de expresión, creatividad, individualidad y un reflejo de los tiempos. Hay muy buenas razones para elegir conscientemente lo que nos ponemos

La moda es considerada como algo superficial por algunos, por otros un vehículo de expresión de la individualidad. Si echamos un vistazo a la historia parece que hay un poco de verdad en ambas cosas. Es decir, por algunos la moda ha sido utilizada como un distintivo ostentoso, un ejemplo de esto es la etapa histórica de la moda aristocrática desde el siglo XIV al XIX, durante la cual el embellecimiento personal iba de la mano con la distinción entre las clases sociales, quizá algunos de los prejuicios sobre la banalidad de la moda estén relacionados con esta etapa de la historia, durante la cual diversos miembros de la realeza demostraron no tener miramientos al apretarle el cinturón al pueblo con tal de mantener un estilo de vida extravagante. 

Pero posteriormente a esta etapa histórica y de la mano con las transformaciones sociales que tuvieron lugar durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX, la moda se volvió una forma de expresar la unicidad de la personalidad individual. De tal manera que el ethos de la moda se transformó para dar lugar a nuevas reglas del juego, en las que “reflejar lo que se es” resulta prioritario. Así que aún hoy en día podemos ver cómo las aspiraciones, sueños, obsesiones y actitudes culturales de la sociedad se ven reflejadas en las tendencias de la moda, que es a su vez un reflejo de la constante transformación de nuestras ideas y su impacto en nuestra vida. Desde este punto de vida, ciertamente la moda, lejos de ser superficial, resulta fascinante. 

De tal forma que si hablamos de que la moda es un vehículo de expresión, creatividad, individualidad y un reflejo de los tiempos, lo que más sentido tiene es buscar las tendencias con las que sentimos mayor afinidad. Las prendas fruto del esfuerzo del talento local pueden ser una excelente forma de empezar, y con la intención de que los mexicanos conozcamos el trabajo de nuestros diseñadores, Juanchi Torre Hütt creó la plataforma Compra Moda Nacional. En esta entrevista Juanchi nos habló sobre cómo elegir utilizar una sola prenda mexicana puede tener un impacto y de las tendencias como reflejo de la originalidad individual. 

La epifanía de la naturaleza de la realidad experimentada por el actor Peter Coyote en un relato que da en el blanco (infinito) del zen

Peter Coyote es un popular actor y escritor que además en el 2015 fue ordenado como sacerdote zen. Hace unos días publicó un extraordinario relato en el que cuenta primero cómo se inició en el budismo zen, enfrentándose hace más de cuarenta años a su primer retiro sesshin, el cual consiste en una semana intensiva de meditación que conmemora la iluminación del Buda. Se medita desde las 5:00 am hasta las 9:30 pm con dos breves periodos de descanso, una meditación caminando y alimentos. Sobra decir que en su juventud Coyote sufrió mucho en su primera incursión a este formato, y estuvo a punto de abandonarlo. Su diálogo interno rápidamente surgía con la aseveración de que no podría lograrlo y se obsesionaba en todo lo que estaba sufriendo. Quien haya ido a un retiro de meditación --por ejemplo un retiro Vipassana de la escuela de Goenka--, podrá identificarse fácilmente con lo que cuenta Coyote: empiezan a surgir dolores en todas partes, frustración y basura psíquica que estaba almacenada en la profundidad de nuestro inconsciente. Se trata de una prueba de fondo para la mente donde es necesaria cierta dosis de resiliencia.  

Evidentemente Coyote decidió quedarse y ha hecho un camino en el zen. En ese primer retiro, el último día tuvo una prefiguración de satori, un atisbo del shunyata:

Tuve la clara sensación de que toda la parte central de mi cuerpo había desaparecido o se había vuelto transparente. Podía sentir el viento silbando a través de mí. Me sentí ligero como una pluma y momentáneamente libre de todo problema; como si el fondo de mi cabeza hubiera desaparecido en el espacio detrás de mis ojos hacia el universo. Ante mí estaba el mundo: extraordinariamente vívido y vibrante, intensamente luminoso. No había tomado ninguna droga, y sin embargo estaba verdaderamente colocado. Pensé: "Esto es agradable. Voy a checar el zen un poco más". Cuarenta años después sigo checando. 

Corte a 2009, casi cuarenta años después, Coyote de 68 años, con hepatitis C y problemas en las rodillas vuelva a otro retiro sesshin. De nuevo la frustración y la incomodidad, aunque esta vez ya con un sendero andado, una mayor decisión. Su maestro tiene la claridad de decirle que medite en una silla, lo cual lo alivia un poco, suficiente para dirigir su atención a una pregunta que lo mistifica "¿Qué es eso? [What is it]. ¿Qué es eso de lo que sigo perdiéndome o lo que sigo buscando?". Cuarenta años practicando resumidos en esta profunda pregunta que se volvió una especie de mantra que Coyote repetía y que dominaba su mente durante el retiro. 

Durante una meditación caminando (kinhin) en el sexto día de su retiro, Coyote, absorto aún en su pregunta "Qué es eso? " ["What is it]"?,  notó el incisivo sonido de un pájaro.

Eeek! Eeek! Eeek! Eeek! Eeek! gorjeaba, aniquilando todo pensamiento. Súbitamente, en esa vacuidad momentánea, sus sonidos se transformaron y los oí como It It It (eso, eso, eso) –la indiscutible respuesta a mi pregunta. Tomé un paso más y el mundo como lo había experimentado se acabó.

No puedo describir lo que sucedió después porque en ese instante el lenguaje y el pensamiento se disolvieron enteramente. Las fronteras entre "aquí adentro" y "allá afuera" desaparecieron. El mundo se mantuvo reconocible, como siempre había sido, pero completamente desnudo de lenguaje discursivo y conceptos. Todo parecía ser un fantasma de sí mismo, luminoso pero sin peso ni sustancia. "Yo" había sido reemplazado. Lo más cercano que puedo llegar a describir lo que sentí es una conciencia sin locación física, inseparable de la totalidad del universo. Todo era precisamente como había llegado a ser. El mundo era perfecto, sin tiempo, eterno, yendo y viniendo, como siempre había sido. Cada duda que había albergado alguna vez sobre la práctica del zen se deshizo. El tímido y temeroso yo que había defendido, agrandado, confortado y tratado de mejorar toda mi vida fue descargado de sus labores y todo estaba bien sin él. No había nada que "hacer". Supe irrefutablemente que esto era exactamente lo que había buscado desde la primera vez que leí un libro sobre el zen cuando tenía 16 años. 

En el siguiente instante, entendí que todo eso [it] no era realmente muy importante.

La historia resume extraordinariamente la sublime sencillez del zen: como se expresa en la famosa frase, "antes de la iluminación, cortar leña y llevar agua; después de la iluminación, cortar leña y llevar agua". Con un añadido casi "sincromístico", la literalidad de la iluminación presente, eso, esto mismo, it, el único momento que existe y es la totalidad, alta fidelidad zen. La pregunta es la respuesta, lo que estamos buscando es aquello con lo que estamos buscando. Toda la naturaleza diciéndolo permanentemente. Siempre ha estado ahí la voz del silencio iluminado que es ya la budeidad y, sin embargo, no hay por qué celebrar demasiado. En realidad nunca ha habido nada que hacer, sólo hace falta saberlo.  

Twitter del autor: @alepholo

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