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Este muro de solidaridad busca hacer frente al discurso de odio y división promovido por Donald Trump

En México el proceso electoral por la presidencia en Estados Unidos genera interés siempre que ocurre. La relación entre ambos países es importante por muchísimas razones, y así ha sido más o menos desde que ambas naciones lograron su independencia y su consolidación como Estado.

En esta ocasión, sin embargo, dicha relevancia se ha avivado por causa de Donald Trump, candidato del Partido Republicano, quien como se sabe, ha sostenido su campaña en un discurso de polarización, intransigencia e incluso odio franco.

Su postura respecto a la migración da cuenta de ese radicalismo basado más en ideología que en hechos. A pesar de que los migrantes son un elemento clave en la dinámica social estadounidense, Trump ha preferido despreciar toda esa labor, todos sus aportes, y en repetidas ocasiones ha manifestado su deseo de expulsarlos del país o imponerles severas sanciones.

¿Cuál es la mejor forma de responder frente a un discurso que fomenta la división? Con inteligencia, sin duda, pero sobre todo con solidaridad. En toda nuestra historia como especie, lo mejor que hemos logrado lo hemos hecho gracias a la unión de esfuerzos, y nunca en el aislamiento de la sinrazón.

Para contribuir en esta idea de que sólo juntos se puede conseguir el bien común, la iniciativa #TheWallForTrump puso en marcha la construcción de un “muro” digital que replica en Internet aquel que se extiende a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos, y cuyo detalle más ingenioso es que sus “ladrillos” son mensajes de orgullo, comunión, camaradería y apoyo mutuo. Todo esto en respuesta a los mensaje xenófobos de Donald Trump y, claro, con la intención de debilitar sus probabilidades de ganar la presidencia de Estados Unidos.

Si quieres recorrer el muro o, mejor aún, agregar tu propio ladrillo, puedes hacerlo en el sitio thewallfortrump.com.

Sin duda una iniciativa interesante para recuperar la fe en la solidaridad como proyecto político.

Los residuos electrónicos alcanzan cifras exorbitantes cada año, y están envenenando a poblaciones empobrecidas que lucran con el reciclaje

Todas las imágenes: Kai Loeffelbein/laif

Vivir en la era de la información trae consigo importantes cambios sociales y culturales que pueden ser muy positivos, pero según el último reporte de las Naciones Unidas sobre residuos electrónicos, también se crea un nuevo flujo de basura y desechos, los cuales están envenenando personas en China y el sureste asiático.

¿Qué ocurre cuando te deshaces de tu computadora, tu tablet, tu viejo smartphone, incluso tus audífonos o los cables periféricos? Seguramente crees que todo termina cuando te compras dispositivos nuevos, pero los viejos probablemente van a terminar en un basurero en Asia o África, donde serán reciclados manualmente por personas expuestas a intoxicación por plomo y otros materiales.

La ONU estima que para el 2018 se producirán anualmente casi 50 millones de toneladas cúbicas de desechos electrónicos, tomando en cuenta que durante 2016 se han producido más de 30 millones ya. 

Millones de estas toneladas de desechos llegaban a Guiyu, un distrito de la provincia de Guangdong, al sur de China, que llegó a ser descrita como la capital mundial de los desechos electrónicos. Estudios en la población infantil de Guiyu encontraron niveles anormales de plomo en la sangre, además de que muchas mujeres inhalaban residuos de la fundición de tarjetas madre y piezas reciclables, lo que elevó la alarma para que el gobierno abriera nuevos centros de reciclado con condiciones más seguras para los trabajadores.

WasteAid, una organización no lucrativa de reciclaje de desechos electrónicos con sede en Inglaterra, cree que “las metas de desarrollo sustentable no pueden alcanzarse a menos que la administración de desechos sea una prioridad. A nuestro parecer, la administración decente de desechos es un derecho básico y queremos que los gobiernos de todo el mundo se tomen este asunto con mucha más seriedad. En 2012 sólo el 0.2% de la ayuda internacional fue a parar en la mejora de la administración de desechos sólidos —simplemente no basta.”

Via The Guardian.