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Esta extraña condición médica hace creer a las personas que están muertas

Ciencia

Por: pijamasurf - 11/05/2016

Algunos viven creyendo que no existen... y esta ilusión podría usarse en el desarrollo de la inteligencia artificial

En 1882, el neurólogo francés Jules Cotard dio con una extraña enfermedad de la que aún se sabe relativamente poco. El llamado síndrome de Cotard provoca a quienes lo padecen la sensación de que sus órganos se encuentran en descomposición, que están muertos o que simple y sencillamente no existen.

Resulta contradictorio asumir que alguien puede pensar que no existe; si no existe ¿cómo puede pensar? Esta condición resulta paradójica si se piensa desde la famosa máxima del pensador francés Descartes: "Pienso, luego existo".

Aunque es terrible para los que viven con esta condición, quienes la estudian han encontrado una fuente enigmática que podría explicar, entre otras cosas, cómo funciona la conciencia que tenemos de nuestra propia existencia.

Algunas pruebas hechas a pacientes con síndrome de Cotard demuestran poca actividad cerebral en las áreas relacionadas con la conciencia de sí mismos o del cuerpo. Así, estudiarlo es un camino para conocer cómo funcionan normalmente estas funciones cerebrales.

Y no sólo resulta interesante desde el estudio de la psicología o las neurociencias; algunos ingenieros en robótica están prestando atención para aplicar lo aprendido en el desarrollo de inteligencia artificial que replique el comportamiento humano. ¿Entender el síndrome de Cotard nos ayudará a construir máquinas conscientes de sí?

Este desorden neurológico es tan raro que muchos expertos en inteligencia artificial apenas saben de su existencia. Raúl Arrabales, profesor en el Instituto de Economía Digital de la Universidad ESIC en España, se ha enfocado en trabajar en desarrollar conciencia en máquinas y explica que a menudo esta clase de enfermedades pueden ser grandes guías.

"En la mayor parte de las líneas de investigación se utilizan diferentes sustancias entre los sistemas biológicos humanos y las máquinas que componen a la inteligencia artificial pero sus mecanismos y funciones suelen ser las mismas”, dice. “Así que tener ejemplos de sistemas humanos con mal funcionamiento es útil para entender cómo deben funcionar".

Este síndrome es particularmente interesante pues pone de relieve el mecanismo que permite a un ser reconocerse; si logramos comprender por completo las causas que originan esta enfermedad, podremos reconocer la forma en que el cerebro cumple esta función y luego, en potencia, podremos reproducirla.

Por otro lado, el profesor Selmer Bringsjord del Instituto Politécnico de Rensselaer, quien ha logrado construir robots capaces de deducir su propia existencia de manera lógica, concuerda en que esta línea de investigación es de suma utilidad. La noción matemática de la existencia y los mecanismos cerebrales que activan la conciencia de existir están algo alejados. Bringsjord apunta que la incapacidad robótica para lidiar con las paradojas puede resultar debilitante para la tecnología, pero asimismo puede trazar un camino para que las máquinas procesen mejor las inconsistencias y contradicciones.

Un ejemplo clásico de cómo funciona este error es la paradoja del mentiroso. Analicemos la frase “esta oración es falsa”. Si la oración es falsa realmente entonces es cierto lo que dice. Si es verdadera entonces resultará falsa. La conclusión es que la oración será verdadera solamente si resulta falsa, una contradicción clásica en el mundo de las matemáticas que los robots simplemente no pueden comprender.

El síndrome de Cotard presenta un ejemplo más concreto del tipo de contradicciones lógicas a las que se enfrenta la robótica para crear máquinas capaces de procesar este tipo de paradojas. Muchos, comenta Bringsjord, están cansados del ejemplo de la paradoja del mentiroso; piensan que se trata de un simple truco lingüístico. Este síndrome resulta concreto y directo. Asegura que a través de su estudio se aprenderán estructuras aplicables a sus propias creaciones, basadas en pensamiento lógico-matemático, que serán muy útiles y productivas en el futuro de la robótica.

 

Con información de Quartz

Cómo desarrollar la creatividad según Bob Dylan

Arte

Por: pijamasurf - 11/05/2016

El más reciente y polémico premio Nobel de literatura comparte algunos consejos para cultivar la creatividad

Pocos compositores han logrado influir tan decisivamente en la historia de la música como Bob Dylan. Actualmente, el arte de escribir canciones no sería lo mismo sin él. Es un eslabón destacado en la larga cadena de compositores, herederos de una amplia tradición. Pete Seeger afirma que “hay una elegancia infalible en las palabras de Dylan, casi una belleza bíblica que ha sustentado a sus canciones a lo largo de estos años”.

En 1991, el autor Paul Zollo entrevistó a Bob Dylan y Seeger incluyó dicha entrevista como parte de su compilación Songwriters on songwriting. El volumen contiene conversaciones con grandes músicos y letristas como Suzanne Vega, Leonard Cohen, Neil Young, Carole King y David Byrne. Cada uno comparte algunas observaciones sobre el noble oficio de escribir canciones, además de relacionarlo a su trabajo creativo en otras disciplinas.

