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Este muro de solidaridad busca hacer frente al discurso de odio y división promovido por Donald Trump

En México el proceso electoral por la presidencia en Estados Unidos genera interés siempre que ocurre. La relación entre ambos países es importante por muchísimas razones, y así ha sido más o menos desde que ambas naciones lograron su independencia y su consolidación como Estado.

En esta ocasión, sin embargo, dicha relevancia se ha avivado por causa de Donald Trump, candidato del Partido Republicano, quien como se sabe, ha sostenido su campaña en un discurso de polarización, intransigencia e incluso odio franco.

Su postura respecto a la migración da cuenta de ese radicalismo basado más en ideología que en hechos. A pesar de que los migrantes son un elemento clave en la dinámica social estadounidense, Trump ha preferido despreciar toda esa labor, todos sus aportes, y en repetidas ocasiones ha manifestado su deseo de expulsarlos del país o imponerles severas sanciones.

¿Cuál es la mejor forma de responder frente a un discurso que fomenta la división? Con inteligencia, sin duda, pero sobre todo con solidaridad. En toda nuestra historia como especie, lo mejor que hemos logrado lo hemos hecho gracias a la unión de esfuerzos, y nunca en el aislamiento de la sinrazón.

Para contribuir en esta idea de que sólo juntos se puede conseguir el bien común, la iniciativa #TheWallForTrump puso en marcha la construcción de un “muro” digital que replica en Internet aquel que se extiende a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos, y cuyo detalle más ingenioso es que sus “ladrillos” son mensajes de orgullo, comunión, camaradería y apoyo mutuo. Todo esto en respuesta a los mensaje xenófobos de Donald Trump y, claro, con la intención de debilitar sus probabilidades de ganar la presidencia de Estados Unidos.

Si quieres recorrer el muro o, mejor aún, agregar tu propio ladrillo, puedes hacerlo en el sitio thewallfortrump.com.

Sin duda una iniciativa interesante para recuperar la fe en la solidaridad como proyecto político.

Los últimos hallazgos relacionados a este mecanismo redimensionan los adelantos tecnológicos de la antigua Grecia

Entre los restos de un naufragio, aquella cosa parecía tan sólo un bulto corroído sin importancia. Fue encontrado en las costas de Grecia, cerca de Anticitera. Luego de un análisis más detallado de la pieza, el arqueólogo Valerios Stais declaró en 1902 que se trataba del mecanismo de alguna clase de aparato de medición astrológica similar a un reloj; hoy es conocido como el mecanismo de Anticitera.

Stais perteneció a la minoría que defendía esta teoría; el resto de los estudiosos aseguraba que algo tan sofisticado no podía pertenecer a ese período. Era sencillamente imposible; esos mecanismos habían comenzado a usarse hasta mil 500 años después.

En 1951 el historiados británico Derek John de Solla Price comenzó un exhaustivo estudio del descubrimiento y fue hasta 1974 que pudo declarar que, en efecto, aquel aparato fue creado en la antigua Grecia entre los años 150 y 100 a. C. Concluyó esto luego de aplicar engranajes de bronce conectados a una manivela que hizo empatar con una de las carátulas del mecanismo. Diseñó los engranajes basándose en el sistema astronómico de la época, el ciclo metónico, un patrón de 235 meses que permitía a los astrónomos predecir eclipses.

En el 2009 se terminaron de identificar todas las piezas del aparato y se presentó un modelo virtual:

Al entender el funcionamiento total del mecanismo se pudo confirmar que era capaz de predecir la posición de los planetas con los que estaban familiarizados los griegos (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno), además de trazar la posición del Sol y las fases de la Luna, esto último aprovechando una piedra pulida con blanco y negro que las mostraba.
Andrew Carol, ingeniero de Apple, construyó un modelo a (gran) escala del mecanismo para enseñar su funcionamiento, utilizando piezas de LEGO:

En junio del 2016 un equipo internacional de expertos reveló nueva información derivada de pequeñas inscripciones en griego antiguo encontradas en algunas partes del mecanismo demasiado pequeñas como para ser leídas a simple vista, pues algunas letras medían poco más de 1mm. Hasta que llegó la tecnología de escáner adecuada resultaron legibles los más de 35 mil caracteres que explican el funcionamiento del dispositivo.

El mensaje comprueba las teorías sobre su funcionamiento, a la par de añadir un par de detalles fascinantes: el primero es que el texto habla sobre la llegada de algunos eclipses por color, lo que debe de significar que se les confería cierto valor adivinatorio. El segundo: parece que el dispositivo fue construido en la isla de Rodas por más de una persona y que no era el único de su tipo. Los antiguos griegos tenían conocimientos astronómicos y habilidades mecánicas mucho más adelantadas de lo que sospechábamos.