*

X
Un grupo de científicos británicos pone a prueba la popular creencia de que el LSD provoca sinestesia y se encuentran con algunos problemas en el camino

Un nuevo estudio ha confirmado que el LSD puede inducir experiencias parecidas a la sinestesia pero los resultados preliminares, publicados en Neuropsychologia, levantan dudas sobre que tan sinestésicas son en realidad.

La sinestesia es un fenómeno perceptivo y ocurre cuando una persona experimenta a través de un sentido las sensaciones de otro. Por ejemplo, se pueden saborear colores o ver sonidos.

Quienes lo estudian aseguran que una verdadera sinestesia ocurre cuando un sentido específico, el inductor, dispara de manera automática otro sentido específico, llamado coincidente. Este emparejamiento entre ambos canales perceptivos es consistente a través del tiempo para las personas que experimentan de manera natural estos fenómenos.

Desde que Albert Hofmann lo descubrió en los 30 se han reportado en diversas ocasiones anécdotas sobre las propiedades sinestésicas del LSD. En investigaciones de mediados del siglo pasado se sugirió esto; sin embargo, hubo muchas fallas metodológicas al abordar el fenómeno.

Para poner a prueba estas suposiciones ya ampliamente aceptadas un grupo de científicos de la University of London (antes Oxford), dirigidos por Devin B. Terhune, reclutaron a 10 personas física y mentalmente saludables (y con experiencias psicodélicas previas) para llevar a cabo una sencilla prueba.

A cada participante se le inyectó una solución salina a modo de placebo, para luego aplicar algunas pruebas de comprobación de experiencias sinestésicas. Luego de 1 semana, los participantes regresaron a una segunda sesión en la que les inyectaron de 40 a 80mg de LSD para realizar luego estas mismas pruebas.

Se utilizaron dos cuestionarios ya verificados, uno de asociación de colores y grafemas, y otro de asociación de colores y sonidos. Los investigadores descubrieron que los efectos del LSD no empataron con dos de los criterios que evalúan si existe una sinestesia genuina: consistencia y especificidad. Ni los símbolos y sonidos dispararon colores específicos, ni los sonidos y colores percibidos resultaron más consistentes bajo los efectos del ácido lisérgico. En todo caso, el reducido número de participantes no da pie a concluir algo.

De acuerdo con los investigadores, el tipo de sinestesia que dispara el LSD podría tener cualidades distintas a las que se han establecido hasta ahora. La consistencia es el criterio más usado para evaluar y reconocer a quienes experimentan sinestesias congénitas; la sinestesia se considera un fenómeno confiable y consistente: un sentido específico induce consistentemente una sensación o percepción específicas. Analizar los datos arrojados por la prueba ponen la pregunta inicial en territorio ambiguo, pues el tipo de sinestesia provocada por el LSD tiende a ser inconsistente y transitoria.

Terhune sospecha que hay algo más, algo distinto pasando ahí. Quizá se tenga que ampliar la definición que se tiene de sinestesia o encontrar nuevos conceptos para explicar y estudiar las experiencias similares a la sinestesia provocadas por esta droga. Estandarizar pruebas para reconocer y comprobar este tipo de fenómenos, similares a las alucinaciones, es bastante difícil pero necesario si queremos llegar a entender por completo cómo funciona esta sustancia en el cerebro, ya que su potencial es maravilloso.

 

Con información de PsyPost

Te podría interesar:
No se trata sólo de un “boom” de la experimentación con sustancias alucinógenas, sino de plantear nuevas formas de socializar

Los años 60 y 70 del siglo pasado vieron crecer y caer la contracultura hippie de los Estados Unidos, cuyas manifestaciones en la música, el arte y los estilos de vida tuvieron hondas repercusiones en los años venideros. Fueron los años en que comenzó la prohibición de drogas como el LSD, y la psilocibina (hongos mágicos), que llevarían a la eventual proscripción de la experiencia psicodélica misma.

Andy Roberts es un veterano investigador de dicha experiencia. Para él, no basta con los actuales esfuerzos por cambiar las leyes en favor del uso medicinal de las sustancias psicodélicas y enteógenas (como ocurre poco a poco con la cannabis), sino que hay que luchar por legitimar la experiencia psicodélica en sí misma como un derecho humano, tal como la Convención Europea de Derechos Humanos de 2015 sugirió que debería ser.

