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Gurú indio cree que la meditación puede ayudar a combatir la violencia en México

Sociedad

Por: pijamasurf - 11/28/2016

Sri Sri Ravi Shankar considera que la meditación y la sabiduría pueden contribuir a combatir la violencia en México

Desde hace algunos años algunos científicos y meditadores han promovido la hipótesis de que la meditación puede servir para disminuir el crimen e incluso podría considerarse una "tecnología a favor de la paz". Se han hecho algunos estudios en este sentido, con resultados interesantes.

Esta misma idea de la meditación como una forma de aliviar el estrés crónico de la sociedad, junto con la filosofía de ahimsa de Gandhi, ha sido retomada por el líder espiritual indio Sri Sri Ravi Shankar (no confundir con el músico que lleva el mismo nombre), quien es consultor especial del Consejo Económico y Social de la ONU y es considerado uno de los 100 líderes espirituales más influyentes del mundo. Sri Sri Ravi Shankar participó en el proceso de paz en Colombia, habiendo viajado a Cuba, después de reunirse con el presidente Santos, para tener una serie de diálogos con las FARC, incluyendo una sesión de meditación guiada.

Ahora Sri Sri Ravi Shankar busca traer su mensaje de paz a través de la meditación a México. Bajo la rúbrica "México Merece Paz" se celebrarán una serie de pláticas y cursos de meditación y respiración a principios de diciembre en la Ciudad de México y Acapulco, además de presentarse en el World Forum for Ethics in Business.

En una entrevista con el diario El Tiempo, Sri Sri Shankar explica la importancia de contar con técnicas para combatir el estrés:

La guerra empieza con la falta de entendimiento, de comunicación, de confianza. Entonces, si se quitan estas cosas y la gente piensa desde una perspectiva más amplia, cualquier conflicto se puede resolver.

Cuando alguien siente que es una víctima porque le han cometido una injusticia, entonces quiere reaccionar. Una pregunta que no ha sido respondida en la mente se fermenta y causa estrés, y el estrés es la causa de la violencia. Cualquier buena persona, si no la dejas dormir durante 2 días y no le das de comer, se volverá violenta.

[...] El verdadero trabajo empieza ahora. La gente que ha estado en la selva por tanto tiempo, cuando vuelvan a la sociedad necesitan un toque de curación, al igual que las víctimas. Las víctimas deben poder dejar atrás el pasado y buscar un futuro más brillante. La conciencia de la víctima y del culpable no son para nada positivas para la sociedad. Debemos curar la conciencia de las víctimas y por el otro lado, necesitamos lograr la reconciliación con la conciencia de los culpables. Cuando una persona siente que es culpable, va a querer justificarlo; inconscientemente va a victimizarse.

En este enlace se pueden consultar las fechas de los eventos de Sri Sri Ravi Shankar en México.

¿La elección de Donald Trump confirma el triunfo de la ignorancia pública?

En los últimos meses han ocurrido al menos tres procesos democráticos cuyo resultado final fue totalmente sorpresivo, opuesto al que auguraban encuestas, analistas e incluso cierto sentido común mínimo. En el Reino Unido, la mayoría de la población eligió salir de la Unión Europea; en Colombia, la mayoría rechazó que el gobierno nacional firmara la paz con las FARC; y ahora, en Estados Unidos, la mayoría ha elegido a Donald Trump como el próximo presidente del país.

Cada uno de estos procesos ocurrió en sus propias circunstancias, y sin duda el resultado de cada uno es efecto de factores específicos, pero también es posible encontrar algunas constantes. Algunos hablan de cierto agotamiento de la democracia como sistema político o, más precisamente, de mecanismos democráticos como las votaciones, que, paradójicamente, no parecen ya la forma más “justa” con que se decide el futuro de toda una población. En el caso del Brexit, por ejemplo, se señaló mucho cómo el sector decisivo fue el de los ancianos, británicos de cepa cuyo voto estuvo inclinado por el discurso xenófobo que alimentaron ciertos medios conservadores. ¿Por qué un sector de la población que no vivirá más de 10 años puede tomar una decisión con efectos para los demás durante al menos los próximos 30?

La democracia es falible, eso se sabe desde tiempos de Platón y Aristóteles, sin embargo, desde entonces se sabe también que hasta ahora es el mejor sistema político que hemos ideado para darle marco a nuestras relaciones políticas. El problema parece ser que en nuestra época ciertos ámbitos de la vida social como la economía o las comunicaciones han ganado complejidad pero no así ciertos aspectos de la política como los procesos electorales, que en algunas de sus características parecen anquilosados, obsoletos.