Dylan destaca en la entrevista que "es bueno poder establecerse en un entorno donde puedas aceptar por completo todo lo que tu inconsciente traiga desde la maquinaria oculta de tu mente, llegar a un punto en el que puedas controlarlo y comenzar a escribirlo".

Como muchos creadores, Dylan valora más el aspecto inconsciente de la creación que aquello que proviene de una deliberación racional y calculada. Como sabían los antiguos griegos, la musa no puede ser controlada, sólo se le puede dar la bienvenida:

Para mí, las mejores canciones, mis mejores canciones, fueron escritas a gran velocidad. Sí, muy rápido. Casi en el mismo tiempo que tomó ponerlas en el papel mientras las iba pensando. Uno debe mantenerse en la zona del inconsciente y ser capaz de sacar material de ahí, es el estado mental ideal.

Contrario a otros autores como Charles Bukowski, que afirmaba que el “ambiente adecuado para escribir” era sólo una ilusión, o E. B. White, quien aseguraba que el escritor que espera las condiciones ideales para ponerse a trabajar moriría sin haber escrito una sola palabra, Dylan considera que ese estado de creatividad óptimo para la mente se puede inducir bajo las condiciones adecuadas:

El ambiente para escribir una canción es extremadamente importante. Debe acercar algo dentro de mí que necesita ser sacado. Es algo contemplativo, un reflexión... Debes ser capaz de acceder a los pensamientos que atraviesan tu mente. Primero que nada, hay dos clases de pensamientos: los buenos y los malos. Ambos navegan tu cerebro. Algunos están más cargados de unos que de otros. De cualquier manera, nos recorren y debes ser capaz de lidiar con ellos, sacarlos. Si quieres ser escritor de canciones o intérprete y cantante debes deshacerte de todo ese peso mental porque no significa nada, esos pensamientos sólo te jalonean de un lado a otro, es importante saber aprovecharlos.

El entorno puede ser decisivo. Hacen falta ambientes pacíficos y estimulantes que den pie a la creación:

Hay algo fundamental para sobrevivir a esa situación, tener algún lugar en el que puedes observar esos pensamientos sin que te afecten. Un lugar donde puedas añadir algo al asunto en lugar de sólo tomar, tomar, tomar. Igual que en muchas otras situaciones, parece que sólo así lo vivimos. Tomar, tomar, tomar. ¿Qué hay para mí? ¿Qué gano yo? Y esa clase de pensamiento que se mantiene vigente.

Cuando Zollo le pregunta a Dylan si se ve como el poeta vivo más grande que existe, como dijo Van Morrison, él contesta:

A veces. Está dentro de mí. Ser un poeta es algo que se lleva por dentro pero es por completo dedicación. Una gran dedicación. Los poetas no conducen autos (ríe), no van al supermercado. No sacan la basura ni se afilian a clubs o tienen hobbies. Los poetas ni siquiera hablan por teléfono, ni le hablan a nadie. Los poetas escuchan mucho y usualmente saben por qué son poetas (ríe). [...] Viven de una manera bondadosa y bajo su propio código de bondad. Y mueren en bancarrota o ahogados en lagos, los poetas suelen tener finales tristes.

Cuando la conversación versa sobre Shakespeare, se menciona la discusión sobre si se trataba de la misma persona o de varios autores, una polémica que refleja lo difícil que resultó para el público asumir que tan magnifica obra haya provenido de la misma mente, y Dylan afirma: “La gente tiene problemas para aceptar cualquier cosa que los abrume. [...] A ningún artista (y en general a nadie) le hace bien pensar constantemente en cómo serán percibidos el día de mañana, qué opinión se tendrá de ellos. Eso te lastima a la larga”.
Más adelante, Zollo vuelve a preguntarle sobre el arte de escribir canciones:

Madonna es buena, tiene talento. Pone toda clase de cosas en su material, ha dominado su estilo... es la clase de reto que lleva años y años perfeccionar hasta hacerlo de forma natural. Y se necesita sacrificar muchísimo para poder hacer eso. Sacrificio. Si quieres triunfar debes sacrificar mucho. [...] La evolución de una canción es como una serpiente que se muerde la cola. Así es su evolución. En cuanto llegas a su punto encuentras tu fin. [...] Mis canciones no son sueños, tienen una naturaleza más receptiva... para mí, aparecen cuando las necesito. Tu vida no tiene que estar pendiendo de un hilo para escribir una canción. Es un poco así pero necesitas estar fuera de la situación para hacerlo. Por eso mucha gente, entre ellos yo, escribe canciones sobre cómo, de una u otra manera, la sociedad los ha rechazado. Debes ser capaz de retratar eso verdaderamente. Alguien que nunca ha estado verdaderamente fuera sólo lo puede imaginar.

El mundo no necesita más canciones, de hecho si nadie escribiera más canciones el mundo no sufriría por ello, a nadie le importa. Hay suficientes canciones que puede escuchar la gente si es que eso quieren. Podrías mandar a diario cientos y cientos de canciones a cada hombre, mujer y niño sobre la Tierra sin que se repitiera ni una sola. Ya hay suficientes canciones. A menos que alguien venga con el corazón puro y tenga algo que decir, podría cambiarlo todo. Cualquiera puede escribir canciones, todos tienen una gran canción no escrita, como esa gran novela que vive en ellos.