Los gobiernos del mundo han visto las drogas como un negocio tanto como los narcotraficantes: mantener la ilegalidad de las sustancias no “protege” a los niños de ellas, sino que permite que grandes flujos de dinero y presupuestos federales puedan destinarse al combate contra las drogas. ¿Y en qué consiste este combate? En costosos operativos para recuperar migajas de la producción de drogas, que apenas merman los recursos del crimen organizado, pero que dejan en bancarrota económica y moral a la sociedad a causa de la violencia.

En su libro The psychedelic renaissance, el doctor Ben Sessa argumenta a favor de la "libertad cognitiva" de los individuos como motor del cambio de paradigma gubernamental. La lógica de esto es que tú, como individuo, tienes el derecho inalienable de experimentar con tu conciencia. Punto. El problema del argumento es que no hemos sabido cómo dar el salto para que este derecho –tan básico como leer lo que tu mente necesite o profesar el culto religioso que más sentido tenga para ti– esté garantizado en las constituciones de los estados-nación.

El gobierno no cree en la experiencia psicodélica, pero cada tanto un eslabón de la cadena de mando cobra súbita conciencia: tal es el caso de David Nutt, antiguo oficial al mando del Consejo Consultivo contra el Abuso de Drogas del Reino Unido, que fue depuesto del cargo al declarar que “algunas drogas eran más dañinas que otras”. 

Luego de ser despedido en 2007, Nutt comenzó a trabajar con expertos para mostrar la hipocresía de la guerra contra las drogas. En un famoso estudio, demostró que los supuestos “daños” que provocan muchas drogas ilegales son superados con creces por drogas legales. En un comparativo de 20 sustancias, el alcohol salió calificado como el más peligroso para la salud, incluso por encima de la heroína, mientras el tabaco calificó en el sexto lugar. El LSD quedó en el lugar 17, seguido en el 18 por el MDMA y por los hongos mágicos en el 20.

Para Nutt, Roberts y muchos otros investigadores, lo que está mal no es que el gobierno trate de proteger a la gente, sino que lo haga a través de prejuicios infundados. ¿A qué le tienen miedo al prohibir la experiencia psicodélica? En realidad se trata de un peligro “virtual”, no muy diferente del que podemos experimentar al abrir un libro sin saber qué va a ocurrir. Los peligros del consumo de LSD o MDMA son reales, pero han sido exagerados: deshidratación, taquicardia, malestar general por la falta de sueño, pérdida de energía a corto plazo si no tomas agua… Eso es todo. Y son peligros completamente evitables con información y educación respecto al uso responsable de psicodélicos.

El renacimiento psicodélico está implicado en el hecho de que nuestra cultura digital se ha nutrido de las exploraciones de conciencia de viajeros responsables, como Steve Jobs o Terrence McKenna, que hacen el mundo mejor para todos con los descubrimientos que realizan en sus mentes. Está implicado también en el hecho de que hoy, a diferencia de hace 50 años, podemos hablar de estas cosas con nuestros amigos y educarnos conjuntamente para dejar atrás el estigma de la desinformación.

Afortunadamente los gobiernos no duran para siempre. Ningún imperio dura para siempre. Está en nuestras manos educarnos y educar a otros para que las leyes del futuro no sólo garanticen el acceso ético y responsable a sustancias controladas, sino que como sociedad logremos trascender los prejuicios colectivos y enfrentarnos a las emociones que nos habitan sin miedo. Sólo así lograremos romper el razonamiento circular de la cerrazón oficial, como queda ejemplificado en la conversación que sostuvieron el doctor Nutt con la antigua secretaria del interior del Reino Unido, Jacqui Smith:

JS: No puedes comparar los daños de una actividad legal con los de una ilegal.
DN: ¿Por qué no?
JS: Porque una es ilegal.
DN: ¿Por qué es ilegal?
JS: Porque es dañina.
DN: ¿No deberíamos comparar los daños para determinar si debería ser ilegal?
JS: No puedes comparar los daños de una actividad ilegal con los de una legal.