En este sentido, vale la pena reflexionar sobre una paradoja de la realidad contemporánea que a luz de estos acontecimientos parece mucho más obvia. Es un tanto irónico que hasta hace unos años, con el surgimiento del Internet y las comunicaciones globales, se habló con entusiasmo de cierto “Renacimiento” cultural, se habló de la posibilidad del acceso universal a la información, de la gratuidad del conocimiento, de la libertad con que fluiría la data. Sin embargo, a la vuelta del tiempo el panorama es totalmente distinto: no sólo la humanidad no es más sabia, sino que además, a juzgar por estas decisiones colectivas, la mayoría es francamente ignorante, de una forma además que reúne dos de las características más aborrecibles de la ignorancia, el egoísmo y el orgullo.

Los ignorantes que están decidiendo el futuro de la mayoría son personas en quienes claramente ha fracasado el proyecto humanista del bien común, que no ven más allá de sus intereses ni son capaces de imaginar un punto de vista distinto al suyo; son personas también en quienes se cumple eso que los antiguos llamaban ignorancia supina: la ignorancia de quien aun teniendo los recursos y las oportunidades, se niega a aprender, es decir, se empeña en ser ignorante, se enorgullece de ser ignorante.

¿Qué hace distinto a nuestra época como para que esta ignorancia sea relevante y, tristemente, decisiva en nuestra vida social? De nuevo, los factores pueden ser muchos, pero es claro que la forma en que ocurre la comunicación tiene una amplia responsabilidad en estos sucesos. Nociones como la verdad, la opinión, la certeza o la confianza –todas fundamentales para comunicar o para informar– han tenido cambios cuyo alcance quizá apenas comenzamos a vislumbrar.

En la historia del Internet, uno de los cambios mayores fue la transición hacia la Web 2.0, de cuya amplia historia sólo nos detendremos en un rasgo: la entrega que se hizo al usuario de la generación de contenidos. A diferencia de lo que sucedía en los primeros años del Internet, el usuario dejó de ser sólo un consumidor de contenidos para convertirse en un consumidor y generador de éstos. A los tiempos de la Web 2.0 pertenece el surgimiento de los blogs y, poco después, de las redes sociales, en donde como sabemos por experiencia propia, consumimos lo que otros publican pero a su vez nosotros también podemos publicar lo que otros consumen.

Dicha entrega, sin embargo, se dio sin una noción de responsabilidad. De entonces a la fecha, cualquier puede abrir un blog, cualquiera puede tener un perfil de Facebook y publicar lo que le venga en gana, cualquier puede emitir un juicio sumario en Twitter o subir un video comiendo canela a YouTube. Se le dio a la humanidad uno de los mejores recursos jamás inventados para hacer que la manera personal de ver, entender y experimentar el mundo fuera conocida por otros e importara, y la humanidad lo desperdició en videos de gatitos, lo convirtió no sólo en otro medio para fomentar la estupidez, sino además en un medio que hizo relevantes esas opiniones estúpidas, al tal grado que ahora se están convirtiendo en decisiones de peso, como la elección de un presidente nacional.

Leonardo Curzio –investigador en la Universidad Nacional de México, analista y conductor de un noticiero matutino– ha hablado de “idiotas empoderados” a propósito de estas personas que, solazados en su ignorancia, nutridos por los “análisis” superficiales que hacen sus amigos de Facebook o el youtuber al que siguen, se creen absolutamente informados, plenamente capaces, convencidos del todo de estar tomando la decisión que les conviene a ellos mismos y al resto de su comunidad. También Umberto Eco, algunos años antes de morir, dijo que las redes sociales sólo habían llegado para dar voz a una legión de idiotas.

Y aunque las opiniones tanto de Eco como de Curzio pueden sonar fascistas (pues su corolario es quitarle el derecho de expresión a esos idiotas), ambas deben leerse desde la tradición occidental de la generación de ideas. En toda nuestra historia, desde la Antigüedad clásica hasta la modernidad tardía, emitir una idea supuso siempre cierta responsabilidad, estaba avalada por una autoridad o provenía de un examen amplio de la cuestión, de la reflexión meditativa, de la formación escolarizada, etc. Era muy difícil que una idea estúpida –es decir, una ocurrencia, una idea sin fundamento, un prejuicio– se abriera paso hasta la opinión pública. Pero ahora ocurre lo contrario. La irresponsabilidad se ha revelado como un terreno fértil para la estupidez.

 

Twitter del autor: @juanpablocahz

 

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Imagen principal: Eric Thayer, The New York Times